La premisa

All Rights Reserved ©

Summary

Una joven es elegida para participar de la última temporada de una aclamada serie, pero lo que ella no sabe es que la vida le dará un cambio brusco al toparse con dos actores que le destrozan el corazón. ¿A cuál elegirá?

Genre
Romance
Author
Byther
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Entré a mi habitación con el corazón aún palpitando rápido, la adrenalina de los castings seguía latente en mi pecho. Contrario a la mayoría, me sentía revitalizada después de enfrentarme a las cámaras y directores; quizás porque la actuación siempre había sido mi pasión más profunda y cada audición era una oportunidad para brillar.

Mi mejor amiga, Stefanie, se había mudado hace unos días al departamento de enfrente, así que la mayoría del tiempo estábamos juntas. A veces, ella en casa y otras yo en la suya. Nunca me había hecho amiga de una persona en tan poco tiempo, pero lo que estaba pasando con ella era muy diferente a lo que estaba acostumbrada.

Solté un bostezo que resonó por toda la habitación, seguido de una carcajada. Stefanie me imitó y me atacó con mi almohada de Justin Bieber, una reliquia desde mis catorce años.

Stefanie soltó una risa, tomó el almohadón y me empezó a pegar. Lo agarré y se lo quité de las manos, no podía permitir que le hicieran eso a Justin. Sabía que era solo un tonto almohadón, pero para mí era una reliquia de hace mucho tiempo.

—Oooh, vamos, no seas aguafiestas, verás que vas a quedar —me animó mi mejor amiga de toda la vida.

Dejé el almohadón que estaba abrazando a un lado y la miré con seriedad.

—No lo sé, quizás ni debí haber hecho la prueba.

—¿Por qué eres tan mala contigo, Luchi? —soltó de sus labios, mientras se sentaba a mi lado.

—Porque sería mi primer papel y no lo sé...

—En la pantalla, pero ya actuaste en teatro por años.

Asentí.

Ella tenía razón, era cierto. ¿Por qué estaba tan nerviosa? Esto iba a ser igual que actuar en el teatro. Bueno, claro que no, pero la idea de pensar en eso me ayudaba a calmarme un poco.

—No importa, lo que acá importa es que muy pronto te vas a graduar de periodista —le recordé con una enorme sonrisa sobre mis labios—. ¿Cómo van las pasantías?

Su mirada me dejó en claro una cosa: nada bien, sino hubiera respondido rápido.

—No, yo... No. —Negó más de una vez.

—¿Qué pasó? —La miré preocupada.

No quería que mi amiga estuviera mal, la deseaba ver triunfar.

—Conseguir noticias no es tan fácil como aparenta —me explicó.

Su teléfono empezó a sonar, así que la miré alzando ambas cejas.

—¿Tienes que irte? —Pregunté intrigada.

Ella me miró sin entender y señaló mi celular.

—No es mi teléfono, es el tuyo.

Tragué saliva sonoramente y vi que en la pantalla decía número privado. ¿Quién me iría a llamar a esas horas? No tenía sentido alguno.

—¿Sí? —cuestioné en cuanto atendí la llamada.

—¿Señorita García?

Puse en manos libres y esperé un instante para asimilar lo que estaba pasando.

—Esa soy yo.

—Nos contactamos para decirle que usted tiene un papel en la serie “Sombras del Abismo”, sus filmaciones empezarán en mayo. Le enviaremos la información a su representante, no se preocupe.

—¡Muchas gracias! —chillé emocionada.

La llamada se terminó.

Miré a mi amiga, la cual también me estaba mirando y parecía más sorprendida que yo.

Solté una risita divertida y corrí a abrazarla, sentí que mi mundo recobraba un poco de sentido.

Después de haber dejado a mis padres en Buenos Aires, me sentía muy sola, pero al menos mi amiga estaba conmigo. Eso me reconfortaba.

Mi mamá detestó la idea de que me mudara sola a California, pero la verdad era que mi tía vivía muy cerca, así que si tenía algún inconveniente, solo iba a verla.

Papá, bueno, a ese hombre no lo veía desde hace mucho tiempo. Lo último que supe había sido que se había ido a vivir a México. Ni siquiera se había despedido de mí, solo se fue y no miró atrás. No me enteré hasta que mi tío vino a casa a decírmelo.

—¡Dios! —gritó Stefanie.

Dejé mis pensamientos a un lado y la miré sin entender nada.

—¿Qué pasó?

Me pasó su celular con un post de la mismísima cuenta de “Sombras del Abismo” que me daba la bienvenida a su cast. Me cubrí la boca con mi mano derecha y no supe si estaba soñando o si todo esto era real.

Solté un suspiro de mis adentros y le di like a la publicación. Noté que ya varios de los actores y actrices le estaban dando apoyo y comentando cosas muy bonitas.

—Es una locura —me dijo abriendo su computadora.

La miré extrañada. Me senté en mi silla y empecé a girar mientras la miraba.

—¿Qué harás?

—Escribir. —Fue lo único que salió de sus labios.

Al cabo de unos minutos, cerró la laptop y se puso de pie.

—Tengo que irme. Te deseo mucha suerte.

—Gracias.

La vi irse corriendo y me acosté en la cama. Cuando mi celular empezó a sonar sobre mi vientre, solté una risita divertida y lo tomé para luego atender.

—¿Sí?

—¿Luciana García? —Escuché una voz familiar.

Fruncí el entrecejo y me senté.

—Sí, ¿quién es? —me atreví a preguntar.

Hubo un momento de silencio hasta que su voz se volvió a escuchar.

—Soy Jason Torne —respondió con toda la naturalidad del mundo.

¿Esto era cierto? No, imposible. Nada de esto podía ser cierto. Estaba hablando por teléfono con Jason Torne.

Respiré hondo, carraspeé por un instante y luego sonreí.

—Ooh, hola —dije, mientras jugaba con mis dedos.

Se escuchó una interferencia.

—¿Qué dices? —cuestionó—. Te la paso.

No podía decirle que no había escuchado nada de lo que dijo. Miré a la pared y luego asentí.

—Sí, claro.

—Perfecto, te veo ahí. En una hora.

La llamada terminó y me quedé allí con el teléfono en la oreja, intentando procesar lo que acababa de aceptar.

Mi celular vibró de nuevo, mostrando un mensaje con la ubicación. Miré la dirección, intentando recordar si había estado allí antes.

¿Debería ir?

Mordí mi labio inferior, perdida en pensamientos mientras contemplaba lo que parecía ser un cambio trascendental en mi vida. Mi mente era un torbellino de emociones: el miedo a lo desconocido, la emoción de la oportunidad, la duda de si esto era real o solo una broma. Justo cuando iba a descartar la idea, escuché la puerta de mi departamento abrirse.

—¡Olvidé mis llaves! —exclamó Stefanie, asomando la cabeza. Su mirada se detuvo en mi cara de confusión.

—¿Qué pasó? Te ves como si hubieras visto un fantasma —dijo, cerrando la puerta detrás de ella.

—Creo que acabo de hacer una cita con Jason Torne —solté, todavía en shock.

Stefanie se quedó paralizada por un segundo y luego empezó a gritar y a saltar por la habitación como una loca.

—¡Tienes que ir, tienes que ir! ¡No te lo puedes perder! —repitió, agarrando mi ropa del clóset.

—¡Stefanie, cálmate! ¿Y si es una broma? —pregunté, sintiendo mi voz temblar un poco.

—¿Una broma de Jason Torne? ¡Amiga, es él! —dijo, extendiéndome una camiseta que había usado en una obra de teatro.

Me vestí lo más rápido que pude, sintiendo una mezcla de nervios y adrenalina. Me miré en el espejo y Stefanie me dio una sonrisa alentadora.

—No lo pienses más, ve y triunfa.

—¿Y tú qué harás? —le pregunté.

—Me quedaré aquí, esperando tu llamada para que me cuentes cada detalle. ¡Ahora vete! —Me empujó suavemente hacia la puerta, y salí corriendo del departamento, bajando las escaleras a toda velocidad.

Afuera, el sol de California ya se había puesto, y las luces de las calles se encendían una por una, pintando la noche de un dorado suave. El aire de la noche era fresco y las estrellas empezaban a asomarse.

Pedí un taxi, sintiendo mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho. Cada latido era un paso más cerca de la incertidumbre. El taxi se detuvo frente a un café con luces cálidas y un cartel que decía “The Daily Grind.” Miré el lugar, sintiendo que la realidad finalmente me golpeaba.

Esta no era la vida que solía conocer. Esta era algo nuevo y emocionante. Mi mano se extendió lentamente hacia la puerta, sintiendo la brisa de la noche mientras la abría.