Capítulo 1: Un día cualquiera... que cambia.
T/N, una joven de 23 años, despertó una mañana como cualquier otra. Se estiró y suspiró.
T/N: -Ahhg, otro día más... ¿qué me deparará hoy la vida? Por favor, sorpréndeme.
Después de una ducha rápida y un desayuno ligero, tomó su bicicleta y se dirigió a la cafetería donde trabaja. Disfrutaba del camino; el aire fresco y el paisaje la hacían empezar el día con buena energía.
Ese día le tocaba atender mesas. Su amiga y confidente, Eli, la acompañaba en la apertura. Entre risas y conversaciones iban acomodando las mesas cuando sonó la campanita de la puerta.
T/N giró y lo vio: un hombre alto, delgado, piel clara, con cabello negro largo y rizado. Llevaba lentes oscuros, pantalones negros y una chaqueta roja. Había algo en él que la dejó sin aliento por un momento: la energía que desprendía era imposible de ignorar.
Se sentó al fondo y T/N decidió acercarse a tomar la orden.
T/N: -Hola, bienvenido. ¿Puedo tomar su orden?
Hombre: -Hola. Sí, quisiera un chocolate caliente.
T/N: -¿Nada más?
Hombre (sonriendo levemente): -Es mi primera vez aquí... todo se ve tan delicioso que no sé qué elegir.
T/N: -Podría recomendarle nuestros waffles con helado, son los favoritos de la casa.
Hombre (con un guiño): -Entonces dame uno... de chocolate también.
Mientras esperaba, él se quitó los lentes y observó por la ventana. T/N no pudo evitar mirarlo de reojo; había algo en su manera tranquila y elegante que la fascinaba.
Cuando T/N le sirvió el chocolate y el waffle:
T/N: -Aquí tiene, caballero. ¡Qué los disfrute!
Hombre: -¡Wow! Este waffle es enorme, se ve delicioso. Gracias.
T/N (sonriendo): -De nada, buen provecho.
El hombre probó un bocado y su expresión de alegría hizo que T/N se sonrojara un poco. Ella intentaba concentrarse en los otros clientes, pero no podía dejar de notar cómo él la miraba con curiosidad.
Hombre: -Debo decir... eres muy amable, incluso con tanta gente esperando.
T/N (tímida): -Gracias... trato de dar lo mejor de mí.
Hombre (con una sonrisa cálida): -Se nota. Es raro encontrar a alguien que disfrute tanto lo que hace.
T/N sintió un pequeño cosquilleo en el pecho y desvió la mirada, sonriendo mientras volvía a la barra.
Más tarde, cuando él pidió la cuenta, T/N se acercó:
T/N: -¿En qué lo puedo ayudar?
Hombre: -Quisiera la cuenta, por favor.
T/N: -Claro, tal vez me demore un poco, hoy estamos con mucha gente, pero se la traeré enseguida.
Hombre (sonriendo tranquilamente): -No hay problema, puedo esperar.
Al momento de pagar, él dejó una propina generosa.
T/N (sorprendida): -Es usted muy generoso... muchas gracias.
Hombre: -Gracias a ustedes, estuvo delicioso.
Se levantó y salió, pero T/N no pudo evitar mirar hacia la puerta unos segundos más. Algo en él la había marcado, pero t/n seguía con su jornada de trabajo, ambos intercambiaban miradas cómplices y sonrisas tímidas, dejando entrever que aquel encuentro era solo el principio de algo inesperado.