01
Jimin
Sé inmediatamente cuando el celo se puso en marcha. Un minuto, estoy sentado en la sala leyendo un libro, disfrutando de la rara calma de la casa. Entonces mi polla comienza a temblar ligeramente. Ha pasado un tiempo. Creo que me ocuparé de ello en la ducha más tarde.
Pero luego un rubor empieza a arrastrarse por mi cuello y en cuestión de segundos estoy sudando ligeramente. De mala gana dejo mi libro y me levanto para abrir una ventana. Eso fue un error.
Inmediatamente siento la humedad que se filtra fuera de mi agujero y mi propio olor me golpea como un maremoto.
Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.
Normalmente mi celo no comienzo hasta finales de primavera. No en medio del invierno. Nunca en invierno.
Rápidamente, corro a la cocina por una botella de ambientador y le doy a la sala una rociada rápida. Empujando la botella de nuevo en el armario, tomo una barra de pan, un manojo de plátanos y una caja de galletas antes de correr hacia mi habitación y cerrar la puerta. Mi madre alfa estará en casa pronto y el pensamiento hace a mi corazón acelerarse. Ojalá escondiera el olor lo suficiente.
Ella odia mi celo. Dice que es un rasgo repugnante y los alfas que caen por él son patanes folla cerdos.
Soy lo suficientemente inteligente como para no mencionar que así es como llegué al mundo.
Colapsando en mi cama, gimo y deseo que esto sea un mal sueño. Normalmente tomo mi forma de lobo y me retiro a la naturaleza. Puedo sobrevivir cómodamente de pequeñas cazas hasta que pasa y volver a casa sin problemas. El invierno no me lo permite. A pesar de mi piel, mi lobo es delgado y algo pequño, incluso para un omega.
No hay suficiente caza pequeña en el invierno para sobrevivir, y apenas puedo acabar con un ciervo macho y mucho menos con un oso o un alce. Me moriría de hambre en cuestión de días o sería asesinado por una manada de lobos salvajes.
Entierro mi cara en mi almohada e intento ignorar mi polla endurecida. La puerta principal se cierra, señalando el regreso de mamá. Hay un puro y absoluto silencio por un segundo, luego cierro los ojos fuertemente y me doblo en una bola al sonido de pasos subiendo las escaleras. Ella sabe. Por supuesto que lo sabe. El sentido del olfato de mamá es demasiado bueno para un poco de ambientador.
Su puño golpea contra la puerta, haciéndome retroceder.
—¿Quieres decirme algo? —Ella dice, su voz afilada.
—Lo siento —digo suavemente—. No sé por qué…
—¿No podías esperar hasta la primavera? —Prácticamente puedo verla frunciendo el ceño—¿Eres tan desgraciado aquí que decidiste que yo también necesito sufrir?
No sirve de nada responder. No le importará lo que tengo que decir. No me relajo hasta que oigo su retirada. Dudo que ella esté dispuesta a conseguirme comestibles ahora, y ya estoy bajo en jabón y champú.
Mi polla está casi completamente erguida. Me levanto despacio, como si mamá fuera a volver corriendo si me muevo. Agradeciendo a Dios por mi baño privado, me doy una ducha tibia. Voy a pasar mucho tiempo aquí.
Mis dedos se envuelven alrededor de mi polla, bombeando rápidamente. Ahí está la cálida acumulación familiar y mi polla crece caliente y palpitante. En cuestión de segundos, mi pequeña corriente de esperma salpica contra la pared de azulejos.
Me quedo sin comida dentro de dos días. El pan y las galletas no sustentan. Los plátanos ayudan algo, pero las galletas y el pan dejan mi estómago vacío de nuevo en un par de horas. Mi estómago gruñe mientras espero a que el coche de mamá salga de la calzada.
Tan pronto como puedo, me desplazo hacia abajo a la cocina y rumbo a través de los armarios de comida enlatada. Han pasado dos días. Sólo necesito pasar unos cuantos más y no tendré que preocuparme por esto por otro año.
No hay mucho. Guisantes, melocotones y varias latas de ravioli son todo lo que puedo encontrar. Empujándolos en la bolsa, abro la nevera. Hay un contenedor de tiras de pollo. Me muerdo el labio inferior. Mamá estará furiosa, pero mi estómago está en nudos.
Empujando el contenedor en la parte superior de la bolsa, me giro para volver arriba y me encuentro cara a cara con los fríos ojos grises de mi madre. Su cara es tranquila, pero puedo ver la rabia justo debajo de la superficie. Me trago el nudo en la garganta y trato de dar un paso atrás. Mi corazón late en mi pecho cuando noto que no está sola.
Detrás de ella, y mirándome con lujuria, hay un alfa con los brazos tan gruesos como troncos de árbol. ¿Un cambiaforma oso tal vez? ¿Un lobo grande? O tal vez sólo es un humano excepcionalmente grande. Dio un paso hacia mí y me encogí de nuevo en sus narices y su mirada depredadora. Mamá me agarra bruscamente, atrayendo mi atención hacia ella.
El agarre de la mujer alfa es como hierro alrededor de mi muñeca, tirándome cerca de ella hasta que nuestras narices casi se tocan.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Sólo necesitaba comida —murmuro, mi largo flequillo ocultando mis ojos.
Ella se burla. —Vuelve arriba, trataré contigo después.
Tan pronto como ella me deja ir, estoy tropezando de nuevo a mi habitación, la bolsa de comida todavía agarrada a mi mano. Yo medio espero escuchar al alfa que está con ella venir tras de mí mientras golpeo la puerta y giro la cerradura. Respirando fuertemente, dejo caer la bolsa y me deslizo hasta el suelo, contra mi cama.
El terror no se desvanece mientras intento ignorar los gemidos y los aullidos que vienen de la planta baja. Estupendo. Mamá trajo a una cita a casa, y mi sola presencia probablemente lo arruinó. Agarro la cajita de tiras de pollo y las meto en mi boca. Me muerdo un sollozo de vergüenza y miedo.
Mi corazón late contra mi pecho cuando escucho a mamá decir bruscamente al alfa que se vaya. Él fue expuesto a mi celo, lo que probablemente significaba que todo lo que podía pensar era en el pequeño omega escalera arriba, listo para ser tomado.
No puedo quedarme aquí ahora.
Me deslizo en el cuarto de baño, vacilando cuando mamá empieza a golpear mi puerta. Rápidamente, llego al armario debajo del fregadero y saco la botella de colonia. Es lo suficientemente fuerte para enmascarar mi aroma
La puerta de mi habitación se abre, haciéndome saltar. Tembloroso, meto la mano en la caja de cartón en el armario hasta que mis manos se envuelven alrededor del grueso plug de goma*. Arranco mis pantalones hacia abajo, exponiendo mi agujero, y lo meto en esa zona, silbando por la intensidad. Tiro mis vaqueros hacia arriba. Odio el plug. Lo detesto con pasión. Papá fue el que me lo dio. Dijo que si alguna vez necesitaba salir de la casa durante mi celo, necesitaba usarlo. Ayudaría a debilitar el olor que emitía.
El olor del celo es una llamada de sirena a cualquier alfa no unido.
—Sé que estás ahí —dice mamá, con voz de hielo—. Desbloquea la puerta y charlaremos un poco. —Balanceándome en el borde de la bañera, abro la diminuta ventana del baño. Por una vez me siento agradecido por mi figura juvenil mientras me alejo. El puño de mamá golpea contra la puerta y trato de moverme más rápido.
Finalmente, logro colgarme en el marco mientras mis piernas están libres y estoy colgando al costado de la casa. Tomando una respiración profunda, trato de relajarme y me dejo ir justo cuando oigo a mamá tirar la puerta. Mis rodillas estallan de dolor cuando golpeo el suelo con fuerza. Mis pies fallan y ruedo en mi sitio. Me estremezco en mi delgada camisa, dándome patadas por olvidar mi chaqueta.
Ignorando el dolor, me levanto y hecho a correr hacia la acera. No paro de correr, como si en el segundo en que lo hiciera, algún alfa fuera a saltar sobre mis huesos, lo que probablemente harían.
Llego a Mag en un tiempo récord, metiéndome en el cálido edificio con un suspiro de alivio. Mag sonríe cuando me ve sentarme en el bar.
—Hey, cariño, ¿cómo estás?
—Bien. —Miento—. ¿Cómo va la noche?
—Lenta, tranquila. Pero aún es temprano.
El plug sólido en mi culo empuja contra mí mientras me siento en el taburete de la barra. Este bar es cutre, pero son amables con los omega. Mag es un alfa, pero es una de las mejores. Acoplada con un omega muy bonito. Me da un vaso de ron y soda. Sus ojos se estrechan mientras olfatea el aire antes de que ella me dé una mirada preocupada.
—Es un poco arriesgado que estés aquí afuera —dice ella con simpatía.
—Tuve que salir de la casa. —Le digo—. Ya sabes cómo es mi madre.
Ella lo hace. La mayoría de la gente de aquí lo hace.
—Bueno, gritame si tienes algún problema.
—Gracias Mag.
*plug: Un plug, butt plug o tapón anal es un juguete sexual que ha sido diseñado para ser insertado en el recto para obtener placer sexual. Son parecidos a los dildos o consoladores, pero suelen ser más cortos y tienen el final acampanado o ensanchado para evitar su inserción total en el recto.