Stargheil: La conjunción de Sueños

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Summary

La historia sigue a Aerisya, una princesa y guerrera de un reino mágico, y Jungseok, un artista de la moderna Seúl, cuyas vidas dispares se unen a través de un sueño recurrente. Este no es un sueño ordinario, sino un portal que los conecta a través de la "plaga del Vacío", una fuerza que amenaza con consumir ambos mundos. A través de estos sueños, su lazo se fortalece, permitiéndoles no solo comunicarse, sino también compartir conocimiento y la energía necesaria para combatir la amenaza en sus respectivas realidades. Con cada sueño, aprenden más el uno del otro, y su destino se entrelaza, llevándolos en un viaje que los pondrá a prueba y los obligará a tomar decisiones que cambiarán sus vidas para siempre, todo con la esperanza de que, un día, el sueño se convierta en realidad.

Genre
Fantasy
Author
Sun-Jeon
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: La primera Conexión


Las Leyendas de la Conjunción Eterna


"Hace eones, antes de que el primer Árbol de Cristal susurrara su canción, el universo era un vasto tapiz de reinos, cada uno vibrando con una energía única. Dos de estos mundos, Aethelgard, un reino de magia pura, y el Mundo de Metal, una tierra de razón y lógica, existían en un delicado equilibrio. Sus energías no se tocaban, pero se sentían, como el pulso distante de un corazón gemelo.

La leyenda cuenta que un gran cataclismo, conocido como la Conjunción del Éter, unió por un instante los dos reinos. Fue un momento de inmensa luz y caos. Las energías puras de Aethelgard se encontraron con el poder del metal y la electricidad del otro mundo. Esta unión forzada creó una brecha, una herida en la tela de la realidad. De esa herida, nació una fuerza corrupta: el Vacío.

El Vacío, una ausencia, una nada, comenzó a extenderse. En Aethelgard, se manifestó como la Plaga del Vacío, que drenaba la magia y convertía la vida en una cáscara vacía. En el Mundo de Metal, se manifestaba como Apagones, una parálisis de la lógica y la energía.

Pero la leyenda no termina en la desesperación. Del mismo corazón de la Conjunción, nacieron los Viajeros, seres conectados por un lazo de destino, un hilo de luz que unía sus almas a través de los mundos. Los Viajeros, dos de cada reino, fueron la respuesta de la realidad a la herida.

Para sellar la brecha, los antiguos sabios de Aethelgard crearon las Siete Llaves del Éter. Estas no eran llaves de metal, sino prismas de energía pura, cada uno resonando con una de las siete fuerzas primarias. Los sabios esparcieron las Llaves a través de los mundos, sabiendo que solo los Viajeros podrían encontrarlas y unirlas de nuevo para restaurar el equilibrio y sellar el Vacío.

Y así, el destino de los dos mundos se tejió en el hilo de la esperanza. La leyenda dice que cuando todas las Llaves sean reunidas, el Vacío será derrotado, y los Viajeros, por fin, encontrarán su camino a casa."



Capítulo I: Un Mundo de Cristal y Luz

El día de la princesa Aerysia Stargheil comenzaba con el sol de la mañana filtrándose por las ventanas del palacio de cristal, un edificio que no fue construido, sino que creció de la tierra con magia. Para el mundo, era la heredera de un reino que florecía con el poder de la luz de las estrellas, pero para ella, era simplemente su hogar.

Su día a día era una mezcla de deberes reales y responsabilidades de combate. Aethelgard, su reino, era pacífico, pero la protección de sus fronteras era una labor que no podía ser descuidada. Cada mañana, en el patio de entrenamiento, Aerysia practicaba con su espada, la "Hoja de Éter", una pieza forjada con magia que brillaba con una luz propia. Los movimientos que hacía no eran solo de fuerza, sino también de una extraña elegancia que resonaba con la música que producían los árboles de canto que la rodeaban.

Poseía el don de su linaje, la visión Sylvan. No solo veía con sus ojos, sino que percibía el aura de la magia en todo lo que la rodeaba. Para ella, los árboles no eran solo madera, sino seres vivos que cantaban en un coro que solo ella podía escuchar.

Las flores no eran solo decorativas, sino que vibraban con energía. Esta habilidad la conectaba con su mundo de una manera que la hacía sentir especial, pero también inmensamente sola. Era un mundo de paz y luz, pero en su corazón, sentía un vacío que nada podía llenar.

Esa noche, el cansancio la venció después de un largo día de entrenamiento y deberes. Se acostó en su cama, con la mente divagando entre los asuntos del reino. Cerró los ojos, esperando que el sueño la llevara a la calma de su mundo. Pero no fue así.

En lugar de los jardines de musgo de Aethelgard, se encontró en una cueva oscura y fría. El aire no olía a Pétalos de Sueño ni a la tierra húmeda del bosque, sino a algo metálico y áspero.

Había una luz parpadeante y un zumbido constante que le erizó la piel. Y fue ahí, en medio de la penumbra, que una figura se materializó. Era un joven, pero su ropa era extraña, hecha de telas ásperas y sin color. En medio de la penumbra una mirada tan negra como la misma noche y con el brillo de las estrellas se posó lentamente en ella.


Un Mundo de Acero y Soledad

La vida de Jeon Jungseok no se regía por la luz de las estrellas, sino por el zumbido constante de los equipos eléctricos. Su apartamento en un ruidoso barrio de Seúl era un pequeño refugio del caos exterior. Para él, la vida era un lienzo en blanco esperando ser pintado. Su arte, una mezcla de bocetos detallados y figuras abstractas, era la única forma en que sentía que podía escapar de la monotonía de lo cotidiano.

Aunque tenía amigos, como su amigo programador Minjoon, y una rutina establecida, siempre había un vacío en su vida. Un sentimiento de que algo faltaba, de que su mundo, a pesar de estar lleno de tecnología y movimiento, era tan opaco como un dibujo sin color.

Esa noche, el cansancio lo venció en su sofá, mientras un programa de televisión se reproducía en la pantalla. Se rindió al sueño, esperando que su mente le diera un descanso. Pero no fue así.

En lugar del silencio de su apartamento, se encontró en un lugar que desafiaba toda lógica. Era un jardín, pero no uno común. Los árboles emitían un suave canto que vibraba en el aire. Las flores, de un color que no podía describir, brillaban con una luz propia, como si estuvieran hechas de estrellas. El aire olía a una fragancia dulce y pura que nunca había olido antes. Y fue ahí, en medio de la luz y la música del jardín, que una figura se materializó. Era una joven, pero su ropa era de una tela que parecía tejida con la noche, y sus ojos eran como dos constelaciones, llenas de luz y plenitud. Lentamente su mirada mirada se posó sobre el y en ese instante el anhelo invadió su corazón.


El corazón de Aerysia latió con fuerza, un tambor en su pecho que resonaba con el eco del zumbido que había sentido en su sueño. Se despertó de golpe, con el sudor frío en la frente y el aroma de la tierra húmeda y la luz de las estrellas de su reino reemplazado por la sensación de algo metálico y áspero.

Se sentó en la cama, con el aliento agitado. Sus sentidos Sylvan, que siempre le traían calma, ahora la traicionaban. Sentía una punzada de anhelo que no podía explicar. Ese joven, esa cueva oscura... no era un simple sueño. Era real. Por primera vez en su vida, el silencio de su cuarto no le trajo paz, sino una sensación de vacío.

Al mismo tiempo, en un apartamento ruidoso en Seúl, Jungseok se despertó en su sofá, con la espalda adolorida y la cabeza aturdida. La televisión todavía estaba encendida, emitiendo un programa vacío y sin sentido. Pero para él, el mundo había cambiado. La luz fría y artificial de la televisión, el zumbido de la nevera, el ruido del tráfico... todo se sentía como una distorsión.

El recuerdo del jardín mágico, de las flores que brillaban y la música que cantaban los árboles, era tan vívido que la realidad parecía un sueño. La imagen de la chica estaba grabada en su mente, y con ella, un anhelo que nunca antes había sentido.

El primer instinto de Aerysia fue buscar respuestas. Se puso su túnica de entrenamiento y, en lugar de ir a la biblioteca real, se dirigió al jardín que había visto en su sueño. Necesitaba ver si la luz de las estrellas o la música de los árboles tenían una reacción en su mente. Mientras tanto, el primer instinto de Jungseok fue agarrar su cuaderno de bocetos. Él no tenía una biblioteca, pero tenía su arte. Sabía que la única forma de procesar lo que había visto era dibujar.

Aerysia caminó hacia el Jardín de las Estrellas, un lugar sagrado en el palacio donde los Sabios de su reino meditaban. Su corazón latía con una nueva urgencia. Al llegar, en lugar de sentir la paz y la calma habituales, sintió una perturbación. La luz de las estrellas, que solía ser pura, se sentía débil, casi opaca. Los árboles de canto, que normalmente susurraban una dulce melodía, estaban en un silencio inquietante.

Con sus sentidos Sylvan, se arrodilló y tocó la tierra. No sintió la energía mágica a la que estaba acostumbrada, sino un vacío. Un vacío que le recordó el lugar oscuro y el zumbido de su sueño.

La princesa se levantó, sabiendo que este no era un problema que pudiera ser resuelto con una espada, y se dirigió a la biblioteca real. Su búsqueda había comenzado.

Al mismo tiempo, en Seúl, Jungseok se sentó en su escritorio, rodeado de sus herramientas de arte. El vacío en su vida ahora tenía una forma: la ausencia del mundo que acababa de ver. Abrió su cuaderno de bocetos y sus manos, que usualmente trazaban líneas de manera segura, temblaban.

No podía dejar de pensar en los ojos de ella, en el canto de los árboles, en la luz de las flores. La única forma de encontrar una respuesta era a través de lo que mejor sabía hacer. Su lápiz se movió sobre el papel, creando líneas y formas que no tenían sentido para él, pero que venían de un lugar familiar.


Primero, bocetó los ojos de ella, tan profundos como una constelación. Luego, las líneas de su vestido y el brillo de su cabello. Su arte era su única forma de aferrarse a la realidad de ese mundo.