Noviembre 12

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Summary

Siguiendo el consejo de su terapeuta, un padre en recuperación empieza un diario para ordenar su mente. Pero Sofi, su hija aún de duelo, habla con alguien que nadie más ve: puertas que juró dejar cerradas se abren, una voz anciana responde desde una habitación vacía y una pequeña sombra sin forma se desliza en la oscuridad. Cuando el colegio reporta otro “accidente”, deberá enfrentar una pregunta aterradora: ¿el peligro está en su cabeza… o vive con ellos?

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Noviembre 12

12 de noviembre,

Hoy comienzo a escribir este diario. El doctor Bellot me dijo que sería muy bueno para aclarar mis ideas y despejar mis preocupaciones.

Creo que esto último lo necesito bastante estos días. Llevo mucho tiempo deseando hacerlo y aunque es bastante tarde, hoy fue un día agotador y necesito desahogarme.

Día normal.

Mucho trabajo.

Los jefes insoportables como siempre. Estoy harto. Pero eso no es nada raro.

Llegué a casa cansado, pero feliz de ver a Sofí.

Ella realmente es el impulso de mis días para soportar toda la mierda que me llega.

Aunque a veces me asusta un poco, ella sigue siendo siempre lo más importante para mí.

Cuando tenía cuatro años, luego de perder a su madre. Sofía solía dormirse en mi pecho mientras yo le cantaba. Sentía su respiración tibia contra mi cuello, su manita agarrando mi camisa. En esos momentos, era mi mundo entero. ¿En qué momento todo cambió?

Pero hoy fue un día de esos, en los que me asusta, en los que no sé qué hacer.

¿Soy un padre terrible por tenerle miedo a mi propia hija?

Llegué a casa un poco más tarde de lo que esperaba y la encontré en el jardín. Siempre en el mismo lugar, mirando el muro.

Estoy casi seguro de que hablaba con alguien. Pero estaba sola. Dios estaba muy cansado, pero estoy seguro de que sí la vi ahí y podía también oír su voz.

No quise interrumpirla, tengo miedo de que sí haya estado hablando sola todo ese tiempo. ¿O quizás me daría más miedo que estuviese hablando con alguien? ¿O con algo?

Bueno, no quise lidiar con eso en ese momento, así que fui a comer algo rápido a la cocina.

Y la vi entrar. Eso fue lo más extraño y aterrador que le he visto hacer hasta ahora.

Estoy completamente seguro de que la puerta del jardín estaba cerrada y asegurada. Incluso la revisé después y aún tenía la llave puesta.

¿Cómo es posible entonces que la haya visto entrar por ahí?

¿Atravesó la puerta?

Pero eso sería una locura. Seguramente entró y luego ella misma le echó el cerrojo sin que yo me diera cuenta. Es solo el cansancio que me esta haciendo ver cosas.

Así que me fui a tomar una siesta, no podía seguir así.

Pero ¿acaso podía conciliar el sueño? ¿Acaso podía dormir siquiera un poco con todos esos pensamientos y visiones dándome vueltas la cabeza?

Finalmente, decidí bajar y pasar un tiempo con ella. Sabía que no podría dormir hasta verla. Quería verla como una niña normal, como la niña hermosa y tierna que es y poder así calmar mis nervios.

Pero en cuanto me acerqué a la sala, la escuché hablando sola de nuevo. O eso pensé.

Estoy seguro de que escuché a otra voz responderle.

Primero pensé que era otro niño, pero ella nunca me había hablado de algún amiguito y nunca había invitado a uno a la casa. ¡Le cuesta tanto hacer amigos!

Luego pensé que alguien se había metido en la casa.

Me acerco a la cocina y escucho una voz gruesa, como de un hombre mayor y completamente desconocida para mí. Arrastraba las palabras, era lenta y pesada, y lo peor de todo, respondía a mi hija.

Me inundó un pánico atroz y corrí a proteger a mi pequeña de aquel intruso.

Cuando llegué, no alcancé a ver a nadie ahí. Miré por todos lados y no había nada. Pero por el rabillo del ojo capté un destello de movimiento, algo pequeño y escurridizo, deslizándose hacia la oscuridad. No tenía forma clara, era solo una sombra que parecía escapar.

Pequeña.

Demasiado pequeña.

Pero la voz que había escuchado era de alguien mayor, de un adulto, casi como un anciano. Corrí detrás de la sombra y la busqué por todos lados, pero no encontré nada.

Pensé en preguntarle qué había pasado. Pero ¿y si me respondía? ¿Y si me daba una respuesta que no estaba listo para escuchar?

Creo que estoy perdiendo la cabeza, es imposible que haya visto algo así. ¿Qué demonios era?

Supongo que solo estoy muy cansado y viendo cosas.

Dios, como necesito un trago.

Pero no puedo tirar a la basura 18 meses y no quiero perder a mi hija.

No quiero tenerle miedo. Es mi hija. Pero, ¿qué clase de padre soy si no puedo mirarla a los ojos sin sentir que algo está mal?

No dejaré que se la lleven lejos de mí. No sé qué haría alguien más con ella, si logró asustarme a mí, no creo que otras personas podrían tenerle paciencia.

No quiero que la internen en un psiquiátrico.

¿O quizá yo debería hacerlo?

No, no quiero pensar así. Solo estoy cansado, me voy a dormir, mañana seguro todo tendrá más sentido. Solo necesito descansar un poco.

La maestra me citó para ir mañana a su colegio, dice que hubo un accidente.

Espero que no haya lastimado a nadie.

Otra vez.