Posesión

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Summary

Durante una sesión de regresión, el narrador ve a una familia que acaba de mudarse a una casona húmeda y crujiente, donde orbes fríos flotan sobre el jardín y una presencia invisible marca y golpea a las niñas. Acorralados, los padres toman una decisión imposible para darles una oportunidad de huir. Entonces todo cambia: el narrador “despierta” en otro cuerpo—un cazador cuyo tatuaje arde cuando la oscuridad se acerca—y corre a rescatarlas hasta un edificio laberíntico donde Alicia es venerada como un milagro. Pero la sombra las encuentra, el vidrio estalla y comienza la fuga. Con magia improvisada y un cuchillo cubierto de sal, intentará sacarlas vivas, mientras una duda le muerde la mente: ¿y si el mal no está atado a la casa… sino a ellas?

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1
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n/a
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13+

Posesión

… Respira profundo…

… Concéntrate…

… Dime lo que ves…

—Estoy en una casa enorme. Una casa antigua, con paredes gruesas y puertas que rechinaban. Paredes oscuras por la humedad y ventanas sucias.

En ella vive una familia de cuatro: madre, padre y dos hijas.

Acaban de mudarse y al principio todo parecía normal. Pero los días van pasando y cosas extrañas comienzan a ocurrir: murmullos en las paredes, objetos que se mueven solos, huellas incandescentes que aparecen y desaparecen en el entablonado de madera. Y luego, están las luces.

Es de noche, salimos a su terraza con vista al patio, al jardín, a las hermosas montañas y al pequeño pueblo a lo lejos. Veo múltiples esferas flotando en el cielo., blancas y frías, demasiado grandes para ser estrellas, demasiado quietas para ser linternas, hipnotizantes y aterradoras.

Cada minuto aparecen más. Ahora se mueven, lentamente, y luego a una velocidad vertiginosa.

El aire se torna pesado y hace mucho frío. Un silencio incómodo lo cubre todo. No sé cómo explicarlo, es insoportable.

¡Algo esta pasando!

Aquella oscuridad, aquella presencia, se vuelca contra las niñas. Primero, pequeñas marcas en sus brazos al despertar, sombras que parecen seguirlas a donde vayan, susurros que salen de las paredes y no las dejan en paz.

Es de noche otra vez y no puedo creer lo que estoy viendo. Algo, una fuerza invisible, levanta a la más pequeña y la arroja contra la pared, como si no pesara nada. Nadie la tocó. Nadie estaba cerca. El impacto la dejó sin aire, con los ojos abiertos de terror

Nos atrincheramos en una habitación, tras una puerta vieja y desgastada que sabemos que no nos protegería por mucho tiempo. Afuera, alguien nos busca. No camina, no se mueve como una persona normal, ¡va flotando por el aire! Se deslizaba, avanzando de habitación en habitación, como si olfateara nuestro miedo.

Las niñas están muy asustadas, y con todo el motivo del mundo. Tenemos que salir de ahí. La menor no puede moverse, paralizada por el pánico. La tomo en brazos y corro. Su hermana mayor va a mi lado, aferrada a mi camisa con manos heladas.

Recorremos pasillos interminables, habitaciones idénticas, escaleras sin fin. Pero no importaba cuánto corramos: detrás de nosotros las esferas avanzan, cambian de forma y tamaño y brillan cada vez más, un lobo, una bruja, un demonio y formas que no puedo entender bien, no logro distinguirlas.

Corremos de cuarto en cuarto, perseguidos por aquella maldad. Veo un pasillo largo y delgado, escaleras, puertas de madera muy avejentada, el jardín central; fantasmas, espíritus y orbes brillantes que se transforman en monstruos alrededor de nosotros, acorralándonos.

Nos escondemos detrás de puertas que son arrancadas enteras desde los goznes, sin piedad. El pasillo principal, que daba a la puerta de calle, está bloqueado por las paredes y el techo derrumbado, cerrándonos el paso. Es imposible escapar.

Finalmente, nos encontramos todos en el extremo de la casa. No queda tiempo, ni opciones.

—Solo es una caída de un piso. Podrán escapar. —dice la madre con voz quebrada.

Las niñas lloran, se aferran a nosotros. No quieren ir, pero los padres intentan tranquilizarlas.

—Si ese demonio esta unido a la casa, ustedes podrán escapar y nosotros las alcanzaremos luego.

Pero todos sabemos la verdad. Los padres no podrán escapar.

Así que ahí van las niñas, cayendo por la ventana, luego corriendo hacia su libertad. Los padres aliviados y a la vez aterrados se dieron la vuelta y me miraron fijamente.

Qué extraña sensación en medio de la tormenta, sentir una sonrisa brotar de mis labios. Fue entonces cuando la pregunta surgió de mis labios sin que la pensara:

—¿Y si el demonio las sigue?

El padre me miró, sus ojos reflejaban terror.

—¿Hijo?

Y todo se volvió oscuridad.

… Ahora todo cambia… Estoy corriendo a buscarlas, quiero protegerlas.

Soy alguien diferente. Mi cuerpo es más alto, más fuerte, cargando menos peso en la cintura. No necesito gafas. Corro, pero no siento cansancio.

Sé que están en terrible peligro. En algún lugar de mi mente, surge la idea, o quizás es un recuerdo, de que están cerca, en un edificio no muy lejos del lugar donde me encuentro.

Algo en mi mente me dice dónde están. Corro a través de la ciudad, de edificios borrosos a mi alrededor, irreales. Pero lo único que importa es encontrarlas.

Veo a una de ellas pasar frente a mí, corriendo. La mayor. Su nombre resuena en mi cabeza.

¿Adriana?, ¿Diana?… No… DANIA.

Grito su nombre, pero está muy lejos, no me escucha. La sigo.

Llego a un edificio, no veo el nombre y no logro alcanzarla. Hay una oficina de recepción y me acerco a preguntar, pero no hay nadie ahí. Veo un tablero con los nombres de los ocupantes del edificio. ¿Es un hotel?

No encuentro su nombre, tampoco el de la hermana, sigo buscando. ¡CLAVERO! Es el apellido de la madre y aparece su nombre también, Alena. Tienen que ser ellas. 5.º piso.

Corro hacia el ascensor, dentro hay más personas. Veo algunos rostros que me parecen familiares, pero no hablo con ninguno, no es seguro. No sé si no me reconocen o me ignoran.

Marco el número 5, otros marcan el 8, el 13. Desde afuera, el edificio no parecía tener más de 12 o 15 pisos, pero el ascensor sube hasta el piso 22, 20, baja al 13, al 8, regresa al 19. La gente va y viene, entran y salen del ascensor y los pisos cambian frenéticamente, no se detiene nunca en el 5, ni siquiera se le acerca.

Presiono el botón repetidas veces hasta que para durante un breve instante en el quinto piso, salto rápidamente, empujando a todos los que se interponen en mi camino, con miedo de no tener otra oportunidad de bajar.

Finalmente, en aquel quinto piso, veo a mucha gente reunida. Recorro los pasillos llenos de personas y buscando el 507. Alguien más llama a la puerta, una señora anciana llevando un ramo grande de flores.

Reconozco el lugar, pero no sé cómo. ¿Estuve ya antes aquí?

Adentro, hay un altar con un gran cofre dorado, rodeado de flores y velas. En medio de todo, estaba la fotografía de una niña. Sé que es una de las niñas que busco, Alicia.

Me abro paso entre las personas que están alabando y reverenciando a la pequeña niña.

Dania se acerca a mí al reconocerme, me toma de la mano y me dirige hacia una puerta que da a una pequeña habitación.

Alicia se encuentra en cama. La gente entra y sale de su habitación afanada trayendo y llevando todo tipo de objetos, alimentos, sábanas, ropa y agua. Me aterra acercarme, mirar y encontrarla muerta en su lecho, parecía que la estaban velando, pero me acerco y veo que ella está viva, aunque muy demacrada.

La veo convulsionar en la cama, parece que tuviera una fiebre muy alta, o que estuviera en un estado de trance.

Me acercó a Dania y le preguntó en un susurro:

—¿Qué están haciendo?

—No se quieren ir. Creen que es sagrada.

Escucho las palabras de todos los que se encuentran alrededor, hablan de ella como si fuera una santa, un milagro viviente. No era demasiado discreto este escenario, fácil para las fuerzas malignas encontrarlas. Con tanta gente yendo y viniendo, como podríamos saber quién es amigo y quién no.

—No lo pueden evitar, la gente la mira ahora con ojos de fe y no se quieren alejar, luchan por llegar hasta ella, por tocarla, por hablarle o simplemente por verla.

Le pregunto si, en verdad, es algo sagrado o maligno lo que ha tomado posesión de ella. D está muy preocupada y muy ajetreada, no es capaz de decirme lo que piensa en realidad.

Tengo un mal presentimiento. Las sombras se mueven a nuestro alrededor. La luz dorada del altar comienza a desvanecerse. Entonces lo entiendo. Algo viene por ella, una sombra que oscurece el ambiente a mi alrededor.

Un estruendo nos lanza contra el suelo. La ventana explota, la temperatura desciende en picada. El viento entra como una ráfaga viva, volcando ofrendas y velas.

Caigo de bruces en el piso, todo despatarrado. D cae sentada contra la pared, a mi lado con su brazo sobre mi cabeza, me recuerda un momento que vivimos hace mucho tiempo. Parece que fue una vida atrás. Cuando, echado en el césped, recosté mi cabeza en sus piernas y, por primera vez, me dijo que me amaba. No recuerdo lo que yo le había respondido, suena como un eco ininteligible en mi memoria.

En ese momento reaccionó y me llegó todo de golpe: estamos en el suelo porque algo nos golpeó. Frío y oscuridad entran por una ventana que, hace un instante, irradiaba la luz de la tarde. Una presencia enorme ingresa en la habitación.

No hay duda.

Viene por Alicia.

D grita desesperada a mi lado, la tomo del brazo y la levanto. Corremos hacia la cama de Alicia, la levanto en brazos y siento su piel ardiendo contra mi pecho.

No tengo tiempo de pensar y comienzo a correr. Dania me sigue. Las sombras nos cercan. Todo el edificio se vuelve gris, vacío. Corro por el pasillo mientras en medio de la gente que intenta escapar.

. Me pierdo, aturdido por la conmoción, y no encuentro la salida. Solo puedo correr, sin rumbo, intentando huir.

Trato de abrazarlas, de mantenerlas cerca de mí y protegerlas. Todas las personas han escapado, excepto un par de amigos y familiares, un pequeño grupo que intenta resistir.

Pero no hay escapatoria.

La oscuridad avanza, atropella, tratando de llegar a la pequeña niña. Empuja a todo lo que tiene alrededor sin esfuerzo. No tiene forma, parece inmaterial, pero ahí está frente a mí, la veo, la siento.

Nos cierra el paso y no podemos escapar, así que la enfrentamos. Aunque sé que es muy fuerte, demasiado incluso para todos nosotros juntos.

Se lanza sobre mí y siento una terrible quemazón en mi pecho. Una luz con una forma extraña, pero familiar, le hace retroceder brevemente. El tatuaje arde iluminando la habitación y trato de utilizar mi magia, pero no tengo suficiente fuerza mental para empujarlo.

Me siente tan débil que ni se molesta en continuar su ataque, rápidamente pasa por un costado en búsqueda del cuarto donde las escondí.

Persigo aquella sombra y comienzo a recitar el encantamiento de destierro, gritando con todas mis fuerzas y concentrándome lo más que puedo. Logro contenerla por un momento breve, pero suficiente para que todos puedan reorganizarse y unir sus voces a la mía.

Todos juntos, unidos, logramos acorralarla en una esquina. La criatura se retuerce y revela por fin ver su forma real, es una persona después de todo.

El hermano.

Mis compañeros corren hacia él y tratan de sujetarlo, retenerlo en esa esquina por un momento para darnos tiempo de escapar. La puerta está ahora libre, así que me las llevo de ahí, D de la mano y la pequeña en mis brazos. Debo protegerlas.

Corremos por el pasillo. Bajamos por las gradas casi a tropezones, una puerta abajo está abierta y da hacia una cocina. Entro rápidamente y busco algún arma, lo que sea.

Tomo un cuchillo enorme de cocina. En el mostrador hay una bolsa grande de sal. Lo tomo y cubro el cuchillo, frotándolo mientras recito un encantamiento. No es lo que desearía, pero es lo único que hay.

Corremos. Salimos a la calle, atestada de personas y autos. Un mundo que no sabe el peligro que corre.

La gente nos mira extrañados y, luego de ver mi cuchillo, se asustan y comienzan a alejarse. Escucho una voz detrás de mí que se burla, no logro entender lo que dice, pero eriza todos los cabellos de mi nuca y sirve como gatillo para que vuelva a salir corriendo.

Miro mi reflejo en una ventana. Estoy todo sucio, con la ropa hecha jirones. Un cuchillo de cocina en mi mano. La niña en mis brazos. D a mi lado.

No me queda nada más por hacer. Solo correr y correr.

… ¿Puedes ver algo más?…

… ¿Ves algo más?…

… Ya puedes despertar…

… Regresa…

¡Despierta!