La Luna En Desvelo
La luna se cansó de alumbrar borrachos
y de servirle de farol a los enamorados baratos.
Una noche decidió que también tenía derecho:
se prendió de un poeta con los ojos llenos de tinta.
Lo seguía como una vecina chismosa,
se disfrazaba con nubes como si fueran vestidos de fiesta,
y hasta aprendió a desnudarse en los ríos
para que el reflejo la hiciera ver joven.
El poeta, claro, la saludaba con un cigarrillo
y un par de versos robados de otros libros.
Él escribía de amores imposibles,
mientras ella creía que hablaba de ella.
Se metía por la ventana,
se le colaba en la cama,
lo besaba con labios de humo,
y luego lloraba porque al amanecer
él volvía a besar a su mujer de carne.
Entonces la luna se enfrió,
se llenó de cráteres como arrugas,
y desde entonces, cada noche,
cuando mira a la tierra,
no sabe si está vigilando,
o simplemente haciendo guardia
en su propio destierro.