Las perlas que trae el mar

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Summary

Mateo siempre ha pertenecido al mar...Él ha crecido entre el olor a pescado y las olas del Caribe, con el sueño secreto de ser mucho más de lo que sus circunstancias le permiten ser. Con la mirada fija en el horizonte, carga también con un don extraño: sueños que parecen advertencias del mar y de la vida. Él sabe que nació para nadar contra corriente, y lucha para lograrlo. Brisa Marina, que apenas conoce el mar pero lo siente como suyo, con sus rizos negros y su risa fresca, es la brisa que calma y al mismo tiempo enciende sus ganas de superarse. Frente a ella se siente vulnerable, pero también fuerte. Entre bonanzas y secretos que el mar susurra al oído, Mateo descubre que a veces la vida trae tesoros inesperados. Y que hay perlas que no se buscan en las profundidades, sino que aparecen en forma de una mirada, un abrazo o un amor que lo impulsa a ser la mejor versión de sí mismo. Las perlas que trae el mar es una historia juvenil y romántica sobre el poder de los sueños y el amor.

Genre
Romance
Author
ABIGAIL
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

Él siempre había pertenecido al mar…

Desde que era niño sentía que el mar era su hogar: toda su vida vivió cerca al mar, muchos decían que el parto de su madre fue en la playa porque se adelantaron sus dolores antes de que pudiera llegar a casa, él y el mar siempre fueron inseparables; el colegio quedaba cerca al mar al igual que su casa lo que hizo más fácil su cercanía a la cultura costera.

Desde muy pequeño, pasaba horas enteras zambullido en el mar y disfrutando las olas, era un excelente nadador y nadie entendía porque podía aguantar tanto tiempo la respiración dentro del agua. Nadaba bastante bien, y cuando apenas tenía 12 años aprendió a bucear casi que por instinto buscando las perlas que estaban en el fondo del mar. Gracias a esto lo llamaban Ankuya, aunque nadie le preguntaba y no sabían que su verdadero nombre era Mateo.

Gracias a sus pulmones de acero y la habilidad para mantenerse tanto tiempo en el agua salada sin resecarse, los habitantes de aquel pueblo abandonado empezaron a rumorar que él no pertenecía a este mundo, o que algo raro había para que el agua salada y el mar lo recibieran tan bien. Muchos creían que él había sido el resultado de un pacto secreto de su madre que había engendrado el mar, puesto que a su padre nunca lo habían visto, otros decían que tal vez a quien sabe que contra se lo debía, y otros se atrevían a afirmar en medio de tertulias nocturnas cuando se iba la electricidad, evento muy frecuente en aquel lugar, que habían visto en la soledad de las madrugadas, sacar las aletas y las branquias, y transformarse en un tritón antes de zambullirse. Decían que había aprendido el lenguaje del mar y, como una experiencia casi Mística, su nacimiento en la playa le había dado la Facultad de comunicarse con los seres marinos.

Aunque el escuchaba esos rumores, solo podía lanzar una sonrisa discreta, sin ni siquiera importarle desmentir tales cuentos, por lo que nunca se pudo probar si aquello era un cuento de borracho, o algo de razón tenía. La verdad es que, ni el mismo entendía su amor por el mar y su don innato, solo supo que un día que no recordaba del principio de su vida.

Cuando niño, soñó que nadaba, y mientras lo hacía, veía un hombre que no conocía pero que le recordaba algo familiar, ese hombre vestía un uniforme y ese barco se anclaba cerca a la orilla donde quedaba su casa. Luego de ese sueño, salió corriendo y nadó cual pez, y nunca más pudo dejar de hacerlo, hasta tal punto que la práctica le ayudó a mejorar, y la intuición le ayudó a llegar donde ninguno de los varones de aquel lugar podía.

La verdad, que el no conocía del todo, es que el era hijo de un marinero.

Su madre, Manuela, joven e inexperta, había amado a un joven de la ciudad costera cercana donde nació. Su amor era mutuo: en medio de planes, helados, caminatas nocturnas y conversaciones, creció el deseo y los típicos experimentos juveniles

El se enlistó como tripulante en un barco que traía mercancía de contrabando, y ella lo esperaba siempre, pero un día jamás volvió. Antes de ese último viaje Manuela quedó embarazada de él, y por más que preguntó envió cartas y averiguó, fue como si el mar se lo hubiese tragado.

Repudiada por su familia, empacó maletas al pueblo más cercano. Solo después del nacimiento de su hijo, escuchó la noticia: un naufragio le había quitado su verdadero amor. Esa fue con la versión que tenía y con la que se quedó, sin mas detalles y con el dolor profundo que tuvo que tragar por su hijo.

Realmente, a él no le preocupaba mucho la verdad sobre su origen, porque saber quién era su padre la verdad no cambiaba mucho, su única familia era su madre quien lo había amado y previsto de todo desde siempre, lo que sí le importaba era su presente y su futuro, y lo que debía hacer.

Los chismes e inventos sobre sus andanzas en el mar poco le importaban, el seguía buscando sus perlas en el fondo del mar, o rogándole a los pescadores que le ayudaran con cualquier cosa para comer, o algún trabajo informal, porque a su madre, que lavaba ropa en jaguey y tejía para vender, y al que a duras penas podía ir al colegio los días que eran mejores, solamente les preocupaba que comerían ese día y como resolvían cada una de sus necesidades. Es que si algo nunca se cuenta es que, los que pertenecen al mar lo seguro que tienen es una vida de esfuerzo, necesidad de disciplina o un golpe de suerte si quieres ver los tesoros materiales, porque de los que llenan el corazón ya están rodeados.

Su pensamiento más recurrente era que si algún día iba a sobresalir. Disciplinado si era porque, a pesar de faltar a la escuela se encargaba de cumplir con sus deberes o ponerse al corriente, buscaba la manera de tomar y aprovechar todo el aprendizaje que pudiera, sin importarle realizarlo a la luz de las velas, y en medio de sus pobres recursos era muy destacado en lo que hacía. El entendía que, si había una llave que necesitaba era la del saber, pero que el conocimiento de la escuela pública al que asistía no le iba a dar todas las respuestas que estaba necesitando.

Cada vez que podía, y sus ingresos le daban para mejorar un poco, iba donde alguno de los comerciantes que tenían sus negocios de telas holandesas, perfumes franceses y otros cachivaches de Aruba, para aprenderles y pedirles los libros prestados, porque él no se quedó con lo que la vida le dio, porque sabía que debía tener más. Con esos libros, aprendió sobre ciencias, política, ortografía, finanzas, administración de negocios, y de su tema favorito, ecología.

El soñaba con hacerse grande, y dejó de lado muchas cosas para lograrlo, se maduró antes que muchos, y así fue creciendo, haciéndose un hombre fuerte, responsable, honesto, con la mente clara y el corazón lleno de sueños, sueños que, junto con sus responsabilidades no le daban tiempo a desperdiciar. Con los pies en la tierra, con la mente en el trabajo y solventar la escasez, pero su corazón en el mar.