𝙇𝘼𝙎𝘼𝙂𝙉𝘼 | ᴺᴼᴹᴵᴺ

Summary

En su día libre, Jeno se propone cocinar un deliciosa lasaña que alborota su aroma por todo el edificio, en consecuencia, su nuevo vecino toca la puerta con tal de aliviar su antojo de embarazo.

Genre
Romance
Author
Ivy Madom
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Día libre: Tengo antojo de lesaña

La industria automotriz era buena, podías ganar bien si hacías un buen trabajo y Jeno era un buen diseñador industrial. Su empresa manejaba un sistema de trabajo bimestral y Jeno había acabado con tiempo sus tareas.

Aún faltaban unas dos semanas para el día de reportes, así que tenía varios días libres sin la necesidad de preocuparse por madrugadas y turnos extras.

Algunos lo verían exagerado, pero Jeno era joven, soltero y sin compromisos, lo que le permitía trabajar hasta el cansancio. Además los bonos por terminar sus tareas antes de tiempo habían pagado su auto con tan solo tres años trabajando y pronto engancharía su propio departamento.

Su equipo de trabajo era más relajado que él. Tenía compañeros divertidos o por lo menos amables y el trabajo que realizaba era satisfactorio. Para alguien de 26 años vivía bastante bien.

Su madre le había dicho que necesitaba tomar más descansos entre proyectos y no sobrecargarse, que era mejor para su salud y así tendría tiempo para practicar todas las recetas que había aprendido en su adolescencia y no la comida basura con la que se atiborraba todos los días en la oficina.

Se estiró entre sus sábanas y el colchón, bostezando para finalmente soltar un suspiro pacífico. Aprovecharía su descanso para derretirse en su cama los próximos días, mientras veía series y luego visitaría a su familia.

Pero estaba acostumbrado a despertarse temprano hasta en domingos, así que sus ojos no se volvieron a cerrar por más que el quisiera.


Su teléfono estaba conectado al cargador en el buró, a un lado de su cama, solo le bastó estirar la mano y jalar con poca delicadeza para revisar la hora, luego las redes sociales buscando alguna novedad.

Después de unos minutos dejó el celular a un lado en la cama y se levantó de esta para caminar al baño donde tomó una corta ducha calientita, totalmente relajante.

Normalmente despertaba a las seis de la mañana y para las ocho (la hora en la que entraba a trabajar), ya había desayunado, así que no le extrañó cuando su estómago comenzó a gruñir.

Se vistió a penas con una pijama vieja y cruzó todo su departamento hasta llegar a la cocina, donde abrió el refrigerador. Una mueca casi dolorosa apareció en su rostro al notar que no había nada más que medio limón seco y una botella de agua mineral casi vacía. Había pasado un tiempo desde que no hacía las compras.

Resignado, se dirigió hasta su habitación para vestirse correctamente. Aún era bastante frío afuera, aunque la nieve había dejado de caer, así que completó su atuendo con un beanie y una bufanda, se colocó sus tenis y un pesado abrigo que lo protegería del frío.

Iría rápidamente al súper para comprar varias cosas, la última semana en el trabajo había sido bastante pesada y no había tenido tiempo de hacer sus compras, ahora necesitaba surtir su despensa.

Tomó el ascensor y llegó hasta el estacionamiento del edificio, donde caminó a el lugar designado a su auto, al cuál subió para luego arrancar rumbo a su destino. La nieve había bajado y las calles aún un poco congeladas ya estaban libres.

Manejando con cuidado a causa del clima, llegó hasta el súper más cercano, se estacionó y entró al lugar.

Paseó por todos los pasillos del lugar tomando cosas, leyendo etiquetas y disfrutando de cada minuto.

Como dije, era un día agradable y Jeno se sentía completamente feliz y relajado, además tenía una buena corazonada.

Pasó por el pasillo de las pastas, tenía tiempo que no cocinaba algo así, quizá el hambre que tenía se combinó con el antojo y no pudo evitar salivar al pensar en su receta personal de lasaña, así que sin dudarlo tomó dos paquetes de pasta para lasaña.

Regresó al pasillo anterior y tomó un par de cajitas de salsa de tomate, y finalmente se dirigió hasta el área de carnes donde consiguió un kilo de carne molida.

Así, felizmente Jeno caminó hasta las cajas registradoras con su carrito de compras lleno para pagar y después regresar a casa donde podría hacer su dichosa lasaña.

Al llegar a su departamento, acomodó todas las compras en su lugar, nos sin antes tomar un yogurt y no terminar desmayado mientras esperaba su comida.

Entonces, se colocó su delantal y puso manos a la obra.

Comenzó poniendo una olla con agua al fuego, y siguió guisando la carne. Sal, ajo, cebolla, pimienta y hierbas italianas eran los ingredientes.

Picó una papa en cuadritos y la coció colocándola en la misma sartén y finalmente le echó la salsa de tomate y dejó que se cocinara.

Mientras la carne estaba lista, Jeno destapó el paquete de pasta y fue cociendo una por una las laminitas de lasaña. Finalmente preparó una crema a base de leche, mantequilla y ajo, y rayó el queso.

Los aromas deliciosos ya rondaban por toda la casa y Jeno salivaba con ansias para probar su receta secreta.

Cuando la carne finalmente estuvo, acomodó la pasta en el molde y luego fue colocando cada ingrediente por capas para formar un bonito platillo que adornó con algunas hierbas frescas.

Finalmente metió la lasaña al horno.

Jeno ya estaba tumbado en su sofá esperando por su comida cuando los aromas comenzaron a inundar su departamento y su estómago gruñó con más intensidad. Le gustaba cocinar y después probar lo que sea que hubiese cocinado, el olor durante el proceso siempre terminaba por aumentar su emoción y el antojo antes del primer bocado.

Al cabo de varios minutos más, Jeno se levantó del sofá, y estuvo a punto de caminar hasta su horno para revisar su platillo y cerciorarse de que ya estuviera listo, cuando desde la puerta principal se escuchó un golpeteo tímido.

Raramente tenía visitas así que le extrañó que alguien tocara a su puerta, el misterio aumentó cuando detrás de ella había un hombre joven que le sonreía con algo de travesura.

Jeno lo examinó algunos segundos en silencio, sus ojos grandes eran bonitos y tenía un aura de inocencia a pesar de parecer tener una edad similar.

Normalmente se hubiese burlado de alguien que hable del amor a primera vista, pero frente a el tenía al hombre más bello que había visto en su vida. Luego vio su panza.

Un bulto sospechoso se asomaba sobre la camiseta del hombre, haciendo que los pensamientos locos de Jeno volaran lejos de su cabeza y por fin preguntarle al otro que necesitaba.

—Hola, soy Jaemin, soy el vecino del D7, me mudé aquí hace una semana.

Jeno solo lo miraba sorprendido y prestando atención a sus palabras.

—Jeno. —Respondió sonriendo mientras estiraba su mano para estrecharla en forma de saludo. —¿Qué se te ofrece? Jaemin.

—Bueno... se que se escuchará raro, pero es que desde mi departamento sentí el delicioso aroma que me guío aquí, seguro estás cocinando algo y pues, me preguntaba si podrías invitarme un poco de eso. —Dijo Jaemin Tímido.

El hombre no parecía morirse de hambre y además no era muy común que tu nuevo vecino, que apenas conoces, toque a tu puerta pidiendo comida. Jeno simplemente lo miro sin saber mucho cómo responder.

—Lo siento, es que.. bueno.. como puedes ver. — Señaló a su barriga. — Creo que es algo del embarazo y el aroma llegó hasta mi departamento, no puedo evitar los antojos, así que me quité la pena para venir… Aunque entiendo lo raro de la situación. — La sonrisa vergonzosa en el rostro de Jaemin hizo sonreír a Jeno.

—Esta bien, bueno… estaba a punto de sacar la lasaña del horno, puedes pasar si quieres. — Dijo apartándose de la puerta para permitir el acceso a su departamento.

A Jaemin se le iluminaron los ojos y no dudó ni un segundo más para entrar, siguiendo a Jeno hasta la cocina donde el otro tomó un paño y abrió el horno por fin, condensando el aroma y calor en el lugar.

Casi que la saliva escurría por sus comisuras viendo el platillo que Jeno colocó cuidadosamente sobre una tabla de madera.

—Puedes sentarte en la mesa si quieres. — Jeno señaló la mesa con los ojos.

—¿No necesitas que ayude en algo? —Preguntó Jaemin curioso y aunque Jeno no consideró que fuese necesario, le indicó que colocara unos tapetes en la mesa. Mientras, Jeno sirvió una porción para cada quien y la colocó en la mesa donde Jaemin ya estaba sentado con emoción.

Jeno sacó de su nevera una jarra con té helado y colocó un par de vasos para ambos.

—Bueno, buen provecho. — Dijo contento y sin pensarlo más Jaemin devoró la lasaña. Jeno al verlo tan emocionado comenzó a comer su porción también.

Era muy lindo.

Cómo lo esperaba la lasaña estaba deliciosa, no es por qué lo hubiera cocinado él, si no que era un platillo que realmente le gustaba y aparte de todo era el platillo que mejor le salía.

Jaemin soltó un suspiro cuando por fin terminó su porción, estaba completamente satisfecho y contento.

—Estuvo deliciosa, eres muy bueno cocinando, promete que me darás la receta. —Rogó Jaemin enérgicamente.

Jeno sonrió por la reacción. —Claro y gracias, cuando gustes puedes venir y te enseñaré.

Jaemin abrió los ojos con emoción. —¿En serio? Claro que vendré de nuevo, eres un magnífico chef. —Dijo con los ánimos por los cielos. Al parecer era fácil hacer feliz a un hombre embarazado —Oh, bueno… si no te molesta. — Se interrumpió a si mismo con algo de vergüenza por la repentina confianza.

—Bueno, puedes estar aquí todo lo que quieras, a mí no me molesta, pero... ¿a tu pareja no le molestará si estás aquí? — preguntó Jeno dudoso.

La expresión de Jaemin cambió a una más seria, incluso algo incómodo.

—Mmm, no. No tengo pareja. — Dijo Jaemin intentando evitar la mirada de Jeno.

Pero Jeno no dejaría pasar el tema y rápidamente puso más atención al asunto.

—Oh, lo siento, bueno... pensé que tendrías pareja, por tu embarazo.

—No... bueno, tenía a alguien pero no le gustó la idea de tener un hijo… ¿Puedes creer que el imbécil me botó y huyó del país? —Soltó Jaemin con indignación.

Al parecer Jaemin entraba rápido en confianza y a Jeno no le molestó la idea, así que siguió con la plática y por horas platicaron sobre su vida.

Jeno pensó en como alguien podía dejar de esa manera a una persona como Jaemin.

Aparte de lo físico, Jeno pudo descubrir que su nuevo vecino tenía muchas cualidades y cosas que aportar.

No podía decir que lo había llegado a conocer perfectamente, pero había llegado a descubrir lo suficiente como para formar una opinión sobre su forma de ser.

Era agradable y ocurrente, aún si tenía dificultades parecía ser bastante positivo y era muy divertido.

Trabajaba en una empresa desarrolladora de aplicaciones telefónicas, pero ahora estaba de permiso, a causa de su embarazo avanzado y próximo parto. Se había cambiado a ese lugar ya que quedaba más cerca de guarderías y escuelas, a parte de que era más barato que el lugar anterior donde vivía.

Su familia era de Jeonju, pero el vivía en Seúl a causa de su trabajo. A su familia no le agradaba la idea de que Jaemin estuviese solo en esa situación, pero tampoco les molestaba la idea de tener a un nuevo integrante en la familia, así que Jaemin tenía el Apoyo de esta.

Por otro lado, Jaemin había estado de pareja con una persona de la empresa en la que trabajaba. Salió con el tipo por alrededor de un año, pero en cuánto Jaemin descubrió que esperaban a un bebé, el tipo le sugirió que no lo tuvieran, ya que consideraba que veintisiete años era demasiado joven para tener a un hijo, pero Jaemin de inmediato se negó.

La idea de tener un bebé era casi un sueño para Jaemin y no aceptaría que alguien mas decidiese por su cuerpo.

Lo último que Jaemin supo de él fue que se había ido del país y que su familia le había "prohibido" buscarlo.

Jaemin tenía la suficiente inteligencia emocional para alejarse de ese asunto, y a pesar de que le dolió todo lo sucedido, pensó más en su bebé y se apoyó en esa idea para superarlo, más que nada para decidir que el solo podía cuidar a su próximo hijo o hija.

De por si Jeno ya estaba interesado en él desde el momento en el que apareció detrás de la puerta, ahora había quedado encantado. Jaemin era maduro y seguro, además no parecía derrumbarse por cualquier cosa, incluso algo tan grande como un embarazo.

Jeno no pudo evitar pensar como se vería criando a él hijo de Jaemin. Le gustaban mucho los niños.

Jeno por su parte también habló de si mismo, contándole que trabajaba en una empresa automotriz y que tenía alrededor de cinco años viviendo en aquel edificio. Su familia si era de Seúl pero vivían en otro distrito y el prefería la privacidad, aunque era muy cercano a sus padres.

Jaemin también pudo ver un poco de Jeno. Era agradable, tranquilo y risueño, con una personalidad pacífica, que trataba de ser divertido sin mucho éxito, pero que terminaba siendo tierno.

También había notado lo guapo que era, en serio guapo, al punto que le extrañó que siguiese soltero. Jeno le habló con tanta pación de su trabajo que no fue difícil para Jaemin entender el porque.

Más tarde llegó la noche. Jaemin se sintió algo culpable por consumir tanto tiempo de su vecino, así que se excusó con que tenía algo que hacer. y finalmente se despidieron .

Mientras Jeno abría su puerta para dejarlo salir cruzaron una última mirada chispeante, no sin antes darle una porción más de lasaña para llevar, para luego verlo caminar rumbo a su departamento.

—Espera, Jaemin. —Interrumpió Jeno antes de que el otro llegara a su puerta y caminó por el pasillo hasta quedar frente a frente. —¿Puedo tener tu número? — preguntó extendiendo su teléfono.

Jaemin sin pensarlo dos veces escribió su número y se agendó con un corazón ♡ a lado de su nombre. Jeno no lo noto hasta que miró su teléfono una vez que Jaemin había entrado a su departamento.

Jeno hizo lo mismo ahora con la cara caliente y su corazón levemente más acelerado.

Vio todo el desastre que había quedado en su cocina, pero ni siquiera eso bajó su sonrisa y limpió sin molestia.

Tomó un baño, se colocó su pijama y se fue a dormir, igual de contento que cuando despertó.



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