Prologo
El tintineo Incesante de la única bombilla que había en esa habitación, no hacían sino acrecentar mi dolor de cabeza. Y lo malo era que no me veía facultado, para levantarme y apagarla entre otras cosas porque tenía las manos atadas.
Y dime Félix , ¿porque has metido las narices donde no te llaman?- dijo una voz de hombre, que se colocó justo delante de mí.
- Y ¿por qué debería responderte?- le contesté, con cierto tono de sarcasmo- acaso ganó yo algo a cambio.
- Quizás mantener la vida resulte bastante incentivo- dijo el hombre al que no podía ver el rostro pues lleva una máscara gris, con una cicatriz que le atravesaba el ojo.
- No puedes matarme, sabes que todo el mundo iría tras de ti, y aunque yo no te haya visto la cara las cámaras del aparcamiento donde me capturaste si te vieron.
- Acaso creees que soy tan estúpido para mancharme las manos con un trabajo que pueden hacer otro por mí- me dijo con aire de superioridad.
Lo cierto es que no había caído en la cuenta pero, ¿y si mi agresor no estaba solo?¿y si todo esto formaba parte de algo mucho mayor?
Lo único que tenía claro es que las horas pasaban y yo seguía atado a la silla y no tenía esperanzas de salir de allí a corto plazo.
Tenía los músculos agarrotados por haber estado tanto tiempo en la misma postura. Sentía mis manos entumecidas y tenía un incesante dolor en la nuca, que indicaba el fuerte golpe que había recibido, cuando me capturaron.
De pronto mi captor, recibió una llamada y se alejó de mí para que no lo escuchara. Me quedé en completo silencio, para ver si podía escuchar algo, pero tan solo distinguir cuatro palabras que me dejaron congelado:
( ha llegado su hora)