El lado oscuro del deseo

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Summary

No estaba en sus planes tocarla. Mucho menos desearla. Pero ahora… no puede dejarla ir. Lucien Knox vive entre sombras y belleza, moldeando el mundo mientras arrastra heridas que nunca cerraron. Su vida gira en torno al control y la venganza, hasta que aparece ella: joven, inocente, irresistible. Una pieza en su juego. Un castigo disfrazado de deseo. Pero cuanto más la toca, más se pierde. Y mientras ella desconoce el peligro que la envuelve, él ya no puede protegerla. Ni de sí mismo. Porque hay amores que se escriben con cicatrices, placeres nacidos del pecado… y un solo error puede arrastrarlos al abismo. Entre el deseo y la venganza, solo uno puede sobrevivir. Pero cuando el amor se convierte en castigo, la caída es inevitable.

Status
Complete
Chapters
53
Rating
4.5 2 reviews
Age Rating
18+

Prologo

El sonido de la lluvia golpeaba las ventanas con fuerza, una furia incesante, como si el cielo mismo compartiera el peso de los secretos que flotaban en esta habitación. 

Sentado en la penumbra de mi despacho, con los dedos envueltos firmemente alrededor de mi vaso de wiski, miraba el cristal ámbar, el licor girando en espirales como las sombras que me rodeaban. La bebida tenia la misma intensidad con la que mi odio se había alimentado durante veinte años, aquel que me había mantenido en pie cuando todo lo demás se desmoronaba.

Afuera, el mundo se desbordaba en un diluvio implacable, pero adentro de esta habitación, yo, Lucien Knox, sabía que mi propio infierno, no dependía de tormentas ni de cielos oscuros. Allí, frente a mí, estaba la decisión que definiría mi vida.

Continuar con la venganza o caer en la tentación prohibida de Aurora White.

Había soñado con este momento por años. Cada paso de mi plan había sido trazado con precisión, cada movimiento calculado para culminar de manera definitiva con la destrucción de Ronan White, el hombre que me había arrebatado todo lo que alguna vez había amado.

Y ahora, por fin, la venganza estaba al alcance de mi mano.

Pero entonces apareció ella.

Aurora.

Y lo cambio todo.

Inesperada, inocente, inmortalizada en esos ojos verdes que me perturbaban de una forma que no comprendía. Al principio, había visto en ella solo un peón, una herramienta para hacer pagar a mi enemigo el precio más alto posible. Pero, con cada mirada, con cada silencio, Aurora había empezado a desarmarme.

Su fragilidad y su dulzura removían cosas en mí, que no había sentido en mucho tiempo. Una chispa que amenazaba con encender una parte de mí mismo que había enterrado hacia años.

En el reflejo oscuro del cristal, observaba mi propio rostro.

Era el de un hombre que había perdido lo más importante de su vida, que lo había perdido todo… excepto la necesidad de justicia. Pero, mientras apretaba la mandíbula y miraba las gotas de lluvia deslizarse por la ventana, sentía que la batalla interna que me consumía, comenzaba a desmoronar esa determinación que me había definido durante años.

Aurora solo era parte de un plan, no debía significar nada. Y, sin embargo, cada vez que pensaba en sus ojos verdes, esos ojos que parecían verme a mí y no al monstruo que había construido, sentía que mi propósito se tambaleaba, que mi odio empezaba a teñirse con un deseo que no lograba explicar.

Un suspiro se escapó de mis labios mientras apoyaba la cabeza contra el respaldo del sillón, sintiendo el peso de mi propia ambición aplastarme. ¿Cómo podía seguir adelante cuando cada encuentro con ella me dejaba claro que estaba perdiendo el control?

La promesa de venganza, me pesaba en el alma como un juramento de hierro.

Había jurado que nunca permitiría que nada me distrajera, que mi odio se mantendría puro y mi corazón impenetrable. Pero ahora, al recordar la dulzura de la sonrisa de Aurora, sentía como mi armadura se resquebrajaba, y una parte de mí, débil y peligrosa, ansiaba abrazar lo que ella me ofrecía sin saberlo.

La posibilidad de redención.

Cerré los ojos y bebí un largo sorbo de wiski, dejando que el ardor me quemara la garganta, como si con ello pudiera ahogar el caos que se desataba en mi interior. Sabía que el odio y el deseo no podían coexistir sin destruirse uno a otro, y, sin embargo, la idea de abandonarlo todo, de liberarme de la carga de mi venganza, era tan tentadora como peligrosa.

El murmullo de la lluvia se mezclaba con mis pensamientos, arrastrándolos hacia una tormenta que no tenía nada que ver con el clima. ¿Podría realmente detenerme antes de cruzar la línea? ¿O ya estaba perdido, consumido por la dualidad entre la necesidad de justicia y el sentimiento que Aurora, con su dulzura e inocencia, despertaban en mí?

Abrí los ojos y miré el vaso casi vacío en mi mano, preguntándome si la paz estaba realmente en esa venganza que había alimentado durante dos décadas o en los ojos verdes de Aurora.

Aquellos ojos que me habían mostrado algo que nunca esperé ver, una segunda oportunidad para el alma que había vendido al odio.

La tormenta continuaba allá afuera, ajena a la decisión que se fraguaba en esta habitación oscura, como si el universo guardara silencio a la espera de mi elección.

Tomar la vida de Aurora y destrozar el legado de su padre…. o caer en la tentación de su dulzura y destruirme a mí mismo.

Caer en el lado oscuro del deseo.

Era un juego peligroso de traiciones y sentimientos prohibidos, y yo sabía que, solo uno de nosotros, saldría ileso.