Capítulo 1
—¿Qué hiciste, Suguru?— el peliblanco preguntó angustiado al ver aquella escena.
Al salir de trabajar se fue directo a su departamento, donde encontró a su esposo sin vida y al único culpable: aquel omega pelinegro que estaba cubierto de sangre...
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Satoru Gojō, un alfa de 32 años de edad, se encontraba ahogando sus penas en alcohol, ya que su prometido y amigo de la infancia lo abandonó apenas encontró su destinado y sin importarle que estaban a dos semanas para casarse. Suguru Getō solo le mandó un mensaje de texto a Satoru, diciéndole:
— Perdóname y gracias por todo—
Mensaje enviado a las 02:30 a.m
Ha pasado un mes y ya era costumbre ver a aquel hombre peliblanco llegar al bar y tomar hasta perderse. Los trabajadores del lugar tenían la misión de llamar a un conocido del peliblanco para que lo llevara a su casa, una tarea sencilla pero difícil, ya que muchas veces le daba por pelear con los empleados.
Siendo su primer día de trabajo, Yuuji se presentó a trabajar en aquel bar como el nuevo bartender. El chico pelirosa había sido advertido sobre el hombre peliblanco y lo que debía hacer si se les pasaban las copas.
Esa tarde todo fue diferente. El peliblanco entró al bar. Como de costumbre, se iba a sentar al final de la barra, pero al ver a aquel joven sus intenciones de tomar se esfumaron. Satoru se limitaba a verlo de lejos y solo a tomar dos tragos, algo nunca visto por los trabajadores del bar.
Pasaron unas semanas y Satoru solo se limitó a pedirles dos tragos y a observarlo hasta que por fin tomó el valor suficiente para hablar con el pelirosa
En poco tiempo establecieron una amistad y después una relación. Al pasar ocho meses, se decidieron casarse.
Todo cambió cuando su ex le mandó un mensaje de texto desde un número desconocido a Satoru, escribiéndole:
Hay que vernos en la cafetería de siempre. G.S.
Enviado a las 21:12 p.m.
Pasaron dos meses en que Suguru se puso en contacto con Satoru y, para sorpresa de ambos, nunca se habían dejado de amar. Sin importar que estuvieran casados, empezaron a retomar su relación; se podría decir que eran amantes.
Suguru al poco tiempo ya estaba divorciado, pero Satoru aún no lo estaba, ya que este alegaba que Yuuji se negaba a darle el divorcio y, a la vez, le pedía tiempo para convencer al pelirosa de que firmara los documentos.
Había pasado un mes desde aquella plática, y esta vez Suguru habló con voz firme.
—Satoru... ¿cuando te vas a divorciar? No quería tocar el tema pero esto ya me tiene cansado, tu y yo ya deberíamos vivir juntos y de paso casarnos.
El peliblanco solto un suspiro pesado y respondiendo —Se niega a firmar el acuerdo de divorcio... Será más fácil matarlo que a que firme los papeles— decía esto con voz burlona y al momentos que se levantaba de la cama.
—Es buena idea— se escuchó la respuesta del azabache y este empezó a reír.
A lo que el peliblanco, que ya se encontraba caminando hacia el baño, se giró a ver al pelinegro y solo se limitó a negar con la cabeza.
Al llegar al departamento que compartía con el pelirosa, este lo esperaba en la sala con los papeles de divorcio firmados.
Satoru no entendía qué pasaba. Tomó asiento enfrente de Yuuji, y este habló.
—Estos son los acuerdos del divorcio; fírmalos —Satoru enfureció al escuchar lo que decía su esposo. Quería el divorcio, sí, pero él quería darle la sorpresa.
Tomó los papeles y los rompió en la cara del pelirosa; este solo suspiró.
—¿Cómo te atreves a hacerme esto? No tienes el derecho de pedirme el divorcio; recuerda que no eres nadie sin mí —Se levantó con brusquedad y tomó el brazo del más bajo con fuerza, y empezó a golpearlo sin piedad. Dejó de hacerlo hasta que vio que ya no se movía.
Salió del departamento con evidente ira y cerrando la puerta con brusquedad, dejando solo al omega sin importarle que este gimiera de dolor.
Al día siguiente, por la tarde, Suguru fue al departamento donde vivía Yuuji, ya que le había mandado un mensaje pidiendo que se reunieran, sin imaginar las intenciones del pelinegro.
Satoru había pasado la noche en la casa de Suguru, agradecía tener ropa en su casa.
Había decidido hablar con Yuuji así que al salir de trabajar, se dirigió a su departamento pero lo que encontró fue a Suguru cerca del cuerpo de Yuuji que se encontraba sin vida.
El albino solo pudo preguntar...
—¿Que hiciste Suguru?—








