Capítulo 1
Año 1491 del calendario del Círculo Marino, West Blue.
El Reino Grisgall, un país olvidado por el tiempo y la moral, agonizaba entre la pobreza y la corrupción. Con apenas cinco mil habitantes, sus calles polvorientas estaban llenas de hambre, miedo y abandono. Los reyes solo pensaban en llenar sus cofres, indiferentes al sufrimiento del pueblo. Sin estar afiliado al Gobierno Mundial, el reino era presa fácil de piratas y bandidos, quienes saqueaban a voluntad mientras el ejército permanecía inmóvil, obediente a los deseos de la realeza.
En medio de un campo vacío, bajo un cielo despejado, un niño de seis años yacía boca abajo en la tierra. De pronto, sus ojos se abrieron con un sobresalto.
“¿qué está pasando?” exclamó el niño con voz temblorosa.
Rápidamente se giró para quedar boca arriba, observando el cielo azul con confusión. Se sentó, mirando a su alrededor, pero no había nadie cerca. Solo el canto lejano de los cuervos rompía el silencio.
“¿dónde estoy? si, yo morí, en mi departamento, ¿será posible que... reencarné? ¿pero en dónde?” murmuró el niño mientras intentaba recordar los últimos momentos de su vida anterior.
Entonces, como si el universo respondiera a su pregunta, una pantalla translúcida apareció frente a él, flotando en el aire.
[Sistema Imperial, carga completa]
“¿Sistema Imperial? ¿qué es eso?” pensó el niño, sorprendido.
Otra pantalla emergió justo encima de la primera.
[El Sistema Imperial sirve para ayudarte a crear tu propio imperio.]
“¿crear un imperio? entonces... muéstrame mi estado” pensó el niño.
Una nueva ventana se desplegó ante él
[Estado del Usuario]
[Nombre: Kael Darius]
[Título: Ninguno]
[Imperio: Ninguno]
[Población: 0]
[PI: 1,000]
[PI por semana: 0]
“¿Kael Darius...? ¿ese es mi nombre ahora?” pensó el niño mientras observaba los datos.
No hubo respuesta, el sistema parecía solo reaccionar a ciertas preguntas.
“¿qué son los PI?” pensó Darius
[Los PI son Puntos Imperiales que sirven para comprar tropas, personajes especiales, habilidades y objetos en la tienda del Sistema.]
“¿y cómo los consigo?” volvió a preguntar Darius al Sistema.
[Los PI se obtienen semanalmente. La cantidad base equivale al 10% de la población que viva en tu imperio. Esta ganancia puede variar según el estado emocional y la lealtad de tus súbditos.]
“¿cómo afecta eso?” pensó Darius.
[Si las personas te temen o están enojadas contigo, la ganancia se reduce a la mitad.]
[Si son neutrales, se mantiene normal.]
[Si están felices de ser gobernadas por ti, se duplica.]
[Si te son leales hasta la muerte, se duplica nuevamente.]
“Entonces, para maximizar las ganancias necesito que todos me sean leales hasta la muerte” pensó Darius, llevando una mano al mentón como si fuera un estratega veterano.
“aunque aún no sé dónde estoy, esto... parece una segunda oportunidad” pensó Darius.
Con decisión, abrió la tienda del Sistema y comenzó a explorar.
Primero revisó la sección de tropas. Consideró gastar los puntos en un batallón de 20 droides B1.
“podría tomar el reino por la fuerza”, pensó Darius, pero rápidamente desechó la idea.
“la gente se rebelaría de inmediato si los domino con violencia” reflexionó Darius.
Cambiando de categoría, navegó hasta “Personajes Especiales”. Ahí, algo llamó su atención.

[HUNK - El Sobreviviente]
[Origen: Resident Evil]
[Costo: 1,000 PI]
“es fuerte, sigiloso, y no hace preguntas, perfecto” pensó Darius, y sin dudarlo, ordenó mentalmente:
“comprar” pensó Darius.
[PI: 1000 - 1000 = 0]
[compra realizada]
Fueron las notificaciones del sistema.
Pero HUNK no apareció por ninguna parte.
Kael frunció el ceño.
“¿funcionó...?” pensó Darius viendo a todos lados pero no vió a nadie.
Darius esperó pacientemente durante más de dos horas, sentado en la orilla del río que bordeaba el Reino de Grisgall. El sol comenzaba a descender en el horizonte cuando, a lo lejos, divisó una pequeña embarcación acercándose lentamente.
A medida que el bote se aproximaba, Darius pudo distinguir a un hombre vestido completamente de negro. Llevaba un pasamontañas que cubría su rostro, dejando solo al descubierto sus ojos, protegidos por unas gafas de sol oscuras. En sus manos sostenía un rifle de chispa, y en su espalda colgaba una katana. Alrededor de su cintura, varios cuchillos estaban cuidadosamente enfundados.
El hombre desembarcó con agilidad y se acercó a Darius. Al estar frente a él, se arrodilló sobre una rodilla.
“He estado buscándote durante mucho tiempo, joven maestro. Estoy a tus órdenes” dijo HUNK con devoción en su voz.
“¿Cómo te llamas?” preguntó Darius con curiosidad.
“Mi verdadero nombre lo olvidé hace mucho tiempo, después de asumir tantas identidades en mis misiones. Pero puedes llamarme por mi nombre en clave: HUNK” respondió HUNK con seriedad.
“¿Él es HUNK?” pensó Darius no muy convencido.
HUNK se levantó y regresó al bote, de donde sacó varias bolsas.
“He traído comida y ropa para usted, joven maestro” dijo HUNK con voz seria.
“¿Por qué trajiste toda esa comida?” preguntó Darius confuso.
“He estado buscándolo durante años, joven maestro. Hace unos días, mi último empleador me pagó con información sobre su paradero” dijo HUNK con su voz firme.
“¿Años buscándome? ¿Días? Pero si apenas hace dos horas que lo invoqué... ” Darius pensó, sorprendido.
Antes de que pudiera profundizar en sus pensamientos.
“¿Cuáles son sus órdenes, joven maestro?” HUNK preguntó.
“Quiero que me ayudes a apoderarme de este Reino. No importa lo que tengas que hacer, pero si puedes evitar matar a alguien, hazlo. Cuantas más personas vivan, mejor” fueron las órdenes de Darius.
Hizo una pausa.
“Solo mata a los gobernantes actuales” agregó Darius seriamente.
HUNK asintió y, llevando su puño derecho al pecho en señal de lealtad.
“Entendido, joven maestro” dijo HUNK con decisión y sin más palabras, se dio la vuelta y se dirigió hacia el reino para cumplir su misión.
Darius observó cómo se alejaba y luego tomó una manzana de las bolsas que HUNK había traído.
“Sistema, ¿por qué HUNK se ve diferente? Esperaba que estuviera vestido con el uniforme militar negro con el logotipo de Umbrella y que tuviera un rifle de asalto” murmuró Darius mientras mordía la manzana.
Una pantalla apareció frente a él con la respuesta:
[Todas las unidades invocadas son adaptadas a este mundo. El uniforme militar que describes no existe aquí, ni la corporación Umbrella. Las armas son en su mayoría de chispa, razón por la cual no tiene un rifle de asalto]
Darius asintió, comprendiendo la lógica.
“¿Qué significa eso de que me ha estado buscando por años?” preguntó Darius confuso.
El sistema respondió:
[Todas las unidades invocadas tendrán sus propios orígenes e historias, pero con el único objetivo de encontrarse contigo]
Darius, aún intrigado, hizo otra pregunta:
“¿por qué HUNK me llama joven maestro?” preguntó Darius con curiosidad.
El sistema explicó:
[Todas las unidades invocadas conservarán sus personalidades, pero sus aspiraciones y deseos estarán alineados con tu imperio y te serán 100% leales. Incluso si en sus mundos originales eran traidores, nunca te traicionarán]
“¿me puedes dar un ejemplo, por favor?” pidió Darius.
El sistema proporcionó la siguiente información:
[Ejemplo: si invocas a Shimura Danzō del mundo de Naruto, él entrenará a un grupo de personas para convertirlas en ninjas ANBU sin emociones. Sus deseos y sueños estarán enfocados en engrandecer el imperio. Sin embargo, nunca buscará quitarte el cargo de emperador. Pero si estás en contra de que él envíe a sus ninjas a sabotear algún reino cercano para que el imperio lo absorba, simplemente lo ocultará, pero no pensará menos de ti]
Darius asintió lentamente, comprendiendo las implicaciones de sus futuras decisiones.
Mientras seguía comiendo, Darius regresó a la sección de tropas en la interfaz del Sistema. Al ver lo que apareció ante sus ojos, casi se atragantó con el bocado que tenía en la boca.
[Droide de batalla B1: Costo 50 PI y 10,000 Berries]
[Estado: Bloqueado]
[Requisitos: Tener un ingeniero en robótica en el imperio]
[Planos del Droide de Batalla B1: no adquiridos.]
“¿Qué significa eso?” preguntó Darius al Sistema, confundido.
[Los personajes, tropas y objetos comprados en la tienda del Sistema no aparecen de la nada. Por eso existen requisitos.]
“Si es así, ¿por qué entonces el costo pide PI y Berries?“, insistió Darius, frunciendo el ceño.
[Los PI representan el gasto de Puntos Imperiales para integrar las tropas al mundo en el que te encuentras. Los Berries son el costo de producción física de dichas tropas.]
“¿Y de dónde se supone que saco los Berries?” pensó Darius, cada vez más intrigado.
[Los Berries del Sistema provienen de la tesorería del Imperio.]
“Entiendo... ¿Y los planos del Droide de Batalla B1?” preguntó Darius mentalmente al sistema.
[Para crear droides o cualquier unidad similar, necesitas los planos. Así el ingeniero sabrá cómo construirlos]
Darius continuó navegando entre las opciones. Notó que podía comprar más soldados del Imperio, e incluso contratar mercenarios y piratas, aunque evidentemente no pensaba hacer eso... al menos por ahora.
Pero una unidad en particular llamó su atención: los soldados imperiales.
[Soldado del Imperio: Costo 120 PI, 1 Población, y 2,500 Berries/mes]
[Tiempo: Instantáneo]
[Estado: Disponible]
“Sistema, ¿por qué necesito pagar 2,500 Berries al mes por un solo soldado?” preguntó Darius al Sistema con cierto fastidio.
[Ese es el costo de mantenimiento. A diferencia de los droides, los soldados humanos necesitan alimentarse, recibir atención médica y salario.]
“¿Y por qué se necesita población para comprar un soldado del Imperio?” cuestionó de nuevo Darius al Sistema.
[Cada soldado es una persona que decide unirse a tu ejército. Por eso necesitas población disponible.]
“¿Qué significa ‘tiempo: instantáneo’ en este caso?” preguntó Darius aún con dudas
[Es el tiempo de entrenamiento básico. El soldado estará listo para servir inmediatamente.]
“¿Cómo funciona exactamente el proceso de compra con respecto a los costos y el tiempo?” pidió Darius, buscando una explicación más clara.
[Al comprar un soldado, los PI se gastan al instante. Los Berries, en cambio, se descuentan por mantenimiento semanal: el Sistema toma una cuarta parte del costo mensual cada siete días.]
[Nota: Si no tienes Berries suficientes o te niegas a pagar el mantenimiento, el soldado o los soldados serán dados de baja.]
“Hmm... Veamos qué hay en habilidades”, pensó Darius, y desplazó la interfaz hacia la sección correspondiente. Algunas habilidades estaban desbloqueadas, otras aún bloqueadas.
[Haki de Armadura: Costo 500,000 PI]
[Estado: Disponible]
[Haki de Observación: Costo 1,000,000 PI]
[Estado: Disponible]
[Haki del Conquistador: Costo 10,000,000 PI]
[Estado: Disponible]
[Red de Chakra Individual: Costo 2,500,000 PI]
[Estado: Disponible]
[Red de Chakra Imperial: Costo 2,500,000 PI por persona 100% leal al Imperio]
[Estado: Disponible]
“Sistema, ¿por qué hay una red de chakra individual y otra imperial?“, preguntó Darius, curioso.
[La red de chakra individual desbloquea la habilidad para que tú, o quien elijas, pueda usar chakra como en el mundo de Naruto.]
[La red de chakra imperial permite que cualquier persona que se una a tu Imperio y te sea 100% leal, adquiera automáticamente esa capacidad. El Sistema descontará los PI necesarios en cuanto la lealtad esté asegurada.]
“Ya veo... La mejor opción sería comprar la red de chakra individual para mí y mi harem” murmuró Darius para sí mismo con una sonrisa satisfecha.
Mientras tanto, en el corazón del reino, HUNK caminaba con el rostro oculto por una capucha oscura. Sus pasos eran silenciosos, calculados, como los de una sombra deslizándose por la ciudad. Se acercó a un puesto de máscaras y, sin decir palabra, eligió una con la forma de un demonio. La pagó y se la guardó con cuidado.
Después, localizó a un soldado que se dirigía a su hogar tras terminar su turno. Lo siguió sigilosamente a través de calles poco transitadas, memorizando cada movimiento.
“Paciencia” pensó HUNK mientras se mantenía oculto.
Esperó hasta que el soldado entró en su casa y se reunió con su familia para cenar. Aprovechando el descuido, HUNK se deslizó dentro, abrió un armario y tomó uno de los uniformes de repuesto. Sin dejar rastro, abandonó el lugar.
Su siguiente destino fue una casa aislada a las afueras del reino: el lugar donde Darius vivía.
“¿HUNK? ¿Ya cumpliste la misión?” preguntó Darius, sorprendido al verlo entrar tan pronto.
“Aún no, joven maestro, he venido para cambiarme e infiltrarme en el castillo” respondió HUNK con su tono calmado y neutral.
Sin más explicaciones, comenzó a quitarse el pasamontañas. Darius observó con curiosidad al ver que su rostro, a pesar de su misteriosa reputación, era más común de lo que imaginaba.
“Me retiro, joven maestro” dijo HUNK al terminar de vestirse con el uniforme militar, antes de desaparecer nuevamente en la oscuridad.
Su infiltración en el castillo fue un éxito total. Gracias a la falta de vigilancia adecuada y a la ausencia de altos mandos, logró patrullar por el lugar sin levantar sospechas. Sin embargo, su verdadera misión no era patrullar, sino estudiar todas las entradas, salidas y rutas de escape.
Cuando se aseguró de que el camino estaba libre, llegó hasta el cuarto de los reyes.
Justo entonces, un mayordomo tocó la puerta.
“Majestades, la cena está lista” anunció con voz formal, sin sospechar que el soldado a cargo de la guardia era en realidad un espía.
El rey y la reina salieron sin prisas hacia el comedor. HUNK, sin perder un segundo, se escabulló dentro de la habitación. Revisó cajones, estanterías y cofres con habilidad experta.
Para su suerte, encontró una carta rota arrojada a la basura. El contenido era claro: una solicitud firmada por el rey para anexar el reino de Grisgall al Gobierno Mundial.
“Interesante... Parece que tienen planes grandes” pensó HUNK con una leve sonrisa.
Además de la carta, tomó varios documentos oficiales en blanco, tinta, una pluma y el sello real con el emblema del reino: un cuervo posado sobre una corona. Usó el sello para marcar algunos documentos vírgenes y se los guardó.
Cuando el cuarto volvió a estar en silencio, salió y continuó su ronda sin alterar su comportamiento. Los reyes no notaron la ausencia de nada al regresar.
A la mañana siguiente, tras el cambio de guardia, HUNK abandonó el castillo y regresó a la casa de Darius. El joven aún dormía en una cama maltratada por el tiempo y el uso.
HUNK, aunque cansado, se mantuvo de pie junto a la puerta haciendo guardia, hasta que escuchó movimiento en el interior.
“¿Mmm...? ¿Ya amaneció?” murmuró Darius, todavía medio dormido.
“Me alegra que esté bien, joven maestro” dijo HUNK, saludándolo con el puño cerrado sobre el pecho.
“¿Cómo te fue en la infiltración?” preguntó Darius mientras se sentaba en el desvencijado comedor.
“La infiltración fue un éxito, joven maestro. Obtuve documentos que los reyes no extrañarán. Con ellos, podremos falsificar una carta oficial y asumir el control del reino” explicó HUNK mientras le mostraba la carta arrugada y los papeles sellados.
Darius lo miró con admiración sincera.
“Bien hecho... Ahora comamos algo” dijo Darius y señaló el asiento frente a él, y HUNK se sentó sin rechistar. Compartieron la comida en silencio durante unos minutos.
“Entonces, ¿vas a falsificar ese documento del que hablas?” preguntó Darius, masticando un trozo de carne que, aunque parecía recién cocinado, había sido guardado por HUNK desde el día anterior.
“Sí, joven maestro, voy a estudiar y practicar para copiar la letra y firma del rey” dijo HUNK mientras terminaba de comer.
“Espera” dijo Darius levantando la mano con firmeza.
“Lo mejor es que descanses, ya que te necesito al cien por ciento” añadió Darius con una expresión seria.
“Entiendo. Gracias, joven maestro” respondió HUNK con una leve reverencia antes de dirigirse a la cama improvisada en la esquina de la habitación.
Mientras HUNK dormía, Darius se sentó en su silla de madera astillada y abrió la tienda del sistema. Navegó entre las categorías hasta llegar a la sección de armas legendarias. Allí notó algo extraño: las espadas de la Niebla no estaban completas. Faltaban Samehada, las Kiba, Hiramekarei y Shibuki.
“¿Sistema, por qué no puedo comprar Samehada, las Kiba, Hiramekarei y Shibuki?” preguntó Darius con el ceño fruncido.
[Las siete espadas de la niebla están diseñadas para ser utilizadas por cualquier persona capacitada. Sin embargo, las cuatro espadas mencionadas no pueden ser fabricadas ni adaptadas por ningún herrero del mundo en el que te encuentras.]
[Samehada: su función es absorber chakra y convertirlo en energía para su portador. Es inútil en un mundo donde la mayoría de los seres vivos no poseen red de chakra.]
[Espadas gemelas Kiba: amplifican el elemento Raiton, canalizando rayos a través de las hojas. También resultan inservibles en un entorno sin chakra.]
[Hiramekarei: depende del chakra del usuario para moldear armas contundentes o cortantes. Su funcionalidad se ve anulada fuera de un ecosistema con chakra.]
[Shibuki: basa su daño en explosiones provocadas por sellos explosivos, imposibles de fabricar en un mundo sin conocimientos de Fūinjutsu.]
Darius apoyó el codo en la mesa y meditó en silencio. Tenía otra duda más urgente.
“¿Entonces... los Kekkei Genkai existen en este mundo?” preguntó Darius con interés.
[No. Los Kekkei Genkai no pueden manifestarse ni desarrollarse en el mundo actual.]
“¿Y si invoco a un ninja del mundo de Naruto, perderá su red de chakra?” preguntó ya pensando en que tropas podría invocar.
[No. Los ninjas invocados conservarán su red de chakra, sin embargo, si poseen un Kekkei Genkai, este se desactivará automáticamente al adaptarse al entorno del nuevo mundo]
“¿Y qué ocurre con los Hyūga y los Uchiha?” preguntó Darius con creciente interés.
[Los Uchiha conservarán el Sharingan, pero serán conocidos como miembros de la ‘tribu de los ojos cambiantes’. Los Hyūga, por su parte, serán reconocidos como la ‘tribu de los ojos blancos’.]
“¿Cuál es exactamente la diferencia entre ambos?” inquirió Darius, cada vez más fascinado.
[Los Uchiha se especializan en el Kenbunshoku Haki. Su Sharingan les permite predecir movimientos y copiar estilos de combate cuerpo a cuerpo. También pueden inducir a sus enemigos en ilusiones visuales (genjutsu) que pueden ser disipadas con un Kenbunshoku Haki más avanzado que el del usuario o mediante una explosión de Haoshoku Haki]
[Los Hyūga, en cambio, dominan el Busoshoku Haki. Gracias al Byakugan, poseen visión de 360 grados hasta un radio de 200 metros, incluyendo visión interna y a través de objetos. Pueden causar daño interno sin necesidad de perfeccionar el Busoshoku Haki avanzado]
Darius entrecerró los ojos, ya imaginando cómo sería empuñar ambos ojos.
“¿Cuáles son sus limitaciones?” preguntó Darius con ilusión en sus palabras.
[Los Hyūga poseen una red de chakra limitada, lo cual los hace débiles en enfrentamientos prolongados. Los Uchiha tienen mayores reservas de chakra, pero sus Sharingan no pueden evolucionar ni acceder a técnicas exclusivas como el Amaterasu o el Susanoo.]
Darius suspiró, ligeramente decepcionado.
“Entonces no hay Mangekyō ni técnicas visuales avanzadas...” pensó Darius con un suspiro de derrota.
Aun así, no se desanimó. Aquel era solo el inicio. Su visión seguía clara como el acero templado: conquistar el mundo en el que se encuentra. Solo así podría forjar un orden basado en la libertad. Y para eso... primero necesitaría fundar un imperio.
Después de varias horas de descanso, HUNK despertó. Se reincorporó con calma, su cuerpo ya recuperado del agotamiento.
“¿Cómo te sientes?” preguntó Darius, acercándose con genuina preocupación en la voz.
“Mucho mejor, joven maestro. Me hacía mucha falta dormir” respondió HUNK con sinceridad, estirando un poco el cuello y los hombros.
“Bien, entonces sigue con tu plan para ayudarme a tomar el reino” dijo Darius en tono suave, ocultando su emoción bajo una fachada serena. Aún le costaba creer que estaba trabajando con alguien tan capaz como HUNK.
El mercenario asintió y comenzó a practicar con determinación la escritura del rey. Como ex-agente de la Cipher Phol y falsificador, no era la primera vez que imitaba caligrafías reales. Su pulso era firme. Su atención, quirúrgica.
Mientras HUNK trabajaba, Darius se sumergió nuevamente en sus pensamientos. Una duda que hasta ahora había ignorado le vino a la mente.
“Sistema, ¿en dónde estoy?” preguntó Darius mentalmente.
[El usuario se encuentra actualmente en el West Blue, en la isla de Grisgall.]
“¿West Blue...? Entonces sí, definitivamente estoy en el mundo de One Piece. Eso explica por qué HUNK solo tiene un rifle de chispa y cuchillos. Las armas modernas no existen aquí” pensó Darius, procesando la información lentamente.
“Sistema, ¿en qué año estoy?” preguntó mentalmente Darius con curiosidad.
[Es el año 1491 del calendario del Círculo Marino.]
“Eso significa que estoy a veintinueve años de que Luffy salga al mar... Roger será ejecutado en el 1500. Lo que quiere decir que ahora mismo el Gobierno Mundial está ocupado lidiando con él. Perfecto. Tengo nueve años para construir y fortalecer mi imperio sin que me noten” pensó Darius mientras cruzaba los brazos, con la mirada perdida en el techo desvencijado.
“Pero necesito estar completamente seguro” razonó Darius.
“Sistema, ¿puedes confirmarme si estoy en el mundo de One Piece?” preguntó Darius al sistema.
[Afirmativo. El usuario se encuentra en el mundo de One Piece.]
Darius sonrió levemente, pero no con felicidad. Era una sonrisa torcida, contenida, calculadora. El tipo de sonrisa que se dibuja en los labios de alguien que contempla a un peón en su sitio, alguien que ya ha comenzado a mover las piezas de una partida invisible.
“Entonces ya está... ahora tengo todo el mapa del futuro en mis manos” pensó Darius con frialdad.
Sus pensamientos se detuvieron cuando HUNK se acercó con varios papeles en la mano.
“Joven maestro, ya he redactado un testamento en nombre del rey. En él se le reconoce como hijo ilegítimo y heredero oficial, en caso de muerte del monarca y su esposa. Está firmado y sellado con el escudo real. Nadie se dará cuenta de que es falso” explicó HUNK, extendiendo el documento con orgullo.
Darius tomó el testamento y lo leyó con cuidado. Luego alzó la vista con una expresión satisfecha.
“Bien hecho. Ahora solo falta que los reyes... mueran, para que yo pueda ‘heredar’ el trono” dijo Darius, enfatizando la palabra heredar con los dedos en gesto de comillas.
“Déjemelo todo a mí, joven maestro” respondió HUNK, cruzando el puño derecho sobre el pecho, en su habitual gesto de lealtad, antes de marcharse.
Cuando quedó solo, Darius volvió a pensar en su estrategia de largo plazo.
“Si estoy en el año 1491, entonces el próximo año nace Nico Robin. ¿Qué debería hacer con Ohara?” murmuró Darius para sí mismo.
“Salvar a los eruditos sería una gran victoria moral... pero también un riesgo enorme. Si el Gobierno Mundial descubre que los escondo, podrían atacar mi imperio antes de que sea lo suficientemente fuerte para defenderse. Aún no tengo ni el poder de Kaido ni un ejército como los Caballeros Sagrados. Peor aún, podrían usar esa maldita arma con la que destruyeron Lulusia...” murmuró Darius con seriedad en su voz.
Se quedó en silencio unos segundos, procesando con cuidado.
“Quiero a Robin en mi harem... pero me temo que deberá ser la única sobreviviente. Si se pasa un año sola, desconfiando del mundo, huyendo... entonces mi oferta de refugio sonará como un milagro” murmuró Darius su plan para Robin.
Sonrió de nuevo, pero esta vez fue distinto. Su rostro se curvó en una expresión suave y tranquila, casi amable... pero sus ojos eran fríos, calculadores. No había empatía, solo lógica estratégica. Era la sonrisa de un gobernante que ayuda... pero siempre espera algo a cambio. La sonrisa de un conquistador que ve a las personas como piezas de su tablero.
“Sí... esperaré. Y cuando esté lista, le mostraré que el mundo puede ser mejor... si se une a mí” dijo en voz alta Darius con una sonrisa maquiavelica.
La noche había caído nuevamente sobre el pequeño y desolado Reino de Grisgall. Las calles, apenas iluminadas por faroles de aceite, parecían aún más sombrías bajo el cielo sin luna.
HUNK caminaba entre las sombras, invisible para los pocos ojos que aún vigilaban. Vestía el uniforme estándar del ejército real, oculto bajo una amplia capa con capucha. Su rostro estaba cubierto por un pasamontañas, y sobre él llevaba puesta la máscara de demonio que había comprado el día anterior. Nadie debía saber quién era. Nadie debía sobrevivir para contarlo.
Se deslizó con agilidad felina hacia la parte trasera del castillo, donde se encontraba una puerta de servicio olvidada por todos, jamás vigilada. Con movimientos precisos y silenciosos, la abrió, y entró al castillo.
Sabía exactamente a qué hora los reyes bajaban a cenar, y tenía solo unos minutos para completar su misión.
Subió por los pasillos laterales y llegó al dormitorio real. Sin dudar, empujó la puerta de golpe y la atravesó con paso firme.
“¿Quién eres tú?” preguntó el rey con voz molesta, sin levantarse aún del sofá donde se encontraba leyendo.
No recibió respuesta. En un abrir y cerrar de ojos, HUNK se abalanzó sobre él con una velocidad que parecía inhumana. La hoja de su cuchillo trazó una línea limpia a través del cuello del monarca, cuya expresión no alcanzó a cambiar del todo antes de desplomarse.
La reina soltó un grito agudo, pero apenas abrió la boca, HUNK la empujó contra el tocador y le cortó la garganta con precisión quirúrgica.
Sin perder tiempo, extrajo el testamento falso que había redactado y lo colocó cuidadosamente en el lugar del original. No cometió errores. Lo colocó sobre el escritorio de roble con exactitud, justo como el rey lo habría dejado.
Entonces, escuchó la voz del mayordomo a sus espaldas.
“¡ALTO AHÍ!” gritó el mayordomo atrapandolo con las manos en la masa.
Perfecto. Tal como había planeado.
HUNK giró rápidamente. En su mano derecha sostenía el testamento original el verdadero y simuló estar a punto de cambiarlo por el falso, que ya reposaba donde debía.
El mayordomo lo vio justo a tiempo. Observó su máscara, su capa, su cuerpo agazapado como el de un ladrón atrapado en pleno acto. Pero no vio sus ojos. No vio nada que pudiera identificarlo.
“¡DETENGANLO!” gritó el mayordomo, corriendo hacia él.
HUNK se abalanzó hacia el sirviente, empujándolo con fuerza contra la pared y escapando del cuarto antes de que alguien pudiera atraparlo.
Las alarmas comenzaron a sonar por todo el castillo. Los Den Den Mushi chillaban, pero no había suficientes guardias para sellar todas las salidas. Tal como HUNK había anticipado, la seguridad era patéticamente baja.
HUNK descendió al sótano, donde se almacenaban los barriles de vino. Buscó una vieja caja de madera en una esquina olvidada, la levantó con facilidad y escondió allí su capa, la máscara, el pasamontañas y el testamento real.
Después de asegurarse de que nadie lo había seguido, regresó a la superficie y se mezcló con los soldados que acudían al llamado de emergencia.
“El asesino era un hombre alto, cubierto con una capa negra. Usaba una máscara de demonio” declaró el mayordomo, agitado, pero ya un poco más tranquilo.
“¿Por qué alguien querría asesinar a los reyes?” preguntó HUNK con voz grave y fingido desconcierto.
“Lo descubrí intentando cambiar un documento... pero por suerte no alcanzó a hacerlo. Apenas me vio, huyó” explicó el mayordomo, jadeando.
“Revisen todo. Quiero saber qué documento quería falsificar ese asesino” ordenó el mayordomo con voz temblorosa.
Un grupo de soldados retiró los cuerpos de los reyes mientras el mayordomo se inclinaba sobre el escritorio. Allí encontró el testamento falso, firmado y sellado, pero creído por todos como legítimo.
Esa noche, el reino entero fue despertado por los campanazos de alarma.
La noticia corrió rápido: los reyes habían sido asesinados por un hombre enmascarado.
No hubo llantos. Solo miedo. Y silencio.
Los habitantes del Reino de Grisgall no sabían qué destino les aguardaba. Pero lo único que estaba claro... era que sus vidas estaban a punto de cambiar.
El humo de las piras funerarias se alzaba hacia el cielo estrellado mientras todo el pueblo del Reino de Grisgall observaba en silencio cómo los cuerpos de sus monarcas eran consumidos por las llamas. No había llanto. Solo un silencio denso, alimentado por la incertidumbre.
Al terminar la ceremonia, el mayordomo subió a un estrado improvisado con un documento en la mano. Su voz rompió la quietud de la noche.
“Esta noche, nuestros gobernantes han sido asesinados a sangre fría. El asesino intentó reemplazar el testamento del rey, pero gracias a mi intervención, sus planes fueron frustrados” dijo el mayordomo con tristeza y seriedad en sus palabras.
El mayordomo entregó el testamento a los tres ministros, quienes se acercaron al estrado para leerlo en voz alta. Mientras lo leían, una sonrisa hipócrita se dibujaba en sus rostros... hasta que sus ojos encontraron un nombre: Kael Darius.
Un nudo de ira invisible se formó entre ellos. En privado, ellos mismos habían convencido al rey de redactar un testamento diferente, donde el poder les sería transferido a ellos. Ahora, alguien había arruinado su jugada.
Horas más tarde, en una pequeña casa en las afueras del reino, Darius dormía plácidamente en una cama improvisada, ajeno al revuelo que había causado. Una comitiva de soldados entre ellos HUNK, disfrazado como uno más llegó al lugar acompañado del mayordomo.
“¿Qué sucede?” preguntó Darius, frotándose los ojos y fingiendo temor.
“No tengas miedo, niño. Solo necesito que me respondas algo con sinceridad. ¿Tu nombre es Kael Darius?” preguntó el mayordomo con una voz pausada, casi paternal.
“¿Eh? Sí... ese es mi nombre,” respondió Darius con fingida inocencia.
“Bueno, tengo malas noticias. Nuestros reyes han muerto. Sin embargo, el testamento del rey lo nombra a ti como su hijo ilegítimo y heredero legítimo del trono. Desde este momento... eres nuestro nuevo rey,” dijo el mayordomo, esbozando una sonrisa amable.
“¿Yo...? ¿Un rey?” preguntó Darius señalándose con incredulidad.
“Así es. Por favor, majestad, acompáñenos al castillo. Desde hoy, ese será su hogar” dijo el mayordomo sin dejar la sonrisa.
Mientras dos soldados recogían la ropa y provisiones de Darius, HUNK cargó la bolsa con comida que le había traído el primer día. Así, escoltado por su propio infiltrado, Darius fue llevado al castillo.
Aquella noche, durmió en la habitación real, en una cama varias veces más grande que su cuerpo, con cortinas bordadas en oro y sábanas de seda.
A la mañana siguiente, Darius despertó con los rayos del sol colándose entre las cortinas. Una sirvienta entró con una bandeja de plata en las manos.
“Buenos días, majestad. Aquí está su desayuno,” dijo la sirvienta con voz temblorosa.
“¿Por qué estás tan nerviosa?” preguntó Darius con una ceja levantada.
“Bu-bueno... no sabíamos qué le gustaría desayunar, así que...” tartamudeó la sirvienta, hasta que fue interrumpida por la sonrisa tranquila de Darius.
“No te preocupes. No les haré nada,” dijo Darius con una calidez fingida que logró tranquilizarla.
La joven hizo una reverencia y se retiró en silencio.
Poco después, el mayordomo entró con una sonrisa educada.
“Lamento interrumpir, majestad, pero debemos realizar su ceremonia de coronación” dijo el mayordomo con seriedad.
“Está bien, justo terminé de desayunar” respondió Darius, limpiándose la boca con una servilleta.
“Mandaré a las sirvientas y mayordomos para que lo vistan y lo preparen como es debido” añadió el mayordomo, llevándose los platos.
Una hora después, todos los habitantes de Grisgall se reunieron en la plaza frente al castillo. Trompetas sonaron. Un sacerdote alzó la corona de plata adornada con rubíes y la colocó sobre la cabeza de Darius.
El silencio fue absoluto.
Nadie podía creerlo. Su nuevo rey era solo un niño de seis años.
Aun así, aplaudieron. Algunos por protocolo. Otros por miedo.
Tras la ceremonia, Darius recorrió los pasillos del castillo acompañado por dos guardias. Mientras caminaba, una serie de notificaciones apareció ante sus ojos.
[Felicidades por conquistar el Reino de Grisgall]
[¿Deseas agregar el Reino de Grisgall a tu Imperio?]
“Claro que sí” pensó Darius con una sonrisa de satisfacción.
[El Reino de Grisgall ha sido agregado a tu Imperio]
[¿Deseas cambiar el nombre de tu Imperio?]
“Sí. El nombre será... el Imperio Black Dawn” pensó Darius, mientras su expresión se tornaba en una sonrisa lenta, calculadora. Una sonrisa que no era de alegría ni de orgullo.
Era una sonrisa oscura. De ambición pura. De alguien que piensa no solo en gobernar... sino en dominar.
Los pasos de Darius resonaban con eco sobre los mármoles pulidos del castillo. Caminaba con la frente en alto, observando cada rincón como si estuviera midiendo su nuevo reino con la mirada. A su lado, HUNK lo acompañaba en silencio, alerta, su sola presencia imponía respeto.
Fue entonces cuando un hombre robusto con armadura negra y capa roja interceptó su camino.
“Soldado, ¿qué estás haciendo aquí? Retírese y vuelva a su formación,” ordenó el recién llegado, con tono áspero.
HUNK no se movió ni un centímetro.
Darius lo miró con genuina curiosidad.
“Disculpa, ¿quién eres tú?” preguntó a Darius al hombre.
“Majestad, soy Viktor Bloodmark, Capitán de la Guardia Real” respondió el hombre, con una inclinación respetuosa, aunque la tensión en su mandíbula delataba su descontento por recibir órdenes de un niño.
“Bien, Capitán Bloodmark, como mi primer decreto oficial, él será nombrado Instructor de la Guardia Real y también será mi guardaespaldas personal” dijo Darius mientras señalaba a HUNK con el pulgar.
“Pero majestad, ¿por qué-?” exclamó con sorpresa el capitán.
“Porque alguien entró a este castillo y asesinó a mi padre, necesito a alguien confiable a mi lado. Él lo es” interrumpió Darius con voz firme.
El Capitán respiró hondo, conteniéndose.
“Como ordene, majestad” dijo finalmente, haciendo un saludo militar antes de retirarse con paso rígido.
Apenas se hubo alejado, HUNK se inclinó levemente.
“Ese hombre no es de fiar, joven maestro” susurró HUNK a Darius.
“Lo sé, y también sé que muchos intentarán manipularme por ser un niño. Pero lo que no saben... es que mi llegada al trono será el principio de su caída” respondió Darius en un susurro.
Ambos continuaron su caminata hasta llegar a la imponente sala del trono. El lugar estaba decorado con tapices antiguos, lámparas de aceite y una alfombra roja que se extendía hasta la gran silla de plata en lo alto de los escalones.
Darius se sentó con naturalidad en el trono, como si hubiera nacido para ocuparlo. HUNK se colocó a su izquierda, en posición de guardia.
“Estado,” pensó Darius.
Una pantalla azul apareció frente a sus ojos, flotando solo para él.
[Estado del Usuario]
[Nombre: Kael Darius]
[Título: Rey del Reino Grisgall]
[Imperio: Black Dawn]
[Población: 5,016 habitantes]
[Tesorería: 5 millones de Berries]
[Puntos Imperiales (PI): 0]
[Ganancia semanal: 251 PI]
“Así que estas son mis ganancias. No está mal, pero si quiero hacer crecer mi imperio, tendré que ganarme la lealtad de esta gente. Y también... expandirme” pensó Darius con una sonrisa ladina.
En ese momento, tres hombres entraron en la sala e hicieron una reverencia profunda frente a él.
“Saludos, majestad. Hemos venido a mostrarle nuestro respeto y darle la bienvenida” dijo uno de ellos con tono afectado.
“Pueden ponerse de pie y presentarse” ordenó Darius con voz segura.
El primero dio un paso al frente.
“Yo soy Count Pennybags, Ministro de Finanzas. Mi deber es administrar la tesorería y la riqueza del reino” dijo el hombre con voz respetuosa.
“Mi señor, soy el General Admiral Backstab, Ministro de Defensa. Estoy a cargo de la estrategia militar y la protección del reino” El segundo habló con voz marcial.
“Soy Baron Snakeoil, Ministro de Comercio. Me encargo de gestionar el intercambio de bienes y servicios. Es un honor trabajar para usted” dijo el tercero sonriendo de forma casi serpenteante.
“El honor es mío” dijo Darius con una pequeña inclinación de cabeza.
“Ahora díganme, ¿cuál es el estado actual de nuestros recursos?” pidió Darius para saber la situación del reino.
Count Pennybags dio un paso adelante con las manos entrelazadas.
“Majestad, la tesorería cuenta con cinco millones de berries. Mi sugerencia es subir los impuestos para aumentar los ingresos” dijo el ministro de Finanzas con seriedad.
Aunque en su mente, Count reía.
“Cuanto más recolectemos, más podré guardar para mí sin que lo noten” eran los pensamientos del codicioso hombre
Admiral Backstab habló con un tono más severo.
“Yo propongo reducir el salario de los soldados. Fallaron al proteger a su rey... merecen ser castigados” dijo el General aunque en su interior, Backstab disfrutaba la idea de ver a los soldados humillados, desmoralizados y a su merced.
Finalmente, Baron Snakeoil dio su consejo.
“Majestad, algunas granjas producen excedentes que no se venden. Propongo cerrar esas tierras improductivas o aplicar un impuesto especial como castigo” dijo el ministro de comercio serio.
Aunque su rostro mostraba seriedad, por dentro se relamía pensando en los sobornos que podría recibir para evitar que ciertas tierras fueran cerradas.
Darius los observó a los tres con una expresión inescrutable.
“Interesante, este trío es exactamente lo que esperaba: ambiciosos, corruptos... y útiles” pensó Darius mientras por dentro tenía una sonrisa maquiavelica.
“Si les bajamos el salario a los soldados, estarán tristes, así que no”, dijo Darius con una falsa inocencia, balanceando sus piernas que no alcanzaban el suelo.
“Ordeno que, a partir de hoy, aumente el salario de todos los soldados”, agregó Darius con una sonrisa tan dulce como engañosa.
“Además, HUNK puede entrenarlos para que no vuelvan a fallar”, continuó Darius, sin perder el tono infantil que tanto desconcertaba a los presentes.
“Con respecto a las granjas que no venden lo que producen y los impuestos... no haremos nada” concluyó Darius mientras balanceaba los pies como si hablara de cualquier trivialidad.
“Pero Majestad, los soldados deben ser tratados con disciplina. No podemos... ” intentó argumentar Backstab, antes de ser interrumpido.
“Con los soldados felices estamos mejor, ¿verdad HUNK?” preguntó Darius con mirada inocente, aunque sus ojos ocultaban una mente afilada.
“Si me permite dar mi opinión, Joven Maestro, estoy de acuerdo con usted, si los soldados reciben un mejor salario, tendrán un mejor rendimiento” respondió HUNK con su habitual seriedad.
“Entonces está decidido, ¡A partir de hoy, los salarios de los soldados aumentarán!” declaró Darius alzando las manos como si anunciara el inicio de un juego.
“Como ordene, Majestad. ¿Pero de cuánto sería el incremento exactamente?” preguntó el ministro Pennybags con cautela.
“HUNK, ¿de cuánto crees que debería ser?” preguntó Darius, fingiendo no tener una respuesta clara, aunque ya sabía lo que venía.
“Yo opino que sea del cincuenta por ciento, Joven Maestro. Así los soldados estarán más que satisfechos” respondió HUNK sin titubear.
“Entonces será un aumento del cincuenta por ciento, sea lo que sea” dijo Darius con fingida alegría.
“De acuerdo, Majestad. Procederemos a dar el anuncio oficial” dijeron los tres ministros al unísono antes de retirarse.
En cuanto se fueron, Darius mandó llamar al jefe de la servidumbre, el mismo que había “atrapado” a HUNK con las manos en la masa.
“¿Qué desea, señor?” preguntó el mayordomo al llegar, con una reverencia impecable.
Darius lo observó con atención por primera vez. Era un hombre de unos cincuenta o sesenta años, cabello plateado perfectamente peinado, ojos grises y penetrantes, vestido con un traje negro impecable y guantes blancos.
“Bueno, primero me gustaría saber tu nombre” dijo Darius, retomando su tono inocente.
“Mi nombre es Grimhold Silas, señor. Y no tiene por qué fingir conmigo. Yo lo sé todo” respondió el mayordomo, dejando a Darius perplejo.
El joven emperador abrió la boca, pero no salió palabra alguna.
“Si se pregunta cómo lo sé, bueno... es más que obvio, usted es alguien calculador, mientras que el soldado a su lado es el ejecutor” continuó Grimhold con voz tranquila.
“Además, el rey era estéril. No podía tener hijos” añadió Grimhold, mirando a Darius con seriedad.
HUNK colocó su mano sobre la empuñadura de su arma, preparado para actuar. Darius, por su parte, recuperó la compostura.
“¿Qué harás ahora que lo sabes?” preguntó Darius con precaución.
“Eso depende. ¿Qué planea hacer usted con el reino?” inquirió Grimhold, sin cambiar de expresión.
“Primero planeo mejorar las cosas. Quiero que la gente me sea tan leal que daría la vida por mí, pero antes, tengo que deshacerme de las ratas corruptas” respondió Darius, sin rastro de broma en su voz.
“¿Cómo sé que no está mintiendo?“, preguntó Grimhold, con el mismo tono medido.
“No necesito mentir, podría dar la orden y HUNK te eliminaría en este instante. Pero aun así, respondí a tu pregunta” dijo Darius, mirándolo fijamente.
Los dos se quedaron en silencio, midiendo al otro con la mirada. Finalmente, Grimhold asintió.
“De acuerdo, señor. Le serviré fielmente. Pero si en algún momento veo que el pueblo está peor que antes, me veré obligado a tomar represalias” advirtió Grimhold.
Darius asintió lentamente y levantó una mano.
“HUNK, baja el arma” ordenó Darius y HUNK bajó su arma lentamente.
El soldado obedeció sin decir palabra.
“Bien. Con eso resuelto, HUNK, a partir de mañana quiero entrenar con los soldados. Quiero ser fuerte también” dijo Darius mientras se levantaba de su asiento.
“Como ordene, Joven Maestro. Pero no será un entrenamiento sencillo” advirtió HUNK.
“No me importa. Estoy decidido” afirmó Darius con seriedad.
“Grimhold, quiero recorrer el reino. ¿Serías mi guía?” preguntó con una sonrisa sincera.
“Será un honor, señor” respondió Grimhold, devolviendo la sonrisa.
Darius, HUNK y Grimhold recorrían el reino bajo la guía del mayordomo. El sol de la mañana iluminaba los campos, y en la distancia apareció una granja bovina impecablemente cuidada, con varias personas trabajando sin descanso.
Darius notó algo extraño: aunque el lugar parecía próspero, los rostros de los trabajadores estaban pálidos, sus cuerpos delgados y agotados.
“¿Una granja bovina?” preguntó Darius, sorprendido, recordando que jamás había visto algo así en el manga o anime de One Piece.
“Sí, Majestad. Esa es una de las seis granjas bovinas del reino” respondió Grimhold con voz tranquila, aunque una ligera molestia se filtraba en su tono.
“¿Sucede algo?” preguntó Darius, arqueando una ceja.
“El reino cuenta con 6 granjas bovinas, 6 porcinas, 6 ovinas, 6 avícolas, 6 dedicadas al cultivo de frutas y seis al de verduras”, explicó Grimhold con calma. Sin embargo, su expresión se endureció.
“De esas treinta y seis granjas, veinticuatro están en manos de familias nobles” dijo Grimhold con molestia en su voz.
“¿Familias nobles?” preguntó Darius, cada vez más curioso.
Continuaron el recorrido mientras Grimhold le relataba cómo esas familias se habían aprovechado de la ingenuidad de los reyes anteriores, obteniendo el control de granjas a través de sobornos disfrazados de acuerdos administrativos.
“La Casa Dravos posee cuatro granjas bovinas y cuatro ovinas. La Casa Valtor controla cuatro porcinas y cuatro avícolas. La Casa Rooke tiene cuatro frutícolas y cuatro de verduras” detalló Grimhold con precisión.
Mientras avanzaban, Darius observó algo que lo hizo fruncir el ceño: las granjas de las familias nobles estaban bien mantenidas, pero las doce que pertenecían directamente al reino estaban descuidadas. Los animales estaban delgados, las instalaciones deterioradas, y el aire olía a abandono.
“Hay mucho por hacer todavía... y no podré hacerlo solo” pensó Darius con seriedad.
De regreso al castillo, se detuvo frente a Grimhold.
“Quiero conocer personalmente a esas familias nobles, y decidir si merecen un lugar en el futuro imperio o no” dijo Darius con voz firme.
“Por supuesto, Majestad” respondió Grimhold con una reverencia.
Al amanecer del día siguiente, Darius fue despertado bruscamente por HUNK.
“Joven Maestro, tiene que prepararse para comenzar su entrenamiento. Lo veré en las barracas en una hora” dijo antes HUNK de marcharse.
Instantes después, Grimhold entró empujando un carrito.
“Buenos días, Majestad. Yo lo ayudaré a prepararse para el entrenamiento” dijo el mayordomo con cortesía, colocando frente a él una bandeja con un desayuno abundante y rico en proteínas.
Después de comer, Darius se dirigió a las barracas junto a Grimhold. Los soldados lo miraban con sorpresa: aunque era su rey, no dejaba de ser un niño.
“Muy bien, a partir de hoy empieza el entrenamiento que debieron tener antes de unirse a las fuerzas armadas”anunció HUNK con voz firme.
“Primero, veinte vueltas alrededor del edificio” ordenó señalando la estructura militar.
Mientras los soldados murmuraban y se quejaban, Darius empezó a correr sin perder tiempo.
“¡DEJEN DE HOLGAZANEAR! ¿O ACASO VAN A PERMITIR QUE UN NIÑO DE 6 AÑOS LOS SUPERE?! ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS!” gritó HUNK. Los soldados, avergonzados, se pusieron en marcha.
El entrenamiento continuó con abdominales, sentadillas, flexiones, y otros ejercicios básicos. El calentamiento duró de seis a ocho de la mañana, seguido por prácticas de combate cuerpo a cuerpo, manejo de espadas, cuchillos y armas de fuego. Darius participó en todo, aunque cada movimiento era un reto; en su vida anterior jamás había hecho ejercicio.
El día se extendió hasta las tres de la tarde. Agotado, Darius se dejó caer en su cama.
“Me duele todo el cuerpo” pensó Darius con un gesto de dolor.
“Lo hizo muy bien, Joven Maestro, pude ver cómo los soldados se motivaban al verlo entrenar sin rendirse, por más cansado que estuviera” dijo HUNK con un toque de orgullo en la voz.
“Si quiero su lealtad, tengo que ser un rey que predique con el ejemplo” murmuró Darius, sin moverse de la cama.
Al día siguiente después del agotador entrenamiento, Darius tuvo que reunir cada fragmento de fuerza para arrastrarse hasta la ducha. Cada músculo de su cuerpo protestaba, pero sabía que debía mostrarse digno en la reunión. Tras vestirse, se dirigió al salón del trono, donde se acomodó en el asiento real. A su derecha, HUNK permanecía erguido, atento a cualquier eventualidad.
Minutos después, las puertas se abrieron con solemnidad. Entraron cinco adultos acompañados de seis niños, avanzando con pasos medidos y actitudes cargadas de orgullo.
La primera pareja dio un paso al frente con dos niños a su lado.
“Majestad, es un honor estar en su presencia. Yo soy Dravos Gregor, líder de la Casa Dravos. Ella es mi esposa, Dravos Maribel, y estos son nuestros hijos, Dravos Theron y Dravos Elara” dijo el hombre con una reverencia calculada.
La siguiente en avanzar fue una mujer de porte altivo, sin acompañante adulto.
“Majestad, gracias por darnos la oportunidad de conocerlo en persona. Yo soy Valtor Silvia, matriarca de la Casa Valtor, y estos son mis hijos, Valtor Khor y Valtor Livia” dijo la mujer con fingida mansedumbre.
Por último, un hombre de mirada dura se presentó junto a una mujer más joven y dos muchachos.
“Mi señor, le agradezco esta reunión. Yo soy Rook Cedric, líder de la Casa Rooke. Ella es mi hermana menor, Rooke Moira, y estos son mis hijos, Rooke Damon y Rooke Jasper” dijo el hombre haciendo una reverencia.
Darius captó una sombra de desdén en la voz de Cedric al dirigirle la palabra, aunque este intentaba ocultarlo bajo una fachada cortés.
Tras las presentaciones, todos fueron conducidos al comedor real. La cena fue abundante, pero lo que colmó el aire no fueron los aromas de los platillos, sino las voces de los nobles. Durante toda la velada, los líderes parloteaban sin descanso sobre lo que, según ellos, sería “mejor para el reino”. Darius fingía sorpresa e inocencia, asentía cuando debía, pero en realidad solo escuchaba con atención, registrando cada palabra.
Al terminar, los nobles se retiraron satisfechos, creyendo haber impresionado al joven rey. Darius, en cambio, volvió a sus aposentos con el peso del cansancio mental sobre sus hombros.
“Esos idiotas... solo piensan en llenarse aún más los bolsillos, sin preocuparse por la gente del reino” murmuró Darius con fastidio mientras se dejaba caer en su cama.
“No me extraña, Majestad, desde que llegaron, siempre han actuado de la misma manera” respondió Grimhold con seriedad mientras recogía la ropa usada para llevarla a la lavandería.
“¿Tienes alguna información comprometedora sobre ellos y los ministros?” preguntó Darius, con la esperanza de encontrar una salida.
“Las casas nobles se han aliado con los ministros para incrementar sus riquezas libres de impuestos” reveló Grimhold con molestia en la voz.
“¿Hay registro de eso?” insistió Darius.
“Sí, pero no importa. Fue una orden del rey anterior” respondió Grimhold, frunciendo el ceño.
“¿Y no puedo deshacer esa ley?” preguntó Darius con un atisbo de esperanza.
“Puede hacerlo, Majestad. Pero no lo recomiendo. Lo verán como un ataque directo, y no dudarán en contratar mercenarios o piratas poderosos para eliminarlo” dijo Grimhold con una mezcla de preocupación y seriedad.
“No puedo dejarle todo a HUNK” pensó Darius mientras se recostaba.
“Bueno... ya pensaré qué hacer con ellos” dijo Darius en voz baja.
“Me retiro, Majestad. Que descanse” se despidió Grimhold con una reverencia.
Cuando la puerta se cerró, Darius murmuró en su mente.
“Estado” pensó Darius.
[Estado del Usuario]
[Nombre: Kael Darius]
[Título: Rey del Reino Grisgall]
[Imperio: Black Dawn]
[Población: 5,016 habitantes]
[Tesorería: 5 millones de Berries]
[Puntos Imperiales (PI): 0]
[Ganancia semanal: 301 PI]
“Al parecer entrenar con los soldados aumentó mi ganancia semanal” pensó Darius con una sonrisa de satisfacción.
Luego abrió la interfaz de la tienda del sistema, deslizando su mirada entre las opciones. Buscaba a alguien que pudiera ayudarlo a eliminar a las ratas que conspiraban a sus espaldas.
“Este me puede servir” pensó al detenerse en un nombre.

[Varys - La Araña]
[Origen: Game of Thrones]
[Costo: 600 PI]
“Un experto en manipulación, dueño de una red de espías a los que llama sus ‘pajaritos’” reflexionó Darius.
“Con él aquí, podré obtener pruebas y confesiones de los crímenes de esas ratas. Así podré deshacerme de cualquier amenaza interna contra mi imperio” dijo Darius en voz baja, sonriendo antes de cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño.
Había pasado una semana y 4 días desde que Darius tomó el trono. En ese tiempo, su entrenamiento no se detuvo ni un solo día. Sin embargo, no todo era disciplina y progreso. El capitán de la guardia real, Viktor Bloodmark, mostraba un creciente desdén hacia la situación.
Durante la práctica de tiro, su voz cargada de fastidio rompió la concentración de los soldados.
“Sigo pensando que todo esto es una malversación de nuestros recursos” dijo Viktor, observando con desprecio cómo Darius y los soldados practicaban bajo la supervisión de HUNK.
“El entrenamiento funciona. Que te niegues a verlo es otra cosa” respondió HUNK sin siquiera mirarlo.
“Por favor, ellos no sirven para nada” replicó Viktor con un bufido de fastidio.
“Tal vez el que no sirve para nada eres tú“, dijo HUNK, ahora sí girando la cabeza para clavarle una mirada fría.
“¿Qué dices?” gruñó Viktor con furia contenida.
“Que incluso el joven maestro puede derrotarte fácilmente” respondió HUNK con absoluta calma.
El rostro de Viktor se tiñó de ira.
“¿Quieres probar ese punto?” preguntó Viktor con furia.
“Como desees” dijo HUNK con voz firme. Luego se giró hacia los soldados.
“Muy bien, todos, vamos a tener un combate de práctica cuerpo a cuerpo” dijo HUNK con seriedad.
Los soldados, intrigados y emocionados, formaron un círculo. El aire se cargó de expectativa.
“Joven Maestro, un paso al frente” ordenó HUNK con autoridad.
Darius abrió los ojos sorprendido.
“¿Qué sucede, HUNK?” preguntó Darius con curiosidad.
“Usted peleará contra el capitán de la guardia real, Viktor Bloodmark. Combate cuerpo a cuerpo” declaró HUNK sin emoción alguna.
“P-pero...” titubeó Darius, sintiendo cómo le sudaban las manos.
“Confío en usted, joven Maestro” dijo HUNK con voz firme, pero llena de confianza.
El círculo se cerró. Los soldados esperaban expectantes. Viktor sonrió con arrogancia.
“Esto será rápido” murmuró Viktor mientras avanzaba.
Sin previo aviso, lanzó una patada hacia el pecho de Darius. El reencarnado, sorprendido por sus propios reflejos, logró esquivarla de manera torpe pero efectiva.
“Lo esquivé” pensó Darius con incredulidad.
Aprovechando el instante, lanzó un puñetazo directo al estómago de Viktor. El golpe conectó, aunque su fuerza infantil apenas hizo retroceder al capitán.
“Maldito mocoso” gruñó Viktor, lanzando un violento puñetazo hacia la cabeza de Darius.
Pero Darius, guiado más por instinto que por técnica, se escabulló detrás de Viktor. El capitán perdió el equilibrio y, antes de poder recuperarse, Darius lo empujó con todas sus fuerzas. El orgulloso capitán cayó al suelo con un estrépito.
“La victoria es para el joven Maestro” declaró HUNK con voz firme.
Por un instante hubo silencio... y luego, risas estallaron entre los soldados.
“¡JAJAJAJAJAJA!” rugieron algunos.
“¡TE VENCIÓ UN NIÑO DE 6 AÑOS!“, gritó uno de los soldados con burla.
“¡SIIII, GANÉ!” exclamó Darius, levantando los brazos, su rostro iluminado por una sonrisa de pura alegría.
HUNK se adelantó.
“Como pueden ver, si un niño de seis años pudo derrotar a un adulto con poco entrenamiento, ustedes con mayor razón tienen esa posibilidad” habló HUNK con seriedad.
Pero las risas continuaron un poco más, hasta que Viktor, humillado, rugió con furia.
“¡YA BASTA! ¡EL CASTIGO POR REÍRSE DE MÍ ES EL DESPIDO!” gritó con toda la rabia contenida.
El silencio fue inmediato. Los soldados bajaron la mirada.
Darius frunció el ceño y miró a Grimhold.
“¿Él puede hacer eso?” preguntó Darius con aparente inocencia.
“Técnicamente sí, Majestad. Pero usted tiene la última palabra” respondió Grimhold con una ligera sonrisa.
“Entonces yo digo que no están despedidos” dijo Darius con firmeza, atrayendo la atención de todos.
“¿P-pero Majestad...?“, intentó interceder Grimhold.
“Tú estás despedido” dijo Darius, señalando directamente a Viktor. El silencio se volvió aún más pesado.
“HUNK, a partir de este momento, eres el nuevo capitán de la guardia real” dijo Darius viendo a HUNK.
“Entendido. Gracias, joven Maestro”, respondió HUNK inclinando la cabeza con respeto.
Viktor se puso rojo de ira. Su cuerpo temblaba de rabia y humillación. En un arrebato, desenvainó una pistola de chispa y la apuntó a la cabeza del niño.
“¡NO VOY A DEJAR QUE UN MOCOSO ME DÉ ÓRDENES!” rugió Viktor.
El tiempo pareció detenerse. Darius abrió los ojos, paralizado, pero antes de que Viktor pudiera apretar el gatillo, HUNK se movió como un rayo. De una patada desarmó al capitán y, en un solo movimiento, lo redujo contra el suelo.
“Quedas arrestado por traición, por atentar contra la vida del joven Maestro” declaró HUNK con voz gélida.
Los soldados, en silencio absoluto, se acercaron y esposaron a Viktor. Poco después, lo llevaron a una celda, su grito de impotencia resonando en el aire.
Después del intento de asesinato de Viktor, Darius seguía con el corazón inquieto. Aún en su habitación, se recostó y murmuró en voz baja.
“Casi muero de no haber sido por HUNK” pensó Darius con seriedad en su voz.
El pensamiento lo atravesó como un puñal, haciéndole apretar los puños.
“Necesito más habilidades, más aliados de confianza... pero sobre todo, debo seguir entrenando sin descanso” pensó Darius decidido.
Con cansancio mental y físico, decidió tomar una ducha y acostarse el resto del día. Pero su breve paz se interrumpió cuando Grimhold apareció en la puerta con una reverencia.
“Señor, la familia Dravos desea verlo. Dicen que es importante” dijo Grimhold con respeto.
Darius frunció el ceño, fastidiado.
“Está bien...” murmuró Darius, arrastrando la voz con molestia.
En la sala de audiencias lo esperaban Gregor Dravos, su esposa Maribel, su hija Elara, y una mujer maltratada que cargaba una maleta pesada.
“¡HOLA!” exclamó Darius con tono infantil, ocultando su desagrado tras una sonrisa fingida.
“Majestad, gracias por recibirnos” dijo Gregor inclinándose junto a su familia y la mujer de la maleta.
“Venimos porque deseo hacerle una propuesta” añadió Gregor con una humildad calculada.
Darius ladeó la cabeza
“¿Qué es eso?” preguntó con inocencia fingida.
“Lord Dravos desea presentarle una idea, y usted decidirá si la acepta” Grimhold intervino suavemente, siguiendo el juego de su rey.
Gregor sonrió con satisfacción.
“Mi propuesta es que mi hija Elara se convierta en su prometida” dijo Gregor con una sonrisa.
Los ojos de Darius se abrieron con sorpresa. Casi rompe su actuación de niño inocente, pero logró recomponerse.
“No necesito eso” dijo haciendo un puchero, esperando que Gregor desistiera.
“Por favor, Majestad, piénselo. Mi hija lo ayudará a gobernar como su futura esposa” dijo el patriarca insistiendo con voz melosa.
Darius estaba a punto de abandonar la farsa y encarar al hombre, cuando vio los ojos de Elara. Había miedo en ellos, súplica contenida. En ese instante, comprendió algo.
“Está bien... Elara será mi prometida” dijo Darius finalmente con fastidio, ocultando su rabia tras la máscara infantil.
“Gracias, mi señor. Entonces Elara se mudará aquí” dijo Gregor sonriendo con triunfo, frotándose las manos como si ya saboreara la victoria. La mujer dejó la maleta en el suelo, y la familia Dravos se retiró del castillo.
“Todo marcha según el plan. Solo es cuestión de tiempo para que los Dravos se adueñen del trono” pensó Gregor con malicia al salir.
“Grimhold, lleva a Elara a una de las habitaciones vacías para que se instale” ordenó Darius, dejando ver su molestia.
“Sí, Majestad” respondió Grimhold con reverencia.
Cuando todos se marcharon, Darius golpeó con fuerza el reposabrazos del trono.
“¡ESE MALDITO BASTADO! ¡SACRIFICA A SU PROPIA HIJA SOLO PARA QUEDARSE CON EL TRONO!” gritó Darius en su mente, mientras su furia lo consumía.
Respiró hondo para calmarse, aunque su rabia no desapareció del todo.
“Y sus ojos... no sé qué le hizo o qué le sigue haciendo, pero esa mirada de miedo lo dice todo” pensó Darius reflexionando sobre la mirada que Elara tenía.
Con el peso de esa sospecha en el corazón, se retiró a descansar.
Tres días después, en medio de sus deberes reales, recibió a un grupo de aldeanos.
“Por favor, Majestad, tiene que ayudarnos. Nuestros campos y el ganado no resistirán mucho más debido a las bajas ventas de este mes” suplicó un campesino.
Darius bajó la cabeza, mordiéndose los labios con impotencia.
“Escuchen... sé que suena egoísta de mi parte, pero les pido que aguanten un poco más” les dijo Darius.
Los aldeanos se retiraron insatisfechos. Darius los siguió con la mirada, un nudo en la garganta.
“Ser rey es mucho más difícil de lo que parece” pensó Darius con amargura.
“Estado” pensó Darius.
[Estado del Usuario]
[Nombre: Kael Darius]
[Título: Rey del Reino Grisgall]
[Imperio: Black Dawn]
[Población: 5,016 habitantes]
[Tesorería: 4.0625 millones de Berries]
[Puntos Imperiales (PI): 721]
[Ganancia semanal: 421 PI]
“Bien... ahora a comprar a Varys” pensó Darius con seriedad.
[PI: 721 - 600 = 121]
[Compra realizada]
El sistema notificó la transacción. Ahora lo único que Darius debía hacer era esperar.
Al día siguiente, como era costumbre, Darius se reunió con HUNK y el resto de los empleados para iniciar el entrenamiento matutino.
A los pocos minutos, apareció Elara. Caminaba somnolienta y bostezando, claramente poco acostumbrada a madrugar, pero aun así se unió a la sesión.
HUNK, considerando su edad y su inexperiencia, le asignó una rutina más ligera, mientras que a Darius le exigió una apenas más demandante.
Las horas pasaron entre ejercicios. Darius observaba con sorpresa la voluntad de Elara: pese al cansancio, no se rendía. Sin embargo, cada vez que mostraba debilidad, parecía desesperarse consigo misma, como si fallar fuera inaceptable.
Cuando el entrenamiento concluyó, Darius notó que ella no comía, a pesar de que su estómago rugía con insistencia.
“¿Por qué no comes?” preguntó Darius con calma.
“No tengo hambre” respondió Elara en voz baja, aunque un gruñido de su estómago la delató.
Intrigado, Darius insistió.
“En tu familia… ¿te castigan quitándote la comida?” preguntó Darius con cuidado.
Ella negó rápidamente, pero sus ojos parecían buscar una excusa para huir.
“¿Tienes prisa por salir?” preguntó Darius, y esta vez la niña asintió con timidez.
“¿A dónde quieres ir?” preguntó Darius curioso.
“Es un secreto…” Elara murmuró apenas audible.
Darius frunció el ceño. No era psicólogo, pero intuía que algo serio ocurría.
“Tal vez su padre la amenazó o le impuso alguna carga” pensó con preocupación.
“¿Puedo levantarme?” preguntó Elara con voz insegura.
“No, hasta que me digas qué sucede” respondió Darius con severidad.
“Ellos tienen hambre…” dijo Elara con timidez.
Darius arqueó una ceja.
“¿Quiénes tienen hambre?” preguntó Darius curioso.
“Las personas. Debo llevarles comida” respondió Elara con decisión, mirándolo directamente a los ojos.
Darius la sostuvo con la mirada un instante.
“Está bien. Te diré lo que haremos. Primero vamos a comer nosotros, y después llevaremos comida a esas personas. ¿Te parece bien?” dijo Darius con una sonrisa tranquila.
Elara lo miró sorprendida y luego asintió, con un brillo de alivio en sus ojos.
Tras desayunar, organizaron con ayuda de los sirvientes —incluido Grimhold— una carreta repleta de pan, frutas, verduras, carne y huevos. Condujeron hasta una zona donde varias personas dormían en las calles.
Cuando vieron a Darius, se escondieron con miedo. Pero al reconocer a Elara, comenzaron a salir de sus escondites.
“Es nuestra ángel” exclamó un hombre con alegría.
“Trajimos comida para ustedes. Perdónenme por hacerlos esperar”, dijo Elara con ternura.
Las personas se quedaron asombradas al ver la abundancia en la carreta. Entre agradecimientos y lágrimas, la comida fue repartida de manera justa, y luego regresaron al castillo.
Pero Darius sabía que debía hablar seriamente con ella.
Ya en el castillo, la miró fijamente.
“Elara, durante el entrenamiento noté que cuando estabas a punto de fallar algún ejercicio, por momentos te desesperabas. ¿Por qué sucede eso?” preguntó Darius con seriedad.
La niña bajó la mirada.
“Tengo que ser útil… o papá me va a pegar” dijo Elara con voz temblorosa.
Su confesión quedó suspendida en el aire, helando la sangre de Darius.
“Por favor… no le digas a mi papá” suplicó ella con lágrimas en los ojos.
“Nadie volverá a pegarte. De eso me aseguraré” dijo Darius la abrazó con fuerza.
Elara se permitió llorar en sus brazos, liberando un peso que llevaba demasiado tiempo callado.
Cuando sus sollozos se calmaron, Darius deshizo el abrazo y la miró con seriedad.
“Elara, tu familia son malas personas. Han hecho cosas terribles y deben ser castigadas” dijo Darius con seriedad.
La niña lo miró con miedo contenido, pero Darius continuó.
“Pero tú no. Tú me has demostrado tu gran corazón compartiendo comida con quienes más lo necesitan.” Darius sonriendo con calidez.
“Te prometo que, después de que tu familia y otros culpables sean castigados, nunca más volverás a ver a personas viviendo en esa situación” dijo Darius dispuesto a cumplir su promesa.
Elara lo observó unos segundos en silencio, y luego asintió con una sonrisa llena de esperanza.
Continuará....
Hola a todos mis queridos lectores ¿que les pareció el primer capítulo de esta historia?
Como pudieron darse cuenta, Darius puede invocar/comprar personajes de: anime, manga, videojuegos, series de tv, caricaturas, libros, películas, comics, etc.
Me gustaría que entre todos formemos el imperio Grisgall, si gustan aportar sus ideas para los personajes que Darius va a invocar/comprar, son bienvenidos en los comentarios.
Ya tenemos:
Ejecutor: HUNK (Resident Evil)
Espía (en camino): Varys (Game Of Thrones)
Próximamente:
Administrador: Wylon Smithers (The Simpson).
Falta (por el momento):
Doctor:???
Mercante o comerciante:???
Mecánico o ingeniero:???
¡¡¡¡¡VAMOS A FORMAR NUESTRO IMPERIO JUNTOS AMIGOS!!!!