Create New List
Share with your friends
Customize readability

ÉTER

All Rights Reserved ©

Summary

Odette siempre ha vivido rodeada de susurros que se callan cuando entra a la habitación. Su madre, sus protectores, incluso los desconocidos que parecen vigilarla: todos guardan un secreto que jamás le revelan. Y, sin embargo, en su mirada tranquila hay algo que nadie se atreve a nombrar. Félix, heredero de un imperio, la ha vigilado en silencio durante años, dispuesto a protegerla de quienes la quieren muerta… o de aquello que ella misma puede liberar.… y de mantenerla ignorante. Pero cada día que pasa, la atracción entre ellos amenaza con derrumbar las barreras que él mismo levantó. Cuando sus mundos colisionan, la atracción que los une es tan irresistible como peligrosa. En la oscuridad de los negocios ilícitos, entre enemigos invisibles y secretos familiares, él será su guardián… En un mundo de lealtades rotas, ambición y deseo, la verdad es una herida que todos temen abrir. Y cuando Félix decide acercarse, descubre que pronto jamás podrá separarse de ella.

Genre
Scifi
Author
Nico
Status
2mo ago
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


Advertencia

Este libro es una obra de ciencia ficción y no está basado en hechos reales. Cualquier similitud con personas, lugares o acontecimientos existentes es mera coincidencia. El contenido puede incluir lenguaje explícito, expresiones groseras, escenas violentas y situaciones gráficas, así como conceptos de carácter fuerte o perturbador. Se recomienda discreción al lector, ya que la obra está dirigida a un público adulto y puede no ser adecuada para personas sensibles a este tipo de contenido.




“Esperé lo que parecía 100 años, y prefiero esperar 100000 años antes de no poder conocerte ”

—Sleeping At Last.

La inteligencia artificial ha sido un gran debate del siglo veintiuno; diría que el internet, la tecnología, las redes sociales, e incluso algo tan simple como el sistema de un microondas, puede crear mucho pánico e incertidumbre en la sociedad. Tememos a lo desconocido, a ser reemplazado. Como cualquier ser humano, tenemos cierta inseguridad en nuestra identidad, y al no saber quién eres, desata muchas cosas. La baja autoestima puede ser un factor, tal vez, al no tener sólida nuestra identidad, nos asusta no ser valiosos, no ser útiles.

Tenemos miedo de qué una inteligencia artificial nos reemplace, porque tememos que nuestros conocimientos y criterios no sean suficientes, que no sea importante.

La generación que vio nacer estas tecnologías, a pesar de que en su niñez no tuvo contacto con dispositivos tecnológicos, siempre creció rodeada de todos los avances.

La vida universitaria siempre ha sido relativamente fácil con el internet. El teléfono quitó la necesidad de buscar en más de treinta libros el concepto de un sentimiento. Y eso si que alivia.

La investigación es importante y tener nuevos conocimientos es una puerta grande que da oportunidades a no quedarse estancado. Es por eso que, la inteligencia artificial es una buena herramienta para buscar entre tantas fuentes y tantos conceptos qué es la sensación de sentirse observado.

La sensación de ser vigilada.

Es importante esta parte. La paranoia es un término que se ha utilizado para esta sensación por mucho tiempo. Lo resumimos en que la paranoia es un sentimiento persistente, injustificado, una sensación irracional de ser perseguido u observado.

Este término podría ser el más adecuado para ese tipo de sentimiento. Sin embargo, aún no está del todo claro.

La hiper-vigilancia. Es un estado muchísimo más exagerado, una sensación de que hay una amenaza en todos lados, un estado alerta por sentir que algo pasará. No creo que esté término sea el más adecuado para describirlo.

En la psicología hay muchos términos interesantes, el más parecido puede ser la sensación de ilusión de presencia: Sentir que hay alguien cerca o que te observan, aunque no haya nadie.

Finalmente, la escopaestesia, como el nombre de algún dinosaurio, se describe de manera más informal, de uso popular, es la sensación de ser observado.

Esta sensación también puede ser una intuición o un sexto sentido. Espiritualmente hablando, puede tener demasiados significados o fuentes.

Pero todos esos términos siguen sin estar correctos.

Ella no tenía sensación de ser observada. Tenía claro que alguien la miraba.

Sabía que la estaban viendo.

—¡Odette!

El grito de una mujer en sus cuarenta resonó en toda la casa, es importante recalcar que era una casa de dos pisos, con paredes realmente gruesas.

Le impresionó un poco la potencia de la voz qué tenía su madre, incluso mujeres más altas y robustas que ella no podían tener ese estruendo.

Esa reflexión la hizo saltar de su silla al instante, pues, sí es así cómo gritaba, no quería imaginar los gritos de los regaños cuando estuviera enojada.

—¡Ven!

No perdió más tiempo, inmediatamente salió de su habitación; que estaba al final del pasillo. No le importó pausar su investigación, era más importante atender la crisis que pasaba en la cocina.

Caminando con ansiedad, bajó las escaleras y llegó a la cocina donde la mujer gritona se encontraba.

A pesar del frío de la mañana, la cocina estaba totalmente cálida. La iluminación amarilla y las diversas ventanas que reflejaba el sol de la mañana daba un sensación de tranquilidad y calma. El humo salía de las sartenes calientes de la estufa, en lo que los olores de los vegetales y sazonadores bailaban por la cocina. Para Odette, esta era una vista de lo más común, incluso con un poco de calma.

—Ayúdame, mi vida. Ve a cambiar a Mateo, antes de que te vayas.

El sonido de una balbuceada resonó. La criatura de apenas un año de edad yacía en un portabebés, chupando sus manos y juguetes seriamente. Al igual que Odette, el bebé tenía bonito cabello castaño, con ligeros matices de rojos, era cómo una versión más pequeña de Odette.

Ella tomó al bebé qué empezó a reír y gritar en cuanto vio a su hermana. Le dio unas ligeras palmadas, lo abrazó y se apresuró a subir para que el bebé no se sintiera incómodo.

El olor a leche y talco era muy agradable, siempre le gustó entrar a la habitación de su hermano y jugar con él, especialmente cuando era recién nacido; era extra adorable. Aunque con olores más desagradables.

—Mati está sucio, Oddie va a limpiar a Mati, ¿Verdad?

El bebé respondió con el mismo tono risueño. Lo besó fuertemente antes de acostarlo suavemente sobre el cambiapañales. Tenía mucha experiencia en esto; desde que nació, lo había cambiado al menos cada tres de cinco idas al baño.

A pesar de tener veintiún años, Odette se consideraba maternal. El nacimiento de su hermano fue una sorpresa; su madre no era precisamente joven, y hubo cierto peligro cuando su hermano nació. Desde que llegó, ella siempre se metió en la vida de Mateo, desde la decoración hasta la elección de la fórmula, planeaba y supervisaba todo; tampoco era tan complicado. Incluso aún con su carrera, y todo el peso de sus hombros, no la detenían en criar a un bebé.

Además, ella en serio adoraba a su hermano.

Desde su uso de razón, siempre habían sido su madre y ella, se tenían una a la otra; aunque se sentía acompañada, su madre siempre trabajaba. Jamás se quejó ni alegó.

Hace cinco años, su madre se casó con un buen amigo del trabajo. Odette estaba realmente satisfecha, pues le caía muy bien este nuevo padrastro.

Y nada la hacía más feliz que ver a su madre ser feliz.

Cuando Mateo nació, fue una bendición aún mayor. Creía que este nuevo hermano era suyo, siempre sentía cierta resistencia a llamar padre a su padrastro. Pero Mateo, era totalmente su hermano, jamás pensó en poner el término de hermanastro, pues creía que ya sea la forma del cabello o el color de los ojos, era su mitad.

—¡Odd!

Ella sonrió.

—Si, si. Oddie va a cambiar a Mati.

No se demoró nada en cambiar el pañal, incluso trató de hacerlo con prisa para evitar que su hermano tuviera frío. En cierta medida, lo mimaba demasiado, pero Odette siempre se justificó diciendo que nunca le faltaría amor.

Su padrastro falleció unos días después de que Mateo naciera.

Fue un golpe bastante duro, incluso devastador.

Fue una enfermedad bastante silenciosa, sin avisar ni dar tiempo para despedirse. Después del funeral, la madre de Odette se encerró por bastante tiempo, tuvo una depresión fuerte que duró mucho tiempo; al menos la mayor parte del crecimiento importante de Mateo. Es por eso, que Odette siempre fue muy indulgente con su madre, desesperada por no darle ninguna carga, ni darle más dolor.

—¡Ay! Mati ya está limpió, qué guapo es nuestro hombrecillo.

Jugó con él un poco, lo abrigó con una manta y arrulló un poco; no sabía si era por la conexión qué crearon en todo este tiempo, pero Mateo se dormía en cuanto escuchaba el latido de Odette, como un tranquilizante que lo hacía sentir seguro. Por suerte, aún era muy pequeño, así que se quedó dormido profundamente.

Lo arrulló un poco más antes de colocarlo en su cuna. Instaló la radio y la cámara con cuidado a la vez que salía de la habitación.

La casa de la familia no era pequeña, al morir su padrastro y con su hijo en pañales, los dejó muy bien protegidos. No lucharon mucho por dinero, así que Odette tenía el lujo de no trabajar. Más aún, tenía el lujo de estudiar cualquier carrera que ella quisiera.

—Limpio y dormido.

Al llegar a la cocina, tomó asiento en unos bancos de la isla, y en un mismo movimiento agarró su plato caliente recién hecho por su madre. Por desgracia, Odette jamás supo cocinar. Cosas tan simples como hervir agua eran un desafío, así que siempre sufría a la hora de alimentarse. Se tuvo que adaptar a no quemar demasiado la comida congelada. Pero, hacía todo lo posible para ayudar en la cocina.

—Gracias.

—¿Saldrás esta noche?

Asintió sin dejar de devorar con prisa el plato de comida. Solo eran huevos, pero sabían muy bien.

—Tengo clases hasta las seis, de ahí iré a casa de Sam.

Su madre puso una lonchera en la encimera, se podía sentir la temperatura caliente aún en el exterior. Odette la tomó con naturalidad, se dirigió a la alacena pequeña de la cocina para sacar sus galletas favoritas. Su Madre solo pudo mirarla con impotencia al verla cómo guardaba el paquete de galletas.

—Toma tu medicina, ¿Cuántas clases tienes hoy?

—Cinco, pero tengo bastantes descansos—rodeo la isla y abrazó a su madre por la cintura—Si me da hambre compraré algo.

—Bueno, ¿Ya terminaste?

Odette asintió.

—Ya me voy, voy tarde.

Con un último bocado, subió corriendo al baño. Se lavó los dientes, empacó su bolso, tomó la pastilla y con cuidado besó la mejilla de su hermano.

—¡Adiós!

El sonido del portazo fue lo último que se escuchó, si Odette hubiera volteado aunque sea un segundo, habría visto la expresión de preocupación de su madre. Pero la historia no se centrará en la madre.

La ciudad dónde vivía esta familia de tres era tranquila en la superficie, no era pacífica, pero no había secuestros y asesinatos a la luz del día. Aún tenían un poco de decencia en hacer sus negocios en la oscuridad. El único problema era que la ciudad era grande. Odette tenía que caminar casi veinte minutos para tomar el metro, aunque nunca le molestó caminar tanto, era muy tedioso. El vecindario podría considerarse muy animado, los vecinos eran amables y el sol muy cálido. Había mucho ruido y los negocios gritaban a primera hora de la mañana. Además, siempre se encontraba con pequeños percances que eran un tanto molestos.

Después de una pequeña parada en un puesto para comprar un pan caliente, Odette corrió para alcanzar el vagón del metro y poder sentarse. Por suerte, a esta hora de la mañana realmente no había preocupación de que los vagones estuvieran repletos, fácilmente encontró un asiento vació para disfrutar su pequeño bocadillo. Sacó una lectura de su clase para leer a medida que disfrutaba su pan.

No muchos pueden leer el mundo, muy pocos lo observan; incluso si lo hacen, no entienden muy bien que ven. Si las personas hubieran tenido la rara costumbre de observar con detenimiento sus alrededores, se habrían dado cuenta de la extraña situación que rodeaba a Odette. No era nada visible a la vista, solo una pequeña sensación de tensión. Una pesadez extraña en el aire.

El tono de llamada interrumpió a Odette de su lectura; buscando brutalmente su teléfono en su mochila repleta. La propia Odette siempre cargaba demasiadas cosas. Una laptop tosca y pesada, una carpeta repleta de hojas, muchas plumas, botiquín de primeros auxilios, neceser, agua, loncheras, una sombrilla. Cosas básicas.

—Bitch, quieres la blusa roja de brillos, o el corset.

—¿Qué te pondrás tú?—preguntó, empezó a guardar todas las cosas que sacó para encontrar su teléfono.

—Iré desnuda, claro.

Soltó una risilla, que se esforzó por reprimir. Su temperatura aumentaba por intentar esconder su risa y un sentimiento de vergüenza la invadió al ser tan descarada en lugares públicos.

—Te veo allá, tú escoges la blusa.

—Vale, nena. Te veo allá.

Suspiró un poco. Samantha Delmonte siempre encuentra la manera de sacar las frases y conversaciones más extrañas que pueda. Y por ende, es su mejor amiga. Después de colgar, reviso sus mensajes. Algunos grupos de trabajo, grupos de su facultad o mensajes de compañeros. No había nada interesante o estresante, no se preocupaba mucho por la amistad de sus compañeros de clases, la única cosa preocupante era saber si la cafetería ya estaba sirviendo café.

Guardó su teléfono con un suspiró de aburrimiento, sin esperar nada nuevo. No volvió a sacar su lectura, en cambio se limitó a mirar las casas que avanzaban rápidamente; no fue una buena idea, ya que el metro era demasiado rápido. Pero ya estaba cansada y con muchas ganas de dormir.

Lo que más le gusta de su carrera es no dormir, le gusta mucho justificar su fatiga y sueño constante por los desvelos que tiene al programar hasta altas horas de la madrugada, le da un sentimiento de satisfacción. Odia desvelarse solo por insomnio.

Desde una perspectiva diferente, la chica miraba la ventana en un transe conmovedor y misterioso; sus ojos se movían rápidamente, dando a entender a quién no la conocía, que observaba con prisa como pasaban las casas. Y cuando el metro paró en una estación, este trance se rompió con brutalidad, levantándose y saliendo del metro con orden. Siguiendo la rutina monótona, Odette caminó un poco para llegar a su facultad; tenía la suerte de estar justo al lado de una salida del metro; ahorrando el dolor de cabeza de caminar más. Sin embargo, su dolor de cabeza ya se empezaba a presentar como acostumbraba.

La carrera de informática fue para ella una de las mejores opciones al decidir qué estudiar. Era flexible, duradera y sostenible. Buscaba más estabilidad que pasión, ingresos sobre innovación. No era tan interesante como otras carreras pero era más segura que ninguna, en especial en su universidad. La facultad tenía una estrecha relación con “Hegemony”, la empresa líder de la seguridad digital, y recientemente, la inteligencia artificial. Además, de ser una sub empresa del grupo “ Iztāc”. El conglomerado que domina el mundo. Conseguir entrar en “Hegemony” ya le parecía un sueño, el grupo “ Iztāc” era como ver el olimpo en el cielo; imposible de alcanzar. El objetivo de Odette fue desde el principio tener un lugar en esta empresa de renombre, donde los talentos sobran y la lucha es cruel. Pero siendo parte de esta empresa, le aseguraría la vida, y es su principal objetivo.

Sus clases eran ya de las últimas en su carrera, solo tenía un año y medio para atraer la atención de sus profesores y ganar puestos exclusivos. Tenía el ojo en específico en una profesora, ella tenía un gran puesto en esta empresa, y mostrar su talento con ella podría ganarle alguna recomendación. Era una de sus últimas opciones si no conseguía la pasantía en la empresa.

Porque obviamente, la relación de la empresa y la facultad se basa en ofrecer pasantías a estudiantes destacados. Era una gran batalla, que Odette ha estado atravesando desde que entró.

—Odette, ¿Irás a la fiesta de bienvenida?—Antonio preguntó en voz baja conforme Odette tomaba su asiento. Ella lo miró brevemente, solo pudo sacar su laptop ,sin pausa hacía lo posible por no sonar grosera.

—Si me vuelves a preguntar eso, te voy a castrar.

Él se rió nerviosamente.

—Solo preguntaba, tal vez podríamos vernos allá—su expresión le dió a Odette una fuerte sensación nauseabunda que casi no puede reprimir. No es por ser grosera, simplemente no tolera la personalidad de Antonio.

—Te avisaré—no tuvo más remedió que darle una respuesta; sabía que si no le informaba al chico, este la acosaría toda la clase. No puede permitirse eso.

Como lo planeó, se calló después de saber sus horarios, dándole a Odette unos momentos de paz, esperando hundirse en la clase.

No fue un misterio cómo pasó el resto del día. Tomar sus clases, escribir, teclear mucho y estresarse demasiado; comer un poco. Era uno de sus días más livianos, donde podía relajarse. No veía a los profesores importantes y no tenía ningún compromiso relevante. Había dejado de asistir a talleres o cosas extracurriculares para concentrarse en conseguir la pasantía, significaba mejorar sus proyectos y destacar en sus tareas. Y por ese motivo, Samantha quería sacarla de sus rutinas para no morir como un empleado japonés promedio.

Eso da cómo resultado que, a la última clase de Odette, ella se dirija a una facultad diferente.

Puede resumir a los estudiantes de moda con una frase: diferentes; en el buen sentido. Siempre le gustó observarlos, aunque sea un segundo. Le gustaba mucho cómo caminaban, cómo pensaban, incluso había ocasiones en las que se quedaba horas observando a Samantha trabajar o diseñar; le parecía fascinante.

—¡Adivina quién nos invitó a la pelea de arquitectura la próxima semana!—Samantha saltó sin previo aviso sobre Odette. Ella estaba acostumbrada a sus saludos con mucho afecto, No se inmutó incluso si su tobillo se doblara ligeramente.

—¿Eric o Christian?

—Daniel, te quiere coger.

—¿Le dijiste que tú ya me cogiste?

Asintió con seriedad.

—Que te lamí tu florecía, tanto que te desmayaste dos veces.

—Perfecto.

Se rieron con picardía antes de irse. Samantha conducía un auto discreto y pequeño, suficientemente confiable para viajar por horas y no tener que batallar con la mecánica. Se subieron al auto después de meter los materiales de Samantha. Eran apenas las siete de la noche pero las chicas se sonrieron con complicidad mientras encendían el auto.

—¿Tu mamá sabe lo de la pasantía?

Odette suspiró, miró la oscura noche por la ventana y se acomodó para recargarse levemente sobre la ventana.

—Claro que no sabe.

—Le vas a tener que decir, Odette. Si consigues ese lugar no podrás esconderte.

—He conseguido esconder muchas cosas—sonrió.

Samantha rodó los ojos sin despegar la vista de la carretera.

—Comprar cosas por internet a escondidas y mandarlas a mi casa no es engañar a tu madre.

—Nunca logró encontrar la tanga roja.

—Porque tal vez la confundió con la suya, burra.

Odette se quedó callada.

—¿Por qué no quieres decirle?—preguntó Samantha con aspecto serio.

Odette solo levantó los hombros sin responder, dejando un silencio en el auto. Samantha sabía que solo debía dejarla pensar, ordenar sus ideas y ella sola encontrará su respuesta.

—Siempre ha sido muy paranoica, y desde que murió Oscar, todo empeoró.

—Odette—la mano de Samantha tomó la suya, intentando reconfortar.

—¿Sabías que en este momento debe estar checando mi ubicación? Tiene una aplicación rara que me vigila. Que logré desactivar. Intento siempre tranquilizarla, pero si se entera que quiero hacer una pasantía, en una de las empresas más grandes del país, con desconocidos y experiencias. Enloquecería.

—Si, porque lo más peligroso que te ocurra, sería que te cortes con hojas de papel.

—Podría quemarme con el café.

Sonrieron. Aligerando el ambiente del auto.

—Si se entera y quiere encerrarme para siempre, ¿Me rescataras?

—Nos va a encerrar a las dos.

Odette resopló.

—Tendremos que conseguir que alguien nos saque—dijo Samantha fingiendo seriedad—Dile a Daniel que nos rescate, y le enseñas una teta.

La expresión de asco apareció en el rostro de Odette.

—Prefiero que mi mamá me corte las piernas.

Siguieron observando la carretera. Era una ciudad grande, aunque los antros de moda estaban cerca de su universidad, se dirigían a un lugar en específico que requería más tiempo.

—Pues, a la mierda. Si tu madre se entera y quiere hacerte monja, nos escaparemos. Conseguiremos una guardería para Mateo y diremos qué somos un matrimonio lésbico.

El auto se detuvo.

—Puede funcionar.

—Ya verás que si.

Después de sonreír, bajaron del auto con un objetivo claro. El minisuper se iluminaba de forma tranquila en mitad de la noche, estaba solo y con dos autos en el estacionamiento.

El sonido de la puerta resonó por la tienda, música sonaba por todo el lugar, dando un poco más de diversión a la escena.

Odette y Samantha no se detuvieron, encontraron las secciones de alcohol con naturalidad, y sin decir más, tomaron dos botellas de Vodka. Samantha se volteó para tomar un jugo para disimular el sabor de la bebida; Odette agarró gomitas y dulces sin preguntar.

Al momento de pagar, dividieron la cuenta y tomaron felizmente sus compras de malas decisiones.

Llegaron a su destino en menos de un minuto.

—¿Trajeron al bebé?—una chica con una toalla en la cabeza esperaba fuera de una casa, abriendo el garaje para dejar que el carro entrará.

—Aquí está—Odette tomó la botella en brazos, simulando un recién nacido.

—¡Mi niño! Dámelo, dámelo, no dejen que tenga frío.

La carcajada resonó en el garaje mientras las tres chicas entraban a la casa.

—¿Ya se quieren arreglar? O primero precopear.

—Tengo sed desde mi segunda clase—Samantha empezó a preparar las bebidas.

—Además, sabemos arreglarnos y beber.

De este modo, la música resonó por toda la casa, el aroma a perfume y acondicionador se expandió en la habitación. Odette se relajó, empezó a beber el trago que le dieron sin preguntar. Las dos chicas no la dejaron atrás. Samantha tomó hábilmente las tenazas y diferentes productos del cabello para empezar a alisar su gran melena de cabello, tenía una pelea constante con sus rizos; le gustaba matarlos lentamente.

—Samantha, No quiero que te quejes de lo quemado que está tu cabello—Odette miró el cabello totalmente liso de su amiga, donde antes había rizos bien definidos.

—A callar—Samantha dio los últimos toques a su cabello para ir de ayuda a su amiga.

—¿Cuánto tiempo tiene ese antro?—la amiga preguntó, mientras se quedaba quieta, dejando que Samantha planchara su cabello.

—Unas semanas—Samantha tomó un trago de su bebida—Axel me dijo que casi no se abre por los negocios turbios del dueño.

—¿Vende dulces?—preguntó Odette, empezando su maquillaje.

—No es eso, Alex me dijo que el dueño tenía muchos contactos detrás. De hecho, cuando contrataron a Alex, hicieron que firmara muchas cosas. Y siempre lo revisan cada que entra.

—¿Encontraron tus fotos de putita?—Odette la miró con una risilla.

—Logramos pasarla desapercibida—Samantha terminó de planchar el cabello de su amiga—De todos modos, el dueño jamás está. Y Alex dijo que hoy podríamos pasar sin problema.

Odette se sentó donde antes estaba su amiga, dando señales para que Samantha se ocupará de su cabello. Como acostumbraban, Samantha hizo ondas en el cabello de Odette, dando volumen y destacando su largo cabello.

—Oddie, ¿La bienvenida de tu facultad no es hoy?—después de alisar su cabello, la amiga empezó a revisar diferentes vestidos, sin dejar de beber.

—Se supone—Odette volvió a tomar un gran trago de su bebida.

—¿No habías quedado con Antonio?

—El chismoso quería que estuviéramos juntos, le dije que lo llamaría. Omití la parte en la que no iría.

—Que lastima, es muy lindo—Samantha suspiró.

Al terminar sus ondas, Odette tomó el fijador y finalmente acabó su trago.

—No iba a desperdiciar la oportunidad de ir a este antro—Odette tomó la botella, lista para servirse otro trago—¿Cómo dices que se llama el lugar?

—El agujero.

Odette hizo una pausa, soltó una risa baja y miró a Samantha.

—Me estás diciendo, que, el lugar más exclusivo, caro e importante de toda la capital, se llama como un jodido prostíbulo cualquiera.

Samantha se alzó de hombros.

—No voy a cuestionar los atributos artísticos del dueño. No tengo tantas agallas.

Odette terminó de servir su trago para darle un gran trago, sin ninguna expresión.

—Pues más les vale que sea genial, porque me puse mis tacones caros.

Samantha terminó de repasar su cabello para dirigirse al maquillaje.

—Ambas sabemos que sin importar el lugar, te habrías puesto esos tacones.

Odette sonrió, mirando sus zapatos.

—Son los de la suerte.

La amiga asintió con una sonrisa.

—Siempre nos consiguen una botella gratis.

—Diana.

La amiga miró a Samantha.

—Tú consigues un palco por enseñar las bubis.

Diana soltó una sonrisa.

Terminaron una botella sin contratiempos y con elegancia, era demasiado decirlo, pues, tenían buena resistencia. Odette estaba acostumbrada a esta rutina, usualmente por la cercanía de los antros de la casa de Diana, ponían su casa como punto de reunión y punto de llegada. Además, Diana vivía sola; se sentían más libres. Incluso tomaron la costumbre de arreglarse en su casa, así que Odette tenía menos preocupación de que su madre viera lo indecente y desvergonzado de su atuendo.

—Se me sale una teta.

Odette miró su diminuto vestido negro, totalmente pegado; resaltando su cintura y las pocas caderas qué tenía.

Samantha se acercó; no le importó pedir permiso, por lo que simplemente amasó el corpiño de Odette.

—Ponte las pezoneras, este brasier no te ayuda a mantenerlas en su lugar.

—Con las pezoneras, mis tetas estarán saltando como locas.

Diana se paró detrás de las chicas.

—Si se sale una teta, vuelvela a meter.

—Como no lo pensé, Dios.

Terminando de alistarse, las tres chicas terminaron el resto de la botella mientras cantaban y escuchaban música, con cuidado de no arruinar su maquillaje y cabello. Había un acuerdo tácito entre Odette y Samantha: Tú eliges el lugar, yo nos mantengo a salvo. Han mantenido esta regla desde que tenían edad para comprar alcohol, o más bien cuando supieron cómo hacerlo. Conocieron a Diana recientemente, se vestía bien, y su casa podía ocuparse como hospedaje. Fuera de eso, sabían cómo moverse dentro de la ciudad.

Después de todo, era la capital. No había grandes problemas, pues, la capital era tan grande que muchos conflictos pasaban desapercibidos; aún así, Odette siempre estaba lista.

—Identificación, condones, dinero—Odette tomó un pequeño fajo de billetes para esconderlo en su escote—Dinero de emergencia.

—Arma blanca inofensiva—Samantha guardó el cuter en su pequeño bolso. Después de un desafortunado incidente con el auto de Samantha, en su última salida, las chicas decidieron; por orden de Odette, no volver a usar un auto cuando salieran. Pero tampoco les parecía muy inteligente salir desorientadas a las cuatro de la madrugada buscando transporte.

—¿Cómo están, niñas?—el taxi desgastado se paró enfrente de las chicas. El automóvil se veía viejo, el conductor era peor. Sebastián tenía ya sesenta y cuatro años, pero era un muy buen amigo de la familia de Odette, en especial de ella. Tenía la total confianza y tranquilidad de que nunca la delataría con su madre; y fue un bonus extra que tampoco las secuestrara.

—Buenas noches, Don Sebas.

—¡Buenas noches, Don Sebas!—corearon las demás.

Sebastián sonrió con ternura. Aunque, a pesar de la edad, Sebastian era un hombre robusto, con poco cabello y muchos tatuajes. Era intimidante a simple vista, pero eso siempre le ha permitido ser un taxista a altas horas de la noche. Su aspecto intimidante lo protegía un poco. Odette nunca se pregunto porque alguien cómo él habría sido buen amigo de su familia, tenía claro que su madre no era cercana a él, y no recuerda haber visto a su padrastro hablarle.

En el fondo siempre supo la respuesta, pero por ahora no es necesario saberla.

—¿A dónde vamos?

—Calle Alpino, número cincuenta y tres—Samantha le mostró su teléfono—Club, “El agujero”.

Odette notó la ligera sorpresa y preocupación de Sebastían.

—Ahí trabaja el chico de Sam, estaremos bien.

—Ya quisiera ser mi chico—reclamó Samantha.

Sebastían frunció el ceño con duda. Odette tenía claro la reputación del club, e incluso de la calle misma; sabía bien que había que preocuparse. Pero, a una parte de ella, aunque nunca lo admitiera, le emocionaba mucho sentir el peligro, era un poco divertido.

—Bien, pero me van a llamar en cuanto salgan—Sebastían se detuvo—Mejor llamenme antes de salir.

Las tres chicas asintieron obedientemente. Habiendo apaciguado al señor de mediana edad, partieron para el club. La conducción de Sebastian era impecable, rápida y eficaz. No les tomó demasiado llegar al lugar, con las chicas esperando, con una sensación de emoción en sus estómagos.

Al llegar al lugar, un golpe de caos dio con Odette. La música y el ruido pesado entraron en contacto de inmediato con ella; todo su ser empezó a vibrar violentamente con los ruidos exteriores. Y como todo en la zona vibraba, nadie se dio cuenta que ella igual lo hacía.

—Gracias, Don Sebas—Samantha despidió el taxi desgastado.

La calle Alpino es una de las calles más transitadas de toda la ciudad. Es conocida por las personas que recurren a esta calle, principalmente las localidades. Desde teatros prestigiosos, clubes exclusivos, o restaurantes exageradamente costosos. La calle es conocida cómo el entretenimiento de la gente más influyente de la capital. Y recientemente, el club “el agujero”, es de los más populares; no solo por las personas que asisten, sino por la excentricidad del lugar.

—A la mierda—exclamó Samantha.

El edificio no era grande en comparación con otros grandes edificios de la zona, pero sí que era imponente. Las luces neón iluminaban por completo la entrada y todo el edificio completo era muy destacable, el edificio era de una mármol completamente negro que destacaba con las luces a su alrededor.

Las chicas contuvieron el aliento, no solo al ver el edificio, sino también al ver todos los rostros conocidos que habían en la entrada. Eran personas famosas del círculo del entretenimiento, deportistas, cantantes. Odette se sorprendió al ver a un político importante que había visitado su universidad hace poco. Sin embargo, no importaba cuán importantes fueron todas esas personas, seguían formadas; de forma ordenada, en una pequeña fila en la entrada. Algunos entraban en cuestión de segundos, y los rostros desconocidos, tenían que seguir esperando en la fila.

—Dejen le llamo—Samantha sacó su teléfono de su pequeño bolso.

Odette levantó la cabeza por inercia; en la punta del edificio, se podía observar un pent house. Algo en ella la hizo incapaz de apartar la mirada. Un sentimiento extremo de ansiedad. Casi tuvo la necesidad de escapar y correr lo más rápido que pudiera.

—Vengan—Samantha no notó la preocupación de Odette, la tomó del brazo y junto con Diana, caminaron para dirigirse a un pequeño callejón, al lado del edificio.

—Nos van a violar, Samantha—Diana comentó, la pobre chica se abrazaba por el frío de la noche, su vestido tampoco ayudaba a mantenerla en calor.

—Nos dijo que nos iba a meter por aquí—Samantha empezó a caminar más rápido en el oscuro pasillo.

—Tal vez quería que nos metieramos solitas al cuarto rojo—bromeó Odette.

—Ya quisieras que te azotarán.

Las risas y bromas relajaron a las chicas, caminando por el callejón con un poco más de seguridad. No estaba totalmente oscuro. Las ventanas aún mostraban luz y el ruido de la música no se podía ocultar por las paredes del edificio.

Y en un punto donde las chicas no alcanzaban a ver, una pequeña cámara las iba siguiendo.

—¡Sammy!

Un chico de aspecto alto y delgado salió de una puerta fuertemente asegurada. Samantha se apresuró a abrazarlo, y en propias palabras de Odette, “hacerlo feliz”.

—Se ven preciosas.

—Gracias, Alex. Pero deja de verle las tetas a Sam.

El chico se rió tímidamente. Alex había conocido a Samantha en un taller cualquiera de la universidad, él era muy amable y agradable, Fue efecto inmediato que Samantha quisiera ser su amiga. A Odette le daba igual, no le desagradaba, pero jamás había interactuado demasiado con él.

—Entren.

Alex tomó de la mano a Samantha con dos chicas siguiéndolo detrás. La puerta daba a un pasillo iluminado con cajas y sillas llenándolo casi por completo. Se aseguraron de no tocar nada, no querían pagar por daños o contraer alguna enfermedad.

Salieron del pasillo para encontrarse con una puerta totalmente roja, rompiendo la confianza de las chicas y recordando el chiste del cuarto rojo.

—Santo Dios, nos van a follar—susurró Odette.

Antes de abrir la puerta, Alex miró a las chicas.

—Vayan a la barra y siempre que pidan algo díganle a Taylor—sacó una pequeña tarjeta negra, con la imagen de unos ojos, inquietantemente familiares—La tarjeta tiene mi nombre, él lo sabrá.

—No hablen con nadie, si alguien se les acerca váyanse rápido. Cuando se vayan, vuelvan por esta puerta y vean que nadie las siga—hizo una pausa para mirar profundamente a Odette—Y por el amor de Dios, no besen a nadie.

La puerta se abrió con cuidado, dejando una fina entrada; suficiente para que las chicas entraran. Se metieron rápidamente, una por una, con la mirada baja y tratando de pasar desapercibidas.

Y realmente, subestimaron su curiosidad.

La puerta daba a una enorme recepción, con decoraciones clásicas y lujosas al estilo victoriano. Un gran candelabro colgaba del techo, y unas escaleras imponentes conducían a una gran entrada con puertas doradas.

Pero después de unos segundos, su atención se fijó en otra cosa.

Todas las personas que conversaban en la recepción, sentadas o paradas, con alcohol o comida. Incluso aquellas que caminaban hacia la entrada, vestían de una manera bastante inusual.

Decir que se ven descaradas no es la palabra correcta, ya que tenían un porte poderoso y elegante. Aún así la falta de ropa era importante.

Odette de pronto se sintió fuera de lugar, pero no por las razones que serían normales.

—¿Nos quitamos la ropa?—Odette miró a Samantha, que miraba fijamente a una mujer que vestía hilos de joyas, tapando solo lo importante.

—¿Tienes un vestido de treinta kilos de oro?

—Tengo un collar de oro.

—Tu collar de bautizo no va a resaltar en este lugar, tesoro.

Estaban en un punto relativamente oculto, observando a las personas pasar.

Después del shock de la desnudez, se dieron cuenta que no todos carecían de ropa. Habían vestidos normales, seguían siendo lujosos, pero al menos podrían mirarlas sin el miedo de ver partes íntimas.

A pesar de eso, Odette no pudo evitar mirar a una mujer que vestía dos pedazos de diamantes cubriendo sus pezones; y pequeñas joyas cubriendo sus partes más íntimas. Definitivamente la mujer tendría frío.

—¿Entramos?—Diana las miró insegura, mirando su propio atuendo y el de sus amigas. Estaba claro que sus vestimentas no eran de alguna marca lujosa o exclusiva, y precisamente eso la hacía sentir insegura. Sin embargo, Odette la miró con una sonrisa un tanto maliciosa.

—Por supuesto que entraremos—Odette miró la sala—Está gente merece ver gente guapa.

Con la carcajada atorada de Samantha salieron de su refugio.

Odette caminó sin mirar a nadie, con la clara intención de subir esas escaleras. Con sus amigas siguiéndole detrás, ganó la suficiente confianza para poner una sonrisa arrogante; se sintió libre de subir esas escaleras, enseñando su culo a toda la gente de abajo.

Llegaron a las puertas rápidamente. Con dos “guardias” cuidando la entrada. El aspecto de los dos hombres era sorpresivamente recatado, con trajes prolijos y limpios. Muchos tatuajes, y audífonos en sus orejas.

La expresión dura de los dos hombres intimidaron un poco a las chicas. Sin embargo, el temor duró solo unos segundos; la sonrisa más amable y tímida nació de los dos hombres rudos que cuidaban la puerta.

Samantha se apresuró a sacar la tarjeta negra de Alex, con una sonrisa un poco presumida. Diana a su lado, solo podía mirar con preocupación.

Los dos hombres solo miraron brevemente, bajaron la cabeza y abrieron las puertas, dejando salir una gran onda de música.

—Disfrute su noche, mi señora.

Samantha soltó una carcajada, haciendo burla a Odette.

—Vamos, mi señora—la tomó del brazo—Joder, que gran lugar.

Las tres chicas se quedaron atónitas al ver la escena ante ellas. No lograron dimensionar el tamaño del lugar, ni siquiera lograron ver el fondo. Era una pista de baile enorme, completamente iluminada, frente a bocinas y personas. En ambos lados había barras, con empleados sirviendo y preparando bebidas rápidamente.

Pero lo que más vio Odette fue el techo, el cual no había. La estructura parecía un patio interior, rodeado de palcos o salas privadas; habían al menos cinco pisos de mesas privadas arriba de la pista.

Y al final, en la parte de arriba, había ventanas oscuras qué rodeaban todo el patio.

El sentimiento de querer correr nació un poco más, pero sin pensar demasiado, Odette lo ignoró.

—¿Quieren ver que tanto puedo tomar?—Samantha las miró.

Asintieron para dirigirse a la primera barra.

—Busca a Taylor—dijo Odette. No tenía idea de quién era Taylor, incluso se preocupaba que Samantha tampoco lo supiera, pero dió un suspiró de alivio cuando vio a Samantha levantar las cabeza y empezar a buscar. El lugar era oscuro, el humo artificial y el humo de los cigarrillos tampoco daba una buena visualización.

Se esforzaron por meter sus cuerpos en la fila de personas que acaparaban la barra, por suerte, Odette era alta y Samantha fuerte, pudieron abrir el paso sin ser golpeadas en el intento.

—Esta gente no tiene modales—se quejó Samantha.

—Callate antes de que nos golpeen.

Samantha solo pudo rodar los ojos justo cuando iba a inspeccionar a los baristas del lugar. Debía de admitir, que no tenía una imagen lo suficientemente clara de Taylor; no era su culpa, cuando Alex le enseñaba su foto o trataba de memorizarlo, él la distraía con sus ojos, o ella sola se fijaba en sus músculos. En estos momentos, la poca sobriedad que aún tenía se concentró en recordar lo máximo que podía el rostro de aquella persona. Por un momento, Odette podía ver el humo que salía de sus orejas.

—Buenas noches, señoritas. ¿Qué les sirvo?—un hombre con ojos verdes se acercó a las tres chicas que sin ningún disimulo, miraban a todos los baristas del lugar. Odette se tensó por un momento, sabía que las instrucciones de Alex eran solo beber lo que un barista en específico les sirviera.

—Estamos bien por ahora, muchas gracias—dijo Odette con educación.

Aquel hombre no presionó más, pero se mantuvo a la vista de las chicas. Y por arte de magia, Samantha se fijó en un hombre alto; bastante atractivo, que bebía al final de la barra.

No era Taylor, pero era muy guapo.

—¿Tienen tarjeta negra?

Odette se tensó aún más. ¿El hombre las sacaría si descubre que tenían una tarjeta de un empleado? Por supuesto, la posibilidad de que aquel hombre fuera Taylor no pasó por su mente.

—¿Cuáles son sus nombres? Les puedo abrir su orden.

La posibilidad de ser arrestada y sacada del lugar era aún más importante.

—Aún no tenemos claro que ordenar—Odette tuvo que sacar su último recurso—¿Tienes recomendaciones o algo que te guste más?

El hombre hizo una pausa. Odette sabía que su sonrisa era encantadora, no tenía ningún problema en usarla. Tampoco sentía mucha vergüenza en recargarse sobre la barra, con intención de presionar su escote y sacar un poco sus pechos. También sabía regular su tono de voz, a pesar de casi gritar por el ruido de la música, sonaba muy suave.

No pasó de sus ojos la pausa y la expresión tensa del hombre; con una risa interior, siguió mirando sus ojos.

—Si tienes un trago favorito, lo beberé.

Agarró suavemente sus labios sin dejar de mirar al hombre, que sudaba inquietantemente, sin poder moverse. Odette sintió un poco de ternura, no creía que aquel hombre fuera tan tímido o inocente, incluso se sintió un poco mal por tener que ponerlo en esa situación. Una parte de ella empezó a reflexionar si todos los empleados del lugar serían tan asociales o tímidos para poder trabajar aquí; recordó que Alex también era algo tímido. Tal vez era un requisito, para evitar que los empleados se mezclaran mucho con los clientes.

—O puedes prepararme lo que quieras, tampoco tengo mucho problemas con eso—Odette estaba lista para tomar la mano de aquel hombre, que agarraba con fuerza el vaso de vidrio. Sin reaccionar, el hombre la miró rápidamente con una expresión de horror, quitando su mano cómo si se quemara.

Odette se sorprendió y se indignó un poco. Ella era guapa y la máxima expresión que los demás le mostraban era la de enojo cuando los rechazaba.

—¿Samantha?—el hombre miró rápidamente a Samantha que ya estaba hablando con el hombre guapo al final de la barra. Odette encontró extraña la reacción del hombre. Pasar del horror a reconocer a su mejor amiga no era exactamente un hecho natural.

El hombre se acercó rápidamente a Samantha sin importarle el hombre al lado.

—Creo que eres amiga de Alex ¿no es así?—Samantha miró al hombre extremadamente confundida. Odette sabía que se había olvidado completamente de buscar a Taylor.

—Me llamo Taylor—dijo con un tono un tanto desesperado—Me dijo que les cuidara los tragos.

—¡Claro!—Samantha le sonrió—Dame tres shots de tequilas para empezar. Una paloma para Odette y dame un mojito.

—¿Y una cerveza?—miró a Diana, que bailaba suavemente a su lado. Ella asintió sin abrir los ojos y disfrutando de la música.

—Enseguida—Taylor sonrió con amabilidad, sin querer mirar ni por un segundo a Odette. Eso la molestó un poco.

Queriendo salvar un poco su dignidad, tomó a Diana para jalarla a la pista de baile, con Samantha concentrándose en el hombre guapo.

Por obvias razones, la música en ese lugar no era la que Odette estaba acostumbrada. Las palabras guarras y vulgares de las canciones hacían falta en ese lugar, pero aún así se las arreglaba para mover las caderas con habilidad, pegándose a Diana. En un tiempo récord, Odette se intoxico con la música y la oscuridad del lugar. No sabía si era por inhalar demasiado humo o por el alcohol que ingirió hace poco que se sentía levemente mareada. Y el hecho de que Samantha llegará con su trago tampoco ayudó mucho. Tomó su shot de tequila y agarró su bebida.

Sostenía fuertemente su trago sin despegarlo mucho de su rostro, apretaba su pequeño bolso en su brazo y se mantenía lo más alerta posible; su cadera hacía todo el trabajo para divertirse. Samantha y Diana imitaron un poco su pose, manteniendo a salvo sus bebidas.

Samantha bailaba al ritmo de la música, sonriendo y abrazando a Odette fuertemente. Al observar los alrededores, se podía ver una gran cantidad de gente que bailaba y sonreía con alcohol en la mano; el ambiente era perfecto para olvidarse de todo.

Odette bailaba con los brazos levantados, en un mismo movimiento, empezó a cerrar levemente los ojos. Le gustaba mucho solo moverse sin intención de revisar si se veía bien; ella sabía que se veía bien.

Pronto el sudor empezó a recorrer su espalda, era un lugar muy cerrado; no era extraño que todo se sintiera un poco sofocante. Empezó a respirar pesadamente, queriendo jalar el máximo de aire que pudiera atrapar.

Y sin que ella lo supiera, todo el aire acondicionado del lugar empezó a trabajar a su máxima potencia.

—¡Otro trago!—Samantha las tomó del brazo para dirigirse a la barra. Las dos chicas se apresuraban por tomar lo último de su bebida.

—¡Taylor! Tres shots de tequilas y limones, por favor—Odette sonrió al decir la orden.

—Enseguida, mi señora.

Ignorando el inquietante apodo, las tres chicas continuaron bailando alegremente en la barra a la vez que esperaban su orden. No tardaron ni dos segundos en tener sus shots en las manos, tomándolo con habilidad, disfrutaron del sabor del alcohol y el limón.

No sabían cuánto tiempo pasaron bailando al lado de la barra, pero se sentían muy contentas de saber que el flujo del alcohol no dejaba de llegar. Con un buen sabor y velocidad, se sienten muy satisfechas y un tanto arrogantes al estar ahí. Sin embargo, como un gran flujo de líquido no dejaba de llegar, no tardaron en querer ir al baño.

—¡Me voy a orinar!—gritó Samantha.

—El baño está justo enfrente—Taylor comentó.

Las chicas asintieron, tomadas de la mano, caminando en fila, fueron al baño. Se dieron cuenta que la ubicación de los baños eran excelentes, solo pasaron algunas mesas y sillones para llegar al baño, bajo la vigilancia de dos guardias que cuidaban la puerta. Odette se sintió aliviada al ver que el lugar pensaba en la seguridad de sus clientes.

Por supuesto, si hubiera estado más sobria, se habría dado cuenta que nadie entraba a esos baños y que solo esos baños tenían seguridad.

Odette se sorprendió al ver el tamaño del baño. Era limpio y espacioso, con pequeños sillones decorando el espacio y grandes espejos con luces.

—¡Joder! Tienen puto maquillaje de marca—Samantha se sorprendió al acercarse al tocador—Y mira Oddie, tu perfume favorito.

Odette se acercó al tocador, apreciando los productos. Había tanto maquillaje como perfumes. Productos de belleza de cuidado de la piel e incluso para el cabello. Se tentó un poco por llevarse el perfume, pero su ética ganó.

—¡Mierda! Espero que el baño sea de oro—Samantha entró rápidamente al cubículo de baño.

—¡Incluso hay toallas femeninas!—informó Diana desde el baño—Sam, te mataré yo misma si se te ocurre dejar a Alex.

—Te atreves a vender mi vagina.

—No me importaría vender la mía—suspiró Odette, después de replantearse su valor, entró al cubículo restante del baño. También se sorprendió un poco al ver los productos de baño. Se sonrojó levemente al ver ropa interior, pero en su estado de ebriedad no pudo darse una razón por la cuál habían esas cosas. Por supuesto, todos estos productos los atribuyó al elevado precio del club, entendía un poco del porqué era tan cotizado. No quería admitirlo, pero incluso sentía un poco caliente el inodoro.

—Dejame retocar mi maquillaje—al salir, las chicas no sintieron ninguna vergüenza al usar el maquillaje que se ofrecía en el tocador. En sus mentes, Alex tenía el privilegió de usar todo esto. Odette retocó su perfume y tomó su labial favorito, tratando con su máxima concentración, no ensuciarse.

Al ya estar un poco mareadas, se ayudaban entre ellas.

—¿Quedé bonita?—Odette se paró frente a Samantha para preguntar por sus labios.

—Preciosa.

Pasando la prueba de la honestidad, las chicas tomaron sus pequeños bolsos y salieron del baño. Sintieron euforia y alegría al volver a la pista de baile. Ya con el alcohol suficiente en su cuerpo, se limitaron a bailar entre ellas.

Meneaban las caderas y los brazos con frecuencia, siendo parejas de baile entre ellas. En un momento de adrenalina, Samantha y Diana se acercaron para bailar, dejando a Odette levemente apartada. Ella no se preocupó y siguió bailando sola, tomando su bolso como pareja.

Disfrutaba mover la cabeza y tocar su cuerpo con las manos al mismo tiempo que se balanceaba; sin pensar que de pronto sentiría una mano en su cintura. Odette no se asustó, se dió la vuelta para observar al invasor.

Y cómo sospechaba, le gustaba lo que veía, aunque se quejaba un poco de la altura del hombre; empezó a pegarse a él poco a poco. Ambos se sonrieron con complicidad, tocándose mutuamente. Odette se sintió satisfecha con los firmes pechos y lo ancho de sus brazos. Además, el sujeto olía delicioso. Él tocaba su cintura firmemente, haciendo que doliera un poco. Odette dejó pasar el dolor solo por el atractivo rostro del hombre.

No quiso preguntar su nombre, tampoco le interesó si aquel hombre quería más. Dejó que él descubriera cómo lo rechazaría cruelmente, pero eso no evitó que ella se divirtiera un poco.

—Preciosa.

Odette sonrió por el cumplido del hombre. Lo miró brevemente, se preparó para girar y pegarse completamente al hombre, sintiendo un poco de la dureza que había en sus pantalones. El hombre la tomó más fuerte en sus brazos, subiendo sus manos cuidadosamente por su cintura para llegar a un lugar en específico.

Y justo cuando Odette estaba preparándose para apartarse y terminar ese baile, un sonido resonó por el lugar.

La vibración y detonación de un estallido seco, fue lo que pudo procesar; empezó a sentir algo húmedo y viscoso por toda su espalda y cabello. Su aire alrededor se sintió tan pesado que ella se quedó completamente quieta sin dejar de escuchar un fuerte zumbido en todo el lugar. No solo sentía un fuerte shock, sino que en lo profundo de su cuerpo, podía sentir cómo el aire a su alrededor se movía en un caos constante. Cómo una tela siendo rasgada justo a su lado, provocando que toda la marea a su alrededor se moviera cómo olas furiosas.

Lo siguiente que sintió y escuchó fueron los gritos y empujones de Samantha. Alzó cómo pudo la vista, y se fijó en la expresión de horror y desesperación de su amiga. Se negó a voltear para ver la escena detrás de ella, dejando que Samantha la jalará con brusquedad.

Pronto pudo vislumbrar el caos y pánico que se empezó a crear en todo el lugar, incluso le pareció ver a Taylor correr rápidamente hacía ella.

Pero fue demasiado tarde.

Sintió un fuerte golpe y en un parpadeo, cayó al suelo, junto con Samantha a su lado. Mucho después, llegó el dolor en su muñeca por el fuerte apretón de Samantha al caer. Vieron cómo dos hombres a su lado forcejeaban con un arma, sin importarles las dos chicas que derribaron.

Odette se dió cuenta rápidamente que probablemente tendrían moretones. Y por alguna extraña razón, eso la activo.

Se levantó con una velocidad que ella misma no pensó, tomando a Samantha de la mano con la misma fuerza. Mientras tanto, Samantha se aferraba a Diana con su vida. Odette empezó a avanzar tratando de evitar los golpes y las armas, agachándose levemente para no ser vistas.

Al observar la situación del lugar, se dió cuenta que habían demasiados hombres luchando a su alrededor o llorando con terror, con muchas mujeres gritando. Por un breve momento, sintió pena por las mujeres que visten poca ropa y que quedaron al total deznudo por escapar con prisa.

Odette siguió avanzando con cuidado de no ser vista, casi arrastrándose por el lugar, ayudándose de la oscuridad. Los hombres de seguridad del lugar se paraban varias veces para derribar a hombres que se acercaban a ellas. Odette agradeció en silencio el excelente nivel del lugar y atención a sus clientes.

Pero pronto no pudo ser feliz. Casi llegaban a la entrada cuando el hombre que peleaba con un empleado del lugar lo derribó. Se fijó en Odette un breve segundo. Sonrió con satisfacción y sorpresa. No fue hacia ella, en cambio tomó la radio que descansaba en sus pantalones y habló.

—Entrada, vestido negro y dos chicas detrás—Odette escuchó al hombre decir eso con horror. Pero él solo la miró brevemente, yéndose sin mirarlas más.

No queriendo perder más tiempo, se aventó a la entrada. Y sin darse cuenta, estaba siendo jalada por Samantha. A su lado, Alex llegó asustado fijando su vista en Odette.

—Tomaron la jodida entrada, siganme.

Odette miró la entrada, que efectivamente estaba cerrada fuertemente. Siguieron a Alex con temor, Odette abrazando a Samantha mientras ella jalaba a Diana.

Pronto se encontraron con más hombre rodeandolas, no sabía si era su percepción, pero Odette sentía que había muchos más hombres queriéndose acercar a ellas que antes.

Con la ayuda de guardias lograron evitar ser agarradas. Por desgracia, Alex no era el mejor luchador. Tuvo la mala suerte de encontrarse con un hombre, que rápidamente lo llevó a otro lugar. Otro hombre a la derecha de Odette jaló a Diana; sin más ayuda, solo pudieron jalar a Diana para evitar que aquel hombre se la llevara.

Con toda la fuerza que podían tener, luchaban para sacar los brazos de su amiga, pero en un momento de crisis, alguien tomó a Samantha.

Odette no lo pensó más, tomó una botella del piso y la rompió sobre el hombre que sujetaba a Samantha; al ser liberada, se dió cuenta que tres hombres más jalaban a Diana, pero ella no soltaba a Samantha.

Odette apretó los dientes y miró a su alrededor, solo para darse cuenta que ya estaban totalmente solas. Todos los empleados luchaban ferozmente contra los hombres armados, los sonidos de balas y vibraciones de peleas no dejaban de resonar por todo el lugar, acompañada de gritos y lamentos. Odette miró a sus amigas. Samantha seguía jalando a Diana, y cuando los hombres que tenían a Diana estaban por agarrar a su amiga, Odette tomó una decisión.

Abrazó a Samantha por la cintura para poder ejercer la mayor fuerza que su cuerpo le permitiera, logrando con éxito liberar su brazo del agarré de Diana. Sin perder más un segundo, tomó un banco de metal de una de las mesas, y lo lanzó sobre los hombres. Con ese segundo de distracción, levantó a Samantha ayudándola a correr.

—¡Odette! ¡Diana se quedó! ¡Diana se quedó!—los gritos desgarradores y llantos llegaron a los oídos de Odette, pero ella lo ignoró. Un hombre cayó frente a ellas, deteniéndose por un segundo. La brillante sangre de su cabeza hizo que Odette se mareara, pero su atención se centró en el arma que descansaba en el piso. La tomó inmediatamente, sorprendiendose de lo pesada y fría que era. Apretando el arma, corrió con todas sus fuerzas.

—¡Al menos sabes cómo usar esa maldita cosa!

Odette respondió con un disparo al aire. En realidad, ella no sabía en absoluto cómo usarla, pero sí que conocía las armas, así que usó la máxima lógica de cómo usarla. Solo apretar el gatillo.

La mano de Samantha y Odette estaban tan fuertemente unidas que a ambas les dolía, pero se negaban a soltarse. Pronto, a cualquier hombre que se les acercara con aspecto furioso, Odette levantaba el arma y disparaba. Cuando por fin llegaron a la parte trasera del lugar, se precipitaron por la única puerta a la vista.

Al entrar, el sonido de los disparos murió por completo, pero eso no les dio paz. Las dos chicas se aferraron una a la otra, caminando con prisa y torpeza por sus altos tacones.

El largo pasillo parecía no tener fin, incluso sintieron que los gritos se hacían más fuertes. Con más furia y enojo.

Odette se preocupaba por Diana, Sí. Pero, su mente solo estaba en proteger a Samantha, pues sabía que no volvería a vivir si algo le pasaba.

—Dejamos a Diana—Samantha lloraba y murmuraba, caminaban por el pasillo sin dejar de mirar hacia atrás, con el miedo de ver a alguien siguiéndolas.

Al llegar a una puerta, entraron.

La escena que vieron las dejó petrificadas.

Odette podía sentir la extraña sensación de peligro en el aire, y ese impulso de querer escapar por fin salió a la luz, queriendo salir con fuerza.

Los ojos oscuros la miraban solo a ella. Como un depredador vigilando su presa. Pero, Odette tenía la sensación de ver a un dragón encontrar su tesoro.

Eso no la tranquilizó. Con un acto inconsciente, levantó el arma; poniendo a Samantha detrás de ella,

Aquel hombre levantó las cejas, con una expresión de curiosidad y fascinación que a Odette le erizó la piel. Notó que los hombres que cuidaban a esa persona no le apuntaban, eso la tranquilizó brevemente, pero aún así no dejó de temblar levemente, sintiendo el sudor en todo su cuerpo y el frío en sus manos. El nudo de su garganta era doloroso, incluso su cuerpo empezaba a dolor más.

—Queremos salir—dijo casi en un susurro, tratando de sonar lo más estable posible.

El hombre no dijo nada, solo la observó con cuidado, con atención. Frunció el ceño al ver toda la sangre en el cuerpo de la chica. Odette pensó que tendría asco o repulsión al ver la sangre y el olor a muerte, pero lo que el hombre dijo a continuación la dejó fría.

—¿Por qué quieres irte?—el hombre no tenía expresión, pero el tono de su voz casi parecía un berrinche. Odette expulsó ese absurdo pensamiento de su mente a medida que trataba de pensar su respuesta con cuidado.

—Por favor.

Al hombre pareció gustarle la amabilidad y educación que Odette intentaba mostrar, a pesar de estar muerta de miedo.

—Pero no quiero que te vayas—dijo con una sonrisa.

Odette controló su cuerpo para evitar que el pánico y shock sucumbiera su cuerpo, llevando su estado de alerta al máximo .

—No quiero.

El hombre asintió con resignación, miró al hombre a su lado. Este no dijo más, solo levantó su arma y apuntó a Samantha.

—¡Basta!— Odette gritó desesperada, empezó a proteger al máximo a su amiga con su cuerpo, tratando de sacarla de la mira del arma. Samantha había entrado en una crisis y pánico que solo podía sacar llorando, pero aún así, intentó poner su cuerpo enfrente de Odette. Por supuesto, fue superada, siendo fuertemente retenida por su amiga.

Odette miró el lugar en donde se encontraban, parecía ser un cuarto blindado, guardando lo que calculaba al menos cincuenta armas. Observó a los hombres que estaban armados. Llegó a la conclusión que aquellos hombres estaban listos para dar fin a todo el caos provocado afuera. Y su presencia, tal vez era algo que nunca debería existir.

—Soy una clienta de aquí, solo busco la salida. No diré nada de este lugar—Odette no era tonta, tenía claro que un club así no debería tener un almacén de armamento.

—Tu amiga se va, a cambio de que te quedes.

—¡Que te jodan!—gritó Samantha. Al ver a su amiga, Odette la abrazó con intención de cubrir su boca y evitar perder ese trato. Era tentador, y por un momento le pareció razonable.

Pero si se quedaba, su muerte traería muchos problemas.

Volvió a levantar el arma, tratando de apuntar a aquel hombre.

—Quiero irme.

Tomó acción de sus palabras, moviéndose lentamente a la puerta que se encontraba a su lado. Rezaba que fuera alguna salida. No obstante, aún sin llegar a la puerta, el hombre empezó a caminar.

Los ojos de Odette lo miran, sin querer perderse ninguno de sus movimientos. Concentrándose al máximo de los sonidos y de su entorno.

Cuando el hombre estaba a solo un metro de ella, sonrió y la miró.

—Sonríe para mí. Tal vez te deje ir, Angelito—al ver la intención del hombre de acercarse más, Odette reaccionó más rápido que sus pensamientos. Se movió a la puerta con prisa y con una perfecta coordinación, Samantha abrió la puerta en un segundo, jalando a Odette con fuerza. Y mientras todas estas acciones pasaban.

Ella disparó.

La imagen de Samantha cerrando la puerta y poner el seguro duró un segundo, cuando se dió cuenta, ya se había levantado para correr.

Correr en serio con todas sus fuerzas. Con el miedo y la ansiedad consumiendolas.

Aunque al llegar por fin a la salida, se dieron cuenta que en realidad nadie las seguía. No se confiaron, cuando salieron al exterior y sintieron el frío de la madrugada, la adrenalina sube por sus cuerpo para potenciar su huida.

Y así escaparon por unas cuantas calles, hasta detenerse finalmente en una estación del metro cercana.

Se sentaron en el suelo, luchando por controlar su respiración y sintiendo los latidos de su corazón violentamente por todo su cuerpo, sin detenerse. Un agotamiento y cansancio extremo invadió su cuerpo, generando dolor en el pecho y piernas, con un dolor punzante en la cabeza.

—La dejamos—Samantha retomó sus lágrimas con vergüenza y dolor, presentando una dificultad para respirar dolorosa. Odetta la tomó en sus brazos, tratando de cubrirla completamente.

—Sam, fue mi culpa. Yo la deje, fue mi culpa ¿Oíste?—Samantha negó la cabeza.

—Por mi culpa la dejamos—un sonido de ahogo interrumpió su frase, dejando que sus lágrimas fluyeran con más y más fuerza.

Odette tomó su rostro con sus manos para mirarla con seriedad.

—Samantha, fue mi culpa. Entiende—la miró a los ojos—Yo la dejé ahí, soy la culpable, no tú.

Samantha la miró sin expresión.

—Si tu estuvieras en mi lugar, yo también la dejaría sin dudar para salvarte—susurró.

Odette se quedó con un leve shock. Abrazó con más fuerza, para dejar fluir todas las lágrimas que reprimió.

Se sentaron solas por un buen tiempo, llorando y consolándose mutuamente. Entumecidas por el dolor y estrés que les dió toda esa experiencia.

No tuvieron tiempo de hablar más, el sonido de un automóvil las dejó rígidas. Era de madrugada, aunque no sabían la hora exacta, sabían que habría pocos carros en esta parte de la ciudad y en esta zona en específico. El sonido del motor apagarse y las puerta abriéndose las dejó horrorizadas. Se abrazaron con fuerza sin querer mirar lo que pasaría. El aire a su alrededor se empezaba a tornar pesado y rígido; sin que Samantha lo notara, pequeños hilos blancos de luz empezaban a salir de Odette.

—¡Aquí están, niñas tontas!—la voz de Sebastian las sorprendió. Se levantaron de golpe, y al ver la imagen del señor de mediana edad con su taxi descompuesto, no pudieron reprimieron las lágrimas, solo se limitaron a abrazarlo.

—Ya, ya. Todo está bien—Sebastian condujo a las chicas al auto para meterlas y taparlas con una frazada.

—Tienen suerte que el teléfono de Odette tenga GPS, me tomó un eternidad encontrarlas, no dejaban de moverse—el sonido del motor encendiéndose y la calefacción sonando, les dió una seguridad enorme.

No dijeron nada, se abrazaron en esa delgada manta, esforzándose por entrar en calor. Sin darse cuenta, poco a poco se fueron relajando. Dando como resultado un sueño pesado.

Sebastian suspiró al mirar a las chicas abrazadas, completamente dormidas. También, relajó sus hombros tensos y su pánico al ver las hebras blancas que empezaban a retraerse del cuerpo de Odette.

Una crisis evitada.

Sacó un teléfono sencillo y marcó el único número registrado en él.

—Están a salvo, jefe. Las llevaré a casa—Sebastian escuchó la orden de la persona del teléfono al mismo tiempo que miraba a las dos chicas—Está asustada, pero está bien. Usted trate su herida.

Sebastian soltó una breve carcajada al decir la última frase, pensando con gusto que por fin su jefe había recibido su merecido.

Encendió el auto y salió de aquella zona caótica, llevando consigo, el cargamento más atesorado e importante que su jefe podría tener.

Let Nico know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

The Easter Bunny

Mia: Really nice story

Read Now
The zatorian

ktkirata: The story is really interesting. How the character described in the story is like you can see them and picture how they move, talk and feel in the every plots. Well done writer and keep it up.

Read Now
The Orc's Pet

JyotiRekha: Great plot Describe the life of orcos moe

Read Now
Mystic Wolf

bushbaby: I love the slightly different spin on the were-world and I love love love reading Jaspers story splashed in-between. I honestly did not love Dev, he had no character growth and no arc I just didnt like who he is as a person and that made it hard to keep going about half way through. Without Jaspers ...

Read Now
PARIS IN THE DARK

Hester: Very good, was short too the point , not lingering on the abuse, pity you didn’t let him step in earlier knowing the abuse was happening, but this is almost real for some women who have gone through it, just wish they could all have a princess at te end of thete tunnel

Read Now
An Irish Match

user-tS2KGSfVD3: Beautifully written. Excellent character development and a setting in Ireland, with all it's beauty, never hurts. With spice for those who like it.

Read Now
Married by Fate

Whokie: I love the fact that the main characters are not toxic

Read Now
Exile in Flames

AS: The writing here is clean, polished, and flows so naturally that it was a real pleasure to read.Isla is a great protagonist. Her self-deprecating humor made her feel real (the squirrel's tail and the upside-down trees in the epilogue had me laughing), and her skills as a healer and her growth into h...

Read Now