Invitación Cordial
El vecindario donde vivo con mi familia es bastante tranquilo. La mayoría somos familias con hijos universitarios que buscan comodidad y un lugar seguro para vivir. Mi hijo Takato, tiene 24 años y pronto se graduará como ingeniero en Sistemas y Programación. Su madre y yo hemos estado casados por casi 25 años. Nos convertimos en padres muy jóvenes con 18 años y aunque sentí que parte de mi vida se vio truncada por el nacimiento de mi hijo, estoy consciente que no me arrepentiría de nada. Mi hijo es mi mayor orgullo. Trabajo como contratista, teniendo mi propio negocio. Y eso es lo que hago, a mis 42 años solo me dedico a trabajar, para pagar las cuentas y vivir de forma decente.
La casa que está al lado de donde vivo, estuvo vacía hasta hace poco. Cuando mi hijo vio a la nueva vecina, sin rodeos me dijo que le parecía atractiva. Cuando yo la vi, lo único por lo que rogaba era que no fuera una mala vecina. Sobre todo porque es extranjera. Takato, realmente está interesado en ella, inclusive se ha levantado más temprano para salir a correr y topársela mientras ella se ejercita. Ella se muestra cordial con él y en ocasiones conversan en inglés. Supongo que ella no domina tanto mi idioma. Mi esposa no está tan convencida ya que por lo que se sabe, es una mujer mayor a mi hijo, tendrá unos 30 años aproximadamente. Yumiko, mi mujer, cree que es una mujer vulgar y vanidosa que disfruta pasearse con shorts cortos y blusas escotadas, Takato siempre se molesta con ella, porque May (Así se llama) es solo una mujer guapa que tiene algo que lucir.
En el grupo de vecinos en WhatsChat, apenas contesta. Y es por eso que he podido darme cuenta de una cosa: Ella tiene una rutina apretada en verdad, incluso más apretada que la mía. Su foto de perfil es simple, una fotografía de ella con traje en alguna clase de exposición. Hoy mi día ha terminado y regresé a casa. Mi hijo está en su habitación, haciendo algunas tareas de la universidad y mi esposa en la cocina, preparando la cena.
-Ya pagué las tarjetas de crédito.- Le dije a mi esposa mientras yo tomaba un poco de agua.- Me siento tan cansado.
Yumiko no me respondió. Últimamente no lo hace. Así que mejor decidí regar las plantas de afuera. Me cambié la ropa por algo más cómodo. Jalé la manguera del jardín hasta las plantas y comencé a regar. Sinceramente, hacer esto me relaja bastante. No pienso en absolutamente en nada, cuando estoy haciendo esto. Pero, apareció ella caminando por la acera, se detuvo un momento, pensé que me diría algo en inglés pero en cambio me habló con facilidad en mi idioma.
-Bonitas plantas, vecino.- Me dijo levantando la mano en señal de saludo. Parece que trabaja en alguna oficina, usa un traje muy bonito de color negro con tacones.
Simplemente le sonreí de forma cordial. Ella se retiraba cuando Takato, salió corriendo a alcanzarla:
-¡Hola May!- Mi hijo le dijo recuperando el aire.- ¿Te gustaría cenar con nosotros?
La mujer se quedó quieta ante la propuesta de mi hijo. Lleva 4 meses aquí y apenas quiere convivir con mi hijo. Estaba atento escuchando lo que ella podría responderle.
-Si a tus padres no les molesta. Con gusto Takato. -ella dijo mirándome de reojo.
Ella tenía algo que me desconcertaba, no sé si era su juventud o su belleza, o esa forma tan franca de dirigirse a nosotros. Meilin estaba en mis pensamientos, se coló poco a poco. No sé qué hacer, me siento extraño. Miro como mi hijo la corteja sin éxito y eso no debería de alegrarme, pero por alguna razón lo hace. Mi esposa no me perdonaría esto, pienso en otra mujer. La forma en la que camina me vuelve loco, esa mirada tan sensual que tiene no me deja concentrarse. No podía dejar de pensar en ella. Estaría en mi casa, en mi mesa y eso a mi esposa no le agradaría.
-Papá ¿Verdad que puede cenar con nosotros? - Me pregunta mi hijo.
Yo regresé en sí.
-Si, por supuesto. - sonreí. Me aclaré la garganta. - No hay problema hijo.
- ¡Maravilloso! - dijo ella juntando las manos. - Entonces estaré ahí para la cena.
Yo sonreía con la cara tensa, viendo como ella regresaba a su casa. Se ve tan elegante y guapa, todo de ella es bello. La forma de su cuerpo es voluptuosa y solo hace que piense en saciar instintos que creía perdidos. Rumiko, ya no quiere sexo. Llevamos casi un año así. Y no sé, ver a esa chica tan linda, hizo que algo despertara en mí, un deseo incontrolable de hacerla mía. Que decepción se llevaría mi hijo, al saber que su padre quiere acostarse con la vecina. Si ella llegase a convertirse en mi nuera, sería un problema. Me enloquece, de verdad me pone mal. Como si estuviera en un embrujo bajo sus encantos.
Takato entró a la casa. Rumiko, se enfadaría. Supongo que ya se dio cuenta que miro de más a la vecina y está celosa. Pero, aun así, aunque le he pedido sexo, me lo niega.
Yo seguí regando las flores de la entrada. Mordía mis labios y estaba tentado a escribirle. Podría tomar su número del grupo de vecinos. Pero ¿Qué tal si estaba malinterpretando todo? Tal vez era mi imaginación. Una vez que terminé, regresé a casa para ayudar a acomodar la mesa. Contaba los minutos y segundos para verla.
- ¿No entiendo para que la invitaste? - pregunta mi esposa, evidentemente molesta. – Que sea la primera y última vez, Takato.
-Mamá, ella me gusta ¿No puedes tratar a si a la chica que me gusta?
Takato me miró para que yo interviniera. Me sobé el cuello nervioso.
-Creo que es una chica agradable y no es mala. Si a Takato le gusta, está bien. - Respondí un poco temeroso a la reacción de mi mujer.
- ¡Es una vulgar! ¿No te das cuenta que clase de mujer, es? Mírala Takato.
-Ella es maestra en una universidad. No porque sea sexy es vulgar. - Contestó mi hijo.
Se escuchó el timbre y yo me ofrecí a abrir. Me acerqué y antes de hacerla pasar, traté de calmarme. Abrí y ella me miró con esos ojos azules como zafiros y sonreía como una pequeña angelita. El vestido ceñido que traía en color rojo, solo estaba provocándome más.
-Adelante. - Dije mientras daba el primer paso hacia dentro de la casa.
-Gracias por recibirme señor Yamato. - Respondió sonriéndome.
Su piel es tan blanca que estoy tentado a morderla y marcarla solo para mí.
Takato apareció en la puerta que da al comedor.
- ¡Bienvenida May! - la recibió con alegría. Mi hijo estaba muy nervioso con la presencia de esa mujer.
Se acercó a ella y la tomó suavemente por la cintura. No pude evitar molestarme, pero es mi hijo y si yo caigo con ella jamás me lo perdonaría. Era como tener al mismo diablo frente a ti.
-Mamá, la profesora May…ya está aquí. - Yo los seguí hasta el comedor. Yumiko salió de la cocina con una vaporera con arroz. Me indicó que sacara la carne del horno. Veía la molestia en su rostro. Yumiko, últimamente no se siente segura de sí misma y se ha obsesionado con el maquillaje y cosas así.
La cara de mi esposa estaba arrugada, tensa, denotando esa molestia.
-Bienvenida profesora. -Dijo ella haciendo una incómoda reverencia.
Coloqué la bandeja de carne sobre la mesa y continúe preparando la mesa. Ella me miraba y me sonreía. No podría sentirme más incómodo y más estúpido. Parecía un adolescente enamorado.
-Takato es muy amable por invitarme. Agradezco su invitación. - Dijo May en un japonés pulido con acento.
-Lo hago con gusto May. Supongo que por venir de otro país se te ha dificultado interactuar. - mi hijo comienza a platicar con ella, mi hijo la quería para ella.
-Un poco, algunos japoneses son demasiado serios y tú eres bastante extrovertido. - Ella colocó su mano en el hombro de mi hijo.
No podía dejar de mirarla. La veía de reojo de vez en cuando. Que belleza.
-Takato, es un niño bueno. - Respondió mi esposa a la defensiva. - Es un niño sin vicios solo dedicado a estudiar.
No sabía que decir. La extranjera se mordió los labios, ya notaba la frustración.
-Bueno, sí. Es un chico muy bueno y muy amable. Ha sido demasiado bueno conmigo desde que llegué. Igual el señor Yamato. - En ese momento mi cuerpo se tensó ¿Qué demonios le pasa? Yo apenas le hablo y me acerco a ella. Maldita. Quiere que me disguste con mi esposa ¿Es ese su sucio plan?
Sonreí de forma forzada. Mi esposa me miró con tanta rabia. La despreciaba.
-Somos vecinos, los vecinos se apoyan. -Respondí. - Además no eres una mala chica.
May se quedó en silencio, sus ojos reflejaban una gratitud que nunca había visto.
-Gracias señor. Me recuerda tanto a mi padre. - Me chocó un poco su respuesta, pero no quedaba de otra.
Cuando logramos sentarnos a la mesa, ella buscó acercarse a mi hijo. Takato estaba fascinado, nunca había interactuado con una mujer así.
- ¿Entonces eres doctora en física? – Le pregunte a la preciosa vecina.
-Sí, yo terminé el doctorado hace 2 meses. Espero poder dar clases en otros niveles educativos. - respondió ella. Ella usaba cubiertos pues decía que los palillos se le dificultaban.
-Eres muy inteligente. Después de graduarme quiero especializarme en programación. – continuó mi hijo.
Yumiko, no estudió la universidad. Se dedicó a cuidar a nuestro hijo y a ser ama de casa. Ella solo escuchaba en silencio como ambos platicábamos con la mujer rubia, que nos robaba los sentidos.
El ceño fruncido de mi esposa era lo más evidente. Su silencio era abrasador. Me sentía asqueado por pensar en engañar a la mujer que dedicó su vida entera para cuidar de mí y de nuestro hijo. Mis pensamientos juegan conmigo, con mis emociones y mi vida. May era como una termita que comenzaba a dañar mi psique. ¿Qué clase de mujer es? ¿Me siento atraído porque es una mujer distinta a las que he visto?
La cena terminó. Ella ayudó a levantar la mesa.
-Voy a recostarme. – Mi esposa nos dijo a los 3.- Gracias por venir profesora. Con permiso.
Yumiko hizo una reverencia. No le preocupaba que levantáramos la mesa. Regularmente Takato llevaba la vajilla al fregadero y yo lavaba.
-May ¿Quieres ver lo que estoy programando? - Preguntó mi hijo.
Ella le sonrió.
-Por supuesto. - respondió.
Takato salió del comedor, iría por su laptop para mostrarle su proyecto. Ella estaba detrás de mí. Sentía su presencia, su cercanía, esa calidez que me enloquecía, su aroma…Comencé a lavar los platos, esperando a que ella continuara la plática. Estábamos solos. Tal vez, ella quería que yo dijera algo, pero no. Soy tímido. Un japonés promedio no acostumbra a conversar libremente con las mujeres.
Volteé la mirada. Ya no estaba. Me alarmé. Ella no podría irse así. Me acerqué a la sala y ella estaba sentada en sofá más pequeño. Medio sonreí.
- ¿Gustas café? - pregunté.
-No, gracias.
-Bien. - Contesté. Mis manos temblaban. - Continuaré con lo mío.
- ¿Eres contratista verdad? - la escuché decir. Me estaba tuteando. No tendría que hacerlo, no hay confianza entre nosotros.
-Háblame de usted. Soy mucho mayor que tú. - respondí un poco frío.
Su mirada me retaba. Esa sonrisa ladina que mostraba. Me excitaba pensar que ella tuviera esas agallas para tratarme así.
-Lo lamento. A veces olvido que estoy en otro país. Discúlpeme. - Vi como bajó la mirada. Decepcionada talvez.
-No, discúlpame a mí. De verdad lo siento. No quise incomodarte.
Ella se levantó al ver a mi hijo. Takato simplemente no cuestionó nada. Terminé las labores en la cocina y me retiré a dormir. Ambos se quedaron en la sala platicando. No sé a qué hora ella se retiró. Pero sé que frecuentarla más, hará que enloquezca.