Orgullo y problemas
⌘ Dakota
De acuerdo… Me he metido en un lío que ni yo mismo me esperaba.
La vida en general puede ser un asco para la gente como yo. Hay que tener cuidado. No ser demasiado llamativo. Ni provocar a los que pueden meterte en problemas.
Esto se me da fatal. No soy una persona ni serena, ni pacífica, ni, mucho menos, sumisa. No se me da bien mostrar respeto y mi boca va demasiado deprisa, por lo que siempre hablo mal y puedo molestar a la gente inadecuada.
Estar en una universidad donde abundan los coronados ricachones no es bueno para mi salud. Los detesto con toda mi alma y soy incapaz de esconder mi irritación cada vez que me cruzo con uno.
La mayoría pasan de mí y solo me ven como un insecto molesto. Tampoco es que abulte lo bastante para ser tenido en cuenta. Es el problema con los vínculos: somos bajitos, menudos y con el cuerpo tan delgado que nunca nos tienen en cuenta.
Soy pequeño y poca cosa, pero cuando quiero (y cuando no quiero, también) puedo ser tan puñetero que acabo en el despacho del director (que es un coronado) más veces de las recomendables.
Es que me jode que los vínculos seamos tan rechazados solo por haber nacido vínculos. No tiene sentido. A nosotros se nos da mejor unas cosas y a ellos otras. Los coronados son más analíticos, más cerebrales, se les da mejor las matemáticas, la economía, el derecho y esas cosas que requieren más serenidad y frialdad. Son un témpano de hielo con patas, que apenas tienen expresiones faciales.
Luego estamos los vínculos, que somos más creativos y viscerales. Gracias a nosotros existe la literatura, la música y la pintura. ¿Pensabas que Beethoven o Dickens eran coronados? Pues no. Si lo hubieran sido, no habrían creado obras de arte, sino manuales monótonos de cómo fabricar una nevera.
Por eso los coronados nos consideran inestables y que tomamos decisiones equivocadas. Habrá de todo, digo yo, pero reconozco que yo no suelo tomar muy buenas decisiones. Es culpa de mi madre (es una gris), es demasiado temperamental y he salido a ella (multiplicado por diez).
También se me da bien irme por las ramas y contar cosas que no le interesan a nadie. Si volvemos al presente (que no me apetece en absoluto) me encontraré en la situación más incómoda y fastidiosa de mi vida.
Estamos a últimos de mes y eso significa que nos hacen una evaluación a todos los vínculos de la universidad. Sí, solo a los vínculos, los coronados se libran de esta tortura porque ellos nacieron guapos y en familias adineradas. Es tan difícil ver a un vínculo con dinero y prestigio que ver a un coronado en la cola del paro.
Luego están los que son ricos y famosos por su arte, pero tampoco es que tengan demasiadas libertades: un coronado debe gestionar sus finanzas, porque un vínculo manejando dinero es igual de peligroso que un móvil sin contraseña.
Que vuelvo a desviarme. Todos los vínculos estamos con los nervios de punta. Sabemos que es el DÍA y que uno a uno seremos llamados para que acudamos a la enfermería. Tengo suerte que mi apellido empiece por R, soy de los últimos, aunque también mi incertidumbre se dilata mucho más tiempo.
Me siento como en una película slasher, esperando a que el asesino me encuentre y decida si ya es el momento de matarme.
Todos los meses se repite el mismo baile de vínculos yendo y viniendo, pero no sabemos si en alguno seremos considerado "invalido". Si esto llega a pasar seríamos expulsados de la universidad y nuestro expediente se vería seriamente perjudicado.
Los vínculos estamos aquí becados y no pierden oportunidad de recordarnos que somos una obra de caridad y que permiten que ensuciemos su preciada universidad porque son muy bondadosos.
Y una leche. Les interesa que de puertas para fuera los consideren tolerantes y solidarios, que dan la bienvenida a todo el mundo... Pero todo es fachada. Además, si alguno de nosotros acaba siendo famoso por escribir el próximo premio Nobel o por componer el nuevo Despacito, se llevarán su parte de mérito.
Lo peor es que la mayoría de nosotros nos quedaremos en casa después de casarnos, crearemos la música para un anuncio de comida para gatos o pintaremos el mural que decora la pared de la iglesia.
Creo que ya nacimos resignados. En cuanto descubres que serás un vínculo ya puedes echar tus sueños grandiosos a la basura. A mí me cuesta mucho aceptar esto, me jode muchísimo, pero mis padres y mis profesores me piden que sea humilde y acepte que seré alguien sin oportunidad para elegir.
¿Sabéis lo frustrante e irritante que resulta esto? ¿Que te rechacen y te etiqueten solo por ser tal o cual? ¿Que da igual cuánto luches, porque será inútil?
Mi forma de ser no me permite rendirme tan fácilmente. Es que me sale de dentro y soy incapaz de controlarme. Y esto me va a traer más de un problema. Ya lo estoy viendo venir.
Me siento tan rígido que me duele hasta el alma. Soy como uno de esos muñecos con hilos que están muy tirantes, como si alguien tirara de mí desde arriba. Siempre agradezco ser de los últimos en ser llamados, pero al final me pasa factura y me pongo tan nervioso que me acaba doliendo la cabeza.
Han llamado a un chaval que se apellida Phillips, eso significa que vamos por la P: por lo que me queda una letra. Y todavía no sé si hay algún alumno que su apellido empiece por Q.
De aquí a media hora ya estaré de camino a la enfermería.
Después de la evaluación los alumnos ya no regresamos a nuestras clases por ese día. Nos vamos a casa porque acabamos doloridos y muy avergonzados.
El camino hasta la enfermería es humillante porque todos los coronados te ven y te miran como si llevaras la letra A en la frente de adúltero. Todos saben adónde vas y se burlan de ti sin apenas disimulo.
Todos los meses igual. Todos los puñeteros años de universidad el mismo suplicio. Todavía me pregunto por qué lo soporto y no me voy a una universidad solo para vínculos.
Soy demasiado terco y gilipollas para ceder.
Y si deseo tener alguna oportunidad para poder dedicarme a mi mayor sueño: ser escritor de novelas de terror, pues necesito el apoyo de una universidad poderosa. Aunque sean todos unos capullos.