Cuándo el silencio habla

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Summary

Clara ha construido un muro invisible a su alrededor: el bloqueo emocional que arrastra desde su adolescencia la mantiene alejada de todos, incluso de sí misma. Sus días transcurren entre rutinas seguras y silencios incómodos, convencida de que sentir demasiado es sinónimo de dolor. Hasta que aparece Lucas, un joven que no teme tropezar con ese muro una y otra vez. A través de pequeños gestos, paciencia y una extraña capacidad para ver más allá de lo evidente, Lucas descubre grietas en la coraza de Clara. Pero enamorarse de alguien que no sabe cómo dejarse amar puede ser tanto un regalo como una herida. La historia es un viaje de dos personas que, en su encuentro, aprenden que abrir el corazón no siempre significa perder, sino finalmente encontrarse.

Genre
Romance
Author
Tamara
Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

capitulo 1 el muro invisible

Clara tenía la costumbre de mirar el mundo sin tocarlo. Observaba las calles llenas de prisa, las sonrisas espontáneas de la gente, los saludos entre desconocidos... y, sin embargo, todo eso parecía pertenecer a un idioma que ella había olvidado aprender.

Cada mañana se colocaba el delantal de la cafetería "El Rincón Azul" como quien se pone una armadura. El tintineo de las tazas, el vapor de la máquina de espresso y el murmullo constante de conversaciones eran su campo de batalla. Allí se movía con pasos seguros, palabras medidas y una sonrisa cortés que no llegaba a encenderse en sus ojos.

La rutina era un refugio. Nadie esperaba demasiado de ella: servir un café, limpiar una mesa, cobrar una cuenta. Y eso le bastaba. Era más fácil vivir detrás de un mostrador que enfrentarse a los ecos de un pasado que todavía dolía.

Ese lunes de octubre, la lluvia golpeaba los cristales como si quisiera entrar. Clara acomodaba los azucareros sobre las mesas vacías cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse.

Un chico entró con paso ligero, sacudiéndose el cabello húmedo. Llevaba una mochila al hombro y los cordones de las zapatillas desatados, como si hubiera salido corriendo sin pensar demasiado en los detalles.

-Buenos días -dijo, con una sonrisa que parecía más grande que la cafetería entera.

Clara levantó apenas la vista y asintió, sin responder. Se acercó al mostrador, donde él ya esperaba.

-Un café negro, por favor. Sin azúcar.

Ella tecleó el pedido en la caja y comenzó a preparar la taza. Notó que él no apartaba la mirada, como si observar cómo servía café fuera un espectáculo digno de atención. Esa insistencia la incomodó.

-Dos euros con veinte -dijo al fin, colocando la taza frente a él.

El chico buscó unas monedas en el bolsillo y se las entregó, pero no se movió de inmediato hacia una mesa.

-¿Siempre está tan tranquila esta cafetería? -preguntó.

Clara parpadeó, sorprendida por la conversación inesperada. Dudó un segundo antes de responder.

-Depende del día.

-Entonces tuve suerte hoy. Me gusta el silencio.

Clara no supo qué decir. Normalmente, los clientes hablaban entre ellos o se marchaban sin más. Nadie buscaba diálogo con ella. Había aprendido a cortar cualquier intento con respuestas cortas, y esperaba que ese chico entendiera la señal.

Pero él sonrió de nuevo, como si su monosílabo fuera suficiente combustible para seguir hablando.

-Soy Lucas -se presentó, como si fuera lo más natural del mundo.

Ella tragó saliva y bajó la mirada.

-Clara.

Fue la primera vez en mucho tiempo que pronunció su nombre en voz alta para un desconocido.

Lucas asintió con satisfacción, como si acabara de ganar una pequeña batalla invisible.

-Encantado, Clara.

Se alejó entonces hacia una mesa junto a la ventana, dejando tras de sí un extraño eco en el pecho de la chica. Un eco que Clara no estaba segura de querer escuchar.