Error entre notas

All Rights Reserved ©

Summary

Una chica cuya vida depende por y para el baile, aparte de su gran sueño de ser una gran diseñadora. Un chico cuya vida depende por y para su guitarra, tocando en una banda junto con sus amigos. Cada uno tiene objetivos distintos, pero cuando se levantan ambos en la misma cama sin ropa parece que el destino juega en su contra. Tal vez una relación falsa es lo único que queda para unirlos. También disponible en wattpad!!

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

We found love” de Rihanna

Asher

La cabeza me palpita con fuerza, consecuencia de la noche anterior. Veo una habitación que claramente no es la mía, con solo ver pósters y estanterías llenas de libros me hace saber que estoy en la habitación de una mujer.

Observo mejor mi alrededor hasta que veo una figura con la espalda descubierta a mi lado, con cabello corto y negro con varias mechas azules.

Que casualmente es la hermana de mi enemigo. Rachel Miller.

Ante el panorama de la situación vuelvo mi mirada hacia mi cuerpo, que efectivamente lo único que lo cubre es una sábana que deja al descubierto mi torso.

¿Qué cojones hice anoche?

Fijo la mirada en la mujer a mi lado. He de decir que es atractiva, pero no puedo olvidar el hecho de quien es su hermano.

Aaron Miller.

Chico cuyo único propósito en la vida es amargar la mía. Pero llevándose el efecto contrario.

Me incorporo de tal manera que mi espalda queda pegada a la pared detrás mía. Me paso una mano por la frente tratando de aclarar mis recuerdos.

La ropa tirada por el suelo me confirma lo que pasó. A pesar de que ya no había duda.

La persona a mi lado abre los ojos y en cuanto me devuelve la mirada parece que haya visto la araña más grande de su vida.

En que me he metido.

Rachel

¿Por qué hay un hombre descamisado en mi cama? O mejor dicho, ¿Porque está Asher Lawlett descamisado en mi cama?

Miro hacia otro lado incapaz de mantener la mirada. No me lo puedo creer. Con solo recordar pequeños fragmentos noto como mis mejillas se calientan en cuestión de segundos.

Me incorporo pasándome una mano por el pelo para aclararme.

¿Qué cojones hice anoche?

Tan rápido como me espabilo un poco y con un grito ahogado me cubro el cuerpo con la sábana, incómoda, que antes solo me cubría de la cintura hacia abajo.

—Buenos días—dice Asher con voz ronca mientras se sienta en el borde de la cama. Tal vez para darme un poco de privacidad.

Así sentado me deja a la vista su espalda definida. Y además de que la sábana cubra algo de su cuerpo, me queda claro que está desnudo. Los tatuajes en un solo brazo van hacia la muñeca llegando prácticamente a la zona del cuello.

Dios. Mío.

—Por tu cara me queda claro que no te acuerdas de nada de anoche—murmura calmado sin mirarme.

Voy a decir algo pero me callo antes de decir alguna estupidez. Así que digo lo más lógico.

—Voy a por algo de ropa—me levanto de la cama—. No mires.

La tensión en el aire es más claro que el agua, pues ambos sabemos la persona que nos relaciona.

Mi hermano.

Que casualmente odia a la persona que ahora mismo está sentada en mi cama. Y no podría ser más incómodo.

Reviso mi armario y rápidamente me pongo a trompicones una sudadera azul y unos pantalones cortos.

Giro mi cabeza hacia Asher, que aún no se ha movido.

¿En qué está pensando ahora mismo?

Asher

Lo que me tienta ahora comerme diez alitas de pollo. Suspiro por el pensamiento. Pero antes de seguir con mi fantasía me interrumpe ropa que cae al suelo en frente mío.

—Es de mi hermano—habla ella con voz suave pero algo nerviosa.

La verdad no me entusiasma la idea de tener que ponerme ropa de Aaron, pero como ir en bolas por la calle no es una opción, es lo único que puedo hacer. Así que resignado empiezo a ponerme la ropa.

Me pongo de pie en cuanto termino de cambiarme y me giro hacia ella suponiendo que ya está cambiada.

Se ha puesto una sudadera azul parecido al de su pelo, que por su largo por poco no deja ver a los pantalones.

Aparto la mirada cuando me doy cuenta de que me he quedado mirándola mucho tiempo, a pesar de que ella no lo sepa ya que está con el teléfono.

—Oye—rompe el silencio—. Sobre lo de anoche…—se pone una mano en la frente.

El golpeteo en la puerta no la deja terminar.

—¡Rachel!—la llama una voz que reconozco enseguida, Aaron, su hermano.

A pesar de que ella se pone alerta y parece que va a darle un paro cardíaco. Su hermano no es algo que a mi me preocupe, aunque no lo soporte, no es difícil de manejar.

Rachel se acerca hacia mí, mirándome fijamente mientras señala el armario detrás suya. Y sin dejarme replicar, me empuja hasta el. Qué carácter. No sé a quién me recuerda.

Me camufla entre la variedad de ropa aquí dentro. La puerta gruesa de madera ahoga parte del sonido, pero aún si logro escuchar lo que dicen.

—¿Que pasa, hermanita?—oigo a Aaron con tono burlón.

Desde aquí puedo imaginarme la sonrisa en su boca. Me saca de mis casillas.

—¿Qué quieres?—contesta la chica de forma cortante, sin ningún tono de nerviosismo en su voz a pesar de su reacción unos segundos antes.

Los pasos de alguien entran lentamente en la habitación, lo que me hace pensar que Aaron está cotilleando donde nadie se lo ha pedido.

—He oído voces, ¿algún chico del que deba preocuparme?—su tono se ha vuelto más ligero, menos burlón—. No sé ni para qué pregunto, claro que no.

—Más bien una mujer, esa que me dijiste que querías la otra vez—ahora habla ella con tono burlón.

—Que graciosa—no hay burla en su voz—, recordando tiempos, ¿no?

Intento acercarme más a la puerta para asegurarme que estoy escuchando bien la interesante conversación a pocos metros de mi. Tropiezo con una camiseta y con poca delicadeza caigo sobre la puerta con un sonido sordo que probablemente llama la atención del entrometido en la habitación.

—Un gato que he recogido de la calle—dice tan rápido como me he caído.

Oigo un suspiro.

—Tienes que dejar de hacer eso. Odio los gatos.

Los pasos vuelven a alejarse.

—Como sea, ¿hoy vienes al ensayo de la banda?—pregunta Aaron con voz casi cansada.

Mierda. El ensayo.

Como no aparezca, alguien—la persona que casualmente me odia por tocar mejor la guitarra eléctrica—aprovechará para robar el título de guitarrista principal.

—No, hoy me quedo en casa—responde ella.

Oigo pequeñas maldiciones, lo que me hace deducir que Rachel está tratando de echar a Aaron de su habitación.

—Matteo me ha dicho que te echa de menos—insiste él.

Matteo es el batería de la banda. Su amistad es algo extraña. Por sus distintas personalidades, claro. Rachel es más sarcástica y esas cosas, mientras que Matteo es más alegre y simpático.

—Que se apañe solito—gruñe ella.

—Pues vale, madre mía—se queja el.

Se escucha un portazo que hace retumbar toda la habitación. Y poco después una cara furiosa se planta delante de mí.

Con rapidez que no he podido detectar, Rachel ha abierto la puerta del armario y ahora me mira como si de su peor enemigo se tratara.

—Ya hablaremos…—respira hondo—de todo esto. Ahora necesito que salgas de aquí. Por favor.

—Eso mismo iba a decirte yo ahora—salgo del armario intentando ignorar el pequeño escozor en mi codo por el golpe.

—Vamos a esperar a que Aaron se vaya…

—Dulzura, tengo que irme ya—replico—. No tengo tiempo para eso.

Se queda descolocada por un momento, pero en pocos segundos recupera la compostura.

—Si sales por esa puerta Aaron te verá—replica—. Como no te tires por la ventana no hay más opciones.

—Estamos en un segundo piso—informo harto de la situación.

—Pues tú dirás.

Dios mío. Vaya actitud.

Está claro que a esta chica no le caigo bien.

No se que le habrá contado su hermano, y no se que habrá escuchado a parte de lo que dicen en la banda de mi.

Pero está claro que no es algo bueno.

A pesar de que no es algo que me importe mucho, siento la curiosidad de saber su opinión sobre mi.

—¿Qué?—pregunta incrédula.

—No importa—digo al fin—. Saldré por la puerta.

—Te verá—insiste nerviosa.

—Haré que no.

Le guiño un ojo y con una sonrisa socarrona voy hacia la puerta confiado.

Está es probablemente la situación más irónica y estúpida que he tenido nunca. Jamás había actuado de esta forma.

¿Por qué ahora?

Ignoro esos pensamientos para centrarme en que Aaron no me vea dentro de su casa y la chica se tranquilize un poco.

—Ya hablaremos de todo esto—ordeno mientras salgo de la habitación.

Demasiado dramático para mi gusto. Pero que hay que hacerle.