Capitulo 1: Un nuevo comienzo
Sus ojos estaban clavados en un cuadro colgado en la pared tras la mujer que no paraba de hablar sobre el apartamento. Ya habían repasado todos los detalles por la llamada telefónica y no entendía porque tenía que oír todo otra vez, así que aunque no estaba prestando atención a lo que le decía de vez en cuando soltaba un sonido afirmativo. Seguía mirando el cuadro perdido en sus pensamientos hasta que oyó un silencio demasiado largo, y cuando se fijó en el rostro de la mujer se dio cuenta de que estaba esperando una respuesta.
—¿Puedes repetir, por favor?
— Solo era si tienes alguna pregunta.
— Oh, no, no creo.
Sin perder la sonrisa agradable la mujer se dio la vuelta para coger la llave extra del apartamento 3B y se la tendió, Casper la cogió sin mirarla, había dirigido sus ojos a la bolsa de viaje que estaba en el suelo, lo único que le quedaba y se la llevó al hombro, susurró un ‘’gracias'’ antes de darse la vuelta y andar hacia la puerta de las escaleras, el ascensor estaba roto y por lo amarillo que estaba el papel pegado en la puerta metalica con la frase No Funciona no iban a arreglarlo pronto.
Llevaba un par de minutos delante de la puerta 3B y con la llave en la mano, sabía que compartía apartamento con otra persona y en lo personal a él le daba igual, pero ¿y si la otra persona no se lo tomaba bien? ¿Debía de llamar a la puerta en lugar de entrar con la llave? Pero seguía siendo su apartamento también, no es como si su compañero tuviera más derecho que él, ¿no?
Soltando un pequeño suspiro abrió la puerta, del interior no se escuchaban más sonidos que el de música a un volumen razonable, pero fue solo durante unos segundos, pues cuando puso un pie dentro el sonido de una puerta abriéndose reemplazó la música.
Casper cerró tras de sí, al mismo tiempo que el otro hombre cruzaba el pasillo que les separaba.
—Hey, compañero nuevo, ¿qué tal? Soy Zeik—Extendió su mano con una sonrisa.
Cas tardó unos minutos de más en responder.
— Bien, soy Casper.
Le estrechó la mano sin mucha fuerza mientras dirigia sus ojos verdes hacia el rostro del hombre y en lo primero en lo que se fijó fue en los ojos, eran gris oscuro y por un segundo sintió que podría pasarse la vida mirándolos, el sentimiento no le hizo mucha gracia y rápidamente escaneó el resto de sus facciones, tenía el pelo negro, era un poco mas bajo que él pero por el contrario su cuerpo era mas grande y fuerte, además de tener la sombra de una barba que probablemente se había afeitado hace un par de dias.
—Un hombre de pocas palabras eh, si quieres te enseño el apartamento y dejo que te instales —hizo una pequeña pausa para mirar a su alrededor. —No es que sea una mansión, pero un tour nunca está mal.
—Vale…si te hace ilusión. —Su tono sonó mucho más serio y brusco de lo que había pretendido y nada más terminar la frase se arrepintió de haber abierto la boca.
Por suerte Zeik hizo como si no hubiera dicho nada y dio un par de pasos de vuelta el pasillo por el que había venido hasta pararse frente la primera puerta, la cual tenía un cristal traslucido enmarcado por madera. Cas dejó la bolsa de viaje en el suelo frente a la puerta principal antes de seguir al contrario hasta la puerta.
—Este es el salón, creo que cabemos los dos en el sofá pero si quieres más adelante podemos comprar otro.
Es cierto que el sofá no era demasiado grande, Casper no necesitó sentarse para saber que ahí los dos no cabían, pero temiendo volver a decir algo demasiado agresivo decidió que lo mejor era dejarle el tema de hablar a Zeik.
La siguiente puerta fue el baño, no era demasiado grande pero tenía todo lo necesario y con eso era suficiente. La última puerta del pasillo era la habitación de Zeik, que decidió mantener cerrada. El resto de la casa se encontraba en el lado contrario del pasillo, al parecer Zeik no estaba por la labor de recorrer el pasillo otra vez para enseñar las últimas dos habitaciones, por lo que se dedicó a señalar con el dedo.
—Esa puerta que tenemos de frente, a la izquierda de la entrada es la cocina y tu habitación es la última puerta. Creo que no te vas a perder de camino.
—Nunca digas nunca. —Cas intentó dibujar una pequeña sonrisa pero se quedó a medias antes de volver a su rostro de siempre.
Se dio la vuelta a recoger su bolsa y ver su habitación, pero antes de que llegara Zeik tenía una última pregunta.
—¿Vas a trabajar en el Fine Print?
—¿Lo conoces? —Responder a una pregunta con otra pregunta era un movimiento típico de Cas, muchas veces lo hacía sin pensar.
—Claro, trabajo ahí y supongo que tú también, si estás viviendo aquí.
—Si, mañana empiezo.
—Algunos días son una mierda y la gente da asco—soltó un pequeño suspiro seguido de una risita. —Pero todos nos llevamos muy bien y eso lo hace más fácil.
No le dio tiempo a decir nada antes de que Zeik desapareciera tras su puerta, el mismo no tardó en hacer lo mismo en su propia habitación. Como el resto de la casa, no era muy grande pero tenía todo lo necesario, un armario, una cama y un pequeño escritorio, dejó la bolsa en este último y se sentó en la cama agachando la cabeza y escondiendo la cara entre sus palmas. Dejó escapar un suspiro antes de apartar las manos y mirar de frente. Sus propios ojos verdes fueron los que le devolvieron la mirada, la puerta del armario tenía un espejo empotrado, era la primera vez que se miraba en bastante tiempo y lo que vio le dio asco. Su pelo rubio ceniza se había empezado a poner gris por varios mechones, sus ojos verdes apenas se veían con claridad escondidos en unas cuencas demasiado pronunciadas y decoradas con unas ojeras negras. La nariz, mandíbula y pómulos estaban demasiado pronunciadas. La única palabra que se le pasaba por la cabeza era ‘’cadáver'’ eso es lo que parecía. Volvió a apartar la mirada incapaz de enfrentarse a la realidad que estaba delante de él, así que se dejó caer en la cama y dio la espalda al espejo. Cerró los ojos y encogió su cuerpo todo lo que pudo apretando sus manos contra el pecho, deseando dormir y no despertarse nunca más.
—————
Para cuando abrió los ojos la única luz que entraba por la ventana era la de las farolas en la calle. Antes de levantarse de la cama se estiró todo lo que pudo, escuchando unos cuantos ‘clack’ sobre todo en la espalda y la cadera. Dormir casi le había sentado peor, le dolía todo el cuerpo y estaba empezando a tener una migraña. Tras unos minutos acabó levantándose sólo para encontrarse de nuevo con el reflejo en el espejo. ‘’Voy a tener que tapar eso'’ pensó para sí mismo mientras caminaba hacia su bolsa y empezaba a desempaquetar. Dejó las cuatro camisetas y los dos pantalones encima de la cama, cogió los calcetines y la ropa interior y la guardó en la mesilla que tenía bajo la mesa pegada a la cama cuando escuchó unos nudillos golpeando su puerta.
—Adelante.
Zeik se asomó a la habitación con una sonrisa, llevaba un delantal negro y se quedó apoyado en el marco de la puerta.
—Estoy haciendo la cena, ¿vas a querer?
—Yo…no como. —Había dudado por un segundo, no sabiendo muy bien si esa forma de decirlo era la correcta.
—Ah, debí haberme dado cuenta, yo pensaba que simplemente eras paliducho, —hizo una pequeña pausa para apartarse del marco. — De todas formas tengo un par de cervezas en la nevera, por si te apetece acompañarme.
Y con eso se dio la vuelta y volvió a la cocina, al hacerlo había dejado la puerta de Cas ligeramente abierta, este se acercó para cerrarla del todo y se quedó con la frente apoyada en esta, debatiendo consigo mismo si debía o no sentarse con Zeik, incapaz de tomar una decisión se dio la vuelta y terminó de guardar su ropa, dejando los pantalones de chándal y una de las camisetas más viejas encima de la cama. No se había quitado ni los zapatos antes de dormirse así que aprovechó para cambiarse a algo más cómodo pero cuando sus pies descalzos tocaron el suelo los levantó bruscamente mientras aguantaba la respiración, sus ojos se habían quedado clavados en el suelo como si acabase de hacer uno de los pecados más grandes pero una voz en su cabeza le dijo ‘’Ya no estás en prisión'’ y sabía que tenía razón, sabía que estaba fuera y que en teoría era un hombre libre, sabía que si quería ir descalzo por la casa podría hacerlo y por un segundo iba a hacerlo, como si fuera algo simbólico pero el sentimiento de culpa, de que estaba haciendo algo mal le acabó devorando y se puso unas zapatillas de andar por casa que estaban bastante reventadas, pero eran mucho más cómodas que el sentimiento.
Para cuando entró en la cocina vio como Zeik estaba concentrado en lo que había en la sartén y sin mirarle le señaló a la nevera que estaba en la esquina.
—Las cervezas están en la puerta, ¿te importaría llevarme una al comedor?
Casper asintió con la cabeza sin decir nada mientras abría la nevera, había unos cuatro botellines de cristal, a su lado también había una botella de vino tinto, miró la etiqueta en un vistazo rápido y aunque no era un genio en ese tema, por lo que entendía era un buen vino.
Con los botellines en una mano cerró la nevera con la otra y se quedó mirando al moreno mientras él echaba el filete en un plato con puré de patatas y apagaba el fuego.
Ambos se sentaron en la mesa del comedor, uno enfrente del otro, Zeik estaba comiendo mientras le daba pequeños tragos a la cerveza y Casper estaba mirando en un punto fijo mientras su cabeza volaba por diferentes pensamientos. Para cuando el moreno había terminado de cenar y le quedaba la mitad de la cerveza, Cas ya se había terminado el botellín.
—Supongo que es una putada eso de beber y que no te haga nada.
—Si bueno, en teoría puedo emborracharme, solo que sería echarle muchas ganas. —Dio el último trago a su cerveza y se reclinó un poco, como si buscara más espacio entre ambos, ahora que Zeik había terminado de cenar.
—Casper, ¿puedo hacerte una pregunta? —el moreno seguía teniendo la sonrisa dibujada, quizá para tranquilizar al contrario, quien parecía que siempre estaba al punto del ataque al corazón. —No tienes que contestar si no quieres, es solo por curiosidad, ¿donde has cumplido condena?
De todas las preguntas que se esperaba, esa no estaba ni en el top diez, soltó un suspiro mientras se pasaba la mano por el pelo, fijó sus ojos verdes en los grises del moreno y esta vez no los apartó, como si fueran un faro en el medio del océano.
—Aquí, en Foaklover, ¿y tú?
—Igual, ¿en qué parte estabas? —la voz del moreno sonaba casi con entusiasmo, como si en lugar de estar hablando de una prisión estuvieran hablando del instituto. —Aunque tengo la impresión de que da un poco igual, seguro que daba el mismo asco.
Casper se tomó su tiempo para contestar, como si tuviera que escoger las palabras con delicadeza suprema, lo cual quedó más raro cuando solo dijo tres palabras.
—Estuve en aislamiento.
Fue en ese momento en el que apartó por primera vez sus ojos de los del contrario y los fijó en el botellín vacío que balanceaba suavemente de izquierda a derecha en su mano. Temía por la siguiente pregunta, se estaba acercando a un tema que quería que se quedase muerto y enterrado, en los siguientes segundos un nudo se creó en su garganta tan grande que le estaba costando respirar.
—Que putada, ¿durante mucho tiempo?
Casper soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo y sintió cómo sus músculos se relajaban un poco, seguía sin poder mirarle a los ojos, la mano que sujetaba el botellín lo soltó y pasó a acariciar su brazo contrario y reclinó la cabeza, mirando al techo.
—Me dejaban salir al patio de vez en cuando, pero por lo general, solo veía a los guardas, no sé, no me ha importado mucho tampoco.
Si Casper estuviera mirando a Zeik podría haber visto la cara de horror al escuchar lo que estaba diciendo, sus ojos grises estaban fijados en el rostro del rubio, abiertos como platos.
—Y una polla, —hizo una mini pausa para soltar una pequeña carcajada. —Si los guardas que conociste eran como los que yo conocí me hubiera acabado matando.
El moreno apoyó el codo derecho en la mesa y se masajeó la sien, no podía creerse lo que escuchaba, lo único que se le pasaba por la cabeza es que sonaba mucho a tortura, ya que dudaba mucho que los guardas le dieran mucha conversación. Quería preguntar más, saber cuánto tiempo había estado en total, como eran sus días y que había hecho para que le pusieran ahí, supuso que era por que era un vampiro y sería un método de protección pero entonces ¿por que meterle aquí y no en en una de las prisiones de su territorio? Pero cuando volvió a abrir la boca Casper ya se había levantado de la silla y tenía el botellín en la mano.
—Creo que me voy a volver a tumbar, estoy bastante cansado y mañana tengo que estar pronto en el bar. Hasta…mañana.
Casper no le dio tiempo a contestar, salió del comedor, tiró el botellín a la basura y se metió en su habitación. Sí que sentía que tenía el cuerpo destrozado, pero también sabía que no iba a dormir por la noche, así que simplemente se dejó caer en la cama mirando el techo, dejando que su cabeza divagaba entre pensamientos que solo le hacían sentir como un ser humano despreciable. ‘’Ser humano ya no.’’ susurró una voz que no reconocía en el fondo de su mente y aunque le sentó como un puñal en el pecho sabía que tenía razón, sus días de humano habían quedado atrás y ahora no solo era un vampiro sino que era libre, dos situaciones desconocidas en las que no sabía manejarse. Estaba tan perdido en sus pensamientos, que solo se dio cuenta de que se estaba mordiendo el interior del labio cuando notó el sabor de la sangre, cuando se llevó un dedo a la herida pudo notar que había un agujero, pasó la lengua por el colmillo solo para encontrarse con ese sabor a hierro tan característico. Tras unos pocos minutos el agujero había desaparecido y eso le hizo sentir peor, le dio ganas de vomitar, de arrancarse la piel. Fue cuando cambió la posición en la cama, poniéndose de lado y acercando sus rodillas al pecho todo lo que podía junto con sus manos, se sentía sucio y patético. Se quedó en esa posición toda la noche, dejando que su mente siguiera machacando su alma, aunque en ese momento, Casper se preguntó si acaso seguía teniendo una.
—————
Estaba en la puerta del ‘’The Fine P(r)int'’ pero según su reloj estaba diez minutos antes y no sabía si debía entrar y después de unos momentos batallando agarró el pomo de la puerta. Detrás de la barra había una mujer grande, tenía el pelo corto completamente gris aunque no aparentaba ser muy vieja. Estaba limpiando con una bayeta mientras escuchaba a la otra chica que estaba limpiando una de las mesas hablar con un tono lleno de energía a pesar de ser las seis de la mañana.
—Estuvimos en el sofá viendo una peli ¡y le di un beso! Creía que me iba a mandar a la mierda pero- —la más joven paró de hablar cuando vio a Casper entrar por la puerta. —¡Hola! ¿Necesitas algo?
La otra chica tenía el pelo recogido en una coleta alta y era de un azul turquesa bastante bonito, pero lo que más le llamó la atención eran sus ojos, uno azul y otro marrón.
—Busco a Hanna…soy Casper.
—Esa soy yo. —la mujer más alta salió de la barra y le señaló para que la siguiera. —Vamos, tienes que firmar y todo antes de empezar.
El hombre la siguió en silencio hasta una puerta en la que había una placa de Administración y cuando la abrió dejó ver una pequeña habitación que supuso que hacía de despacho. La mujer se sentó y se puso a rebuscar el contrato por los archivadores. Casper se sentó al otro lado de la mesa, llevándose la mano izquierda hacia sus labios, tendía a morderse las uñas en momentos de ansiedad sin embargo logró aguantar el impulso llevando ambas manos a su regazo. Hanna no tardó mucho en encontrar los papeles y se los puso en frente, junto con un boli.
—Es todo lo que ya te comenté por teléfono, pero tomate tu tiempo para leerlo si quieres.
—No…tampoco es que pueda elegir muchos sitios para trabajar. —Cogió el boli leyendo todo por encima hasta donde pedía su firma.
—Sé que es muy complicado, por eso te voy a decir lo mismo que al resto, puedes quedarte aquí todo lo que necesites.
Una vez terminó de firmar todos los papeles se los devolvió pero sin mirarla, sabía que no había sido su intención, pero sus palabras solo le hicieron sentir mucho más culpable, se estaba beneficiando de algo que no se merecía, un parásito que se niega a morir. Seguro que había alguien que se merecía esta oportunidad más que él y no podía evitar pensar que se la había robado.
—Como ya has trabajado antes de camarero supongo que no tengo que explicarte mucho, —la mujer se levantó de la silla y abrió la puerta. —Te vas a turnar la barra con Ari, es la chica del pelo azul y bueno, ella te va a enseñar los vestuarios y demás. El vestuario es un delantal con tu nombre.
El hombre asintió cogiendo el delantal y salió del despacho mientras se lo ataba a la espalda y buscaba a la chica de antes. Cuando llegó a la sala principal la vio tras la barra abriendo la caja registradora, pero en cuanto escuchó los pasos del hombre dirigió su mirada con una sonrisa esta vez enseñando los dientes y fue cuando vio que sus paletas estaban separadas por un hueco y aunque era algo que no le solía gustar a ella le quedaba genial.
—Hanna me ha dicho que nos vamos a turn- —antes de que pudiera terminar, la chica le cortó.
—Soy Ariadne encantada. —Le tendió la mano aun con la sonrisa.
Casper se la estrechó pegándose mentalmente por no haber preguntado ni haberse presentado ni nada. ‘’¿No tienes educación o qué? Puto imbecil.’’ Su propia voz le estaba gritando en su mente, tanto tiempo sin hablar con nadie había deteriorado sus habilidades sociales, aunque tampoco es que antes tuviera muchas.
—Casper, es un placer. —su voz había sonado con menos confianza de la que había planeado.
—Mira, el vestuario es esa puerta, en la que pone privado. Es uno para todos, pero como vamos entrando y saliendo no solemos usarlo todos a la vez. —hizo una pausa para luego señalar a la barra. —Nos la turnamos, pero yo tengo preferencia, pero lo vamos hablando. Tienes un descanso de media hora que puedes coger cuando quieras, si fumas sal a la puerta trasera, tenemos un cenicero ahí. —Sacó un un bloc de notas electrónico y se lo tendió. —¡Bienvenido!
—————
Tras las seis horas de trabajo Cas estaba reventado, había guardado el delantal en su taquilla y se estaba poniendo la chaqueta, tenía una mancha de cerveza en la manga por que se había olvidado de quitarsela al empezar el turno. Buscó en los bolsillos por su paquete de tabaco y en cuanto lo rozó con los dedos se dio la vuelta para salir. Sacó un cigarro y el mechero mientras salía por la puerta principal.
—Hasta mañana Ari. —se despidió moviendo la mano mientras se llevaba el cigarro a la boca.
Escuchó la voz de la chica gritando un ‘’Hasta mañana'’, se encendió el cigarro y empezó a andar en dirección del apartamento. No sabía muy bien porque seguía fumando, le costaba un dinero que no tenía y no le hacía nada, se sentía como fumar aire y sin embargo no quería dejarlo, se había convertido en un tipo de rutina, algo que hacer y morirse de cáncer era algo que ya no le preocupaba en absoluto. El día se había quedado nublado y húmedo, no es que para él fuera para tanto, pero mientras que él solo llevaba una camiseta y una chaqueta el resto del mundo llevaba abrigo. A mitad de camino el cigarro ya se había consumido y a un par de calles de distancia estaba la entrada a un parque, se sacó otro cigarro, lo encendió y sus pies se movieron en dirección del parque.
Estuvo andando un rato hasta que vio un banco vacío al lado de un pequeño estanque, en otro momento del año hubiera habido patos pero el frío ya estaba empezando a congelar las primeras capas de agua. Se quedó sentado mirando el estanque durante bastante tiempo, hasta que sintió los pelos de la nuca erizarse, podía sentir unos ojos clavados en él, observandole. Tratando de mantener la calma miró a su alrededor pero las únicas personas que estaban ahí eran una pareja a bastantes metros de distancia y un par de personas haciendo ejercicio. Tragó saliva y respiró profundamente, intentando relajarse, no paraba de decirse que estaba siendo un paranoico, que no eran las primeras alucinaciones y tenía que calmarse pero por mucho que se dijese eso podía escuchar un susurro en lo más hondo de su mente diciéndole ‘’que no lo veas no significa que no esté ahí’’ y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, volvió a mirar a su alrededor, estaba vez tomándose más tiempo. Lo único que había cambiado es que las personas que estaban haciendo deporte ya no estaban y tampoco había evidencia de que nadie estuviera mirándolo y aun así la sensación se hacía cada vez más pesada como si con cada segundo estuviera más cerca.
Podía escuchar su corazón bombear contra el pecho a una gran velocidad, sus ojos seguían sin ver a nadie pero no podía sacudirse la sensación de ser una presa, así que se levantó del banco, tratando de mantener la calma. De camino a la puerta buscó otro cigarro y para cuando llegó a ella había intentado encenderlo mínimo 15 veces, pero su mechero decidió morirse en ese momento. Se quedó en una esquina y con la chaqueta intentaba hacer una barrera al viento y que el mechero funcionase. Le había dado tantas veces a la piedra que ésta saltó, dejando el mechero completamente inutil. El primer pensamiento que tuvo fue estampar el mechero contra el suelo, no le había dado tiempo ni siquiera a levantar el brazo cuando sintió como alguien le daba un par de toques en la espalda.
—¿Necesitas fuego?
Tras de él estaba un hombre alto, muy alto y grande. En el primer vistazo le vio delgado, no tanto como él mismo pero mas o menos, pelo negro y ojos marrones, pero fue al fijarse que se dio cuenta de que sus ojos en realidad tenian un tinte rojizo y que su cuerpo no era tan delgado y frágil como se lo habia parecido al principio. Le estaba ofreciendo un mechero con una sonrisa ladeada. Casper dudó sintiendo que no debería hacerlo, pero como no lograba encontrar un motivo racional terminó por cogerlo.
—Quedatelo. —no había borrado su sonrisa y sus ojos estaban fijos en el rubio. —Tu lo necesitas mucho más que yo.
El mayor comenzó a andar de una forma muy elegante siguiendo su camino.
—Gra…Gracias. —elevó la voz para que el contrario pudiera escucharle. El otro hombre le dedicó otra sonrisa antes de perderse entre la gente.
Le dio una calada al cigarro mientras miraba el mechero, era un zippo de color plata con motivos que estaban desgastados por el paso del tiempo y el roce.
Esa pequeña voz le gritó que se deshiciera de eso, que lo tirase al fondo del estanque y no volviera a pensar en ello, pero se repitió que solo estaba siendo paranoico, así que guardó el mechero en el bolsillo de su chaqueta y le dio otra calada al cigarro antes de dirigirse al apartamento, al cual llegó en un tiempo récord ya que aunque la sensación de estar en el punto de mira había desaparecido casi por completo, seguía estando incómodo.
Estaba sacando las llaves del bolsillo del pantalón cuando la voz de Zeik le sobresaltó, dejando caer las llaves al suelo.
—¿Acabas de llegar? —cuando vio las llaves caer se agachó a recogerlas. —No quería asustarte, perdona.
—S-si…estaba dando un paseo, —cuando le devolvió las llaves las metió en la cerradura, abriendo la puerta. —Aunque no sabía que había estado tanto tiempo.
—Si, entiendo el sentimiento, ahora que puedes salir lo acabas aprovechando. —Zeik entró detrás de Casper y señaló a la puerta del baño. —¿Necesitas entrar? Es por que voy a ducharme.
—No, no te preocupes… —Se dio la vuelta mordiéndose el interior del labio, pero antes de moverse hacia la puerta se volvió a dar la vuelta, mirando a Zeik, quien estaba a punto de meterse al baño. —¿Vas a querer cenar?
Los segundos que duró el silencio tras su pregunta se sintieron como horas y el arrepentimiento empezó a crecer en su pecho, como si hubiera hecho la pregunta mas estupida del mundo y cuando estaba a punto de decir que lo olvidase, que había cambiado de idea y solo quería tumbarse en la cama Zeik le dedicó una sonrisa.
—No tengo mucha hambre, pero si quieres podemos tener unas cervezas en el comedor. Estaría bien conocernos un poco.
—Claro, pues, cuando termines me ¿avisas?
Con la sonrisa todavía en el rostro le asintió al contrario para después entrar al baño, dejando a Cas solo en el pasillo.
En cuanto pasó a su habitación se quitó la chaqueta dejándola en la cama y se puso a buscar la ropa que había usado la noche anterior como ropa de estar por casa, al abrir el armario la vio hecha un gurruño. Mientras se cambiaba no podía evitar pensar que tenía que comprarse ropa, no mucha tampoco, pero no podía ir siempre con lo mismo.
Cuando terminó fue a colgar su chaqueta en el armario, estaba sacando las cosas de los bolsillos; el paquete de tabaco, el mechero al que se le había jodido la piedra y el Zippo. Las dos primeras las dejó sobre el pequeño escritorio y él se sentó en la cama, con el Zippo entre los dedos, seguía teniendo la sensación de que tenía que deshacerse de él, como si fuera un objeto maldito. ‘’Es solo un mechero…’’ Acabó guardandolo en el bolsillo del pantalón junto con el paquete de tabaco. El sonido de unos nudillos golpeando su puerta le indicaban que el otro hombre había terminado.
Se sentaron en la mesa del comedor cada uno con un botellín de cerveza. Zeik tenía el pelo todavía mojado y se le pegaba a la cara, le dio el primer trago a la bebida mientras Cas se sacaba el paquete de tabaco y el mechero, se puso un cigarro en los labios pero antes de que pudiera encenderlo Zeik le agarró el brazo, aunque no lo había hecho de una forma agresiva Cas se quedó tieso en el sitio mirando la mano que le estaba sujetando y acto seguido a los ojos del contrario.
—Perdona, es solo que si quieres fumar podemos subir a la azotea. —soltó el brazo del rubio y le dio otro trago a la cerveza. —En tu habitación si quieres puedes, pero en el resto preferiría que no.
—No no, tienes razón, debería…debería haber preguntado primero. —se quitó el cigarro de los labios y fue a guardarlo en el paquete cuando Zeik se levantó.
—Vamos, lo cierto es que en la azotea se está a gusto, nunca sube nadie.
Cas no sabía si levantarse, sentía que estaba siendo egoísta, pero el contrario ya estaba prácticamente en la puerta del comedor cuando le hizo una seña con la cabeza para que le siguiera.
En la azotea el viento era mucho más frío que abajo en la calle, Cas no notó mucha diferencia y se acercó al borde, donde una barandilla le llegaba por debajo de la cadera.
—No es muy seguro… —sacó de nuevo el cigarro, esta vez pudiendo encenderlo, le dio una calada mientras se guardaba el mechero en el bolsillo. —Si quisieras podrías tirarme y colaría como un accidente.
Zeik se había acercado, tocando la barandilla con una mano, a él la barandilla le llegaba un poco más arriba, haciendo que se sintiera un poco más seguro.
—No me des ideas, —dejó escapar una risita y miró al contrario, estaba de perfil y en la oscuridad se dio cuenta de que tenía un aura de tristeza a su alrededor. —¿Me invitarías a uno? La próxima vez te invito yo.
Señaló el cigarro que estaba a mitad en su boca, Zeik pudo ver la confusión en los ojos de Casper pero no dijo nada y le dio un cigarro, junto con un Zippo. Después de encenderlo se quedó mirando el mechero, paseandolo entre los dedos.
—¿Es tuyo? —lo lanzó suavemente en el aire un par de veces notando el peso. —Tiene pinta de ser bueno.
—Me lo he encontrado, es mejor que el que tenía así que…ni tan mal.
Cas le dio un trago a la cerveza y dirigió su mirada al frente, evitando los ojos de Zeik, no sabía porque le había mentido, pero su mente le dijo que tenía que hacerlo, no iba a ser la última mentira tampoco, así que debería de ir haciéndose a la idea.
—¿De dónde eres Casper? ¿Legrurg? ¿Crefrery?
—Fratprares. —en cuanto terminó de decirlo se dio cuenta de que la había cagado. Cerró los ojos y trató de desviar la conversación. —¿Y tú? Parece que no eres de aquí, ¿cómo has acabado en este sitio?
—No hay vampiros en Fratprares. —Zeik ignoró por completo lo último que había dicho y solo le miraba con confusión, pero pudo notar como su cerebro empezaba a poner ciertas piezas juntas. —Eres un transformado.
El cuerpo de Casper se quedó congelado, podía notar como sus manos temblaban, los ojos grises que estaban fijados en él se sentían como un punto de mira y no tenía el valor suficiente para devolverle la mirada, así que le dio otro trago al botellín mientras seguía mirando en frente de él, tratando de encontrar la forma de salvar esta situación.
—¿Cuántos años tienes? —Zeik intentó que su voz sonara más suave, sabía que era un tema muy complicado y tampoco quería hacer que Cas se cerrase completamente en banda.
—Esa pregunta es de mala educación. —intentó que su voz sonara más relajada e irónica. —Muchos, dejemoslo así.
—Yo soy de Braikralo, antes era un lugar precioso, ahora no se como estará pero la última vez que fui daba pena, es un asco como la guerra arrasa con todo.
Casper dio gracias que el cambiaformas se puso a hablar más de sí mismo. Le contó que seguía teniendo familia en Braikralo pero no se hablaba con ellos y la única familia que le quedaba era en realidad Hanna y sus compañeros del bar.
Para cuando se terminaron la cerveza Zeik se giró para volver a casa, ya que se estaba haciendo muy tarde y estaba empezando a tener frío, sin embargo no llegó a dar el paso ya que notó como Casper le estaba sujetando el brazo, le estaba mirando fijamente y Zeik solo podía pensar en que tenía ojos de cachorro al que han abandonado en la lluvia, su corazón dio un pequeño bote al darse cuenta de que le estaba resultando muy atractivo, no podía explicarlo, pero esa tristeza, esa humanidad viniendo de un vampiro le parecía sexy.
—Por favor Zeik, no le digas a nadie que soy un transformado. Es…es muy c-complicado…. —antes de que pudiera seguir el cambiaformas le paró con un gesto.
—Por supuesto, será nuestro secreto. —el agarre del contrario se relajó y terminó soltando, agachando la cabeza como si esa fuera su forma de pedir perdón. Zeik llevó los dedos de la mano libre a la barbilla del contrario y la levantó suavemente, mientras le miraba a los ojos con una sonrisa que enseñaba los dientes.—Pero la próxima vez que te pregunten, no digas de Fratprares.
Ambos se quedaron mirándose y aunque solo fueron unos segundos, los dos podrían asegurar que el tiempo se detuvo. Casper fue el primero en romper el contacto visual y en empezar a andar hacia la puerta, su cabeza no paraba de gritarle que era un hombre patético, un miserable que no tenía derecho a sentir la amabilidad de nadie. Zeik le siguió, quería saber más, pero sabía que si preguntaba demasiado se acabaría cerrando, Casper era una carrera a fondo y Zeik estaba dispuesto a hacer lo que fuese por saber más.