Domada por el Rey de la Mafia

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Summary

En un ruin submundo, gobernado por dos poderosas familias mafiosas, Aria Dragunova, es una letal ejecutora, quien está dividida entre la lealtad a su familia y un fuerte deseo de redención debido a acontecimientos trágicos en su vida. Cuando su universo colisiona con el de Marco Ricci, un talentoso artista atrapado en la red criminal de su familia, saltan chispas, encendiendo una peligrosa historia de amor y pasión, en medio de una retorcida marea de engaños, violencia y secretos. Aria y Marco deberán tomar una decisión: permanecer leales a sus familias o arriesgarlo todo por la oportunidad de una nueva vida juntos. ¿Cuál será la decisión que rija y defina sus destinos?

Genre
Drama
Author
Lucy Avi
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

01. Un compromiso arreglado

La lujosa estancia Ricci estaba Iluminada por la gran lámpara que colgaba del techo de la sala. En el centro había una mesa donde yacía una botella de vino y tres copas; alrededor, un padre y dos hijos estaban reunidos. El fino hilo gris de un cigarillo serpenteaba entre los dedos de don Vittorio, quien con su porte imponente se aclaró la garganta para comenzar a hablar.

—Bien, hijos… pasando ya al tema principal del porqué los cité aquí, ustedes saben que el poder no se mantiene solo con el dinero ni con el temor que ejerzamos sobre otros —afirmó mientras descargaba la ceniza a un lado de él para volver a inhalar y exhalar una gran nube de humo—. Necesitamos algo que nos dure de manera permanente, sepan que una alianza siempre garantiza lealtad.

Marco, el hijo mayor de Vittorio, yacía sentado en uno de los sillones junto a la ventana, con un pie descansando sobre la pierna contraria, mientras resoplaba con su nariz porque le invadía el olor a tabaco, y por otro lado intentaba no mirar a la cara a su padre, por alguna razón aborrecía cada palabra que salía de su boca.

Deseaba ojalá no tener que escucharlo, pero eso le resultaba imposible, sobre todo porque lo tenía casi de frente, además, su padre no debía enterarse de cuanto lo podía llegar a detestar, era su secreto.

Marco se peinó sus ondulados cabellos oscuros e intentó concentrarse en las titilantes estrellas que ofrecía esa noche, pero no le resultó por más de tres segundos, porque la voz de su padre era tan resonante, pero lo que más llamó su atención fueron las palabras que a continuación salieron de su boca.

—Sí… así como lo oyen ¡Un matrimonio! —exclamó don Vittorio mientras tiraba la colilla del cigarro—. Les aseguro que un lazo como ese nos fortalecerá y beneficiará en el ámbito político. Pasaremos tan desapercibidos como el viento en la cara de la ley.

Marco sabía que, aunque su padre sonara aparentemente entusiasta, no podía ocultar lo frío y calculador en sus intenciones. Después del fallecimiento de su madre, él había empeorado aquella obsesión de sangre y poder. Pero lo que más lo heló por completo fue cuando la mirada de su padre se dirigió hacia él.

—Marco… te casarás con la señorita Isabella Rossi, ya es un hecho —soltó don Vittorio mientras se recostaba en su sillón de cuero.

Luca, el hijo menor de los Ricci, abrió los ojos con sorpresa y esta vez Marco sí que volteó a ver a su, en ese momento enorgullecido padre, intentando por todos los medios no fulminarlo con la mirada, realmente no cabía en su incredulidad y consternación.

—¿Perdón, escuché bien? —Marco pidió que le reafirmara aquella descabellada idea.

—Sí, Marco… la hija del alcalde —repitió don Vittorio sin ningún problema y como si hablara de cortar flores en el campo—. Aparte de ser un acuerdo muy beneficioso para las dos familias, es estrategia y aquí entre nos… esa mujer está como le viene en gana, hijo… esos grandes pechos, largas piernas y caderas anchas, sobre todo, qué buen culo tiene la condenada, sin dejar de lado lo refinada y mojigata que se ve.

Marco se quedó paralizado, sin saber cómo reaccionar, pero daba igual su reacción ya que la decisión estaba tomada, sabía que a su padre poco o nada le importaba lo que él opinara. Solo se restregó la cara con una de sus manos antes de disponerse a contestar.

—Creo que es una buena idea, como siempre las tienes, padre, solo me hubiera gustado que me lo anticiparas antes o al menos, que me preguntaras si estaba de acuerdo —Marco intentaba mantener su semblante relajado, aunque en su interior una bandada de emociones le hacía estragos.

—Eso estaba de más, Marco, ¡por Dios! Conoces bien a vuestro padre, él sabe lo que conviene y me parece toda una ganga para la familia Ricci, sobre todo porque —intervino Enzo, el tutor de la familia.

Marco se limitó a dejar escapar una risa irónica mientras se reacomodaba en su asiento.

—Sí, claro… la familia es primero —dijo entre dientes, sin quitarle la mirada a su padre y luego se fijó en su hermano Luca, quien también lo miraba con un dejo de satisfacción.

Pero en realidad, de lo que Marco tenía ganas era de gritarles en la cara que aquella idea era la más estúpida que escuchó en su vida y que don Vittorio había hecho de su familia un circo con todo y su elenco. Aun así, como no le quedaba de otra por el momento, se mantuvo firme y relajado, como si no le importara y en lugar de eso, aprobara las ideas de la, hasta ahora, cabeza de la familia.

Don Vittorio le pidió al tutor Enzo que sirviera el vino y este acudió de inmediato a la petición. Así pues repartieron las copas y el padre instó el brindis para luego fijar su mirada severa en Marco.

—Quiero que sepas, hijo, que este no es un asunto de preferencias —recalcó mientras movía su copa con el líquido color sangre—. Esto es un deber muy importante, del cual te otorgo el privilegio para que lo lleves a cabo. Eres el heredero de los Ricci, en ti recaerá este imperio algún día y además, sé que lo harás estupendamente. Eres todo un hombre de clase.

No había parte del cuerpo de Marco que no estuviese tenso, sabía que era inútil pelear en ese momento, así que, en lugar de arremedar en palabras de protesta, alzó su copa hacia su padre y con un intento de mirada socarrona, brindó con él en el aire.

—Lo cumpliré por la familia entonces —dijo para darle un largo sorbo a su trago, mientras que en su interior solo calculaba como zafarse de aquel problema lo antes posible.

«¡Detesto esto, maldita idea! ¿Y si le pido el divorcio al poco tiempo? Podría inventarme pruebas falsas de infidelidad. Y si ella se rehúsa a la separación… podría convencerla de alguna manera de que esto no es lo correcto».

El silencio incómodo se hizo presente en la sala, había demasiada tensión tras la decisión dicha por Vittorio. Marco continuaba con sus cavilaciones mientras miraba su copa de vino y de vez en cuando giraba el líquido en espiral lentamente. Estaba frustrado.

En esos momentos, su hermano Luca fue quien rompió dicho silencio con un dejo de altanería.

—Bueno, bueno, bueno… en vista de que estamos celebrando este estratégico plan, también quiero comunicarles que acabo de cerrar un trato buenísimo con los Dragunov.

Solo ese comentario bastó para que la atención de don Vittorio se direccionara hacia su hijo menor.

—¿Los Dragunov?

—Nada más ni nada menos que ellos —dijo Luca con el pecho henchido de orgullo—. Les proporcioné un arsenal del mejor calibre del mercado, me refiero a, de todo en rifles, explosivos y demás armamento como para equipar un ejército. Ya saben, todo lo que una familia respetable de crimen organizado podría querer en su equipo y todo con la mayor discreción que siempre he sabido manejar.

Después de soltar aquella noticia, Luca se inclinó hacia su padre, esperando su reacción. Al principio el padre se veía absorto en sus pensamientos, como analizando lo que acababa de hacer su hijo, quien borró por unos segundos su sonrisa hasta que al fin don Vittorio despabiló.

—Bien hecho, Luca, tenemos que mantener la lealtad con esa familia, ya sabemos que nos conviene eso también —respondió un complacido don Vittorio.

Al escuchar aquellas palabras, Marco ni siquiera se esforzó para disimular la indiferencia que le provocaba aquella “noticia” y Luca notó de inmediato la reacción del hermano heredero.

—No todos los días se cierra un negocio de esta magnitud, hermano —protestó Luca con el ceño fruncido—. Estamos hablando de asegurar nuestro lugar en el rubro.

Antes de que Marco pudiera responderle algo a Luca, intervino el consejero Enzo.

—Me parece un movimiento inteligente que nos mantendrá en la cima, señor Luca ¿No lo cree, su eminencia, don Vittorio?

Marco apenas podía escuchar las voces de sus familiares, de inmediato pasaron a segundo plano. Su mente estaba ya en otra parte, deslizándose entre las sombras y planeando estrategias… sumergido en los detalles de la redada que estaba por ejecutar.

«El cargamento… la ruta… la hora exacta en que los Dragunov harán su movimiento con su “mercancía”».

De repente, una carcajada estridente lo sacó nuevamente de sus pensamientos. Era su padre y hermano que chocaban sus copas con una satisfacción no compartida por él.

—¡Por los Ricci!

Luca se acercó a su hermano para levantarlo de su asiento y que llenara nuevamente su copa.

—Bebe, hermano, hoy es un día grandioso para nosotros —decía mientras vertía el vino en la copa de un estoico Marco.

Pronto Luca se dirigió hacia su padre y siguieron charlando de cosas vanas. Marco no bebió el vino, no podía estar demasiado etílico en esos momentos.

Y como era de esperarse… su celular vibró. Era un mensaje.

Marco, con un desinterés fingido, deslizó su celular y como si solo se tratara de ver la hora, se dio cuenta de que era el mensaje que estaba esperando.

Mensaje de Dante: Vamos al centro comercial, te invito.

El corazón de Marco se aceleró y su frente se perló de sudor ¿Por qué sus familiares tenían que hacer esa absurda reunión justo esa noche?

Tenía que salir de la casa y tenía que hacerlo sin levantar sospechas. Se levantó cuando pensó que no notarían su ausencia, justo cuando Luca alardeaba más de sus logros, y se encaminó silenciosamente hacia la puerta, pero antes de abrirla…

—¿A dónde crees que vas, muchacho? —la voz de su padre lo dejó petrificado, estaba entre la espada y la pared, con el tiempo en su contra.

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