Chapter 1
Coprotagonista:
Jasper de 22 años.
Protagonista:
Félix de 19 años.
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Desde que tengo memoria, he tenido que sobrevivir en un mundo que aplasta a los débiles y exalta a los poderosos. La vida nunca fue justa conmigo. Mis padres desaparecieron cuando yo aún era muy pequeño, víctimas de una red de tráfico que nadie se atrevía a nombrar en voz alta. Desde entonces, estuve solo, sobreviviendo como podía en los rincones olvidados de la ciudad.
Nunca esperé que las cosas pudieran empeorar... hasta que lo hicieron.
Aquel día, cuando mi pequeño refugio fue invadido, supe que había perdido. Me arrastraron fuera de mi casa, me encerraron en una jaula como si fuera mercancía barata. El viaje hasta el mercado negro fue una pesadilla; el olor a podredumbre, a desesperación humana, impregnaba el aire. Me acurruqué en un rincón de la jaula, abrazándome a mí mismo, temblando de miedo y frío. No toqué la escasa comida que me ofrecieron. ¿Para qué? Solo estaba prolongando lo inevitable.
Los días se arrastraban lentamente, hasta que una noche, todo cambió.
La luz de la luna apenas iluminaba el mercado cuando los pasos resonaron en los pasillos. No me molesté en mirar; ya no tenía fuerzas para la esperanza. Pero entonces, una tela raída que cubría mi jaula fue retirada de golpe, y una sombra se proyectó sobre mí.
Mi corazón se disparó en mi pecho.
Un hombre alto, de hombros anchos y porte imponente, me observaba en silencio. No llevaba el uniforme de los mercaderes. No, él era distinto. Se notaba en su mirada fría, calculadora, y en la manera en que la autoridad parecía envolverlo como un abrigo invisible.
Me encogí aún más, incapaz de esconder el temblor de mi cuerpo.
-¿Q-quién eres? -susurré, mi voz apenas un hilo roto.
El hombre no respondió. Simplemente se dio media vuelta y llamó al vendedor. Unas pocas palabras sellaron mi destino.
-Me llevaré a este.
"No... no, por favor..." pensé, pero mis labios solo dejaron escapar un gemido ahogado mientras las llaves chirriaban en la cerradura. El vendedor sonreía satisfecho, mientras yo sentía cómo mis rodillas flaqueaban.
Me obligaron a salir de la jaula. Cada paso hacia mi nuevo "dueño" era una traición a mis propios deseos de libertad.
El viaje hasta su mansión fue silencioso. Vigilado todo el tiempo, no tenía más opción que seguir adelante. La mansión, cuando la vi, parecía una cárcel de mármol y oro. Demasiado lujosa, demasiado fría.
-Sígueme -ordenó, sin mirarme siquiera.
Lo obedecí, mis pies arrastrándose tras los suyos, sintiéndome cada vez más diminuto. Subimos por anchas escaleras hasta que llegamos a una puerta grande de madera oscura.
-Aquí te quedarás -dijo, abriéndola.
Dentro había una habitación que podría haber sido de un príncipe. Todo era limpio, pulcro, silencioso... una ironía cruel para alguien que venía de la inmundicia.
-Ahora me perteneces -añadió, con una voz tan seca que me encogí instintivamente-. No intentes escapar. Serías encontrado en cuestión de horas.
Antes de que pudiera siquiera procesar esas palabras, cerró la puerta tras de sí.
Me desplomé en la cama, incapaz de contener el temblor en mis manos. El espejo del baño me mostró un rostro que apenas reconocía: ojeras profundas, mejillas hundidas, cabello opaco. Lavé mi cuerpo maltrecho como pude, intentando arrancar los últimos restos de la vida que me habían arrebatado.
Cuando bajé, guiado solo por el aroma de la comida, me encontré con algo inesperado: dos platos servidos en una gran mesa de comedor.
¿Una trampa? ¿Una burla?
-¿E-es para mí...? -pregunté con voz vacilante.
El hombre, sentado al otro extremo de la mesa, asintió levemente.
-Come. No contiene nada que no puedas digerir -dijo, su tono sin rastro de emoción.
Me senté, mis manos temblando sobre el borde del plato. Cada bocado era como una puñalada: estaba tan hambriento que las lágrimas ardieron en mis ojos. Mientras masticaba, él comenzó a hablar, su voz flotando sobre la sala como un decreto inapelable.
-Mi nombre es Jasper. Soy alguien de influencia, de poder. Tú estarás a mi lado en público, como un compañero cercano. Seguirás mis indicaciones. Podrás hablar si tienes objeciones, pero recuerda: no puedes escapar.
Me sentí atrapado entre un muro invisible y un abismo desconocido.
Cuando terminé de comer, me armé de valor.
-¿Por qué yo? -pregunté en voz baja-. ¿Por qué elegirme a mí?
Jasper se levantó de su asiento, mirándome por primera vez directamente.
-Porque no me interesa lo que todos desean.
Y sin decir más, salió del comedor, dejándome solo, una vez más.
Regrese a mi habitación y me tire en la cama. Me quedé allí, inmóvil, con la sensación de que mi vida apenas estaba comenzando... en una jaula mucho más dorada, pero igual de implacable.
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¿Siguiente parte?