Prologo
Se cuenta que, en tiempos remotos, existió un reino donde la magia era la joya más preciada de la corona. Los nobles, y en especial los herederos al trono, podían tocar su poder, aunque con limitaciones: la magia verdadera no era patrimonio de todos, sino de unos pocos elegidos, de aquellos cuya sangre estaba marcada por el cabello blanco y los ojos carmesí. Hablar con ellos estaba prohibido, y su sola existencia inspiraba temor y respeto.
En aquel reino, los bosques se extendían hasta donde la vista no alcanzaba, y las calles de las ciudades eran pocas y sencillas, con carruajes que cruzaban lentamente el tiempo de los humanos. La nobleza vivía entre salones y palacios, mientras la mayoría de la población permanecía ajena a los misterios de la magia, incapaz de tocar siquiera su chispa más leve.
Todo cambió cuando un príncipe, de cabello castaño y ojos ámbar, rompió con la tradición que regía el reino desde tiempos inmemoriales. Fue entonces cuando los portadores de la marca sagrada comenzaron a ser perseguidos, y la historia que se contaba en susurros empezó a torcerse, dando origen a secretos y misterios que pocos se atrevían a revelar.
Se dice que, muy lejos, en los páramos místicos, la magia del bosque aún protege y guarda secretos de antaño, recordando que incluso los destinos más sellados pueden volver a encontrar su camino.