OBLIVION

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Summary

¿Qué harías si tus sueños empezaran a confundirse con tu vida? Si alguien más viviera en tu reflejo... y lo que creías imaginación fuera en realidad un secreto que podría destruirte?

Genre
Mystery
Author
Maggie
Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

VISITANTE

El dolor repentino de sus piernas, se extendió por el resto de su cuerpo, hasta que una brisa helada provocó que sus ojos se entreabrieran. Ante simple vista, la iluminación le provoca dolor de cabeza, y el constante murmullo proveniente de alguna parte, le molesta increíblemente. Enderezo el cuerpo, sosteniéndose de los codos.

A su alrededor, reina la paz, y el color llamativo, tan vivo que se preguntó si oscurecerá en algún momento y la pesadilla daría el presente para asustarla una vez más. Hace a un lado la sabana tan fina que se desliza con suavidad por su cuerpo hasta que la descubre por completo.Se endereza en la cama, y apoya con lentitud los pies en el suelo. ¿Por qué le cuesta tanto? Mira hacia abajo, los dedos de los pies se mueven ante el cosquilleo que le provoca la alfombra de peluche.

Se encuentra de frente, reflejada en un espejo de gran altura. Varias flores azules se dibujan en sus bordes hasta suelo, donde desaparecen para darle lugar a un piso de madera. Aunque sus paredes son blancas, y ningún cuadro las opaca, el techo se roba toda su atención. Las flores azules que se encuentran dibujadas en los bordes del espejo, crecen hasta llegar al techo, donde había más de ellas, en gran tamaño, y dejando un cielo abierto realmente hermoso.

Podía tratarse de algo real, aunque no lo era. De todas maneras, su visión intenta acostumbrarse al brillo a su alrededor y solo puede lograr ver una neblina blanca en todo el lugar. Observa la puerta situada a pocos metros de la cama, y se acerca a ella, encontrándose con un enorme baño. El color blanco invade, una vez más, cubriendo cada rincón de la habitación. Se abrazó así misma mientras observa a su alrededor, deteniéndose frente al espejo. Su reflejo cubre sus ojos con una imagen que no reconoce, pero tiene su rostro.

Su pelo está recogido a un lado, en una hermosa trenza que termina entrelazada con una liga negra con una flor azul pequeña en el centro. Extrañamente, su rostro luce iluminado, ’radiante’ diría el chico tonto. Tomo el solitario cepillo de dientes en la repisa de vidrio y la pasta dental. ¿Por qué está haciendo esto?, los movimientos son involuntarios. Incluso después de lavar bien su rostro, se aseguró qué continuaba en el sueño. Toco sus manos y negó, sus labios curvándose y por primera vez, sonrió. Ella ni siquiera se peinó antes de ir a la cama y jamás dormía perfectamente vestida. Claramente se trataba de un sueño, en ellos pueden ocurrir tantas cosas maravillosas y perfectas.

A pasos lentos, debido al dolor de sus piernas, se acercó a la última puerta por examinar. Giro el picaporte, y abrió lentamente, temerosa de que el sueño hermoso, se transformará en una horrible pesadilla. Nunca se sabía que esperar de ellos. Se sobresalta cuando una persona cruza frente a ella, y luego otra, y otra. Formaban una fila con bandejas en sus manos y trajes negros en sus cuerpos. No voltearon a mirarla. Espero que se alejaran y salió, se mantuvo alerta y con sumo cuidado, se alejó de la habitación.

Frente a ella, diez ventanales se extienden a lo largo, de izquierda a derecha, luciendo un pasillo extenso. Alfombra beige con dibujitos extraños provoco una mueca en sus labios.

¿Quién había elegido la decoración?

Observo los cuadros con dibujos raros en ellos, como líneas que se cruzaban entre sí, de todos los colores posibles. Las mismas líneas estaban en todos los cuadros que decoran el corredor inmenso. Sin percatarse, tomo el lado derecho al final del pasillo. Fue el asombro y disgusto que sentía por los cuadros, observando uno por uno, que termino encontrándose con el primer escalón. Se detuvo cuando estuvo a punto de dar un paso en falso que llevaría a caer muy abajo. Sostuvo su cuerpo apoyándose en la pared, y presto atención a su alrededor.

Wow.

Era increíble.

Se trata de una escalera antigua que se abre en dos, formando un espiral que finaliza en una entrada elegante. Su descenso es acompañado con paredes decoradas con cuadros con fotos familiares del lado izquierdo y cuadros con pinturas abstractas del lado derecho. Volvió a hacer una mueca.

¿Quién decoro este lugar?

Tomándose el descaro de disfrutar el sueño, como en las películas, se sostuvo del barandal y bajo como la princesa que no era.

Movió la cabeza alejando la mirada de esos cuadros viejos de personas que desconocía y se enfocó en mirar si sus pies estaban pisando el lugar correcto. El silencio que existía a su alrededor, colapso cuando llego a la mitad de las escaleras. Allí abajo, todo luce fuera de sí, muchas personas con trajes se mueven de un lado al otro, decorando con flores rojas los muebles y las mesas.

¿Una fiesta?

Mordió su labio inferior sin saber dónde ir. No tuvo elección de decidir porque su cuerpo comenzó a actuar, moviéndose por sí solo. Su cabeza giro, mirando a su derecha, donde una chica abrió de par en par una puerta de madera, mostrando una sala del otro lado que se veía extensa, tan amplia que unos ventanales le daban luz al lugar, dejando a la vista un hermoso día y paisaje. Una mesa larga ocupa unas incontables sillas, y del otro lado, otra sala de estar, con sillones elegantes y una chimenea donde, probablemente, todo un equipo de fútbol podría entrar por ella con tranquilidad. Intento no interponerse en su camino y obligo a su cuerpo a retroceder, lo que provocó que choque con una puerta. Volteó, y giró el picaporte, afortunadamente estaba abierto y no dudo en entrar a la habitación. Asomo su cabeza, y vio un estudio de trabajo o una oficina, no sabía cómo describirla. No tiene variedad en su decoración y luce muy pulcro. Un escritorio está situado en el medio de la habitación, detrás de ella, una extensa biblioteca se extiende a lo largo, repleto de libros. No podía evitar mirar la alfombra.

¿Por qué te fijas en un pedazo de trapo en el suelo?

Niega internamente en desacuerdo. Toca el diván negro y lo recorre deslizando sus dedos. Todo luce tan lujoso que, de momento, le entra pánico de solo imaginar rompiendo algo por accidente. Acomoda unos libros sobre la mesa ratona junto al diván, y los alinea con los demás. Entré ellos, un cuento infantil, sonríe. Una voz distorsionada se extiende por toda la habitación, asustándola. Se aleja del diván y su cuerpo una vez más, actúa por su cuenta siguiendo el sonido. La dirige a un ventanal que puede deslizar a un lado, mostrando un balcón que le regala una vista increíble del exterior. Es un día soleado, y apenas se puede sentir la brisa del viento en el cuerpo. Pasa sus dedos sobre el barandal de cemento blanco, y la voz se reprodujo nuevamente con más intensidad y claridad.

Todo lo que toco se siente tan real… tan cálido.

La vista al exterior le muestra un patio verde y grande, como todo en esta casa, donde a unos metros la decoración se intensifica como si alguien decidiera impregnar cada rincón con ese color… rojo.

¿La reina roja cortaría cabezas si cambian de color?

Sillas en filas, cubiertas con una tela roja, rosas rojas en todas partes, arco de flores también rojas. Luciéndose una entrada de cuentos de princesas o algún culto satánico. Y junto a toda esa decoración, un hombre ajusta su voz a un micrófono, diciendo cosas raras mientras toca unos botones en otro aparato. Despertó en un lugar donde se festejaría un cumpleaños o repito, algún tipo de iniciación.

¿Iba a durar lo suficiente para descubrirlo? Cruzó los dedos. Tal vez, podía ir hasta allí y tomar un lugar. Lo vería de cerca.

Volteó, para apresurarse a llegar a tiempo y aprovecho que su cuerpo respondía a sus pensamientos. Se sostuvo del barandal al sentir que su visión se nublo, sintió el mundo girar y el horrible mareo la dejo desorientada por unos segundos. Por el amor de dios. Pestañeo seguido, y respiro profundamente. Esperaba no tener que despertar justo en este momento. ¡Probablemente, no iba a soñar con esto jamás!

Alguien más atravesó la puerta balcón, vestido con un esmoquin negro que te quita el aire o… quizás solo a ella. Su mirada como sus acciones están concentradas en tratar de encender un cigarrillo, mientras camina al balcón. Pero, se detiene mucho antes de permitirme inspeccionarlo con más detalle. Sus movimientos cesaron, congelándose en el umbral. Solo puedo observar con atención sus ojos zafiros y surcos oscuros debajo de ellos.

¿Hace cuánto que no dormía?

Aprieta el agarre contra el barandal como una clase de protección y reflejo. Santo cielo, no vaya a ser que me maree en este momento. ¡Qué vergüenza! Observa con detalle su cabello castaño que le llega por debajo de sus orejas, sus ondas rebeldes me provocan cosquilleo y no estaba tocándolo. Es más, nunca le agradaron los chicos con el cabello largo, pero, por primera vez, se cuestionaba ese gusto. A él, le quedaba de maravilla.

Por lo que parecieron horas, él reaccionó. Su dedo pulgar giro la perilla del encendedor, chiss, y soltó un extenso humo en cuanto logró prender su cigarrillo. Se acercó hasta detenerse sobre el barandal, del cual, apoyo ambos brazos, observando al exterior. Le dio otra calada y expulso el humo con serenidad. Aunque le llevo un momento reaccionar, ella volteo imitando su acción y volvió a mirar ahí afuera, observando como ahora los mismos sujetos de traje que se encontró en el pasillo de arriba, corren de un lado al otro. Uno de los hombres de traje negro, tropezó y de sus manos resbalo un jarrón con rosas rojas que voló por los aires. Fue demasiado cómico, hasta que una mujer mayor dio un grito en el cielo. Protestó por lo bajo cuando comenzó a oír con claridad como lo insultaba. Por un momento, olvido que tenía compañía y quedo en silencio, sin moverse cuando sintió su mirada.

— ¿Qué es lo que te molesta?— preguntó.

Le tomo unos segundos asimilar su voz, pausada y ronca. Suspiró dejando ir un poco del aire que contuvo y tratando de calmar el latido de su corazón.

¿Qué me ocurría?

— Es injusto. — susurró. La oración corta le provoco un dolor terrible en la garganta. Comenzó a sentirla áspera e irritada como si llevará tiempo sin tomar agua.

— Rompió el jarrón… y seguro es valioso.

Se aferró con fuerza en el barandal. — Se tropezó… — forzó a responder, aunque doliera hacerlo. —… y no es necesario insultarlo. Lo miró, percatándose que sus ojos brillaban más bajo la luz del día, los mismos la observan entretenidos. Él, alzó sus cejas, esperando. Como si supiera que quería decir algo más. Tomó aire. — Y creo que ellos pueden comprar otro.

Frunció sus cejas, intrigado. — ¿Quiénes?

Extendió una de sus manos, moviéndola en un círculo imaginario a su alrededor. — Los dueños de esta mansión.

Lo escuchó soltar una risa baja, lo observó con curiosidad y enfado. Sé está riendo de mí, ¿eh?

Arroja la colilla del cigarro al suelo, y vuelve a mirarme. — ¿Qué tan grande crees que es esta casa para llamarla mansión? — preguntó, apoyando su cabeza en una de sus manos. Aun encorvado sobre el barandal.

¿Qué?, ¿A qué venía eso?

— Vi lo suficiente para creer que es grande. — murmuró. Su cabeza se sentía extraña y su cuerpo también, como si estuviera invadiendo ese lugar, ese cuerpo. Comenzaba a tener un poco de inseguridad en sus palabras. Quizás los dueños no eran ricos.

Asintió, frunciendo sus cejas. — ¿Cuánto tiempo te tomo recorrerla?

Sus preguntas comenzaban a agobiarla, pero era imposible no responderlas. Iba más allá de su propio control, no podía mantener la boca cerrada, ni su cuerpo quieto. El tono de voz que usaba, transmitía cierta seguridad de responder a cualquier locura que se le ocurriera preguntar. Trago, incomoda, intentando evitar el dolor en su garganta que comenzaba a empeorar. — No lo sé… — murmuró bajo. —… no llevo mucho tiempo en este lugar.

Lo vio pestañear seguido y tomar aire. Se enderezó, volviendo a mirar hacia fuera, al patio. — ¿Crees que ellos van a ser felices? — preguntó.

Su cabeza palpito de repente, como una clase de puntada justo en el centro del cerebro que le hizo pestañear seguido antes de responderle. Lo tomo como una clase de advertencia. — ¿Esto es una boda? — preguntó sorprendida. Masajeó el centro de su frente intentando alejar el dolor. Abrió los ojos mirándolo y se encontró con su mirada incrédula. Él asintió. — ¿Quién usa flores rojas en su boda?, lo siento, pensé que era un cumpleaños. — termine mi oración apenada, opacada con su mirada.

Que boba, toda la decoración decía todo. No era sobre la Reina Roja. Se trataba de una boda.

Y por primera vez, aunque no se sentía así, lo vi sonreír. Cerró los ojos ante el latido frenético dentro de su cabeza.

¿Qué ocurre?

Intento permanecer un poco más en la escena.Recordando su pregunta.

¿Cuál era su pregunta?

Él observa el patio, entretenido con otra escena desastrosa que provocaron esos sujetos de traje, no se lo ve muy presente en lo que mira. — Supongo que, si llegaron a este día, es porque creen que van a ser felices ¿no es así? — susurro consumida por el dolor. — Si quieres darle un consejo al novio, dile que, si no está seguro, que no lo haga. Ya encontrará a su persona.

— Estas hablando con el novio que solo quiere… —respondió.

Ella intento mirarlo… escucharlo… pero todo está consumiéndose en un agujero negro. Lo vio justo cuando volteó a verla. Él continúo hablándole, pero no llegó a oír lo que decía, su visión se cierra de a poco y el rostro del chico lo consume el agujero negro, tragándose y evaporando toda su persona por completo.


La mañana siguiente despertó tan solitaria que estiro sus brazos hacia la almohada más cercana a ella, atrayéndola a su cuerpo en busca de un poco de comodidad y cariño. El frío se rehúsa a marcharse y los días tristes parecen que jamás se alejaran.

Encontró a Mike en la cocina, entretenido en la estufa. Sus labios tarareaban una hermosa melodía y aquellos mismos se ampliaron en cuanto la vio cruzar el umbral.

— ¡Vaya! — ríe examinando su forma de vestir y pasear por la sala directo hacia él. —Creí que dormirías por siempre.

Se sostuvo de la mesada, y ladeo la cabeza, totalmente encantada con su buen humor. —Quizás… estaba esperando el beso para despertar.

— Pero que tonto fue de mi parte olvidarlo— lleva la palma de su mano a su frente, luciendo arrepentido. Su actuación la hace reír.

Encoge sus hombros restándole importancia y se acerca a él. — ¿Qué estás haciendo?

— Tengo hambre y creí que también la tendrías cuando despertarás.

Sonrió.— Y estas en cierto.

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