𝔈𝔭𝔦𝔰𝔬𝔡𝔦𝔬 1: 𝔇𝔦𝔠𝔦𝔢𝔪𝔟𝔯𝔢
Si realmente pensaba algo de ti, era que eras el verdadero "mil amores", pues no hubo día ni semana, desde que te conocí, en que no tuvieras un nuevo querer. Y fue cierto que cuando te enamoraste por primera vez, apenas podías hablar. Así llegó el último día del primer año de secundaria para ti. Fue entonces cuando ella se acercó, sin imaginar que tal vez esa interacción cambiaría el rumbo de tu vida. Aunque Débora intentó que una de sus mejores amigas estuviera con Mauro, finalmente no ocurrió nada entre ellos. Desde mi perspectiva, las cosas se distorsionaron, ya que aquella simple muestra de confianza generó un vínculo en Mauro; no al mismo estilo que con Débora, quien lo veía más bien como a un nuevo mejor amigo.
Si hablamos de un desarrollo notable de personajes, nos referimos a dos adolescentes en un lapso de diez meses, en los que las conversaciones eran diarias. Nunca se supo si alguno de los dos llegó a cansarse de hablar tanto, quizás de cualquier cosa.
Mauro estudió en la misma primaria que Débora desde tercer grado. Ella me comentó en algún momento que él era muy callado y que su interés por socializar era prácticamente nulo. Sin embargo, Mauro empezó a llamar su atención, al punto de que se dedicaba a molestarlo constantemente. El pobre niño solo llegó a tomarle fastidio cuando, en una ocasión, ella hizo desaparecer su cartuchera. Aun así, él no mostraba ningún interés en Débora.
Salir era un lujo para ambos; si sucedía, era por un encuentro fortuito, como los que ocurrían en el Boulevard.
Pasaban los días, las semanas y los meses. Es posible que Mauro se haya tomado un tiempo considerable antes de reincorporarse plenamente a clases. Y entonces ocurrió: todo ese tiempo le había servido para reflexionar y, relativamente, para convencerse de que el amor y los sentimientos que habían nacido por Débora eran un hecho completamente afirmado. La prueba de ello fue que lo primero que hizo, tras mucho tiempo, fue darle un abrazo.