Luz y sangre
Corría el año 1940, este pequeño país sufrió la devastación de la guerra y quedaron pocos hombres. Así que para los sobrevivientes era casi un deber sagrado tener descendencia.
José, un joven campesino de 19 años era la esperanza de la familia, vivía con su padre un hombre muy rígido, su abuela ciega y la mujer con la que se casó a punta de pistola.
Aunque no estaba muy conforme, tuvo cierto cariño por ella, a pesar de la evidente inclinación sexual de él
La mujer dio luz una niña llamaba Luz Bella, una niña que era la luz de los ojos de todos los miembros de la familia
El padre don Pedro, pensaba que con ese casamiento había arreglado a su hijo. Nada más lejos de la realidad. Y en unos días lo descubriría.
Como su hijo ya tardaba, en volver a casa, decidió investigar en qué estaba metido. Algo le decía que estaba haciendo tonterías.
Caminó lentamente hacia un galpón en el que guardaban las leñas.
Escuchó unos gemidos procedentes del fondo del gran galpón. Lo que vió lo lleno de ira. Aunque conocía la naturaleza de esos gemidos, quería creer que estaba equivocado, pero no fue así.
Ahí estaba su único hijo varón, cerrando los ojos y gimiendo, pidiendo al desconocido que se lo enterrara más profundo, totalmente entregado al placer. Un hombre moreno y musculoso lo dominaba por completo, arañando su cuerpo, mordiéndolo.
El hombre se tropezó con una leña y llamó la atención a los amantes, el otro se puso rápido los pantalones y salió huyendo. Su hijo estaba medio atontado y no tuvo tiempo de reaccionar.
El hombre con la rabia tomó un gran trozo de madera y se acercó al muchacho.
— Eres un PUTO. Enfermo.
José vio en los ojos de su padre rabia y odio. Un escalofrío recorrió su cuerpo y su corazón amenazaba por salir por la boca.
No tenía escapatoria, enfrente estaba su padre y atrás la pared del depósito de madera, hecha de adobe.
Sus sentidos le decían que sería su final. Vio acercarse lentamente a su padre. O eso le pareció a él por la adrenalina que inundaba su cuerpo
— Por favor papá, perdoname — Suplicó el joven.
Vio como su padre alzó la madera y por instinto se cubrió la cara. Le golpeó las manos y se escuchó como el hueso se quebró, luego lo golpeó con ira en la cabeza y el joven perdió el conocimiento.
Su último pensamiento fue su recién nacida. ¿Y ahora que será de ella?
La abuela ciega, escuchó los terribles sonidos provenientes del galpón. Aunque invidente, sus otros sentidos estaban agudizadas y se guiaba por la memoria,.olor y sonidos.
—¿Qué has hecho Pedro? ¿Dónde está José?
El hombre pareció despertar de una pesadilla, sus manos estaban cubiertas por la sangre de su hijo. Se dejó llevar por la ira y ahora todo estaba peor.
Se acercó con temor, al cuerpo aún respiraba levemente.
— Mamá, José está muy mal. Tienes poderes tráelo de vuelta.
No le dijo que él mismo lo llevó hasta ese estado.
— No recuerdo bien las palabras exactas que debo pronunciar. El ritual si— Dijo la anciana con la voz temblorosa
Comenzaron los preparativos y la anciana se sentó cruzando las piernas y recitó frases en un idioma inteligible.
Mientras tanto, ochenta y cinco años en el futuro
Un joven de pelo castaño y piel blanca, caminaba cabizbajo y pasos lentos, sumido en sus pensamientos y no se fijó que un auto venía hacia el a gran velocidad.
El auto le tocó la bocina, pero no hubo caso, el asfalto estaba mojado y no pudo evitar envestirlo a gran velocidad.
Cayó al asfalto y golpeó su cabeza contra una gran roca desprendida por el fuerte raudal.
Antes de perder definitivamente la conciencia, pensó en su bisabuela “Y ahora ¿quién la cuidará?”
El hombre que le chocó rápidamente lo llevó al hospital y le aplicaron los primeros auxilios.
— Estamos por perderlo— escuchó un confundido José y despertó en el cuerpo del joven castaño, luego de varios días internado.
Vio a una mujer de cabello castaño y maquillaje exagerado sentado al lado de la cama.
— Hijo, despertaste por fin— Musitó la mujer.
José se encontraba totalmente confundido, entendía lo que decía la mujer, pero estaba acostumbrado a hablar una variante de una lengua indígena.
— Dónde estoy— dijo con voz apenas audible en el idioma indígena, pues cuando sus emociones se desbordaban hablaba en ese idioma.
La mujer se asustó, su hijo apenas conocía ese idioma y cuando lo hacía pronunciaba mal las palabras o tenía un acento extraño.
Fue corriendo hasta el doctor y le contó lo ocurrido.
— Señora, su hijo estuvo a punto de morir. El cerebro hace cosas extrañas en este estado. Tengo que decirle que tal vez no se recupere nunca totalmente.
Mientras tanto, el joven vio muchas cosas que no comprendía, pero no se asustó.
Su tío, un militar viajó a otros países y le hablaba de libros como el de Julio Verne y acerca de las maravillas del mundo del futuro. Así que inspiró aire y se dispuso a levantarse, pero su cabeza daba vueltas y volvió a caer en la cama.
Pasaron varios días más y guardó silencio, necesitaba averiguar dónde estaba y por qué. Estaba en un mundo extraño, parecidas a los mundos de ficción que leyó, gracias a su tío Francisco.
Luego al limpiarse se vio en el espejo. La figura que veía no era su rostro
Gritó del miedo. Llegó a pensar que estaba en el infierno y estaba recibiendo su castigo. Pero luego, le trajeron una bebida helada para calmar su sed y sintió un sabor que nunca antes pasó por su paladar.Eso no ocurriría en el infierno, pensó.
Estaba en alguna parte, si. Pero lo estaban cuidando. Usó como estrategia el silencio,.poco a poco fue deduciendo lo importante.
Le subieron a un auto y lo llevaron a una casa. Aún se sentía débil y adolorido.
Lo extraordinario para él fue que aunque había algunos cambios...Era la misma en la que vivió. Más moderna y llena de objetos indescifrables, pero inconfundiblemente era donde vivió en su niñez
Después de un tiempo dedujo, que de alguna manera estaba en el cuerpo de otro, quién era su madre, abuela, hermana y hermanos, atendiendo los detalles de las conversaciones, pero siempre callado.
Su madre estaba apenada, no reconocía la mirada del joven, era su hijo o el cuerpo de su hijo.. Los otros hijos la consolaban diciendo que eventualmente recuperaría su memoria.
Luego conoció a la bisabuela, por fin. No salía mucho de su habitación, desde lejos la vió y se acercó, estaba sentada en una silla de madera antigua, en el amplio corredor de la casa, sintió algo extraño, una especie de conexión inexplicable.
Al verlo la abuela sonrió
—Siéntate mi hijo. Acompáñame a aprovechar este sol.
— Claro, abuela—Le respondió en la variante de lengua indígena. Se sentó al lado de la anciana y cerró sus ojos.
— Elian, mi nieto querido. No quisieron decirme que te accidentaste. Soy vieja, pero no tonta. Detrás de los susurros, los silencios, vi que algo andaba mal — Dijo con voz cargada de emoción.
— Abuela, perdí la memoria, no recuerdo nada— me es más cómodo hablarte en este idioma.
— Que bien hablas mi hijo, hace mucho no hablo ese idioma, me siento más conectada a mis emociones —respondió ella y apretó las manos del joven con sus arrugadas manos.
— Luz. Estás tan fuerte como siempre— dijo el cuñado de Elian. Nos enterrarás a todos. Y le dio un fuerte abrazo a la anciana.
José quedó pensando, mientras la anciana conversaba animadamente. Era el mismo nombre que su hija recién nacida. ¿Qué está pasando? ¿Quienes son estas personas? ¿Por qué están en la casa en la que vivía él?
Nada tenía sentido, pero una cosa sabía, quería estar vivo y volver a su hogar. Aunque tuviera que volver a enfrentar a su padre.