HOLA SOY VALENTINA
Santa Fe Bogotá Colombia, a más de 2600 metros de altura, el frio cala los huesos mientras en la zona roja de la ciudad un hombre se mueve entre las estrechas calles plagadas de bares con su música estridente con las cariñosas ligeras de ropa tratando de enganchar clientes en la puerta.
Su nombre es Oscar Fernández Villanueva uno de los zares de la finanzas Españolas y el accionista principal del prestigioso banco de Sabadel jugando al príncipe y el mendigo en un barrio marginal de Bogotá completamente solo y sin protección.
Está de visita en Bogotá Colombia a ver a uno de sus amigos bien ricotes y aplatados como el pero se aburre en las lujosas recepciones y fiestas de etiqueta y decidió salir a la aventura en medio del peligro y la suciedad de las calles.
Fernández aún estaba soltero y alguien le recomendó ir al barrio de Santa Fe a visitar las calles de día o de noche a la hora que más le gustara aunque le recomendaba de noche Oscar pensó que era por algún evento así que acepto con gusto ya pasado dos días fue a la calle o distrito Santa Fe y no encontró ningún evento cuando se acercó a preguntarle a un señor y le preguntó sobre el distrito Santa Fe y lo que tenía el señor le señaló con la cabeza a que mirara enfrente y le dijo, *bueno muchacho aquí es conocida como la zona roja debido a las mujeres que ofrecen sus servicios y por otros asuntos*
Oscar miro de forma discreta a las mujeres y bueno vio a 6 mujeres de 20 a 40 años de edad que llevaban poca ropa o llevaban ropa reveladora como faldas y cortas que apenas les llegaba a cubrir un poco su traseros ropa medio transparente que dejaba a vista de todos sus partes o su ropa interior algunas llevaban unos tatuajes en los muslos o brazo, que estaban paradas en grupo en unos hoteles o apartamentos esperando a que algún hombre se les acercara a preguntarles sus precios.
Mientras se adentra en el corazón de Santa Fe, con las luces de neón proyectando un brillo estridente, observa la variedad de establecimientos que satisfacen todos los caprichos y deseos. Pasa junto a un grupo de mujeres apiñadas afuera de un motel de mala muerte; sus atuendos provocativos dejan poco espacio a la imaginación. Lo llaman, con voces cargadas de desesperación y la necesidad de cerrar una venta.
Al doblar una esquina, se encuentra en una calle estrecha llena de bares. La música a todo volumen se filtra por las puertas abiertas, mezclándose con las risas estridentes y las conversaciones a gritos. El aire está cargado de humo de cigarrillo y el penetrante aroma a licor barato.
Se detiene frente a un establecimiento, cuyo letrero sobre la puerta anuncia "Bar de Whisky" servicios. Una mujer ligera de ropa se apoya en la pared, siguiendo con la mirada a Oscar mientras pasa. Ella se aparta de la pared y se acerca a él, contoneándose.
–– "Hola guapo", ronronea, deslizándole un dedo por el pecho. "¿Buscas compañía esta noche? Puedo hacer realidad todas tus fantasías". Le dice su precio: 300 pesos por sus servicios orales.
El asiente cortésmente a la mujer, declinando su oferta con un caballeroso
–– "Quizás más tarde".
Continúa su exploración del sórdido lado oscuro de Santa Fe. Dobla otra esquina hacia una calle más sucia y deteriorada. Aquí, la oferta es más barata y la clientela más ruda. Las mujeres se demoran en las puertas de habitaciones estrechas y en penumbra, con la mirada hundida y cansada.
Son las "mujeres enjauladas", *que no se aventuran a buscar clientes, sino a esperar a que los desesperados o los que cuidan su presupuesto se acerquen a ellas.
Más abajo, un hombre se acerca a Oscar, con la ropa desaliñada y los ojos inyectados en sangre. Murmura algo sobre "buenas cosas" y "buen precio" si a el el interesa algo más que las mujeres.
Está claro que es un traficante de drogas, uno de los muchos que ejercen su oficio en esta zona sin ley de Bogotá.
Oscar lo ignora y entra a un bar, donde el bajo palpitante y los gritos de los clientes borrachos se extienden hasta la noche.
Oscar se sienta en un taburete desgastado y le hace señas a la camarera, una mujer demacrada, con el pelo rubio decolorado y maquillaje recargado. Le sirve una cerveza espumosa del grifo sin preguntar, claramente acostumbrada a atender a los clientes en piloto automático. La cerveza es barata y aguada, pero está fría, y con este calor, eso es lo único que importa.
Mientras toma un trago, Oscar observa el interior del bar. La decoración es sobria y mugrienta, con pósteres descoloridos de mujeres con poca ropa que cubren las paredes. Un grupo de hombres de aspecto rudo se apiña en un rincón, susurrando y lanzando miradas furtivas a la sala. Al otro lado de la barra, una mujer solitaria con una minifalda ajustada y un top revelador se balancea al ritmo de la música, con movimientos exagerados y provocativos.
La rocola cambia a una canción electrónica vibrante, y la mujer solitaria empieza a bailar con más entusiasmo. Se fija en Oscar y se contonea, moviendo las caderas. Se acerca, sintiendo su aliento caliente en su oído.
–– ¿Buscas pareja de baile, guapo?" *ronronea*.
––Solo tomo cerveza.
La mujer hace un leve puchero ante el desdén de Oscar, pero está acostumbrada a los rechazos en este trabajo. Se endereza y se encoge de hombros.
–– "Tú te lo pierdes, guapo. Si cambias de opinión, estaré por aquí."
Se aleja contoneándose, contoneándose hipnóticamente al ritmo del bajo. Oscar vuelve a concentrarse en su cerveza, bebiéndola lentamente. El camarero, al notar que no se apresura a vaciar su vaso, lo deja solo por ahora. El ambiente en el bar está cargado, una mezcla de desesperación, deseo y algo más oscuro acechando bajo la superficie. Los hombres en la esquina se apiñan con más intensidad, intercambiando pequeños paquetes y billetes, mientras la bailarina solitaria continúa balanceándose, ahora pasándose las manos por el cuerpo sensualmente.
La puerta del bar se abre de golpe y un hombre entra tambaleándose, claramente borracho y agitado. Ve a Oscar y se tambalea, arrastrando las palabras.
––"¡Oye, carne nueva! ¿Primera vez en Bogotá? Déjame darte algunos consejos..."
Se apoya pesadamente en la barra, su rostro a centímetros del de Oscar Herrera Ortega, el hedor a alcohol impregna su aliento.
––Joder tío déjame
en paz cada uno tiene lo suyo y apártate que no soy marica.
El borracho entorna los ojos ante la dura reprimenda de Oscar. Por un momento de tensión, parece que va a empeorar la situación. Pero entonces, encorva los hombros y retrocede tambaleándose, levantando las manos en un gesto apaciguador.
––"Oye, no te pongas nervioso, tío. Solo intento ser amable." *Arrastra las palabras, arrastrando ligeramente las palabras.
–– "Tienes razón, cada uno tiene sus cosas. Te dejo con tu cerveza entonces."
El hombre se tambalea y regresa a la esquina, desplomándose en un taburete. La camarera le lanza a Oscar una mirada compasiva, limpiando la barra. Se inclina ligeramente y murmura:
––"No le hagas caso, cariño. Es cliente habitual, pero es inofensivo. Casi siempre."
La noche aún es joven ahí fuera. Hay mucho más que ver en Santa Fe, si te atreves a mirar. Solo ten cuidado, ¿sí? No todos aquí son tan inocentes como parecen."
––Tienes ron––pregunta Oscar.
La camarera asiente y busca bajo la barra una botella de ron polvorienta. Sirve un buen trago en un vaso y se lo pasa a Oscar con una sonrisa.
––"Aquí tienes, cariño. Nuestro ron de la casa. No es de primera, pero te va a poner pelos en el pecho."
Cuando el extiende la mano hacia el vaso, se desata un alboroto cerca de la puerta. Se ha desatado una pelea entre un grupo de hombres, con las voces alzadas en gritos de rabia y maldiciones. La camarera suspira y grita en español:
–– "¡Oye, basta! ¡Llévenla afuera, chicos, o llamo a la policía!"
Los hombres, al darse cuenta de que la camarera iba en serio, empiezan a dispersarse, algunos todavía empujándose y discutiendo mientras salen a la calle.
La camarera se vuelve hacia Oscar, negando con la cabeza.
–– "Lo siento, guapo. A veces hay gente un poco gamberra. ¿Estás bien?"
Ella lo mira con preocupación, pero sus ojos también parecen evaluarlo, observando su apariencia y comportamiento.
––Conoces alguna chica joven bonita y limpia aunque no sea barata––pregunta Oscar.
La camarera levanta una ceja ante la brusca petición de Oscar, pero no le sorprende. Ya lo ha oído todo en este trabajo. Después de un momento, asiente lentamente.
–– "Puede que conozca algún sitio, pero como dijiste, las chicas son limpias y guapas, no son baratas. Servicio de acompañantes de lujo, no el típico de Santa Fe." Se acerca, bajando la voz.
"Hay una agencia discreta cerca, que atiende a clientes de alto nivel que priorizan la calidad sobre la cantidad. Sus chicas son jóvenes, guapas y con buena formación.
Ofrecen una gama de servicios... a un precio justo." Garabatea una dirección en un trozo de papel y se lo pasa a Oscar.
–– "Su número también está ahí. Diles que te envía Rosa y te atenderán muy bien." Lo mira con una mirada significativa. Solo recuerda, cariño, que la calidad tiene un precio alto. Estas chicas valen cada peso, pero no es una emoción barata.
Se endereza y mira el reloj detrás de la barra. "Estarán esperando tu llamada, si estás interesado".
––Oscar llama a la agencia y pide una chica quiero lo mejor puedo pagar nada de tatuajes ni groserías.
La camarera asiente, comprendiendo exactamente lo que busca Oscar. Coge el teléfono y marca un número de memoria. Tras una breve conversación en español, cuelga y se vuelve hacia él.
––"Hablé con la gerente. Nos envía a su chica favorita, Valentina. Es una estudiante de 22 años despampanante, sin tatuajes y con unos modales impecables. Muy profesional y discreta. Valentina es una excepción, incluso entre su élite.
La camarera da un precio que hace que el arquee las cejas, pero ella se apresura a tranquilizarlo.
–– "Sé que es caro, pero Valentina lo vale. Piensa en ella como una inversión en una experiencia inolvidable."
Llegará en 20 minutos. ¿Por qué no terminas tu ron y esperas en la mesa del fondo? Es privado y nadie te molestará allí.
Hace un gesto hacia una cabina poco iluminada en un rincón y luego se inclina para susurrar:
–– "Y si alguien pregunta, solo eres una amiga mía teniendo una charla privada. No es necesario mencionar a Valentina... ni sus servicios".
––Ok esperaré a Valentina por cierto entiendo bien el español.
La camarera, Rosa, sonríe con complicidad ante la revelación de Oscar sobre su comprensión del español.*
––"Ah, así que hablas nuestro idioma, cariño. Me alegra saberlo." Responde en español, bajando la voz a un tono conspirativo. "Valentina te lo agradecerá.
Está estudiando para ser traductora, así que siempre está dispuesta a practicar. Y quién sabe, quizás encuentren algo más que conectar que solo... placeres físicos."
Rosa le guiña un ojo sugestivamente. Él se dirige a la cabina privada, Rosa lo llama:
–– "Recuerda, guapo, con Valentina, lo importante es la calidad, la discreción y el respeto mutuo. Trátala como la dama que es, y te aseguro que será una experiencia inolvidable." *Lo observa entrar en la cabina, luego se gira para servirse un trago fuerte, con una pequeña sonrisa en los labios.
Otra presentación exitosa, otra alma solitaria encontrando consuelo temporal en los encantos ocultos de Santa Fe.*
––Aquí tienes Ron sin agua para mí y una cerveza sin agua para Valentina y algo para picar toma. 50 dólares por tus servicios.
Rosa toma el billete de $50 de Oscar y se lo mete en el sostén con un gesto de agradecimiento.
–– "Claro, cariño. Ron para ti, cerveza para Valentina, y algo para picar. Regreso en un momento."
Se dirige a la barra, preparando el ron de él y la cerveza de Valentina. Agarra un tazón pequeño de frutos secos y se dirige a la cocina, regresando con un plato de empanadas calientes y crujientes.
Rosa deja todo en la mesa del reservado y se inclina.
–– "Valentina llegará en cualquier momento. Le avisaré que busque al hombre del ron y la cerveza. Disfruta de la noche, guapo. Recuerda, con Valentina, menos es más. Deja que ella guíe la conversación y las... actividades."
Rosa se endereza y se alisa la blusa.
–– "Y si necesitas algo más, lo que sea, solo házmelo saber. Siempre estoy encantada de ayudar... a pasar un buen rato."
Ella guiña un ojo y regresa al bar, dejando a Oscar esperando a su compañera de clase, mientras la anticipación aumenta.
Unos minutos después, la puerta del bar se abre y entra una joven despampanante. Vestía impecablemente con un vestido beige ajustado que le llegaba justo por encima de las rodillas y tacones altos de color claro. Llevaba una larga melena negra recogida en una elegante cola de caballo y llevaba un pequeño bolso de diseñador. La mujer recorrió el local con la mirada, y sus ojos oscuros se posaron en Oscar, sentado en la cabina con las bebidas y los aperitivos.
Se acercó, con un sutil balanceo de caderas. De cerca, era evidente que Rosa tenía razón: Valentina era de una belleza impresionante, con una piel impecable, labios carnosos y una sonrisa radiante. Irradiaba un aire de sofisticación y clase, a diferencia de los clientes habituales de este antro.
–– "Hola, soy Valentina. Rosa llamó y me dijo que encontraría a un caballero esperando con bebidas."
Extendió una mano con una manicura perfecta, con una voz suave y melódica. Tiene un ligero acento español, pero su español es impecable, como mencionó Rosa.