Prólogo
Siempre pensé que la gente exageraba cuando hablaba del miedo. Decían que te paraliza, que te roba la voz, que convierte hasta el aire en un cuchillo. Yo solía creer que era solo una sensación pasajera, como cuando se apaga la luz de golpe y tardas unos segundos en acostumbrarte a la oscuridad.
Pero descubrí la verdad demasiado tarde.
El miedo no es un instante. Es una cadena invisible que se enrolla poco a poco hasta asfixiarte. Empieza con miradas que no entiendes, con palabras que parecen un juego, y antes de que te des cuenta ya no eres dueño de ti mismo. Alguien más te controla, alguien más decide por ti.
Yo solo quería leer mis libros, tocar el piano en silencio y pasar desapercibido. Nunca pedí ser el centro de nada. Pero él... él me eligió.
Desde ese momento dejé de ser Nick. Pasé a ser lo que Leo quería que fuera: un muñeco, un reflejo torcido de lo que alguna vez fui. Y por más que intente convencerme de que estoy resistiendo, en el fondo sé la verdad: ya no sé dónde termino yo y dónde empieza él.
Este no es un cuento de amor, ni de amistad. Es una historia de cadenas invisibles, de voces que se clavan como cuchillos y de un juego en el que siempre soy el perdedor.
Y lo peor de todo... es que todavía no sé si quiero escapar.