Día 1 - Bigote
—Aféitate el bigote inmediatamente.
—¡¿Por qué?!
Indignado al tener que explicarle una obviedad, Draco le señaló al retoño recién nacido que, cargado entre sus brazos, le succionaba la vida enganchado a uno de sus pezones irritados.
—Los pelos de la cara recogen toda la inmundicia que te puedas imaginar.
—Pero-
—Está lleno de gérmenes del ambiente, del sudor, de la saliva, de a saber con quién te has besuqueado mientras yo cuidaba como un esclavo enclaustrado de nuestro hijo.
—¡¿Cómo?!
—Es un nido de infecciones-
—¡No me besuqueo con nadie!
—¡Ayer no tenías bigote!
—Me lo hice aparecer esta mañana con un hechizo crecepelo.
—Tus pelos son gordos y duros, ¿y quieres besar su delicada piel?
—Me lo lavo y le aplico un tónico suavizante.
—Ahí hay de todo, menos higiene.
Harry repasó el aspecto descuidado de su doncel y se le ocurrió abrir la boca.
—Tú lo cargas y estás sin duchar, sin lavarte los dientes y con la misma ropa de ayer.
Draco languideció de expresión, de hombros, de postura...
Se derritió de todas las formas posibles, al mismo tiempo que se le llenaban los ojos de lágrimas, y muy tarde una alarma sonaba en la conciencia de Harry.
—Perdón.
—No me lo puedo creer... —murmuró Draco, corriendo como una exhalación al dormitorio.
Harry corrió tras él y vociferó mil perdones que no fueron escuchados por culpa del portazo y los sollozos.
—¡Perdóname!
Aporreó la puerta, que estaba pasada con pestillo, mascullando maldiciones y sintiendo una infinita culpabilidad, pues escuchar los gemidos lastimeros de su doncel le retorcía el corazón, le perforaba los tímpanos y le imbuía unas ganas irrefrenables de llorar también.
—Por favor, ábreme... Perdona la estupidez que he dicho. No-no sé por qué he dicho- no pienso lo que digo y-
En cuanto Draco abrió la puerta de golpe, enmudeció. Después se abalanzó a él como un penitente pidiendo clemencia.
—Lo siento.
—Me paso veinticuatro horas, siete días con Scorpius.
—Lo sé.
—Todo el maldito día y la maldita noche con él en brazos porque no quiere cuna, moisés, carro o nido. ¡Solo acepta mis brazos! —De tan fuerte que chilló, se desgañitó rojo de ira—. No puedo dejarlo un segundo para ir al servicio porque llora como si lo estuvieran matando.
—¡Lo siento, lo siento, lo siento!
—No puedo mear, no puedo ducharme, no puedo lavarme los dientes, no puedo peinarme, comer, respirar... No puedo moverme bien porque hace menos de un mes que ¡expulsé a tu hijo!
—Retiro lo dicho.
—Me duele el culo, me duele por dentro, me duele todo el cuerpo, me duele la espalda de darle el pecho, me duelen los brazos, el cuello, el alma ¡y hasta las pestañas!
—De verdad que me arrepiento.
—No puedo dormir ni dos horas seguidas porque esta... —miró a Scorpius, que seguía felizmente comiendo del pecho— criatura hace un sinfín de ruiditos cuando duerme. ¿Sabes que no dormir es una tortura?
Harry los abrazó porque con la última frase su doncel rompió de nuevo a llorar desconsolado.
—He sido un completo estúpido —se disculpó, sintiendo el frágil cuerpo de su doncel estremecerse entre sus brazos—. Ahora mismo me afeito el bigote y contrato un elfo doméstico.
Draco paró de llorar y parpadeó sus bellos iris grisáceos. Estos centelleaban de felicidad.
—Dos elfos domésticos, te rasuras ese bigote feo y olvidaré la estupidez que has dicho.
—Vale, mi amor.
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Osea... 😂😂😂😂😂😂 Gran verdad la que traslada Draco, pero también hay un poco de sibilino en su pronta recuperación y modificación de ofrecimiento. brutal.