El precio de la libertad
この物語はウラジミールかリリアン、あるいは私の天使によって語られたかもしれません。しかし、それは私に宿命付けられたもので、彼らのためのものです。
Esta historia pudo haber sido contada por Vladimir o Lilian o por mi ángel. Pero me tocó a mí, es para ellos.
CAPÍTULO 1: El precio de la libertad
-Todo futuro se compra con muerte-
Nadie supo con certeza como fue que empezó todo, algunos hicieron lo impensable por salir de ese infierno, culpamos a las naciones por habernos castigado de esa manera, ¿por qué nos quieren matar, si no hicimos nada?, me pregunte por mucho tiempo. El poder humano tuvo mucha controversia por los seres creados, algunos los culpaban a ellos y otros solo culpaban lo que sus ojos les mostraba, ellos estaban hartos de esconderse entre sombras y frio, nosotros también. Jamás me detuve a pensar en mi enemigo fortuito, solo tenía la necesidad de sobrevivir, el fuego, la lluvia, el frio (…) me enseñaron a no mirar atrás (…) pero, ellos ya no están para hablar y yo, todavía no he aprendido a callarme.
Corrí, jamás deje de hacerlo. Se los debía. Entregar mi alma a ellos y quedarme estancado en estas paredes me enfurecía, nuestra cuidad caía contantemente, estaba cansado de construir los ladrillos, pero, ¿debía obedecer no? (…) no quedaron los mapas, ni el reino, ni los nombres que en algún momento se escribieron en esas paredes, se los llevo el viento en un susurro ensordecedor y los huesos fueron enterrados como, fósiles.
Los que quedamos, nos duele respirar. Nuestros hijos llevan la carga de ¿padres cobardes?, me duele saber que es y será así siempre, pero estoy con vida, tengo una historia que contar. Llevo los parches pegados a mi chaqueta, un diario de Alinoshka, un colgante de Lilian y una herida de una bala que lleva el nombre de Nun.
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El sueño se repetía constantemente, podía ver la sangre aún estaba fresca en las paredes de la calle, a pesar de que quería apartar la mirada no podía, la mirada de aquel rincón, en donde su hermana había caído, en donde el gobierno hacia el trabajo sucio, utilizaba el miedo psicológico como arma de doble filo, las bestias hambrientas y el eco del grito de su hermana, se repetía en su mente mil veces destrozándolo cada vez más. Durante muchas noches no hablo, no comió ni mucho menos lloro, ya había sido suficiente, el hambre lo consumía, pero su ira era más fuerte que sus ganas de dar explicaciones a sus compañeros. Su mente divagaba entre querer convertirse en polvo y querer devolver le todo el daño al desgraciado que le provoco tanto dolor a una niña, ¿para qué seguir vivo en un mundo en donde la propia humanidad se devoraba a los inocentes? No, con ese pensamiento él no traería a su niña de vuelta, se había quedado ¿solo?
--Tetsuhiro…--. Llamaron. Ella había aparecido de repente, solo cubierta de barro y lágrimas aquella vez, y ahora, sostenía una lámpara con una vela improvisada mal hecha, ha pasado solo dos meses de su tragedia y había estado lidiando con la constante invasión de ella tratando de elevarlo, entre la oscuridad ella sostenía su espíritu antes de quebrarse por completo. Con dolor, él la miro, el vacío de su pecho no desapareció pero la luz que sostenía era una clara señal: sobreviviste.
-- Lo sé, no somos los únicos--.dijo recomponiéndose, mientras afilaba un cuchillo que había encontrado por ahí, junto a una piedra húmeda— Hay más como nosotros, gente que ha perdido más, generaciones enteras que ya no aguantan vivir un día más detrás de estas malditas muralla.
-- Quédate conmigo, con nosotros…--.
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La ciudad parecía dormir, pero Tetsuhiro sabía que bajo las sombras hervía la rabia. Los barrios bajos, donde se encontraban ahora, estaban llenos con ojos atentos, escuchando, esperando a encender la primera antorcha. Caminaron juntos entre callejones húmedos hasta llegar al viejo mercado, en donde los soldados almacenaban las raciones que llegaban desde las afueras. El hedor al pan rancio y la maloliente carne vencida los golpeo de inmediato, como un insulto inmediato: estos malditos almacenan la comida en estos lugares para que mi gente se muera de hambre, mis niños mueren, las mujeres pedían morir y los hombres eran esclavos. Sigrid se acercó a la puerta, cuchillo en mano. El acero reflejaba un brillo opaco, débil, pero se detuvo un momento. ¿De verdad me atreveré a matar?
Una mano se posó en su hombro.
--Yo lo hare—susurro él.
La duda se esfumo al ver su rostro, entraron como lobos entre los corderos. El primer guardia ni siquiera alcanzo a gritar, el segundo cayo con la garganta abierta. No era por la fuerza que ejercía su brazo naturalmente, sino por la ira contenida de un pueblo entero. Cuando los cuerpos cayeron, Tetsuhiro miro a su alrededor, había dejado a dos centímetros la puerta de la entrada, escucho murmullos en las afueras, y de repente unas personas entraron al lugar, los habían estado siguiendo desde hace un rato, se abalanzaron sobre los víveres que yacían esparcidos como montañas.
--Esperen, esperen… esta comida está en mal estado...--. Dijo Sigrid.
--Tenemos hambre, ¿Qué más podemos hacer niña?...--. Hablo una de las mujeres moribundas.
--Si, les agradecemos por esto, pero aunque este lugar es un asco, deberían de tomar algo para que al menos no se desmayen, mírate, pareces esqueleto…--. Agrego un anciano.
-- Hay algunas medicinas aquí, al menos podemos tomar eso…--. se habían acercado a unos estantes lejanos del sector de comida, aunque sus estómagos rugían, sabían que no podían comer de aquella montaña de lo que parecía comida en lo que en realidad parecían deshechos.
-- ¿En qué idioma esta esto?, no lo entiendo. Es algo como ruso, ¿Cómo demonios sabremos para qué sirve?...—
-- Dámelo, lo llevaremos igual.--. Dijo quitando se lo de las manos, colocando cada fármaco en una mochila rota.
En el alto de las murallas, las campanas empezaron a sonar fuertemente. El toque de queda había empezado, significaba que si el ejército encontraba ciudadanos rondando por las calles, dispararían sin dudar. El gobierno sabía que había algunos rebeldes por las zonas, gente que se atrevía a luchar contra los de la elite, y ellos no lo permitirían. Empezaron a guardar rápidamente los suministros, miraron una última vez a aquellas personas, y volvieron la vista hacia adelante, ninguno dijo nada, solo corrían rápidamente, zigzagueaban los hoyos que habían por las calles, en el centro de aquella tormenta que tenían en sus interiores, Tetsuhiro alzo la mirada hacia la campana enorme que se veía hasta el otro extremo de las murallas, ya no estaba tan roto como antes, al menos eso quiso decirse en su mente, el moho de las paredes le hicieron recordar que no estaba solo, ya no más, iban a salir de las paredes, algún día, todo esto solo será un mal recuerdo, un mal sueño. Acaban de desafiar una vez más a su suerte, demostrando que aún les quedaba dignidad y un porqué luchar, esa noche, a pesar de ser a goteo, era el primer ladrillo que había caído de esas murallas, y la sensación de libertad momentánea le golpeo de frente, le fascino ese sentimiento.
El sonido de la campana se mezclo con los gritos de la gente, el cuchicheo llego a oídos de las demás personas, yendo a verificar si realmente habían encontrado un misero pan, algunos celebraban con la comida en sus manos, otros lloraban de alivio, pero para nosotros sabíamos que eso no era una victoria, ahora lo tomábamos como una declaración de guerra. Las calles de las murallas y estas mismas temblaron cuando las tropas descendieron, cazadores de la libertad, cazadores de nuestros ideales, sus cuerpos estaban cubiertos por armaduras opacas, ¿enserio sus uniformes estaban hecho de tal manera? ¿de verdad pelearan con gente que solo tienen palos y pierdas para defenderse? Sus armas estaban manchadas de sangre inocente, y los muy malditos ni siquiera mostraban sus caras. Ellos no mantenían la paz dentro de este lugar, ellos aplastaban la esperanza de la gente.
La multitud se retraso en reaccionar, una lluvia de flechas había acertado hacia el mercado. Sentí culpa, pero no me detuve, silenciaron las risas atravesando sus humildes cuerpos, dejando el barro con tierra mezclada con rojo. A pesar de que la gente intentaba escabullirse, no había tiempo, estaban yendo hacia diferentes direcciones sin un rumbo en concreto, sin piedad, sin voto, degollaron y quemaron los cuerpos inertes, borrando la evidencia, porque a sus criaturas bestiales fabricadas en sus laboratorios, no les gustaba la carne podrida. La rebelión parecía desvanecer se mientras caían de rodillas, en cuestión de minutos, esa noche, no hubo un duelo físicamente, pero tampoco se sentía como una derrota, iba a volver, íbamos a volver, mas fuertes, mas letales, un mártir vale mas que un vivo, sus nombres no serán borrados de la historia ni aunque los quemen y sus cenizas se esparzan por los ríos, íbamos a volver, teníamos que volver.
Sigrid se detuvo un momento, procesando lo que acababa de pasar, algo en sus ojos parecía haber cambiado, yo no lo entendí en ese momento, su mirada se cruzo con el del capitán asesino, un silencio agudo me pateo, se sintió como un duelo.
Sin duda, íbamos a volver.
Habíamos sobrevivido dos meses más, la cuidad ya no era la misma, las calles aun huelen a cenizas, los muros cubiertos por pinturas yacidas por sangre, pero con un significado importante: había un sol quebrando el horizonte, mas allá de las murallas con dos figuras pintadas con los dedos de las manos: el emblema de los rebeldes.
El gobierno seguía respondiendo, a veces con fuego, a veces con ejecuciones públicas, familias enteras desaparecidas junto a sus casas, para nosotros era honorifico, por cada rebelde muerto, tres más se alzaban en su lugar. Tetsuhiro, que aquella noche blindaba solo un cuchillo, ahora portaba una valiosa espada para nosotros, era de un soldado caído, nuestras caras se alzaban por el frente, ¿Qué era eso de estar cabizbajo? Si han de culparnos, entonces que se note que fuimos nosotros. Se corría la voz por las calles, cuando asaltábamos a los soldados, la gente nos abrían sus puertas para escondernos, teníamos un nombre, ‘el eco de los muros’, la voz se escuchaba, la voz se repetía en susurros cada vez que se cruzaban con los soldados, recordando les a los miserables, que había algo distinto, un voto que se estaba haciendo presente.
Sigrid estaba a su lado, agotada pero se mantenía firme, atendiendo a algunos heridos que se encontraban vagando por las calles, recordando les que aún eran humanos que podían pelear. Pero había ocasiones, en las que Tetsuhiro se cegaba, pero ella era quien lo traía a la realidad.
--Tetsuhiro…-- le dijo en un susurro, mientras el afilaba su espada bajo una luz endeble pero vivaz--. No crees que deberíamos esperar un poco más, los tenemos pisándonos los talones, no podemos actuar tan pronto, no podemos con ellos solo nosotros dos…--
El la miro a los ojos, dejando de hacer lo que hacía con la espada, y con una sonrisa bajo la sombra de la luz dijo:
--tenemos a los mártires con nosotros, están expectantes a lo que llegara a ocurrir más adelante, no podemos fallarles, nos observan, en las sombras… mi hermana me observa, a los que les arrebataron la voz, nos observan… ellos quieren ver cuál será el desenlace…
--Cuidado… no olvides cual es nuestro propósito real.
-- Si, si… solo déjame ver que pasara esta noche.
Esa noche, atacaron un gran botín con suministros reales, comida real, medicamentos con fecha no vencida, no fue un motín improvisado, habíamos estado observando meticulosamente, había sido una emboscada calculada, habían ojos mirando, podían sentirlo, iban de frente sacando las provisiones y tirándolas a las alcantarillas, sabíamos que ese lugar no estaba vacío y eso era un plus para nosotros.
Cuando los soldados se dieron cuenta, ellos ya estaban a dos cuadras del lugar, con las mochilas llenas, era una victoria, esta vez lo consideraban de esa forma, nuestro segundo ataque, un rugido que partía este mes en dos: la primera estaba marcada por la incógnita y la segunda, por la resistencia.
Un jueves por la noche, había aroma de humo denso. El viento rápido llevaba consigo el replicar lejano de que algo se aproximaba, los pasos metálicos que se multiplicaban rápidamente como un virus, los cazadores no descansaban: el gobierno había sido claro, limpiar cada rincón de la ciudad hasta encontrar a los rebeldes.
Con ella se escondían en un establo abandonado, respirando lentamente, con las espadas conseguidas envuelta en unos trapos sucios improvisados para que no se notaran a simple vista, el silencio era frágil que se podía derrumbar de un solo movimiento. La puerta crujió, despertándolos inmediatamente, no encontrando a un soldado más bien a una anciana, con pies descalzos y la ropa manchada de barro con una mirada urgía.
--Se tienen que ir, ellos están acercándose—susurro entre jadeos--. Ellos están revisando casa por casa, y queman a los que se niegan a hablar, aunque ha de haber un soplón, tienen una descripción específica de ustedes. He visto como marcan las puertas con tiza antes de entrar. Esos miserables vienen hacia acá…--
El corazón golpeo fuertemente, pero debíamos mantener la calma, me pare aun con las piernas temblando, y tome a la mujer de los hombros.
--¿Cuánto nos queda?
La aldeana se esforzó por mover los labios, tragando algo de saliva.
--Minutos, no más…
Se escuchó un murmullo, -- si nos quedamos, moriremos. Si nos vamos, los mataran a todos--. Cerro los ojos un momento, su mente viajo rápidamente a los últimos recuerdos de lo que habían pasado en las ultimas semana, recopilando su movimiento.
Cuando volvió a abrir los ojos, su voz iba a ser clara y fuerte pero la anciana lo detuvo.
--Pudo hacer que escapen de una forma segura niños. Tengo un amigo que trabaja en la milicia, el nos puede ayudar…
--Milicia dice, pero si nosotros combatimos contra ellos... No podemos-
--Escucha me, se trata de un equipo especializado de exploración. Tendrán un techo, comida y entrenamiento, si siguen de esta forma, acabaran muertos, junto a la esperanza de la gente. Es confiable…-- dijo la anciana.
--Deberíamos ir… no perdemos nada con intentar...—
--¿Hacia dónde?..
--Por el sur, tengo un mapa, y también tengo a gente que los podría llevar, los caballos están listos, ¿Qué dicen?...
--No tenemos otra opción…--
--Bien, pero si acaso es una traidora vendré desde mi tumba a jalarle las patas…
--No, no… los esperan, vayan... Vayan…
El portón del establo se quebrajo de un solo golpe. Las botas resonaron contra la tierra mientras una vaga vela iluminaba la oscuridad, pero ya había tomado una decisión.
--¡Ahora!—grito, y se abalanzaron los tres hacia la salida de la parte trasera.
En la penumbra de la noche, aguardaban los caballos, ensillados temblorosamente. —desertores del régimen—en silencio tuvieron que partir, la ropa humilde, pero con determinación, ¿de qué serbia luchar al fin y al cabo si solo tenía una espada algo oxidada...? Volverían, con más gente, con más armas. Listos.
Las patas de los caballos golpeaban la tierra húmeda, en el horizonte se podía ver a los cazadores montando en sus bestias, lanzando gritos absurdos de guerra ¿guerra? (…) esos gritos se anclaban a nuestras espaldas como los furtivos que éramos.
--¡Al sur! Hacia el rio…--. Nos guio aquel soldado.
Nos aferramos a las riendas, el caballo bufaba, pero avanzaba vivamente, como si entendiera que esto se trataba de vida o muerte. Las flechas comenzaban a silbar salvajemente en el aire, clavándose en los troncos de los árboles. El rio se les atravesó en la oscuridad, aunque el agua rugía con fuerza brutal arrastrando con ella las ramas caídas, era su única opción.
El soldado hablo:
--Debemos cruzar por aquí, rápido...—
Los caballos comenzaron a cruzar el feroz cause, salpicando las frías aguas en sus ropas y en varias direcciones, no había rastro de los cazadores, aun, pero aunque el tiempo estaba a su favor no debían confiarse. La corriente furiosa no los freno, y en el medio del caos, Tetsuhiro volteo a ver hacia la ciudad en ruinas, ardiendo bajo las mantas del gobierno, llevándolos a un siglo de oscuridad.
Pero por primera vez, en semanas, pudo respirar. Hacia el sur, mucho más allá del rio, los estaba esperando un nuevo comienzo: una alianza entre rebeldes y soldados, que no habían olvidado lo que significaba luchar por el pueblo.
(Ohh- hey)(Ohh- hey)
Yo no sabía tu nombre, ¿Cuál era tu nombre? Hey…
¿Cuál era tu nombre?, ha pasado mucho tiempo
Yo no sabía tu nombre, tu nombre, tu nombre…
Y en mis recuerdos, me persigue. ¿Quizás hice una diferencia?
Me pregunto ¿Qué es lo que dirías? Que es lo que tú dirías…
En el año 001. El año en que nací,
El ataque de septiembre, hey, hey, hey, hey.
Tantas cosas que pase desapercibidas, o quizás yo no las quise ver
Me pesan en mi alma, me retumba en mi mente, me castigo por no volver.
Ohh ohh ohh fue una buena decisión,
Esa fue una buena decisión,
¿Fue una buena decisión? Entonces, entonces ¿Por qué?
Mis heridas no sanan, mi mente me divide en dos, quiero borrar esto que siento, borrar, si los quiero borrar…
Yo no sabía tu nombre, tu nombre, tu nombre
Y de pronto ya lo sé, tu nombre, tu nombre…
Yo no sabía tu nombre, tu nombre, tu nombre…
Vamos a sacar este pesar, cada letra
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La rabia de hoy (la rabia de hoy)
En un futuro triunfara (en un futuro triunfara.)
La rabia de hoy (la rabia de hoy)
En el futuro tu voz sonara (la voz resonara)
La rabia de hoy, la rabia de hoy, la rabia de hoy (la rabia de hoy)
No habrá perdón ni olvido, no habrá perdón ni olvido. (Hey)
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Ohh ohh las lágrimas secas en mi piel pican,
Ohh ohh Si no vuelvo a casa, perdóname mamá
Me fui engañado creyendo un futuro prometedor, pero me encerraron en una jaula sin salida, esta oscuridad me consume diariamente.
Ohh ohh espero haber aportado cantando,
Ohh ohh ellos odian nuestros gritos,
No importa cuántos de ellos sean, tú continúa luchando, alza tu bandera en frente de sus caras, grita sus nombres y escribe en tus murallas con la sangre de los mártires: libertad.
Ohh ohh ohh Ohh ohh ohh fue una buena decisión,
Esa fue una buena decisión,
¿Fue una buena decisión? Entonces, entonces ¿Por qué?
Mis lágrimas siguen cayendo, siento que aún no ha terminado
Entonces seguiré gritando mi dolor, mi dolor, nuestro dolor…
Yo no sabía tu nombre, tu nombre, tu nombre
Yo escribí tu nombre, tu nombre, tu nombre…
Yo no sabía tu nombre, tu nombre, tu nombre…
Vamos a sacar este pesar, cada letra
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La rabia de hoy (la rabia de hoy)
En un futuro triunfara (en un futuro triunfara.)
La rabia de hoy (la rabia de hoy)
En el futuro tu voz sonara (la voz resonara)
Yo seré tu voz, yo seré tu voz, yo seré tu voz (yo seré tu voz)
No habrá perdón ni olvido, porque nadie está olvidado, hey…
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El sur era un poco distinto, pesar de haber murallas a lo largo de la nueva ciudad, habían muchos campamentos fortificados en medio de colinas y bosques bastantes espesos. Allí entre el humo de fogatas y el eco de las nuevas voces. Ambos fueron conducidos al cuartel principal de la milicia. Los altos mandos los recibieron con miradas severas, probablemente ya habían escuchado algo de ellos, y no los culpaba. Al entrar a la habitación, decidieron contar sus vivencias sin mentiras, después de escucharlos, tomaron una decisión inesperada, según él:
--Pueden quedarse. Pero no como unos simples refugiados, desde hoy serán parte de nosotros, tendrán un entrenamiento como soldados, veamos qué es lo que pueden entregar, y hasta donde les llegara esa valentía que tanto alardeas--.
No entraron solos, juntos a ellos, otros ciento veinte sobrevivientes, jóvenes y adultos de diferentes tierras, alzando sus manos jurando que lucharían hasta el final. El más jóvenes por el momento era de trece años, la niñez endurecida por la guerra, los demás se dividían entre campesinos, artesanos e incluso exsoldados desertores. El exilio y el dolor era lo que se respiraba dentro del lugar.
El cuartel era un lugar hecho de hierro y fuego, construido entre la madera y las piedras rotas de lo que había sido antes de esa construcción. Ahora mezclados entre ciento veinte almas y muchos soldados más, caminaron entre ellos aquella semana, cada mirada mezclada entre recelo y esperanza. Las primeras tensiones surgieron durante las comidas. Las largas mesas del comedor común, se llenaba de ruidos metálicos de las cucharas, junto a risas nerviosas, grupos formados y discusiones tontas que se desbordaban fácilmente.
--¡No me importa de dónde vengas!—grito Sergei Ivanov, un exsoldado soldado ruso, golpeando la mesa con el puño cerrado--. Si no sabes levantar un arma, estorbas.
--¿Y tú qué sabes?—replico Camila rojas, con la frente en alto y el acento chileno marcado--. Estorban más lo que creen que todo se resuelve con gritos, ay qué carácter.
La discusión iba a escalar, pero Sigrid se levantó con calma, colocando una mano en el hombro de Camila.
--No gastemos energía con pelearnos entre nosotros, llevamos poco tiempo conociéndonos, es obvio que no todos tienen la oportunidad de saber cómo usar un arma, ni yo sé, además estaremos juntos bastante tiempo así que calmen las aguas, ambos.
Sergei bufo, pero no le respondió de vuelta. Tetsuhiro observaba en silencio. No todos habían decidido si lo respetaban u odiaban, algunos que creían los rumores, en secreto le llamaban héroe del mercado, pero para otros, era un imprudente, y para los recelosos era un simple condenado a la desgracia fortuita.
Cuando las tropas entrenaban en el campo central, las tensiones explotaban junto al sudor, el sol caía en los cuerpos mientras los instructores viejos guerreros gritaban órdenes:
--¡Más fuerte, Akira!—vociferaba un capitán cuando el japonés fallaba en un golpe de lanza.
--¡Más rápido, Natalia! ¡O morirás antes de si quiera atacar!
El polvo del patio se mezclaba con sangre de las narices rotas y manos despellejadas. Allí, aquellos refugiados dejaban de ser unos simples campesinos o niños, ahora debían creerse el cuento de ser soldados, y empezar a comportarse como uno. En una tarde, durante un ejercicio de resistencia, alejando torres, un joven español, cayó al suelo exhausto. Algunos rieron, pero Jonás Andersen, un danés alto como el roble, lo ayudo a levantarse.
--En esta guerra, no hay que dejar a ninguno atrás—dijo con voz gruesa.
Ese gesto llamo la atención de los demás, volviendo se en una conversación entre los reclutas. Algunos aplaudían suavemente, pero siempre había personas que creían que era un signo de debilidad.
--¡Déjalo tirado! Queda que se levante solo—vocifero haruto saito--. Si no resiste, morirá en la primera batalla fuera de las murallas.
Sigrid se acercó, había estado practicando en un cuchillo de madera, clavando sus ojos en haruto.
--No repetiré esto, porque quizás no te lo tomes enserio, si sigues pensando como un lobo solitario y hambriento nos das a entender, o al menos a mí, que eres capaz de traicionar a tus propios compañeros… estás haciendo que nos dividamos…
El silencio bruto cayo en ese instante. Haruto bajo la mirada por la reprendida, pero en sus ojos se divisó un destello de resentimiento y vergüenza.
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Las noches parecían más tranquilas, los dormitorios, lamentablemente mixtos, eran largos barracones de madera, ¿colchón? No, ropa envuelta en sabanas. Iluminados en lámparas de aceite, algunos se quedaban hablando hasta la madrugada, compartiendo anécdotas de sus vidas.
--En mi caso, mi hermano murió intentando cruzar las murallas—confeso Íngrid Larsen, abrazando sus rodillas--. El gobierno dejo que se desangrara frente a todos, según ellos era para dar el ejemplo, yo tenía dieciocho.
--A mí me quitaron a mis hijos—dijo Fátima khalil, con los ojos brillando como el mismísimo carbón—tengo la esperanza de que algún día pueda reencontrarme con ellos.
El murmullo se transformaba en coros y lamentos a veces, unos lloraban y otros se quedaban en silencio para no demostrar la debilidad de sus corazones. Sigrid los escuchaba, era una buena oyente, a veces ofrecía palabras de consuelo suavemente, mientras Tetsuhiro permanecía en silencio, sintiendo cada historia alimentaba más su fuego interior.
Entre todas esas tormentas, también había hermandad forjándose, como en el caso de Pierre dubois y Claire Martin, un par de franceses que se habían conocido cuando viajaban hacia el sur, ya parecían inseparables. Thiago Oliveira organizaba una partida de cartas algo rotas por el tiempo duramente usado, él había crecido dentro de estos muros, ya era la tercera generación de su familia, hacia reír a la gente con las que se animaban a participar, bueno (…) en general a todos, hasta los que parecían los más temerarios terminaban apostando trozos de pan duro como si fueran tesoros.
Pasaron las semanas, y la rutina se volvió costumbre. Los del cuartel los moldeaba, pero aún no se podía domar las diferencias. Las discusiones estaban a la vuelta de la esquina, las alianzas en las sombras y algunos se hablaban como hermanos de toda la vida. Y entonces llegó la noticia que lo cambiaria todo, el consejo de la milicia reunió a los reclutas en el patio central. El viento movía las banderas descoloridas de algunos países, mientras que los altos mandos los miraban con dureza a todos, como si les dijeran, se vienen muertes durísimas.
--A la primera salida—dijo un capitán--, cada uno de ustedes deberán escoger. Podrán quedarse aquí con la milicia, tal cual han estado durante estas últimas semanas, entrenando y luchando bajo las murallas, algunos ya sabrán, contra quienes vamos a luchar… o podrán unirse al grupo de exploración, los que arriesgan sus vidas fuera de las murallas, con aquellas bestias que ninguno de ustedes es capaz de imaginar, todo lo que alguna vez leyeron en un cuento de fantasía, lo tendrá en frente de sus ojos, tal vez su peor pesadilla será el motivo de sus muertes… obviamente, los que sobrevivan a esta salida, será quienes decidirán…--.
Los murmullos no se tardaron nada en escucharse, recorrían los rincones del campo como un huracán furioso, había miradas de miedo y otras de emoción. Sigrid apretó la mano de Tetsuhiro, pero él ni siquiera le correspondió, sus ojos se habían clavado en alguna parte del horizonte, en donde el futuro estaba allí, estando dividido entre dos caminos y que ninguno le permitía misericordia.
‘milicia o exploración’, de cualquier forma, debían salir a probar que realmente serían unos soldados capacitados para luchar, o que definitivamente, solo eran una cascara rota.
Akira tanaka fue uno de los primeros en romper el murmullo, golpeando el suelo con su lanza de entrenamiento, a decir, él se controló, podrían haber atravesado a cualquiera con el mal carácter que tenía.
--Yo me quedo en la milicia. Prefiero a un enemigo que conozco a tener que explorar una tierra invisible de monstruos.
Mei kobayashi lo miro con furia.
--¿Y qué pasa con lo que hay afuera de los muros? ¿No quieres saber que más existe? Eres un cobarde, yo me uniré a los exploradores, alguien tiene que abrir las puertas de esos muros de una vez por todas…
Haruto saito, aun resentido, se cruzó de brazos.
--Los exploradores son carne de cañón. Lo dice la historia, ¿acaso no has escuchado todo lo que han perdido en las salidas? Cada vez perdemos más territorios, si es que eso es posible… me quedare aquí, con lo que luchamos de verdad.
Yumi nishimura lo enfrento inmediatamente.
--¡Luchar de verdad es arriesgarse! Me uniré a los de exploración…--. Las voces crecían como una hoguera junto al viento.
Del lado europeo, marco Rossi se levantó, levantando sus manos para calmar un poco la situación.
--Los exploradores no son suicidas, son visionarios. Yo iré, quiero ver si hay un mundo más allá de estos muros podridos, algunos deben sacrificarse para que los demás puedan surgir y salir de aquí...
Giula conti lo siguió con firmeza.
--Si tú vas, yo también.
Pero alessio Bianchi aplaudió fuertemente para callar a los demás.
--¡Nos están dividiendo! ¡El gobierno allá afuera querrá que nos separemos! ¡Lo siento pero yo no pienso arriesgarme en tierras desconocidas!
En el grupo latinoamericano, las discusiones también eran intensas. Alejando torres respiro hondo y hablo.
--Yo… yo no sé si quiero salir… duras penas puedo sobrevivir acá dentro, me quedare en la milicia…
Camila rojas le dio un empujón con el hombro.
--Eres libre de escoger, pero yo no pienso quedarme atrapada aquí dentro. Me voy con los exploradores.
Valentina Gonzales le respaldo de inmediato.
--El encierro nos mató antes, afuera habrá peligro, pero al menos habrá aire limpio.
El bloque árabe también estaba en desacuerdo.
Omar el-sayed declaro:
--Me quedare, luchar aquí es más seguro que pelear afuera de las murallas.
Layla abdelrahman respondió con voz firme.
--Yo saldré. Prefiero morir buscando un futuro… por eso es que llegue hasta aquí.
Los rusos discutieron.
Sergei Ivanov rugió:
--¡Los de exploración están locos! Me topé con muchos, más del setenta por ciento no vuelve a las murallas, ni loco, me quedare aquí dentro, ¡y el bastardo que piense distinto que venga y me lo diga en la puta cara! ¡Yo sé lo que les digo joder…!
Anna petrova le hablo directo a la cara.
--Yo iré ¿y qué?... no pienso seguir las ordenes de un soldado amargado como tu…
--¿Qué edad tienes?...--. Pregunto.
--Veintidós…
--Prometo escribir tu nombre en una roca y tirarla fuera de las murallas, para cuando me avisen de tu muerte niñita tonta.
Los estadounidenses explotaban.
Jonh miler hablo primero.
--Me quedare, al menos aquí puede haber orden.
Emily Johnson replico con ironía:
--¿Orden? ¿De qué sirve el orden si no nos dejan avanzar?
Los daneses también discutieron.
Jonás Andersen, firme como siempre había sido, dijo:
--yo iré con el grupo de exploración. Ya estoy cansado de vivir encerrado, allá al menos tendré terreno para correr, no como aquí, en cada esquina hay un cazador esperando.
Ingrid Larsen, su compatriota, bajo la mirada.
--No Jonás, no seré capaz de ver como mis compañeros mueren…
Los de la india discutían más pacíficamente.
Rasejh kumar dijo:
--Exploración, el mundo es muy grande y quiero verlo.
Anjali patel lo miro con tristeza.
--Yo me quedare, no seré capaz de verte partir, esta vez no voy a poder seguirte…
Los brasileños, entre risas tensas, también eligieron.
Thiago Oliveira levanto la mano.
--Exploración. Si muero, quiero que sea descubriendo algo, además seré el primero en lograr salir, tengo más hermanos, si algo me ocurre ellos no lo sabrán…
Mariana santos lo siguió con determinación.
--Yo también.
Del lado alemán, la disciplina se mezcló con dudas.
Heinrich Müller declaro:
--Milicia. La estrategia está aquí.
Anna Schneider respondió.
--Exploración. Lo seguro nunca cambia nada.
Los japoneses del otro bloque se miraron entre sí. Natsuki yamamoto dijo:
--me uno a los de exploración, mi hermana murió dentro estos muros, no quiero seguir sus pasos.
Haruka Suzuki respondió.
--Yo no, milicia.
Las discusiones eran un torbellino. Rafael mendes, clara Fischer, Natalia Vargas, Ibrahim fahmy, Michael Davis, seren nielsen, priya Singh, Lucas Carvalho, sophie hoffmann, mizuki hoshino, y otros tantos levantaban sus voces, discutiendo, gritando, empujándose y formando grupos distintos. Conllevo a que el patio se transformara en un lugar de caos, entre la unidad y la libertad. Y en medio del estruendo, Tetsuhiro aun permanecía de pie, con Sigrid a su lado, expectantes, sin decir una sola palabra, el silencio fino y en un filo a la espera.
Mientras que el consejo de la milicia los miraban a cada uno desde lo alto, sabían que esa elección no era solo práctica: era una prueba más.
Quien se quedara en la milicia, aprendería a obedecer.
Quien saliera a explorar, aprendería a arriesgar.
Y entre ciento veinte personas, esa tarde, se sembró una división que sería tan peligrosa como cualquier enemigo allá afuera.
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…El sol se alejó, ya no alumbra tan claramente,
Mi lucecita mañana serás el viento,
Lucecita, mi flor…
Regare las rosas de tu jardín, por si algún día te veo caer…
Esa tarde, quienes sobrevivieran al primer encuentro, iba a decidir su futuro, estábamos perdidos en el infierno. ‘Huye, huye un día ya no sentirás mas este dolor’, me dije (…) y a partir de aquella vez, jamás pensé que desearía con tantas fuerzas mi muerte rápida, y después se puso peor, por lo que más quería, yo desee, que el pasado no existiera, pero este, existía.
…Entre las cenizas, puedo seguir de pie, somos el fin,
¿Qué hicimos mal?
Lucecita, mañana nos volveremos a ver,
Pero ya déjame ir…
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Habían transcurrido tres semanas más, desde la última junta en el patio central, muchos se tomaron muy enserio el entrenamiento cuerpo a cuerpo, otros perfeccionaron sus técnicas con lanzas y demás, entusiasmados de cumplir con la primera tarea desde que estaban en ese lugar, luchar y llegar al muro vivo.
La puerta del cuartel se abrió como una boca de un lobo. El aire del sur desprendía un aroma metálico y melancólico, los oficiales a cargo sabían su significado, mientras comenzaban antes la misión a más gente podían seguir recogiendo de las calles, esto era por un bien mayor, había logrado escuchar, después de todo no habían familiares para reclamar por sus vidas.
Los que comandaban la misión eran unos exploradores experimentados que habían batallado unas cuarenta veces según el informe, avanzaban todos en filas, las antorchas en línea baja y las armas listas. Sigrid iba en el centro, Tetsuhiro a dos grupos más atrás, como una sombra que la sostenía, entre todos esos grupos se distribuían ciento veinte personas más los oficiales, algunos rezaban y otros estaban en alerta por algún movimiento extraño. Recuerdo, al principio todo fue silencioso. El crepitar de las antorchas se mezcló con el susurro del viento ‘devuélvete’, luego vino el primer sonido que nadie esperaba: un canto, bajo y profundo, como si la tierra vibrara en advertencia. Al mirar hacia abajo, desde la maleza, surgieron figuras extrañas que no pertenecían a mapas que les habían dado en el cuartel antes de partir a la misión. De todos los cuentos que alguna vez habían leído, ninguno se comparaba con la mezcla extraña, no había bestias comunes ni animales ya prescritos; los de aquí tenían alas, cuellos demasiado largos, los ojos más penetrantes y brillantes como una fogata y risas crudas. De entre ellos, emergieron sombras más grandes—patas de ciervo, colas de serpiente—aullaban a lo alto, criaturas con plumas negras y picos brillantes como cuchillas.
El pánico se disipo inmediatamente. Muchos se habían quedado paralizados, otros intentaron mantener las filas alineadas. No recuerdo quien fue el que se armó de valor y tiro el primer ataque, tal vez había sido un error, tal vez era nuestra única salvación, si volvíamos todos entonces no habíamos hecho bien nuestro trabajo. Las primeras flechas quedaron cortas, porque las membranas de aquellas criaturas pareciera que tuvieran cuero endurecido, las esquemas revelaban puntas afiladas. Aquellos monstruos no atacaban solo con fuerza, tenían un modo de pelea propio, eran inteligentes. A Tetsuhiro se le congelo la mano en el mango de su arma.
La primera ola fue brutal y rápida, en un solo salto, los animales derribaron y desarmaron las filas que con esmero habíamos tratado de sostener bajo nuestros pies, Mei había hecho un disparo con un arma, dudo que haya sido al menos certero, solo pude ver como su antorcha caía y se apagaba en el sucio suelo. Kenji y Ayaka cayeron enredados juntos por una bestia con patas de araña que los arrastro a la oscuridad de los matorrales hacia el oeste. Daichi fue embestido y reina aoki también al intentar correr, ambos gritos fueron cortos. Shohei y hana se trabaron en luchar cuerpo a cuerpo con una criatura de mandíbula doble, solo hubo un eco y un silencio profundo.
Las órdenes de los superiores se quebraron cuando los grupos se fragmentaron. Los europeos que escoltaban la retaguardia intentaron formar un semicírculo; Giulia y alession fueron separados por la fuerza y arrastrados hacia el pantano donde emergían tentáculos que olían a pólvora. Sofia, Lorenzo y Chiara intentaron activar una carga de detonación improvisada, pero desde algún lugar una sombra veloz se los llevo a los tres antes de siquiera poder prender la mecha. Matteo y davide cayeron, defendiendo a Francesca, quien estaba herida de un balazo. El caos se convirtió en una coreografía de la muerte, Pierr, Claire, julien y Camille fueron sorprendidos por criaturas que imitaban voces humanas y los atrajeron hacia una vil trampa de entre las ramas de árboles, terminaron asfixiados. Antoine, elodie y Hugo, retrocedieron hacia un rio cercano, estaban cruzando un puente de madera cuando una criatura de escamas los hizo caer arrastrándolos a una corriente helada. Amelie y Lucas desaparecieron entre unas rocas. Marion retenida por las llamas de las antorchas caídas en el pastizal.
Alejando torres, quien había sido visto temblar tantas veces en los entrenamientos, murió intentando cubrir a diego, ambos tropezando al querer correr de un ser bípedo con garras enormes. Valentina y Javier fueron cazados por una criatura de mil ojos vidriosos. Natalia, Sebastián y paula formaron un pequeño grupo cuyos destinos fueron interceptados por las bestias que los rodeaban quienes se comunicaban por silbidos siniestros.
Entre los que intentaron por el este, Karim perdió una pierna y fue llevada por una criatura bajo tierra. Nadia y khaled cayeron tratando de salvar a un niño que ya había desaparecido lejos.
En el centro del ataque, los rusos eslavos, encontraron sus destinos: Katya, alexei, irina, mikhali, fueron desmembrados en una carga conjunta de una bestia de cuernos múltiples; sin tiempo de algún entierro, solo lugares vacíos en las filas.
Cuando el alba llego, la llanura estaba cubierta de aroma a muerte y lluvia. Tetsuhiro, miro alrededor: entre el barro y la hojarasca había huellas de batalla y cuerpos que ya no se moverían. Muchos compañeros habían caído, las antorchas que quedaban mostraban manos vacías, cascos rotos y banderas manchadas. Y en la niebla distante, las criaturas se alejaban en varias direcciones, dejando detrás de ellas, un silencio pulcro. Era hora de volver.
Cuando el polvo se acento volviendo a su sitio, el numero crudo de bajas golpeo a todos con una fuerza de una piedra lanzada al pecho. Los sobrevivientes recogieron a los que podían y enterraron a esos cuerpos sin voces bajo ramas y piedras, sin despedida, sin palabras ni ceremonias, solo nombres susurrados por el frio viento. Tetsuhiro sostuvo a Sigrid cuando ella volvió en sí. Habían perdido compañeros con rostros y sueños. ¿Fue una elección de quienes eran los que quedarían con vida? ¿Tendrá sentido? La suerte, la posición, instinto, la crueldad de lo desconocido la había dejado perpleja. La primera salida no solo confirmo el peligro del exterior: arranco de raíz cualquier ingenuidad. Las criaturas que aguardaban fuera de los muros no eran solo una leyenda, más bien eran inteligencia, capaces de jugar con las mentes humanas, los cazaban como ganado; y lo entendió en ese momento, el cuartel no era solo el centro de entrenamiento, era una fosa común provisional, un lugar de duelo. Los que regresaron aquella tarde, se volvieron callados, ya no habían peleas matutinas en las mañanas ni en las tardes, solo con una certeza terrible que los mantenían en el margen: el mundo exterior no perdonaba.
En lo inmediato, cuando llegaron, la milicia reforzó las patrullas, improvisaron enterramientos, e intentaron recomponer filas. Hubo quienes acusaron a los exploradores de imprudencia, y ellos juzgaron al consejo por no haberlos preparado adecuadamente, algunos lloraban en silencio en medio de la discusión. Pasamos la noche contando nombres, haciendo promesas rotas a los caídos en nuestras mentes, con las manos aun manchadas susurraban con cansancio algún verso bíblico, tratando de que el dolor sea un impulso para lo que se venía más adelante. La masacre dejo la primera marca de muchas, se dividían en una venganza inmediata y otros planificaban con cautela, a pesar de que las voces no se escuchaban por el miedo, algo era seguro, debían estar más unidos que nunca, la disciplina debía convertirse en alianza. El cuartel se mantenía como un refugio, en donde se forjaban decisiones determinadas, ¿Quiénes sobrevivirán la próxima vez? No lo sabían, pero estarían más preparados.
Se creó un círculo de tareas, el primero era llamado recolección: con alguna pieza de ropa, lo colocaban encima del cuerpo. Haruto y Akira trabajaban juntos para arrastrar una tabla donde pusieron a Mei; Akira hablo en voz baja, recitando bajo, haruto, por primera vez había mostrado una voz quebrada, aprendiendo a soltar la pena. El segundo: lectura de nombres, situando se en frente, con ayuda de una lámpara, se fue leyendo los nombres que habían recopilado, ‘presente’ para aquellos que no estaban, sellando un pacto de memoria. El tercero, gesto de la espada: los presentes clavaron sus armas firmemente bajo la tierra, un gesto ambiguo y rudo, dejando algo de su fuerza creyendo que así podían transmitir protección a los muertos. Marco Rossi dejo su daga junto a la tumba de davide marchetti; Akira dejo cinta de su casco en donde estaba kenji. Otros derramaron vino o agua en algunas telas soltándolas, y otros simplemente se dejaron caer en la tierra. El cuarto: juramento, ‘no morirán en silencio, seremos sus voces, hasta que el último caiga’.
Después de lo sucedido, todos cooperaban para mejor algo el ambiente, pero había algo que no me cuadraba, estaban reorganizando la vigilancia y se habían hecho nuevas reglas. Una reconfiguración rápida y práctica, introduciendo medidas cautelares.
1.Nuevas patrullas y puestos de guardia: formación de grupos de vigilancia en turnos cortos, puestos en la ladera y puntos de aproximación a negligencias antes y después de las salidas. Normalmente haruto y Jonás se iban a esa formación.
2.Entrenamiento revisado: avergonzados por la emboscada anterior, endurecieron el entrenamiento con énfasis a la movilidad, retirada rápida y técnicas anti-trampa. El veterano Kazuo supervisaba regularmente.
3.Asignación por pareja: ‘dos son mejor que uno, el hombre es bruto, la mujer es analítica’.
4.Reforzamiento de muros: los recursos se usaron para levantar trampas de defensa y puntos de salvaguardia. Marco fue usado por su ingenio y Tomás por fuerza.
5.Registro de habilidades: interrogación por aptitudes y constante evaluación en el campo por habilidades.
6.Consejo ampliado: liderado por los distintos grupos de etnias, ‘todos deben escuchar a todos’.
Cuando el cuartel parecía recomponerse, una figura llego por la cresta antes del amanecer, un jinete solitario, estaba cubierto de barro y su capa estaba rota. Este no traía banderas del gobierno ni su respectiva insignia perteneciente a algo. Se detuvo en la entrada del campamento, respirando agitadamente, y con voz rasposa informo:
--No solo fueron bestias menores—dijo--. Algo más grande está despertando. Vi humo al norte y no de nuestros fuegos. Vi columnas de soldados con estandartes negros acercándose, y detrás de ellos, algo que iba rompiendo los bosques con los pasos sacudiendo la tierra debajo.
Un informe simple, sin tiempo de presentaciones, el gobierno al parecer ya estaba enterado de la brecha que estaban haciendo y estos ya estaban reaccionando. Los cazadores negros—esa fuerza de elite que ya se conocían como verdugos—habían marchado libremente aplastando a cualquier foco de rebelión, pero la fauna ancestral parecía ir con ellos, obedeciendo, alimentándose, la violencia humana seguía creciendo a pesar de ya tener suficiente. --¿Cómo fue que lograron saber nuestra información? ¿Somos el punto más cercano a lo que respecta el paso…?--. Había escuchado de alguien en el grupo de reconocimiento que habían ido más allá de lo permitido, más allá de las murallas; una entidad descrita por libros antiguos de ciencia ficción, --un colosal vegetal—supuestamente despertada por la forma agresiva en que la tierra se ensangrentaba sin motivos, pero, ¿Por qué estaba del lado de los cazadores…? ¿Acaso lograron modificar su ADN?
Se disponía de una doble amenaza, soldados del régimen y una bestia ancestral, sin contar con las que ya deben liderar, si los cazadores ya tenían la ubicación entonces era cuestión de tiempo, aplastarían el campamento y quemarían las tumbas y todo vestigio de identidad. El consejo se reunió rápidamente: tienen dos opciones, enfrentar a los cazadores en un campo abierto suicida o huir hacia algún refugio en pie…
Tetsuhiro, aun sintiendo la tierra de las tumbas en las uñas, hablo sin alzar la voz:
--No podemos dejar que nos aplasten ni que la tierra nos devore. Organizaremos la defensa, enviaremos patrullas para distraer; los fuertes van a preparar barricadas los demás al bosque a confirmar la posición de aquellos…--
--Estás loco si quiera considerar que vamos a actuar contra esas mierdas, ¿no lo escuchaste? Traen consigo una monstruosidad… --dijo Akira, cortando su discurso.
Sergei que había estado callado durante mucho tiempo acoto:
--No hay oportunidad, vámonos de este lugar, aquí no queda nada, seguro ya nos tienen rodeados, los cazadores junto a esas criaturas asquerosas del bosque, ¿quieres quedarte aquí? Hazlo, yo me largo ahora.
--¿No que muy hombre, Sergei?—Comento Tetsuhiro.
--Tengo más experiencia que tú en el campo, no tengo idea de quién te haces llamar de dónde vienes, pero aquí, no aceptamos a principiantes listos para morir, no moriremos por ti, y si crees que es malo dejar esas tumbas ser aplastadas por ellos, niñito, déjame decirte que habrán muchas tumbas más a las que tendrás que dejar de lado para sobrevivir… quédate, pero no por ellos…
Sigrid, quien había estado al margen, se interpuso entre Sergei y Tetsuhiro, protegiendo a este.
--Niñita, morirás por culpa de él. —dijo Sergei mirando la directamente con ojos fríos.
La decisión cayó como una piedra sobre la asamblea. La discusión se alargó hasta que el grito de un vigía anuncio humo en el horizonte. Los cazadores negros estaban cerca, demasiado cerca, la criatura ancestral también avanzaba desde el norte, y la tierra temblaba como si latiera. Ya no quedaba tiempo de votaciones ni discursos largos: tenían que evacuar.
Los mandos se dividieron. Cada facción tomo una decisión distinta: hacia el sur, otros a las montañas del este, otros hacia el oeste junto al bosque. La idea era simple: dispersarse para no ser aniquilados en un solo grupo y de golpe. Quizás, algún día, podrían reunirse. Quizás no.
El cuartel se convirtió, nuevamente, en un hervidero de paso, gritos, correas ajustándose, armas repartidas. Entre la confusión, Tetsuhiro busco a Sigrid y la encontró junto al establo, preparando un caballo que no parecía querer obedecer. La luna los cubría con su luz pálida, como si el tiempo se suspendiera solo para ellos.
--No me dejes atrás—dijo Tetsuhiro, respirando agitado, con el polvo pegado en la cara.
Sigrid levanto la vista, con ojos húmedos, pero sin llorar. Nunca lo hacia delante de él.
--¿Cómo crees que voy a dejarte?, solo que no se si podamos irnos juntos ahora.—su voz era firme, pero la garganta le temblaba--. Cada uno tiene un deber distinto ahora. Si nos quedamos juntos, moriremos juntos.
Él bajo la cabeza, incapaz de aceptar aquellas palabras, y luego levanto de golpe la frente, como si quisiera grabar su rostro en la memoria. Dio un paso y tomo sus manos, ásperas por los días de entrenamiento. —Sigrid, tú fuiste quien me sostuvo cuando quise rendirme, si me dejas ahora, ¿Qué queda de mí?
Ella apretó su mano con fuerza.
--queda lo que hicimos allá, aquí, lo que aprendimos. Mira a tu alrededor Tetsuhiro.—señalo a los demás corriendo, organizándose como podían--. Todos ellos tienen algo de voluntad, y tú no puedes cargar solo con esto…
Por un instante, el bullicio se apagó. El mundo se redujo a solo ellos. Sigrid apoyo su frente en la de él, cerró los ojos y susurro:
--Si la tierra no nos traga, si los cazadores no nos alcanzan, después de esta noche… te encontrare. No importa dónde.
Sintió que algo se rompía y, al mismo tiempo, se encendía. Un juramento silencioso, marcado por la presión de los dedos, por la respiración. Un jinete los llamo, urgido, era señal de partida. Sigrid fue quien soltó sus manos primero, monto el caballo y este empezó a trotar. Tetsuhiro, tragando el nudo de su garganta, corrió hacia el suyo.
El cuartel quedo vacío después de eso, solo las tumbas y las cenizas quedaron como testigos. Y en las cuatro direcciones de la noche, se dispersaron ciento y pocos sobrevivientes con el mismo destino incierto: huir, resistir… tal vez volver.