Capítulo 1: Pilar Baen
Capítulo 1: Pilar Baen
8:00 AM
Siempre he pensado que son mis caderas o mis piernas las que podrían hacerme destacar o parecer gorda.
No me interesan demasiado los comentarios de los demás sobre mi cuerpo pero claro, me encantaría saber qué es lo que me haría sobresalir entre la multitud.
Con una sonrisa me aparto del espejo. El tiempo pasa y hay tantas cosas importantes que hacer o al menos en qué pensar: ordenar la ropa, lavarla, secarla, organizar la alacena o el refrigerador. Pero ahora toca desayunar y apenas tengo 20 minutos para eso.
Preparé dos emparedados. El otro será para cuando mi hermana despierte. Me lo como con té de manzanilla. Amo el té, es mi bebida favorita. No importa si está frío o tibio, simplemente adoro cómo el agua y las plantas se mezclan para darme ese momento de calma.
Mientras tanto veo las noticias. Se acercan las elecciones y los políticos se visten con sus mejores trajes mientras practican discursos que prometen mucho y al mismo tiempo nos envuelven en dulces mentiras.
Ya terminado mi desayuno, miro el reloj. Sí, justo a tiempo. Salgo de casa hacia el instituto.
Llamo a un taxi y, mientras espero, les explicaré un poco sobre mi vida. Supongo que llegará en menos de 30 minutos, ya que mi vecindario queda algo lejos de la ciudad.
Soy Pilar Baen, estoy cursando el último año en mi instituto y tengo 18 años. Mis padres están separados y vivo con mi madre. Nos llevamos bien y hay confianza. Con mi padre, la relación sigue igual de estable, se separaron desde que yo era muy pequeña. Suelo ser muy independiente, bueno, hasta donde puedo sin tener trabajo. Sigo en busca del empleo de medio tiempo ideal, nótese mi exigencia.
Sé que mamá tiene gastos y por ello yo cuido de la casa. Ella entra al trabajo desde temprano en la mañana y suele volver entre la madrugada y el amanecer. Es aquella gerente del bar que trabaja horas extras.
Debía estar en casa rápidamente luego de salir del instituto porque tenía que preparar el almuerzo y luego buscar a Emily en su escuela, aunque para mí ya era tiempo de que supiera cuidarse sola.
El dilema es que no solíamos dejarla mucho tiempo sin supervisión porque tendía a meterse en problemas con familias, vecinos, compañeros, profesores, animales, casas, edificios… es decir, con todo.
Emily tenía una vida muy interesante.
Me considero una chica algo estricta con mi vida. Necesito tener calculado el tiempo, no soporto los eventos inesperados, no disfruto trabajar bajo presión, pienso siempre antes de actuar y mucho más de lo que quisiera.
Saludo al conductor y, en unos 25 minutos, ya puedo observar por mi ventana el instituto.
Dentro de seis meses saldré de aquí y aún no sé qué estudiaré en la universidad. Ya tengo una lista extensa y he asistido a algunos eventos para decidir cuál va acorde a mis objetivos.
El único gran detalle que me inquieta es pensar qué sucedería si no existiera una profesión para mí. Bueno, creo que es algo improbable, pero no quiero vivir una vida trabajando en algo que no me apasione. No quiero perderme en la cotidianidad.
¿Sería mucho pedir amar lo que hago?
Si el plan A no funciona, tendré que iniciar con el B y es ir por el que me genere más dinero.
Rumbo a mi clase pienso que no espero nada de nadie. Me refiero a que no espero a alguien que me abrace o me bese en la mejilla diciéndome “te extrañé este largo fin de semana”. ¿Saben por qué? Porque no tengo amigos.
Tengo compañeros, muchos son agradables. Cada grupo tiene algo que lo define. No existen “populares”: para mí solo están los más sociables o extrovertidos, aquellos que todos conocen porque son divertidos, visten bien, son físicamente atractivos, participan en muchas actividades, y aquellos que no hacen mucho para resaltar o simplemente pasan desapercibidos. Pienso que hoy día eso se mide por los seguidores en redes sociales, pero no pretendo entrar en detalles.
Hablemos del porqué no tengo amigos. No soy tímida. Pienso que sé llevar bien una conversación para conocer a los demás. Casualidad o no, conozco a todos en mi salón, hemos hecho equipos de trabajo y he conversado… bueno, solo sobre asignaciones.
Lo que pasa es que no he tenido tiempo para profundizar una relación con nadie. Siempre estoy ocupada y pienso que la amistad no es algo que se construye solo por llevarse bien con alguien. Abarca muchos valores, es algo complejo y se debe ejercer con responsabilidad.
Tal vez me complico demasiado con eso, debería fluir, pero tengo paciencia. Ya llegarán los amigos adecuados a mi vida. Bien dicen que es mejor calidad que cantidad.
Sin embargo, siempre observo, más del tiempo adecuado, cómo los amigos se abrazan y las parejas se profesan amor eterno. Espero que les dure. Leí hace tiempo que el enamoramiento suele durar entre seis y ocho meses, luego se transforma en amor real. Dura ese tiempo porque tendemos a idealizar a la persona amada, segregando muchas hormonas como la dopamina y la serotonina, entre otras que no mencionaré… después de todo, no estamos en clase de biología, ¿verdad?
Una voz me sacó de mis pensamientos sobre las reacciones de nuestro cerebro ante el amor mientras caminaba pacíficamente hacia mi clase.
—Hola, Pilar. Quería saber si me puedes ayudar con las asignaciones de Historia. He visto que tienes buenas notas y yo realmente necesito ayuda —me pregunto cómo él sabe sobre mis notas—. No puedo perder ninguna materia, eso sería muy grave para mí —habla muy rápido—. Quiero una beca y realmente necesito ayuda.
Lo examino atentamente en silencio
Él es alto y tiene unos ojos castaño oscuro. Me gusta cómo huele a fresco, pero de ese fresco que hueles en el bosque. Su cabello es negro. En su rostro se aprecia un camino de pecas, lo que lo hace ver, quizás, algo dulce. Tiene rasgos finos pero varoniles y es más alto que muchos en el instituto
Podría ser modelo de alguna marca, quizás actor o presentador, el mundo debería apreciar este rostro…
—Debes estar confundida, no es mi intención incomodarte. Me dijeron que eres tutora, te pagaré bien por hora.
Mis ojos se abrieron, intenté ocultar la sorpresa, pero él lo noto, lo sé porque sonrió.
Ya sé lo que más me gusta de este ser humano.
Estoy sorprendida (porque me va a pagar), feliz (porque me va a pagar de nuevo) y angustiada (porque no sé dónde podría ayudarlo con las asignaciones).
—Hola, necesito pensarlo, la verdad es que no soy tutora. ¿Crees poder esperar mi respuesta hasta mañana o durante la semana? —digo, si me organizo lo suficientemente bien e investigo un poco con los profesores veré qué tan efectivo me viene ayudar.
Su mirada se dirige directamente a mis ojos y luego a mis labios, parece estar analizando hasta la forma en que respiro. Esto es lo más intenso que he experimentado. Bueno… después de que Emily casi se ahoga con la cena que preparé hace unos días.
—¿Tengo algo en la cara? —le pregunté, ya inquieta por ese silencio, e incluso fruncí el ceño.
—Me perdí en mis pensamientos, disculpa —suspira y continúa—. Al parecer, aquí son muy exigentes y yo no lograría cumplir con los requisitos antes de que finalice el año. En mi trabajo me solicitan estar estudiando.
Suena sincero… debe estar desesperado, pero necesito organizarme. No puedo comprometerme para luego decirle que no será posible. Pienso que eso sería peor para él.
—Te puedo dar mi número. Quizás esta noche podrías darme una respuesta —propone.
Sus ojos suplican. Lo debe estar pasando mal. Es difícil querer conseguir una beca para solventar el alto costo que tienen actualmente las universidades. Intentar mantener una nota alta y esforzarse constantemente no es sencillo. Ver cómo podrías perder esa oportunidad por una materia… sí, es una sensación que logra desmotivarte, incluso afectaría su empleo…
Hago una pausa a mis pensamientos debido a que estoy perdiendo mucho tiempo.
—Listo, hoy en la noche te daré una respuesta, me tengo que ir a clase, nos vemos luego —aseguré y me despedí con urgencia.
A mi clase no pretendo llegar tarde.
—No creas que te quiero presionar, es solo que estamos en la misma clase —avisa llegando a mi lado.
—Oye, estoy segura de no haberte visto antes… —pregunto, ladeando un poco la cabeza con extrañes.
—Llegué hace unas semanas. Estoy tratando de ponerme al día en todas las asignaturas, no he tomado ninguna clase contigo, por eso no nos hemos encontrado. Vi tus notas cuando el profesor me hablaba de todas las asignaciones que tenía que hacer. —Eso explica mucho—. Es complicado para mí, así que acudí a alguien que tenía las notas más altas. También me asesoraron en dirección, pregunté a unos chicos por ti hasta que Samuel me dijo quién eras.
—Suena bastante tedioso —señale.
—Y así lo es —respondió— ¿Quieres que te diga qué más sé de ti? —no lo dice pero creo que le resulta graciosa la situación.
—Soy todo oídos —dije curiosa.
—Tienes 18 años, cabello rizado, tus notas nunca bajan. Según ciertos profesores, serías excelente en cualquier carrera que te propongas: estudiante destacada por dos años seguidos. Tu única hermana se llama Emily y... —sus gestos me indican que está pensando en más información relevante sobre mí— tu color favorito es el blanco.
—No sé si sentirme halagada o preocupada.
—Halagada,—dijo con una pequeña sonrisa— no fue difícil, solo pregunté a unos cuantos y me dijeron muchas cosas al azar.
—Entonces es mi turno, ¿cuántos años tienes? ¿De dónde vienes? ¿Por qué estás en este instituto? ¿Te gustó el plan de estudios? Y, más importante, ¿cómo te llamas?
—Tengo 18 años, —respondió mientras acomodaba la corbata del uniforme— pero dentro de unos días dejaré de tenerlos. Me mudé por un tiempo y estoy en este instituto porque está cerca de mi casa. Por último, —hizo una breve pausa antes de añadir— me llamo Uriel Wilson.
—Uriel, —repetí— ¿qué te parecen los deportes? Aquí hay varios y ayudan con las becas. Los directivos se vuelven un poco más condescendientes si representas su insignia con trofeos.
—No sé si quiero correr el riesgo de decepcionar a los directivos.
—Tranquilo, los de básquetbol han pasado temporadas avergonzando al director —dije encogiéndome de hombros.
—Si lo dices tú, lo creo, pero estoy seguro que puedo conseguir esa beca solo.
No le insistiría más con el tema. Si él se tiene la suficiente fe, ¿quién soy yo para cuestionarla?
—¿Así que revisaste todas mis notas? —indagué, curiosa, inclinándome un poco hacia él mientras lo observaba con atención.
—No realmente, solo lo dije, era una suposición. Veo que soy bueno adivinando —respondió llevándose las manos a los bolsillos. Parecía tranquilo, mientras yo intentaba no correr por el corredor para llegar a tiempo.
—Hmm, así que solo es suerte…
—Suerte es que me digas que sí —replicó enfocándose en mi mirada.
Aquel comentario logró ponerme un tanto nerviosa. Sus ojos sonreían, era como si estuviéramos hablando de otra cosa.
—Si te digo que sí, debes ser un buen estudiante. ¿Pondrás de tu parte? —bromeé, levantando una ceja para darle intensidad a la pregunta.
—Por supuesto, permaneceré responsable y atento, seré todo lo que quieras que sea.
Es una respuesta simple, quizá coqueta o pícara.
Entonces, una barrera interna se activo, recordándome que no creo en el amor a primera vista ni en la amistad que no se construye con años. Así que ignoré las ganas de sonrojarme y reprimí el nerviosismo.
—Quiero que seas mi chofer para no tener que tomar taxi —continué bromeando para aligerar mis emociones, además centré mi mirada en el corredor únicamente.
Estoy cómoda en mis taxis, pero no pagar sería más económico para mamá. Le quitaría ese peso de encima y Emily estaría feliz.
—Creo que eres tú la que tiene suerte ahora. Adivina, ¿quién tiene un auto y estaría de acuerdo con ser tu chofer?
Toda sonrisa desapareció de mi rostro.
¿Está jugando conmigo? ¿Realmente tiene un auto? Muchos tienen uno, pero no todos, la economía del país no está como para que los padres les compren autos a sus hijos, la verdad...
—¿Estás mintiendo? —pregunté, entrecerrando los ojos con evidente desconfianza.
Él mostró un gesto de ofendido y afligido. Rodé los ojos por su falso dramatismo.
—Puedo demostrar mi inocencia, señora jueza —declaró.
—Se lo permito, joven Uriel. Luego de clases nos vemos, ¿te parece? —propuse. Quizás me muestre una bicicleta.
—Acepto.
Dijo, entrando a clase de Historia conmigo. Algunos voltearon a vernos, llegamos un poco tarde, se nos fue el tiempo platicando. Dos chicas lo observaban atentamente susurrando entre ellas, ya nuevas admiradoras, supongo.
Busqué un puesto vacío. Uriel se sentó con Samuel y otros chicos, hasta amigos tiene. Empezaron a hablar de videojuegos, cómics, series, etcétera. Las dos chicas se unieron a la plática. Me di cuenta, sin querer queriendo, de que Uriel les dio su número, pues...
Hace que socializar parezca tan sencillo.
Intento distraerme con las asignaciones de hoy. Verifico que estén bien hechas, pero el pensamiento de que no debo ilusionarme con Uriel invade mi mente. Es decir, hace unos minutos nos conocemos, no es sano para mí alimentar un sentimiento por él. Pero ¿cómo se lo explico a mi cerebro, que desvía la mirada en su dirección durante 45 minutos de clase?
9:30 PM
Estoy en mi cama. Ayudé a Emily con sus asignaciones, la castigué por saltarse una clase el día de hoy, cenamos, me bañé, saqué la basura e hice mis asignaciones. Aunado a ello, tengo un pequeño negocio clandestino que me proporciona cierto dinero extra.
Ofrezco mis servicios de acuerdo con la complejidad. Es decir, asignaciones cortas como mapas conceptuales o diagramas cuestan diez dólares, las de dificultad media, tales como ensayos de cinco páginas, quince, y los proyectos finales, treinta dólares. Varía de acuerdo con la asignatura y mi tiempo disponible, garantizo resultados favorables. Suelo tener clientes fijos y pocos saben sobre eso, me metería en problemas graves.
Por ello debo hacer mis asignaciones con anticipación, aunque está ese lado en mí que se pone nerviosa si no las hago de esa forma, pues la presión hace que no tome buenas decisiones, entro en pánico simplemente. No importa que sea algo tan simple como las asignaciones. Suelo sacar buenas notas, pero las pocas veces que las he hecho en la noche, una C es mi mayor objetivo.
Me gusta mirar el techo mientras resumo cómo estuvo mi día. Pienso qué acciones debí tomar y cuáles no fueron las correctas.
Me da paz, la paz que perdí cuando el director de la escuela de Emily llamó a la mía.
Gracias a ella y a que salí directo a su escuela, no pude seguir hablando con él, no vi su auto... qué mala jueza soy. Sonreí al recordar nuestra plática en el corredor. Debería aceptar ser su tutora de Historia, debería traerlo a casa luego de clases, soy un alma caritativa.
Ya me imagino el dinero en mis manos. Debería escribirle, decirle que sí podía.
Mientras deambulaba entre lo positivo y lo negativo de ganar dinero fácil, mi teléfono sonó. Lo observé extrañada. Cuando lo tomé, vi que era un mensaje de un número desconocido.
Buenas noches, no te vi en la salida. Pensé que teníamos un trato, ¿te sucedió algo?
Es Uriel, claramente, estoy súper segura, pero ¿cómo consiguió mi número? No recuerdo habérselo dado.
Bien, quizás debería hablar con Samuel. Eso de darle mi información a un desconocido está mal.
Pilar: Buenas noches, Uriel. Tuve un percance con mi hermana, lo siento, no quise dejarte plantado.
Uriel: Está usted disculpada.
No tenía que verlo ni escucharlo para saber que estaba sonriendo.
Pilar: Oh... estoy tan agradecida contigo.
Dije, siguiéndole la corriente.
Uriel: Eso es bueno. ¿Qué tal si me agradeces mejor siendo mi tutora?
Pilar: No sé, eres muy insistente.
Uriel: Soy alguien persistente.
Veamos, seré objetiva. Me levanté de la cama, me acomodé en mi escritorio y encendí la lámpara color crema que me regaló papá hace mil años. Tomé mi cuaderno de apuntes e inicié escribiendo qué tan favorable y desfavorable es ser tutora. No es lo mismo que hacerle las asignaciones, entonces requiere meditación.
Mamá tiene muchos gastos, sé que tiene deudas con la vecina y papá no puede mandar más dinero porque dice que su trabajo no se lo permite. Comprendo su situación, cinco hijos no ha de ser fácil. Sumándole que nos atrasamos con la luz un mes.
Uriel hará que yo pueda disminuir las deudas y, si no es mentira lo de su auto, hasta nos traería a casa luego de clases. Solo serán seis meses, luego buscaré un trabajo de tiempo completo mientras estudio en la universidad los sábados o en las noches. Ganaré más, pero debo tener algún ahorro.
Parece esta una gran oportunidad. Sé que no será difícil, solo es Historia, cualquiera puede con esa asignatura, ¿no?
Pilar: Está bien, me convenciste. Nos podemos ver mañana luego de clases para organizarnos, fuera de la cafetería. ¿Te parece?...
Uriel: Ahí estaré.
Sábado a las 2:45 pm
No apareció, no lo vi en lo que restó de la semana. Le escribí varias veces y jamás contestó. Quizás está enfermo, espero que no le suceda nada malo. Pensé en preguntarle a Samuel, pero no me atreví, solo hablamos un día en persona, no teníamos confianza.
Aunque, por cómo hablábamos, parecía que sí, es decir, se mostró ampliamente interesado. Y se supone que se comprometió conmigo para ser su tutora... en fin.
Hoy decidí salir con Emily. ¿Dónde iríamos a relajarnos o a divertirnos? Al parque, a hacer ejercicio. No tenemos dinero para salir de compras o ir al cine.
Mientras buscaba ropa para la ocasión, apareció mi hermana y algo me dice que no vamos al mismo parque...
—Supongo que tienes algo que decirme. Te escucho —le dije cruzando los brazos.
Se ve hermosa. Lloraría, pero las lágrimas no me salen. Prefiero indagar qué tipo de ejercicios hará con ese vestido.
—Voy a una fiesta de cumpleaños —anunció y acto seguido dio un giro presumiendo su vestimenta.
—¿Y tú eres la que cumple?
Inhala, Pilar… exhala, es mi mantra cuando ella y la vida deciden ser más proactivas de lo normal conmigo.
—Muy graciosa, hermanita —sonríe sin gracia—. Darcy cumple quince años, estoy invitada, obviamente. Empieza a las cinco y termina a las diez en punto. Puedes pasarme a buscar a esa hora en nuestro vehículo amarillo.
Ahora que lo pienso, nunca hemos hecho una fiesta para Emily. Cada vez que es su cumpleaños, organizamos distintas actividades. Almorzamos en casa, esos días nos levantamos al mediodía, mamá no va al trabajo y nosotras no asistimos a clase. Vemos nuevas películas o series juntas mientras pedimos algo de comer. Cuando llega el atardecer, cenamos fuera, vamos a los bolos, al cine, a ferias, manejamos bicicletas, patinamos, hacemos guerra de colores, solo nos aventamos globos con pintura.
En fin, lo que quiero decir es que jamás ha asistido a una fiesta, jamás ha tenido una fiesta.
Tengo muchas ganas de decirle: claro, ve, disfruta, vive. Pero no, ella no pidió permiso. En esta casa existen límites y reglas. Emily debe cumplirlas, yo las cumplo. ¿Por qué ella no?
Cierro los ojos. Pienso en cómo hizo para comprar ese vestido, en cómo consigue el maquillaje que hace resaltar sus ojos color miel, en cómo consiguió unos zapatos que aparentan ser cómodos y caros. Pienso en cómo podría matarla sin que mamá o papá se preocupen.
—Si quieres preguntar por mi vestido y accesorios, es mi deber decirte que no he terminado de pagarlos. Liam me los vendió, ya sabes, —añade— su padre es dueño de algunas tiendas y joyerías. Pero le dije que tú se lo pagarías en pocos días. ¿Recuerdas a Liam, verdad? Bueno, vendrá a buscarme —concluye con naturalidad.
Esto no me puede estar pasando... Quizás tenga una soga bajo mi cama. Cabe recalcar que mis ojos siguen cerrados. Solo puedo escucharla... pero me toca hablar, así que los abrí.
—No, no irás a ningún lado. Ve a tu cuarto, no lo repetiré —dije con firmeza.
Ella no lo sabe, pero realmente me duele decirle eso. Entiendo su edad, que quiera salir con sus amigos a fiestas, experimentar.
—No eres mi mamá —dice con desafío. Esto lo he visto en películas.
—Qué inteligente, soy la que cuida de ti y te alimenta —respondo con ironía. Veo cómo sus ojos se ponen en blanco.
—Estaré en mi cuarto —es todo lo que que dice.
La vi salir. No creo que eso sea todo, aunque también es probable que no tuviera mucho interés por la fiesta... pero no me fiaré.
5:30 pm
Estuve toda la tarde custodiando la puerta de la casa, nunca salió de su cuarto.
Me gusta suponer cosas, así que supongo que ella está dormida. Me dirijo al aposento de la señorita Emily, abro la puerta y... no está.
Se fue, se escapó, lo hizo en mi cara prácticamente. ¡Burló la seguridad de mi casa!
Intento buscar las llaves de la casa para salir e ir a buscar a la pequeña inconsciente, pero no están… se las llevó. Yo solo quería un sábado tranquilo.
Busco y busco las de repuesto en el cuarto de mamá, en el mío, en la habitación de invitados y, por último, en la sala. El tiempo pasó. Ya son las siete de la noche. Las busqué tan bien que estoy segura de que no estaban ahí.
Proseguí al cuarto de ella. Realmente dudo tener suerte ahí, pero qué más da.
Después de treinta minutos, las encontré dentro del inodoro de su baño. Satanás reencarnó en ella. Sabe cuánto asco me iba a dar, sabe que me tardaría otros treinta minutos ahí. ¿Qué hago? Me da asco...
Salí como toda una chica valiente y renovada de la casa, en espera de un taxi. Me subí rumbo a la casa de Darcy. Mi hermana es tan coherente que dejó un papel con la ubicación.
Al pasar los minutos, al auto se le pinchó la llanta. ¿Quizás desperté con el pie equivocado? No creo en esas cosas, pero en estos momentos de crisis me aferré a ello.
El taxista me dijo que demoraría, que lo sentía mucho. Yo, con toda mi cortesía, le dije que no había ningún problema, que podía esperar.
Y así fue, esperé hasta que cambió la llanta y llegamos a casa de Darcy, la cual lucía como si nadie estuviera dentro.
Mis nervios se elevaron. “Esto no está pasando”, me repetí mil veces. Aumenté el paso y toqué la puerta… segundo toque… tercero… inhalo… cuarto.
Abren la puerta. Es Uriel, sudado, con pantalones que parecen de pijama y una cara de muy pocos amigos, sonrojado. Supongo que estaba haciendo ejercicio… espero que sea con máquinas. Desvío ese tonto pensamiento y hablo lo más rápido que puedo.
El tiempo ya pasó. Son las nueve de la noche y quiero a mi hermana de vuelta.
—Buenas, disculpa si te molesto, solo vine a buscar a Emily —digo con una sonrisa tensa.
Su rostro cambia al saber quién soy. Abre los ojos con sorpresa y extrañes.
—¿Cómo sabes dónde vivo? —pregunta.
Creo que no prestó suficiente atención. Aclaro mi garganta y respiro hondo.
—Vengo a buscar a Emily, te lo acabo de decir.
Estoy cansada y enojada. No quiero ser ruda con él, pero estoy en mi límite. No tengo tiempo para pensar en que me ignoró todos estos días y, aparentemente, está muy bien. Porque, bueno, para tener ese cuerpo, supongo que uno ha de estar bien nutrido, ¿no?...
Intento ignorar su apariencia y fisgonear dentro de la casa, pero su altura no me lo permite como quisiera.
—No sé quién es Emily —dice, negando con la cabeza.
—No puede ser, ¿vive aquí Darcy? —respondí rápidamente mientras entraba de golpe, buscando a mi hermana con la mirada.
Me seguía con una cara de preocupación y yo rebuscaba en la sala, la cocina y el comedor, hasta que terminé en su habitación inconscientemente.
—Sí, es mi hermana, pero no está. Dijo que iría a una fiesta con sus amigos. ¿Estás bien, Pilar?
Quería decirle que no, pero estoy tan enojada que sentí mi piel arder. Sé que estaba roja y con el ceño fruncido. Volvió a hablar:
—Pilar, escúchame...
Tomó mi mano, ya que no respondía. No podía. Todo me empezó a dar vueltas, quería vomitar, estoy realmente cansada. Elevé la mirada, sus ojos demostraban preocupación, pero mi entorno se volvió negro...
Si está donde pienso… esos idiotas, los hermanos de Liam, solo piensan en ofrecer fiestas ridículas para drogar chicas.