Entre Dos Mundos

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Summary

Eda siempre supo que era diferente, aunque nunca entendió por qué. Entre las murallas de su aldea se siente prisionera, hasta que un encuentro inesperado con un enigmático elfo del bosque, despierta preguntas y sentimientos que jamás había imaginado. Pero cuanto más se acerca a él, más descubre que su mundo está construido sobre secretos peligrosos... y que seguir a su corazón podría poner en riesgo todo lo que ama. Un romance prohibido. Dos mundos enfrentados. Una verdad que lo cambiará todo.

Genre
Romance
Author
Dayana
Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
13+

El Azar Disfrazado De Destino

En un pueblo colonial, entre calles empedradas y balcones de madera adornados con bugambilias, vivía Eda. Sus días se consumían entre el bullicio del mercado y el tañido lejano de las campanas de la iglesia, pero siempre llevaba consigo una sensación extraña: que su destino no estaba atado del todo a esas murallas blancas ni a los rezos que repetía el pueblo.

Una tarde, mientras salía de las murallas con el pretexto de recoger agua del río, entre los reflejos del agua clara apareció un hombre diferente: cabello plateado, orejas largas y puntiagudas, ojos verdes como esmeraldas recién pulidas. Era un elfo, perteneciente a un linaje que, según las viejas crónicas, jamás se acercaba a los humanos.

El encuentro fue súbito y peligroso. Una criatura del bosque, como una cabra más grande de lo normal, se abalanzó contra él. Tenía el tobillo atrapado en una trampa hecha por humanos para bestias. Eda, con un gesto instintivo, lanzó una piedra que distrajo a la criatura... así podría intentar desatar al elfo, pero en realidad fue su propio movimiento torpe el que hizo que la bestia cambiara de objetivo.

La criatura se lanzó contra ella, algo que no esperaba. Tropezó y callo al suelo, cubrió su rostro esperando lo peor. Pero al abrirlos, ya estaba derrotada: el elfo le había disparado con sus flechas, derribando a la bestia. Él creyó que ella lo había salvado; ella creyó que él, con su arco tensado, la había protegido. Ninguno fue héroe del otro: fue el azar, disfrazado de destino, el que unió sus caminos.

-¿Qué te hizo pensar que esa roca iba a alejarlo? -dijo el elfo mientras ella intentaba liberarlo de las cuchillas afiladas que perforaban su pie. Ella sabía cómo funcionaba.

-Si de astucia hablamos, fuiste tú quien cayó como conejo en la trampa -respondió Eda, evitando mirarlo directamente.

-Tu gente cree que solo existen bestias además de ellos -reprochó el elfo.

Ella terminó de quitarle el cepo bruscamente.

-No deberías estar aquí -murmuró, alejándose y recogiendo su balde.

-¿Por qué? ¿Por qué no puedo? ¿Acaso me van a capturar como a un animal? -replicó el elfo con remordimiento.

Eda se alejó dándole la espalda, cuestionándose a sí misma si había errado al querer salvarle. Estaba frustrada porque, al final, había terminado siendo él quien la salvo a ella.

-¡¿Qué se cree?! -exclamó, dándole una patada a una roca-. Es libre, puede ir donde quiera sin tener que buscar un pretexto o excusa... -volvió a patear-. ¡Elfo tonto!

Se cubrió rápidamente la boca al recordar que todo lo que acababa de hacer estaba estrictamente prohibido para los humanos.

Mientras tanto, el elfo olvidaba su dolor en medio del odio hacia los humanos por su apropiación de territorio. Aquella humana le había recordado su lugar y sus límites, algo que le hacía sentir impotente. Pero dejando de lado la diferencia entre ellos, se sentía culpable: no había sabido agradecer lo que ella había hecho por él. Y, al mismo tiempo, le molestaba que una humana lo hubiera salvado.