01| LA BENDITA
La cautivadora imagen del movimiento de sus caderas al caminar resulta embriagante para cualquier ser mundano que le vea. El sonido de su tacón retumba con un eco sonoro al chocar contra el suelo del establecimiento, obteniendo así más de la atención que tanto le gusta.
Sabe perfectamente que está en el centro del territorio de feroces bestias hambrientas, codiciosas y orgullosas. Lobos despiadados que no pueden apartar su mirada del misterioso joven que se mueve experto, grácil y confiado de lo que su presencia provoca en los demás.
Si se lo preguntan, por supuesto que Kim Taehyung quiso alejarse del maldito inframundo. Intentó, con toda la fuerza de su poca voluntad, ser una persona decente, un joven convencional y cotidiano; pero, por más que lo deseó, ese lugar estaba marcado con acero en su piel, existiendo como un parásito dentro de su cuerpo.
Él no era nadie fuera de la oscuridad del infierno.
La rutina del mundo terrenal lo abrumó hasta el grado de perder los sentidos.
Durante el tiempo que pasó fuera de ese lúgubre entorno, el doncel pudo asistir a la universidad; rentó un departamento, que lejos de ser extravagante y caro, era sumamente cómodo para él y su mascota de compañía. También tuvo la oportunidad de comprometerse con un hombre bien acomodado en el mundo de las finanzas, quien resultó ser el vicepresidente de una empresa de textiles y futuro dueño de aquel imperio.
Vivía cómodamente, con un empleo respetable, un prometido que lo amaba hasta la médula y, lo más importante, tenía estabilidad. Pero, aun con todo eso en sus manos, el rubio se sentía intranquilo, inquieto por la ferviente necesidad de salir a divertirse, echar todo por la ventana y volver a la vida que desde siempre conoció.
Solo dos días atrás dejó plantado en el altar a Park Bogum; renunció a su empleo en el despacho de abogados y arrojó todo por la ventana —literalmente arrojó todo por la ventana de su apartamento—.
¡Y joder! ¡Se sintió tan bien!
Se liberó de los pesados grilletes que él mismo colocó en sus manos cuando decidió que la prostitución de su cuerpo había dejado de ser una opción viable para su pobre corazón; desde que abandonó a su más grande amor, cuando éste le propuso matrimonio en una noche de borrachera, y se ensimismó con la absurda idea de querer probar algo nuevo, tomando sus ahorros y creando una nueva vida cuando tenía apenas diecisiete años de edad.
Fue una decisión que tomó por mero despecho, una elección que le costó el corazón; y que hoy se daba cuenta de lo errada que fue.
Desde que entró por las puertas del bar más grande y popular del inframundo, sabía que no habría marcha atrás, que sus demonios lo alcanzarían rápidamente y que lo hundirían de manera definitiva. Jamás volvería a salir, y ciertamente no estaba en sus planes querer hacerlo.
Sus apretados pantalones dejaban poco a la imaginación de los curiosos ojos que seguían cautelosos sus movimientos; el escote pronunciado y provocativo de su camisa solo lograba que los espectadores babearan y rogaran para que el satín de la tela se resbalara un poco, solo un poco, para poder mirar esos deliciosos pezones que se encontraban ocultos.
Su cabello, ahora rubio-platinado, hacía el contraste perfecto con su atuendo completamente negro. Pero, sin duda, lo que logra captar la atención de aquellos degenerados fue el elegante antifaz en tono carmín que cubría la mitad de su rostro, dándole un aspecto sutil y sumamente misterioso.
«¿Quién es él?»
«¿Estará en servicio?»
«¡Joder! Y le metería hasta lo que no tengo a ese precioso culo...»
Esos fueron algunos de los tantos murmullos que Taehyung alcanzó a escuchar debido al volumen tan alto de la música; y no pudo evitar sonreír con coquetería ante todos ellos, porque ciertamente había echado de menos el descaro con el que los mafiosos y lacayos se expresaban. Sin filtro, o vergüenza alguna.
Ese fue solo el primer paso para darse cuenta de que ya no estaba dentro del mojigato e hipócrita mundo cotidiano; ahora, y después de diez largos años, por fin estaba en su hábitat natural, donde era una pantera feroz y peligrosa.
Momentos después de pedir un trago en la barra, el rubio tomó asiento en una mesa del centro y, casi al instante, las bebidas patrocinadas por extraños y propuestas indecorosas a compartir una pieza de baile, y quizás la cama, no tardaron en llegar.
Para el chiquillo de antaño, hubiera sido halagador, pero, lamentablemente para todos ellos, Taehyung ya no era ese niño ingenuo y encandilado de quince años. Había crecido y madurado lo suficiente como para impresionarse por palabrería aduladora y obsequios baratos. Ahora era consciente de la belleza que poseía y de ese poder que sus ojos imponían a los hombres deseosos que deseaban sus caricias. Dejó de ser una simple puta de cantina; ahora tenía el control de sus circunstancias y sabía cómo manipular los hilos de la vida a su conveniencia.
El bastardo de Stigma llegó para quedarse, y esta vez reinaría el inframundo…
[...]
En el corazón de la mafia más poderosa de Corea del Sur, el líder despiadado y calculador de aquel impenetrable imperio se encontraba en la comodidad de una de sus habitaciones preferidas, donde acostumbraba a llevar a sus amantes de una noche para pasar el rato y desahogar su apetito sexual. Siendo cálidamente recibido por las paredes anales de una de sus conquistas; gruñendo y maldiciendo por lo bajo cuando el rubio debajo de su cuerpo arañó su espalda, en consecuencia a la caricia que su glande alcanzó a dejar en su punto dulce.
La maldita gloria...
En medio de su euforia y descarga bestial, el golpeteo sutil de la puerta al ser llamada lo desquició.
Los gemidos de su acompañante se intensificaron en busca de evitar que se levantara de la cama, pero, por más que intentó caer en su intento de seducción, el azabache detuvo sus movimientos de manera abrupta, sabiendo perfectamente que nadie dentro de ese lugar se atrevería a interrumpirlo en un encuentro íntimo, a menos que la situación a comunicar requiriera su absoluta atención.
Toda alma bajo las órdenes del infame Jeon Jungkook había pasado por un riguroso entrenamiento, y por la insistencia con la que la puerta seguía siendo llamada supo que algo estaba terriblemente mal.
—Lo siento, precioso, pero debo atender —se disculpó con el rubio, dándole una sonrisa ladeada mientras intentaba levantarse de la cama; pero su amante no estuvo de acuerdo y enredó sus piernas con fuerza a su cadera, provocando que la erección del azabache volviera a entrar en su interior—. Eso no va a funcionar.
El joven rubio abultó su labio inferior en un puchero que pretendía lucir adorable, pero que provocó en el hombre sobre él una punzada directo en su corazón por el recuerdo de alguien de su pasado.
Cualquiera que lo conociera de años podía darse cuenta de lo que hacía, pues todos los que pisaron su cama después de aquella ruptura amorosa eran ridículamente parecidos al doncel que ocupaba su corazón.
—Pero si lo estábamos pasando genial —le dijo agudizando la voz, sonriendo en victoria cuando el otro meció sus caderas nuevamente—. Eres tan grande, y me follas tan rico… No te vayas, quédate conmigo.
El pelinegro soltó una risita nasal, sintiendo su ego crecer a la par de la tentación por quedarse hasta vaciar su orgasmo en ese joven, del cual no recordaba su nombre, y estuvo a punto de hacerlo, pero la puerta volvió a ser llamada, esta vez con más insistencia.
—Lo lamento —se apresuró a decir, saliendo con éxito del cuerpo ajeno—. Te recompensaré más tarde.
Luego de guiarle el ojo y salir de la cama a regañadientes, Jungkook retiró el condón con premura, lo arrojó en algún lugar de la habitación y se colocó una bata de seda negra. Su mandíbula se apretó en frustración cuando el dolor en su erección incrementó, y abrió la puerta que seguía siendo golpeada con la idea clara de volarle la cabeza a quien se había atrevido a interrumpirlo.
—¿Qué mierda quieres? —gruñó malhumorado cuando encaró al hombre detrás de la puerta, siendo éste Min Yoongi, su mano derecha y amigo desde sus inicios—. Más te vale que tengas una buena excusa para interrumpirme. Esa perra me ha costado la mitad de tu sueldo y tiene el culo estúpidamente apretado.
El pelirrojo frente a él hizo una mueca expresando su desagrado y rodó los ojos por la información innecesaria.
Pero era divertido, pues la información que tenía para darle era valiosa, y estaba esperando ansioso para ver al azabache cambiar esa expresión molesta.
—Es él —informó con voz grave, provocando desconcierto en el azabache, que lo miraba atento y a la espera de claridad—. Kim Taehyung ha vuelto al inframundo.
La mirada de Jeon se oscureció repentinamente por su aceleración. Su lengua hizo un recorrido lento por el interior de su mejilla y, posterior a ello, capturó su labio inferior entre sus dientes.
—¿Estás seguro? —inquirió dudoso, temeroso por una respuesta negativa, pero Yoongi asintió de inmediato, sonriendo con diversión por el cambio abrupto de su semblante autoritario—. Mierda…
—Namjoon llamó hace rato; el doncel se encuentra en “La bendita”.
Su acelerado corazón estuvo a punto de salirse de su pecho, y la esquina de su labio se curvó en una imperceptible sonrisa torcida al recordar el precioso rostro de aquel doncel de cabellos de oro y agua cristalina como mirada. Sintiendo como si hubiera sido ayer cuando vio su propio reflejo en sus orbes azules, terminó por ceder ante la incontenible sonrisa descarada que nació genuina de su centro, junto al cosquilleo que se provocó en sus manos por la oportunidad de volverlo a tocar, a sostenerlo entre sus brazos y, esta vez, no permitirle que se marchara.
—Voy a salir de esta mierda, Jungkook.
Esas palabras pronunciadas entre lágrimas volvieron a su mente como un triste recuerdo vívido.
—Cuando regreses, y sé que lo harás, volveré por ti, Taehyung, y juro por Dios que volverás a ser mío.
—Prepara las camionetas —pronunció para Yoongi tras salir de su ensoñación—. Creo que me apetece tomar un trago…