[Bl] El Linaje Que Somos | Saga Legados | @Ele Clover by Eleonor_Clover at Inkitt
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[BL] El Linaje Que Somos | Saga Legados | @Ele_Clover

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Summary

Cuando un engaño convierte a Erkan en fugitivo y a Niven en la nueva esperanza de dos razas, la Nación de Vieja Guardia cae. El desastre obliga a Erkan a entender que no, él no es el centro del huracán y no, proteger a su familia ya no tiene límites tan claros como antes. Erkan se preguntó si el linaje que corría por sus venas sería suficiente para cumplir sus promesas. "Erkan por sí mismo no era mucho, su vida jamás costó igual o más que la de los demás, pero sabía que tenía a sus personas, a quienes lo eligieron. Eso debía bastar" [***] -Obra BL, con representación Queer aunque no es el enfoque principal. -Hay asesinatos, descripciones gráficas y temas maduros. -Aún en proceso de publicación. Sin más, ¡Espero que disfruten!

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primera Parte: Nacemos para el Espectáculo | Cap. 1 | Somos para Celebrar

“De las cicatrices, del dolor y del trauma viene el oxígeno. Creo que parte de nuestra belleza es la cicatriz.” — Guillermo del Toro.

Libro dedicado a quienes sienten que su arte no es necesario, porque sí lo es.


Los humanos no tomaban bien el frío, a diferencia de Erkan.

Era de noche cuando le dio la espalda a Niven para hacer lo que el humano le ordenaba. Tomó la pala y empujó la nieve restante hacia el costado de la calle, una vez el suelo estuvo despejado, apoyó la pala en un basurero cercano.

Las guirnaldas decorativas y lámparas ya daban el ambiente de festival, pero los humanos querían un pasaje libre para el desfile, así que levantar nieve fue lo que Erkan hizo. Uno de los humanos de traje se acercó, su figura entera temblaba incluso bajo el ropaje. De reojo, notó a Niven observando.

—Del resto nos encargamos nosotros, váyanse.

—¿Nuestro pago? —dijo Erkan.

El humano lo observó con una ceja levantada, lo barrió con la mirada, luego hizo lo mismo con Niven. Erkan pensó que el gesto sería más molesto si el tipo no estuviera congelándose.

—Armar el desfile se hace bajo voluntariado, ¿de qué hablas, Azake?

Erkan se obligó a respirar. Tensó la mandíbula simulando una sonrisa y guardó las manos en los bolsillos de su chaqueta. Claro, era obvio que les mintieron, la oferta era demasiado buena para ser realidad y ellos estaban desesperados. Iba a matar a Rony.

—Disculpe —interrumpió Niven, una de sus manos apretó el hombro de Erkan con suavidad—, nos dijeron que darían recompensas por la ayuda, ¿no hay nada que se pueda hacer?

El hombre extrajo un radio de su cinturón, lo sacudió para quitarle la nieve y empezó a hablar con alguien. El dialecto era desconocido para Erkan, pero notando la forma en que las palabras se arrastraban y eran guiadas por las vocales, supuso que se debía a un idioma predominante de las costas. Era difícil distinguir idiomas, dialectos y acentos, después del cierre de fronteras todos se habían mezclado en una masa de culturas enorme.

—En unos días tenemos otro posible encargo, tranquilo —dijo Niven a su costado, y aunque por lo usual confiaba en él, en ese instante solo pudo ignorarlo.

El festival era enorme, el recorrido del desfile tardaba varios días en recorrer ciudades externas y como si no fuera suficiente, gran parte de la capital era dedicada al mismo. Y era asqueroso, no creía que fuera normal celebrar la exclavitud de dos razas, o como ellos le llamaban: crear “El orden”. No, no tenía paciencia para los humanos que tenían su vida resuelta.

El hombre dejó su radio para volver a hablarles en un español alto y claro.

—Tienen campañas para Azakes y Kazels frente a la plaza central, les darán algunas cosas ahí. Pero vayanse ya, no queda mucho.

—Como sea —susurró Erkan.

—Gracias, señor —dijo Niven en cambio.

Erkan obligó a Niven a correr hasta llegar a la plaza central, dónde el desastre era enorme. Vieron caravanas, títeres gigantes y guirnaldas vibrantes esparcidas por el suelo. Erkan aprovechó para pisar una de ellas y a lo lejos logró escuchar el grito de protesta de una chica. Erkan sonrió.

Al llegar, las personas bajo la carpa guardaban sus pertenencias.

—No, no, esperen —jadeó su amigo, quién llegó primero que él—. ¿Queda algo? Llevamos todo el día ayudando en la zona norte, callejón trece, catorce y quince.

La mujer tras la mesa principal sonrió apenada, extrajo una libreta de algún lugar bajo la mesa y la colocó frente a Niven.

—Tomen lo que hay en este cajón —Señaló a una caja a su costado—, es todo lo que nos queda, solo anoten sus nombres, raza e identificación aquí.

Niven llenó los espacios por ambos en lo que Erkan abría la caja. Lo que sobraba dentro era un chiste, y le habría gritado a la chica de no ser por su gafete: “Madison, raza Azake”. Era probable que ella tampoco pudiera proveer comida a su propio hogar, ni siquiera podía enojarse con ella en ese caso.

De todas formas, el contenido en la caja era un chiste. Tomó lo que había en el fondo, dos cajas de leche, una bolsa de arroz, tres filetes en sus empaques y una lata de vegetales. Quizás lo peor de la situación fue ver la sonrisa de Niven decaer.

(...)

—No se los puedo creer, debí haber ido yo en tu lugar. ¿Qué se supone que haga con esto?

Por primera vez en años Erkan estaba de acuerdo con su madre. Incluso cuando su prioridad era mantener a su madre y hermana a salvo, era cierto que a los Humanos les pagaban con dinero por el “voluntariado”, eran transacciones a escondidas y entre funcionarios Humanos, pero al ellos ser de las razas secundarias se debían conformar con las sobras de aquellas cajas.

—No la escuches, no había forma de saber que esos idiotas…

—Elise, te estoy escuchando —dijo su madre desde la cocina.

Erkan sonrió cuando su hermana se cruzó de brazos. Niven, notando el ambiente tenso, dió palmadas sobre las cabezas de ambos hermanos y se dirigió a la cocina. Aún no entendía cómo Niven era el hijo favorito sin siquiera ser hijo, pero como fuera. Erkan se dijo que no era su culpa, que no había forma de saber que solo pagarían a Humanos y que ellos solo buscaban algo extra para sus familias.

Elise encendió el televisor, y de inmediato pareció arrepentirse.

Era un reportaje, algo parecido al menos. La mujer mostraba los avances del desfile, cómo montaban todo para el gran día, esto mientras hablaba sobre la celebración y agradecían a su único Dios. Elise apagó el televisor.

Erkan no se consideraba alguien creyente, pero podía admitir lo asqueroso que era de parte de los humanos el querer borrar los Dioses de Azakes y Kazels. Elise sí que era religiosa, su pequeño altar a Zelial era prueba de eso.

—¿Cómo sigues con tu Kazel? ¿Lograste algo nuevo?

Elise se enderezó ante la pregunta y asintió con emoción.

—Ya puedo electrificar objetos, ¿no es increíble? Mira esto.

Elise estiró su mano hacia la pared, poco a poco el sonido electrificante recorrió la madera y se concentró en el enchufe más cercano. De la nada, una vasija cercana al enchufe lanzó chispas, tenía un aura celeste rodeandola y si Erkan acercaba la mano lo suficiente, podía sentir la estática chocar con su piel. Era divertido cómo la electricidad bajo poder de Elise no tenía lógica.

No alcanzó a felicitarla, Niven entró a la sala con una sonrisa en su rostro. Elise detuvo el poder de su Marea para enfocarse en el chico. Erkan se levantó del sillón.

—No está enojada, solo asustada —afirmó Niven, su cabello gris era casi negro después de trabajar todo el día—, supongo que todos lo estamos.

—Gracias, Niven —dijo Elise, sonriendo para ambos.

—Tenemos que tomar el nuevo trabajo —dijo entonces Erkan.

—Es muy peligroso, el festival iniciará el mismo día que el encargo.

Todos sabían que el día del festival era un día hostil para ellos, pero Erkan no podía enfocarse en eso.

—Dije que lo tomaremos, Elise, es mi decisión.

Ninguno respondió, más tarde se sintió culpable de hablarle mal a su hermana.

(...)

Lo primero que Erkan notó al entrar a la oficina fue el nuevo altar al final de la sala. Como empresa dedicada a ocultar Azakes y Kazels problemáticos, poner un altar en nombre a sus Deidades sonaba no solo a una pérdida de tiempo, sino también como un ataque directo a sí mismos.

Erkan no podía culparlos, aunque la mayoría buscaban conectar con su respectiva raza aún cuando sus acciones eran contradictorias.

Niven, a diferencia suya, parecía alegre. Lo observó caminar hasta el altar y acariciar las ofrendas colocadas en perfecto orden sobre el mantel. Niven giró a verlo y sonrió, apenas visible.

—Supongo que mientras nadie del gobierno venga, no nos pueden reclamar nada por eso —mencionó Erkan, Alice levantó la cabeza de su puesto y los observó, también sonriendo.

—De hecho, enviaron una directriz dejando saber que podíamos poner altares en nuestros trabajos por unos días, ¿no es adorable?

—Es hermoso, llevo años sin ver uno —admitió Niven—, ¿de quién fue la idea?

Meisy, una de sus compañeras Kazels, se acercó a ambos.

—El Jefe dijo que no pasaría nada, algunos queríamos estar más cerca de nuestra Marea en medio de estas celebraciones —explicó la chica—. Rony está en su oficina, por cierto.

Erkan llevaba años sin ver un altar con ofrendas, solo los había visto arder o en partes, luego de ser destruidos resultado del odio. Era… extraño. Se sabía que las Deidades no eran creencias aceptadas por los humanos, ellos preferían a su Dios.

Los Azakes y Kazels eran más complicados. Sus creencias venían de los Legítimos, dos seres superiores de nombre Azahel y Zelial que regalaron sus poderes a sus hijos y por ende, a la humanidad. Erkan odiaba creer en leyendas, pero no negaría lo que le daba paz a sus amigos y familia.

Los humanos debían estar celosos, de seguro odiaban que Azakes y Kazels creían que no habían sido abandonados por sus Dioses, a diferencia de los Humanos.

Niven dio una reverencia al altar antes de girar en dirección a la oficina de Rony. Erkan observó el altar y siguió a su amigo, tocaron la puerta hasta escuchar el distintivo “Adelante”, y Erkan cerró la puerta tras de sí.

—¡Chicos! Es un placer tenerlos aquí en su día libre, imagino que vienen por los detalles del siguiente encargo, les voy a ser honesto…

—Nos mintió, sobre el pago.

—Erkan —dijo Niven, intentando calmarlo.

Rony al menos parecía avergonzado. Soltó una risa seca, casi nerviosa, y Erkan observó con cuidado cómo estiraba su silla hacia atrás para crear distancia. Incluso cuando todos en aquel lugar de trabajo eran Azakes o Kazels, Rony no destacaba por su control sobre su Kazel. Niven solía decir que esa era la razón de que fuera jefe de central y no un peón más. Eso y que tenía amigos en el gobierno, claro.

—Sobre eso, sí. Me solicitaron “personas”, yo no sabía que el pago sería diferente dependiendo de la especie hasta que… bueno, hasta un día antes.

—Y aún así no nos dijo nada, nos hizo ir sabiendo que no teníamos paga.

—¡No tenía opción, Erkan! No podía retirar la ayuda, el gobierno pide colaboración de todas las centrales de Azakes y Kazels, si ustedes no hubieran ido tendrían agentes del estado tumbando las puertas, y todos sabemos lo que eso significa.

Y eso, para su maldita desgracia, era cierto. No podían hacer que tiraran la central, era su único trabajo, uno formal y por lo general justo. Pero entender el punto de Rony no hacía que el hambre mejorara.

—Nos gustaría ser informados de estas situaciones en el futuro, todos entendemos los riesgos —intervino Niven, tan paciente como siempre.

—¡Claro! Sí, obvio —asintió el hombre, luego sacó unos papeles de su escritorio—. Si gustan puedo, ya saben, mostrarles los detalles del siguiente encargo.

—Tomaremos el encargo, adelante.

Ante la aprobación de Erkan, Rony dejó de tensar los hombros y decidió levantarse. Extendió un mapa y algunos documentos. En el mapa estaban señalados todos los puntos importantes de la ciudad, las montañas más allá de las zonas empobrecidas y las costas que se formaban al pie de la montaña, rodeando la Capital. Del otro extremo de las costas, Rony señaló con un círculo algo parecido a un lago estrecho.

—Son zonas abandonadas luego de “El Orden”, no hay habitantes y no hay órdenes gubernamentales para limpiar o siquiera dar rondas. Hace una semana reportaron niños Azakes recorriendo el lugar y ocultándose en una de las edificaciones. Su trabajo es tomar a los niños y traerlos de vuelta, no quieren comunidades creciendo en las zonas abandonadas del país.

Erkan sabía que más allá del lago, y aún más lejos de lo que mostraba el mapa había caminos que tarde o temprano llevarían a las provincias laterales. Ellos no eran más que la Capital. Se preguntó por qué solo ellos tomaban refugiados de las zonas pobres y por qué la comunicación con otras provincias era tan mala, pero no preguntó nada de aquello.

Solo debían tomar a los niños, devolverlos a instalaciones del gobierno, y tomar su pago.

—¿Quién hizo el reporte? Si es posible saber —dijo Niven.

—Anónimo —Eso no era bueno—. Es por esa razón que los envío a ustedes, sus conocimientos serán más útiles en caso de un ataque. Tuve que sacar permisos especiales para ambos, así que tendrán que ir solos —Cuando ninguno de los dos chicos respondió, Rony acercó los documentos de perfiles a sus manos—. Estos son los niños, son huérfanos y desaparecieron hace unos meses de su casa hogar, observen lo que necesiten.

Cada uno tomó un perfil. Nada extraño, ambos Azakes y ambos de ocho años, todo parecía normal, no parecía ser nada extraordinario. Abajo de las hojas Erkan buscó el precio del rescate, pero no encontró más que un “Privado” en lugar del monto. Uh, ya habían tenido casos así, pero de todas formas era raro.

Como fuera, firmaron el contrato del encargo y se despidieron de su jefe.

(...)

Días después, en el amanecer de un día repleto de desfiles, Erkan terminó de guardar los cuchillos al costado de sus caderas cuando Niven se acercó a su mesa. Parecía más preocupado de lo usual, el chico revisó la tableta de Erkan, como si él no lo hubiera hecho tres veces ya.

—Los quiero aquí lo más temprano posible, el desfile anual empezará al anochecer y cerrarán las calles principales —dijo su hermana desde algún lugar de la casa.

Elise llevaba días trabajando en nuevos sensores para proteger la casa, aun cuando Erkan había asegurado que no era necesario, que él los mantendría a salvo. Elise se rió en su cara.

—Solo son niños —comentó Erkan—, todo estará bien, pero si gustas puedes rezarle a Azahel, ya sabes, como siempre escucha nuestras plegarias.

—Deja de burlarte de las Deidades —regañó Elise, terminó de asegurar el radio y lo montó en el cinturón de Erkan—. Ahora, váyanse.

—¿Has ido a esa zona antes? —preguntó Niven, peinándose el cabello por quinta vez.

—La he visto, está prohibida incluso para voluntariado así que no he ido. Lleva botas anti-derrape.

—Bien, bien —asintió su amigo, luego sonrió, como si quisiera calmar a Erkan incluso cuando él era quién se veía nervioso.

(...)

En las afueras de la ciudad corría un río, no era un mar, como los humanos creían. Restos de viviendas sobresalían de entre la maleza y basura. La casa dónde debían estar los niños estaba a varios kilómetros del puente que dividía la Capital de zonas costeras. La casa, una vez lograron verla, parecía inhabitable.

—Esos niños… —susurró Niven, y debió pensar mejor lo que diría pues dejó la frase perderse con el viento.

Esos niños, de hecho, debían estar en pésimo estado si no es que muertos. Erkan no quería pensar en cómo llevaría el cadáver de un infante en brazos.

—Tiene dos entradas —observó Erkan, era una vivienda sin ventanas sostenida con vigas llenas de herrumbre—. Toma la puerta trasera, iré adelante.

Niven no discutió, aunque su mirada de reproche le dejó saber a Erkan que no estaba feliz con separarse.

La puerta delantera estaba destruida, bastó un empujón para que cayera de bruces sin bisagras que la sostuvieran. Erkan silbó una vez, su mensaje a Niven de que esperara.

—Venimos a ayudar. Me llamo Erkan, soy un Azake —Sin respuesta, como suponía. Erkan apretó las tiras de su mochila—. Sé que tienen miedo, pero mi trabajo es mantenerlos a salvo. ¿Podrían salir?

Posó sus manos en las paredes del hogar. La madera parecía deshacerse bajo sus dedos y aunque intentaba ignorar cómo la estructura crujía, sabía que debía sacar a los chicos de allí. Se dispuso a abrir una de las puertas a la vista cuando alguien gritó desde dentro.

—¡Larguense! ¡Soy peligroso!

—No lo eres —dijo Erkan, su mano en la manija—, todos tenemos que aprender, eso no hace tu Marea peligrosa.

Un silencio. Niven se asomó por una ventana, Erkan negó.

—Mis padres me enviaron —dijo el chico y Erkan recordó extrañado el perfil de los niños—. Dijeron que soy trampa. Dijeron que el Conde ayudaría a mi condición. ¡Soy peligroso!

Erkan deseó haber interpretado aquello más rápido. Su confusión lo hizo soltar la manija, retrocedió y de repente la incertidumbre de la misión cobró sentido. Giró sobre sí en un movimiento rápido, intentando llegar a la parte trasera de la casa.

—¡Niven, huye!

Una puerta a su costado se abrió con un estallido, neblina blanca salió disparada de la misma y Erkan cayó al suelo con el golpe de la explosión.

—¡Erkan!

La neblina invadió la casa, sus manos dejaron de ser visibles, sus ojos picaron con lágrimas involuntarias. Erkan balanceó sus brazos intentando alejar la neblina, golpeó su codo con alguna esquina de la casa cuando intentó levantarse y por sobre el desastre que era su cabeza, logró escuchar pasos pequeños recorrer el lugar.

Tanteó sus cuchillos, sacándolos de las fundas en seguida. Su brazo derecho dió con una pared, así que dibujó dos círculos, uno dentro del otro, y rogó porque fuera certero cuando clavó la punta del arma en el centro del símbolo.

Aclarar. De inmediato una luz roja se extendió desde el cuchillo hacia toda la casa, como olas de luz y viento que despejaron la casa de toda niebla.

Despegó el cuchillo de la madera y corrió fuera. Porque Niven no se escuchaba, no había dicho nada aparte de su nombre, no habían señales de pelea o gritos. Aquello era quizás peor. Erkan trastabilló con el lodo fuera de la vivienda, rodeó la casa aún con el golpe en el codo palpitando en el brazo.

Su cabeza dolía pero el terror de no escuchar a su amigo era peor. Erkan era el protector, siempre lo fue, Niven era su hermano pequeño incluso si era de otra madre, y él debía cuidarlo. Era su labor. Era…

Pero Niven no estaba. Erkan sabía de los mercados ilegales de Azakes y Kazels, sabía de las ventas de órganos de ambas razas para investigaciones médicas y sabía que su trabajo era odiado por humanos y razas secundarias por igual. Había sido descuidado.

Entró por segunda vez a la casa luego de darle tres vueltas al río, quizás Niven había entrado a buscarlo, quizás fue herido y yacía cerca de la casa. Empezó a gritar su nombre sabiendo que era lo peor que se podía hacer. Erkan se preguntó si Niven sabía nadar en caso de acabar siendo empujado al río.

—¡Niven!

Si alguien llegó hasta acá, espero que hayan logrado disfrutar este primer capítulo tanto como yo lo disfruté al escribirlo. ¡Gracias por leer!

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