[ESCRITOS]

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Summary

Bienvenidos a este conjunto de escritos, algunos con más sentido que otros, todos nacidos de la necesidad de explorar sentimientos, pensamientos y ciertos destellos de locura. Un espacio donde lo caótico encuentra su propia armonía✨

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

ENTORNO

Lunes en la mañana, 5:00 am. Boston, 25 de Diciembre del 2000.


Las calles, veladas por el frío del invierno y la oscuridad de la madrugada, se empezaron a iluminar por unos pequeños rayos de sol. Tintes violetas, púrpuras y naranjos cubrían el cielo; los pájaros empezaron a cantar al son del viento helado de la mañana, aleteando para dar la bienvenida al nuevo día.

Suaves gotas empezaron a caer del cielo, anunciando el primer rocío, las plantas danzaban felices en el jardín de la pequeña casa a las afueras de Boston, su chimenea no había empezado a funcionar aún cuando la última súplica, apenas audible entre el silencio ensordecedor salió de la boca de aquel niño en el armario.

-Déjame salir, por favor.

La voz pastosa, y los labios partidos, sus ojitos negros de tanto mirar al abismo y su cuerpito flacucho y laxo de tanto vivir en el. Sus lágrimas secas en las mejillas, su sangre seca en su espalda, los golpes verdes en su estómago.

Las voces del otro lado martillaban el silencio en su cabeza, recordándole que el dolor que sentía en su cuerpo era real, pero se permitió sentirlo, después de todo, ese dolor era uno de los pocos vestigios de estabilidad que tenía dentro de aquel abismo de incertidumbre.

-Martha, te dije que adoptar esa rata era una mala idea, solo causa problemas. Mira, rompió el vaso!

-Tranquilo, solo necesita un poco de disciplina, ya aprenderá.

-Siempre dices lo mismo, pero ya lleva 4 meses estropeando las cosas, por más que lo corriges no aprende, hemos cambiado de látigo 3 veces este mes.

-Camil también era así, recuerdas? Pero con el tiempo aprendió. Ya es todo un hombrecito.

-Mfg, tienes razón, si pudiste hacer que ese demonio se comportara en solo unos meses de corrección, dejo a la rata en tus manos, seguro que no es tan difícil como Camil.

-Ya lo verás, para su cumpleaños 10 estará haciendo malabares con los vasos.

Las voces se acallaron, los pesados pasos se alejaron de la casa. El rechinido de la silla del comedor alertó al muchacho, quién se ovilló en la esquina de aquel armario.

Pequeños pasos se acercaron a su prisión de madera y la claridad de la habitación se filtró cuando las puertas se abrieron.

-Mike, pudiste reflexionar que fue lo que hiciste mal?

La sonrisa amable en su rostro pálido y anguloso le decía exactamente cómo debía actuar para salir de ahí, así que haciendo caso omiso a su dolor se colocó sobre sus talones, sus manos sobre sus muslos y su mirada en la base de madera, perdida en la pequeña grieta testigo de llantos y sufrimiento.

-Sí, madre. Hice mal al romper el vaso, debí tener más cuidado, lo siento mucho. No volverá a pasar.

Su suave y estrangulada voz filtró rápidamente toda emoción peligrosa, su cerebro, ágil, filtró las palabras que se almacenaban en su garganta.

-Mm, puedo ver que así es. Ven aquí, Ketlán querrá comer cuando regrese de trabajar, ayúdame a preparar una cena deliciosa. Así el podrá ver cuánto te arrepientes.

Llovía y tronaba cuando Camil, a la mesa comía el pedazo de pan en su plato, Ketlán y Martha comían el pollo en el de ellos, yo tomaba el agua en mi vaso. El gato, rubio y flacucho, jugaba entre mis pies. Un rayo impactó en el jardín y en mi sobresalto el vaso cayó al suelo, resquebrajándose.

La mesa se quedó en silencio, las miradas se posaban en mí. Una lágrima bailó en mi mejilla y decidí, que después de todo, era mejor no sentir.