Única parte
En un pueblo lejano llamado Lunática, que realmente era un pueblo bastante tranquilo, hasta que una noche, esa tranquilidad se esfumó.
Por todo el pueblo, había monstruos y bestias, parecidos a los duendes, aterrorizando a todo el pueblo. Lo que más llamó la atención de todos, además de esos "duendes", fue que la Luna estaba más grande y brillosa, además de que estaba de un fuerte color dorado.
Por la noche, durante seis meses, cuando había Luna llena, se repetía el mismo suceso, pero se manifestaba peor. Cuando esas bestias perseguían a los pueblerinos para convertirlos en monstruos, se escuchaba una aterrorizante risa, nadie sabía de dónde provenía todo esto.
Y así, durante seis meses, todo lo que fue ese bonito y tranquilo pueblo, se esfumó. Cada día, notaban como había menos personas, ya que algunos se iban y otros habían sido convertidos en duendes.
Un día, que iba a ver Luna llena, Maya, que era una chica de 18 años, alta, linda, con cabello naranja, ojos color avellana, con pecas y piel blanca. Era muy valiente, amigable y amorosa, y Kyle que era un chico de 19 años, alto, lindo, con cabello castaño, ojos cafés, piel morena. Era un chico valiente, respetuoso, amable y caballeroso, ambos se encontraban en el mercado; era hecho de pura madera, con estanterías de madera, pocos refrigeradores, y una luz tenue que alumbraba el ambiente. Estaban buscando cosas para pasar la noche, porque es evidente que va a ser una noche larga y se tenían que quedar despiertos, para estar atentos de que ningún duende entre a la casa de Maya, ya que se quedarían allí esa noche.
—Cada vez hay menos personas en el pueblo —menciona Kyle para romper el silencio.
—Lo sé, ya viste que ahora no hay nadie que nos cobre, ahora solo necesitamos dejar el dinero en ese bote. —dice Maya, señalando con la mirada al bote que se encontraba en la entrada, mientras guarda unas botellas de agua en una canasta.
Seguían caminado por los pasillos, agarraban cosas y las ponían en la canasta que Kyle estaba sosteniendo, hasta que llegó la hora de irse.
Salieron, no sin antes dejar el dinero de lo que les cobrarían si hubiera alguien. Ya estaba anocheciendo, pero eso aún no les preocupaba, hasta que comenzaron a escuchar que algo o alguien los seguía. Se escuchaba cómo tronaban algunas ramas y hojas secas, escuchaban susurros, pero no lograban diferenciar lo que decían. Maya volteaba y solo veía sombras, algunas más notorias que otras, lo que comenzó a asustarlos.
—Kyle, algo nos esta siguiendo... -dice Maya con voz temblorosa.
Kyle voltea y logra ver una sombra a lo lejos, aunque solo se notaba por unas suaves luces, que casi no se distinguía porque poco a poco llegó la neblina, además de que ya estaba oscureciendo porque el sol ya se había ocultado y la Luna había llegado.
—Maya, ¿ese no es Dylan? —pregunta Kyle viendo una sombra que se les acercaba y, por eso, ya se lograba distinguir quién era.
Maya voltea y para de caminar de golpe al ver a Dylan, que era un chico de 17 años, de estatura baja, lindo, con cabello negro, ojos cafés, piel blanca. Era un chico miedoso, amable, y respetuoso, aunque ahora se veía diferente.
Caminaba diferente, su piel ya no tenía su tono blanquecino, ahora solo se veía algo verde y su estatura había disminuido. Aún así, ninguno sentía pánico. Decidieron acercarse.
—¿Dylan? —preguntó Kyle.
Dylan mira a Kyle y a Maya de una manera que ninguno puede diferenciar.Con confianza, Maya se acercó más a Dylan yKyle hizo lo mismo que Maya.
Intentaban hablar con Dylan, pero él no decía cosas que se le entendieran o que mínimo tuvieran sentido, hasta que se dieron cuenta de que Dylan se estaba convirtiendo en una de esas bestias, y en lo único que pensaron fue en intentar hacer que reaccionara, diciéndole cosas que le gustaban.
—¡A ti te gusta escuchar música...! —Kyle intentaba recordar todo lo que le gusta a Dylan.
Hasta que Maya piensa en la obsesión de Dylan con el chocolate, y saca una barra de chocolate que momentos atrás habían comprado.
—¡Dale la barra de chocolate! -exclamó Maya en su desesperación y se la entregó a Kyle para que se la dé a Dylan.
La barra de chocolate no era tan grande, pero sí suficiente para un obsesionado con el chocolate.Los ojos de Dylan brillan cuando ve la barra de chocolate.
Cuando Dylan se da cuenta de lo que tiene en manos, lo abre rápidamente y le da la primera mordida, en ese momento su piel vuelve a su color blanquecino, ya no camina raro y se nota que comienza a recuperar la conciencia poco a poco.
—¿Maya? ¿Kyle? -su voz sonaba algo ronca al principio, pero poco a poco recuperó su energía.
Hasta que Dylan voltea hacia la Luna, que se estaba volviendo algo amarilla, así como dorada o parecido.
Inmediatamente, agarra a Maya y a Kyle de la muñeca, y se van corriendo a la casa de Maya, que estaba a una calle de donde estaban. Cuando llegaron a la casa de Maya, Kyle preguntó.
—¿Por qué hiciste eso?
—¿No lo saben? —Dylan parece algo sorprendido.
—¿Qué cosa? —pregunta Maya, confundida.
—Es la Luna.
—¿La Luna qué? —pregunta Kyle.
Dylan señala la ventana y se dirigen hacia ella y cuando llegan, Dylan vuelve a señalar, pero ahora señala la Luna que se estaba volviendo amarilla.Su luz era amarilla.
—¿Qué? ¿Por qué la Luna está así? —preguntaKyle, demostrando su miedo en su tono de voz.
—Pues... Ay no, ocúltense. Ahí hay un duende y creo que nos vio. —dice Dylan.
Cierran las cortinas y se van a lo que es la habitación de Maya.
—¿Eso era un duende? —preguntó Maya.
—Sí. ¿Quieren saber lo que está pasando? —pregunta Dylan
—Obviamente. —responde Maya rápidamente.
—Bueno, todo comenzó una noche, exactamente hace seis meses. Antes de Luna llena, le robaron algo muy importante para la Luna.
—¿Qué le robaron? —pregunta Kyle con curiosidad.
—Ella tenía una mascota llamada Lira. Su mascota era un gato blanco que se había convertido en lo más cercano a ella, hasta que le robaron al gato. Ella enfureció tanto que comenzó a crear duendes aquí, en el planeta Tierra. Esos duendes buscan al gato de la Luna. Ella sabe que un humano se llevó a su gato.
—Entonces... ¿La Luna está enojada con los humanos? —pregunta Kyle para terminar de entender todo.
—Algo así.
—¿Y podemos a ayudarla? —pregunta Maya.
Dylan se quedó pensando.
—Sí, si se puede, mientras yo me estaba convirtiendo en un duende, fui al bosque, exactamente cerca del Gran Árbol, escuché como un gato maullaba. Podemos ayudar a la Luna a encontrar a su gato, pero puede ser algo difícil. —dice Dylan.
—Bien, hay que hacer un plan. —dice Maya.
—Primero… Eh... Necesitamos salir de aquí sin ser vistos por los duendes o que nos dé un poco de esa luz dorada. Ah, por cierto, cada treinta minutos, la Luna brilla aún más, así que en ese tiempo es más fácil que nos convirtamos en uno de esos —dice Dylan—. Debemos salir cubiertos, ¿tienes cobijas y lentes de sol?
Maya piensa un poco y luego se va. Unos minutos después, vuelve con tres cobijas y tres pares de lentes de sol.
—Bien, luego debemos llegar al bosque e ir alGran Árbol, sacar al gato de donde está y subir a la montaña para enseñárselo a la Luna. —dice Dylan.
Unos minutos después, salieron de la casa de Maya, cubiertos de las cobijas y con los ojos cubiertos por los lentes de sol.
Iban caminando tranquilamente, ya que Kyle iba callado, hasta que, de repente, tropieza y su caída hace mucho ruido.
—Espero que no nos hayan escuchado... Los duendes tienen muy buen oído. —menciona Dylan, ayudando a Kyle para que pueda levantarse.
Hasta que se empiezan a escuchar pasos cerca de los tres.
—Dyyylan... —Kyle estaba muy nervioso y alterado.
—¿Qué pasó?
—Un duende... O muchos duendes, para ser precisa. —dice Maya.
Dylan voltea a la dirección en la que la pareja estaba mirando y ve un grupo de duendescorriendo hacia ellos.
—¡Corran!
Maya, Kyle y Dylan corren rápidamente hacia el bosque que afortunadamente ya estaba cerca de ellos.
—¡Ahí está el Gran Árbol! —exclama Maya corriendo hacia el Gran Árbol.
Todos corren hacia el Gran Árbol y ven al gato de la Luna, Lira.
El gato se hallaba asustado y maullando de miedo. Se encontraba rodeado por hiedra venenosa que alguien o algo había puesto intencionalmente; esa hiedra hacía que los duendes no pudieran percibir al gato.
—Faltan cinco minutos para que la Luna se vuelva a poner amarilla... —dice Dylan mirando su reloj.
Cada vez más se escuchaban los pasos de los duendes llegando. Con un palo que había cerca de Maya, comienza a mover la hiedra. Cuando, por fin, logran sacar al gato de la hiedra, Maya lo agarra. Suben a la montaña que estaba atrás de ellos, aunque la Luna ya estaba poniéndose un poco amarilla.Maya levanta el gato hacia la Luna y lo muestra.
De repente, la Luna dejó de brillar unos segundos, dejándolos a oscuras. Por fin, la Luna volvió a brillar, pero de un color blanco.
El gato hace unos sonidos de lo que parece ser felicidad.
Al lado de Dylan, sube un duende y habla.
—Denme al gato, yo se lo entregaré a la Luna.
Maya duda un poco el darle el gato al duende, pero accede y finalmente se lo entrega. El duende agarra el gato y lo levanta igual que Maya.
Desde esa montaña, se podía ver todo el pueblo.
Hasta que poco a poco, se comienza a ver que los duendes que estaban por el pueblo, se iban convirtiendo en humanos, menos el duende que estaba al lado de ellos, lo que se les hizo un poco raro.
—¿Qué? ¿Por qué no se convierte en humano? —susurra Kyle hacia Maya.
—No lo sé... —respondió Maya.
Pasaron unos minutos, hasta que por fin todos los duendes del pueblo se habían convertido en humanos de nuevo, menos el que sostenía al gato.
Pasado un tiempo, por fin, se convirtió en humano de nuevo. El era Jack, un chico de 19 años, alto, «lindo» (aunque solo fuera en el físico), tenía cabello rubio, ojos verdes, piel blanca. El era reconocido en todo el pueblo por ser envidioso, malo y rencoroso.
Maya, Kyle y Dylan estaban bastante sorprendidos, pero Dylan sí tenía sospechas de que Jack fuera el que provocó todo.
—Lo siento, no quería ser el culpable de todo esto... Solo estaba celoso de que hasta la Luna pudiera tener alguien de compañía y yo no. —dice Jack, con un tono de arrepentimiento.
Hasta que de algún lugar, se escucha una voz.
—Está bien, acepto tus disculpas, pero, ¿estabas celoso? ¿Por qué? —dice esa voz.
—Estaba celoso de que la Luna pudiera tener compañia de alguien y yo, que soy un simple mortal, no pueda tener a alguien. —dice Jack, triste.
Hay un pequeño silencio, Maya, Kyle y Dylan se miran entre sí.
—Tengo una idea. —se escucha que dice esa voz—. Ven conmigo, y obviamente ven con Lira, para que ninguno se sienta solo. Para que tú no te sientas solo. Con nosotras, te sentirán feliz. ¿Qué dices?
Jack sonrie.
—¿En serio?
—Sí.
Jack, con el gato en brazos, comienza a flotar hacia donde está la Luna. Cuando desaparece por completo, de nuevo se escucha esa misteriosa voz.
—Gracia por ayudarme a encontrar a mi gato. Ahora por fin seremos felices. Gracias, de verdad.
Kyle, Maya y Dylan sonríen satisfechos.
El sol ya iba saliendo, así que era hora de despedirse de la Luna.
—Adiós, gracias por todo. —se vuelve a escuchar esa voz misteriosa por última vez.
Y así fue, como todo volvió a la realidad. Lunática volvió a su tranquilidad. Las noches de Luna llena ya no eran llenas de gritos y oscuridad, ahora eran noches de felicidad, además de que en esas noches soñaban con ese suceso que pasó y, al final de cada sueño, la Luna decía gracias.
Fin.