Corazones en deuda

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Summary

Corazones en Deuda El invierno cayó sobre la vida de Camila sin previo aviso. A sus veintidós años, la inesperada muerte de sus padres la deja con una deuda imposible de pagar y con la responsabilidad de Ana, su hermana menor, cuya vida depende de un costoso tratamiento. Desesperada, Camila lo intenta todo, pero cada día que pasa es un recordatorio cruel de que el tiempo se agota. Es en medio de esa tormenta que aparece Isabel: una mujer poderosa, dueña de un mundo de lujos, cuya mirada promete una salida a su dolor. Pero detrás de la oferta, se esconde un juego peligroso de deseo y sacrificio que podría salvar a su hermana… o quemarla entera. Justo cuando Camila empieza a caer en la seducción de lo prohibido, un fantasma de su pasado resurge. Valeria, una vieja conocida, reaparece en su vida, ofreciendo una calma y una conexión que Camila no había sentido en años. Ahora, dividida entre dos mundos y dos mujeres, Camila se enfrenta a la decisión más difícil de su vida. En un juego donde el amor, la esperanza y la culpa chocan, ¿qué camino escogerá? ¿Entregará su corazón a una mujer que lo puede comprar todo... o se atreverá a arriesgarlo todo por un amor que no tiene precio?

Genre
Lgbtq
Author
LF
Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo I – La carga del invierno

El invierno había caído demasiado pronto en la vida de Camila. No solo en el calendario, sino en el alma. Desde el accidente que se llevó a sus padres, todo se había vuelto cuesta arriba. Con apenas veintidós años, le tocó convertirse en madre, hermana y sostén para Ana, la niña de trece años que lo era todo para ella.

Ana era frágil, demasiado frágil para su edad. Sus grandes ojos oscuros brillaban con un fulgor extraño: la mezcla entre la esperanza y el cansancio. El soplo de su corazón enfermo era como un reloj de arena que recordaba, día tras día, lo efímera que podía ser su vida. Los médicos repetían la misma sentencia con frialdad quirúrgica: “El tratamiento es caro, demasiado caro.”

Camila lo intentaba todo. Dos trabajos, noches en vela, promesas que nunca se cumplían. El dinero siempre se escurría como agua entre los dedos, dejándola con las manos vacías y el corazón roto. Cada respiración de Ana era una súplica silenciosa. Cada tos, un recordatorio cruel de la deuda que el destino les había impuesto.

Fue en medio de esa desesperación que apareció Isabel.

Alta, rubia, con una elegancia que parecía pertenecer a otro mundo. Sus ojos azules tenían la seguridad de quien nunca había conocido la escasez, y su sonrisa… una sonrisa ensayada frente a espejos rodeados de oro, que podía desarmar o congelar a cualquiera según su antojo. Vestía abrigos largos, perfumes de lujo, y se movía con la calma de quien sabe que el mundo le pertenece.

Camila la conoció en una reunión comunitaria, un evento benéfico al que apenas había asistido por obligación. Camila se sentía como una intrusa en aquel lugar lleno de copas de vino, trajes caros y sonrisas falsas. Aun así, allí estaba, tratando de conseguir algún contacto, alguna esperanza.

Desde el primer momento, Isabel la observó con un interés que descolocó a Camila. No fue la mirada superficial de quien se siente superior, sino algo más profundo, casi hipnótico. Camila sintió que aquellos ojos la desnudaban, no el cuerpo, sino el alma.

Camila trató de esquivar aquella atención, pero Isabel se acercó con paso firme. El roce de su perfume, intenso y embriagador, le heló la piel y la encendió al mismo tiempo.

—No pareces disfrutar este tipo de eventos —dijo Isabel con voz aterciopelada, inclinándose lo suficiente como para que solo Camila pudiera escucharla.

—No suelo estar en lugares donde no encajo —respondió Camila con franqueza, mordiéndose el labio sin darse cuenta.

Isabel sonrió, fascinada por esa honestidad tan distinta de las máscaras que solía ver a diario.

Fue solo una conversación breve, casual para cualquiera que mirara desde fuera. Pero para Camila, fue como abrir una puerta prohibida hacia un mundo que jamás pensó tocar. Isabel no la trató con lástima, sino con un interés palpable, como si ella misma se sorprendiera de lo que estaba sintiendo.

Ese mismo día, al regresar a casa, Camila no podía sacarse de la mente los ojos de Isabel. Había en ellos una promesa peligrosa, un juego de fuego que la llamaba aun cuando sabía que no debía acercarse.

Y esa noche, mientras veía dormir a Ana con el sonido débil de su respiración, Camila entendió lo que el destino acababa de poner en su camino:

un juego de amor, deseo y sacrificio que podía salvarles la vida… o quemarla entera.