REZONAN

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Summary

Donde todo comienza para el gran final.

Genre
Scifi
Author
SesePek
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. El poder que nadie quería

El cielo de Tengoku se extendía como una sábana anaranjada. El sol caía sobre los techos de la preparatoria, arrancando destellos metálicos de las rejas y tiñendo de rojo los ventanales del tercer piso. Era apenas el inicio del ciclo escolar, pero la rutina ya se había instalado: risas que se escapaban por los pasillos, discusiones tontas por quién ocuparía el asiento junto a la ventana, pasos apurados de alumnos que querían salir antes de que sonara el timbre.

Los muros de la institución estaban tapizados de propaganda oficial. Afiches nuevos, impresos con colores que parecían demasiado brillantes para lo que decían.“Armonía. Ciencia. Futuro compartido.”Era la frase de moda. Una promesa que sonaba hueca en boca de burócratas y que, en manos de estudiantes aburridos, terminaba rayada con plumón negro: “¿Futuro para quién?”

La cámara invisible de la narración bajaba del cielo a los bordes del campus, donde la perfección se deshacía. Allí, el orden de los salones y canchas quedaba atrás para abrir paso a un callejón estrecho y húmedo, escondido detrás del gimnasio. El olor era mezcla de basura y óxido. Los muros, manchados por años de humedad, estaban cubiertos de mensajes: anuncios de conciertos ilegales, caricaturas obscenas y uno que otro papel de “SE BUSCA – Resonante peligroso”.

Y sobre todo, en letras negras, gruesas, arrogantes:ZAKK.El grafiti parecía mirar desde el fondo del pasillo como una firma maldita.

La chica estaba acorralada contra la pared. Sus manos temblaban alrededor de la mochila. Tres alumnos de tercer año bloqueaban la salida, disfrutando de su miedo como hienas.

—¿Por qué no te diviertes un rato con nosotros? —rió uno, inclinándose demasiado cerca.

—P-por favor... déjenme... —murmuró ella, buscando un resquicio por dónde escapar.

—Calla —gruñó el más alto, empujándola con el antebrazo. La voz subió un tono amenazante—. Si gritas, será peor.

Las risas rebotaban contra las paredes del callejón.

Entonces, un ruido. El crujido de cajas moviéndose. Un suspiro perezoso.

—¿Qué tanto escándalo...?

De entre la sombra emergió un chico alto, con el uniforme abierto y la corbata colgando como si jamás la hubiera usado. Issac Arata, aunque todos lo conocían como Zakk. Tenía diecisiete años, metro ochenta de estatura y el cabello rapado y teñido en platino, reflejando la luz del atardecer como si fuese metal.

Se desperezó como quien se levanta de una siesta en el lugar equivocado.—¿Qué creen que hacen con ella?

Los tres bravucones lo miraron. Estallaron en carcajadas.

—Miren quién habla... el raro del pelo pintado.—Vete, Arata, antes de que te demos la paliza de tu vida.

Zakk levantó la mano y señaló el fondo del muro.El grafiti negro parecía latir.—¿Ven ese nombre? —preguntó con una sonrisa torcida—. Este es mi territorio.

—¿Tu territorio? ¡Jajajaja! —se burlaron—. ¿Y quién te crees?

El primero se lanzó contra él, confiado. Zakk lo dejó acercarse hasta sentir su sombra. Entonces giró la pierna y le estampó una patada en plena cara. El bravucón cayó de espaldas, la nariz sangrando.

El segundo trató de rodearlo. Zakk cerró el puño y lo hundió directo en el estómago. El aire se escapó del cuerpo del muchacho junto con un gemido.

El tercero se quedó helado. Miró a su alrededor, recogió a sus amigos y retrocedió.—Esto no queda así, Arata. ¡Te vamos a hacer polvo!

Se marcharon entre insultos.

El callejón volvió a respirar.

La chica tenía los ojos abiertos como platos.—G-gracias...

Zakk se giró hacia ella. De golpe, toda la altanería se derrumbó. El bravucón fanfarrón desapareció: se puso rojo, tartamudeó, bajó la mirada.—N-no es nada...

Ella lo reconoció.—Eres Arata, ¿cierto? Te he visto en clase.

—S-sí... bueno... todos me llaman Zakk.

—Gracias otra vez. ¿Cómo puedo pagarte el favor?

Las palabras le chocaron en el pecho como un puñetazo. La lengua se le enredó, la garganta le ardía.

—S-si quieres... podríamos... tener una cita.

Silencio. La chica lo miró sorprendida, incómoda. Dudó, y respondió solo por cortesía:—Está bien.

Zakk se quedó congelado. Cuando ella se alejó, sus piernas flaquearon. Apoyó la espalda en la pared y comenzó a respirar como un poseso.

—¡Una cita! ¡Voy a tener una cita! —se llevó la mano al corazón, sintiendo cómo latía a destiempo.

El grafiti ZAKK lo observaba desde la pared, como riéndose de él.

En otro punto del distrito, una base pequeña llevaba en la entrada el emblema de Tengoku. Era una construcción modesta, con paredes grises y ventanas altas. Dentro, una lámpara parpadeaba sobre un escritorio lleno de formularios.

Un hombre mayor, de cabello gris y gafas gruesas, sostenía un teléfono con una mano y repasaba papeles con la otra. Su voz era tranquila, casi mecánica:—Sí, señor. Todo en orden. Nada que reportar. Entendido.

Colgó.

—El jefe dice que no te exijas de más, Saki. No ha habido incidentes últimamente —comentó, sin levantar demasiado la voz.

Del otro lado del escritorio, una joven dejó caer un expediente sobre la pila.

Saki Hirano. Veinte años. Cabello corto azulado. Altura imponente. Su rostro serio parecía tallado en piedra.

—¿Hasta cuándo seguiremos “tranquilos”? —preguntó con tono neutro, aunque en sus ojos hervía la frustración—. El jefe no aparece hace seis meses. Somos dos personas para cubrir todo el sector.

El secretario se quitó las gafas, las limpió despacio.—Si no fueras tan dura con los aprendices, quizá alguno seguiría aquí.

Saki lo miró de lado. No era un desafío, tampoco obediencia: era respeto.—Prefiero estar sola que cargar con inútiles.

El hombre sonrió, cansado.—En unas semanas llegarán novatos. Y el jefe volverá.

Saki soltó un bufido incrédulo.—Cuando él vuelva, yo ya habré perdido otro año.

Guardó los papeles en una carpeta.—Terminé mi turno.

Salió al atardecer. El cielo estaba teñido de un rojo espeso. En la calle desierta, vio a dos hombres intercambiar discretamente bolsitas brillantes. Drogas. Se detuvo un segundo, siguió caminando.

—No es mi turno.

Entró a una tienda, compró una lata de alcohol, y fue a sentarse en un banco frente a la feria. Bebió despacio, mirando la noria recortada contra el cielo.

En el aula, Zakk se hundía en su asiento, lanzando miradas furtivas a su cita. El profesor desplegaba mapas amarillentos en la pizarra.

—Hace treinta y un años el mundo cambió. Potencias enteras se reorganizaron. Megapaíses. Nuevas fronteras...

Zakk no escuchaba. El corazón le retumbaba en los oídos.

El timbre sonó. La chica lo miró y le hizo un gesto: “abajo”.

Él se levantó de golpe.

—Hoy no voy al karaoke, idiotas. —Se puso solemne—. Hoy me convierto en un hombre.

Sus amigos estallaron en carcajadas.—¡JAJAJAJA!—¡Idiota!

Zakk los golpeó a manotazos, entre risas y gritos. Luego salió corriendo.

Ella lo esperaba junto a la puerta, las manos entrelazadas en la mochila.

—¿Adónde vamos? —preguntó con voz suave.

—A la feria... —Zakk tragó saliva—. A la rueda de la fortuna.

Caminaron juntos. Los pasajes estaban llenos de carteles blancos con el lema oficial. En un poste se balanceaba un aviso medio arrancado:“SE BUSCA – Resonante peligroso.”

La feria bullía de voces, frituras y luces encendiéndose de a poco. Los gritos de los niños se mezclaban con la música metálica de los juegos.

En la base del parque, Saki terminó su lata. El sol parecía haberse quedado colgado en lo alto de la rueda de la fortuna.

La cabina subió despacio. Dentro, el aire era demasiado pesado.

Zakk tragaba saliva. La frente húmeda.—Te voy a... mostrar algo increíble —dijo sin saber qué decía.

En su cabeza se insultaba: ¡Reacciona, idiota!

El corazón golpeaba a un ritmo sobrehumano.

Treinta y un años atrás

Algunas personas, llevadas al límite de sus emociones, despertaron poderes inexplicables.Los llamaron resonancias.Nacen en circunstancias extremas. No todos despiertan. Y los que lo hacen... rara vez lo controlan.

Ahora

Zakk estaba al borde. Nervios, vergüenza, ilusión, deseo, todo mezclado.

De pronto, un apagón.La rueda chirrió y se detuvo en seco.

Las monedas en su bolsillo vibraron. El metal del asiento tintineó. Su cuerpo empezó a inclinarse hacia la chica, muy despacio.

—¡Aléjate, pervertido! —gritó ella.

—¡No soy yo! ¡Mi cuerpo se mueve solo!

Abajo, los murmullos crecieron.

Saki levantó la mirada desde el banco. Vio a un chico acercándose torpemente a una chica aterrada.

—¡Deja de aprovecharte, maldito! —bramó, furiosa.

Zakk bajó la mirada. La vio.

Esa mujer. Esa postura. Esa voz.

Algo dentro de él se rompió.El tirón se volvió violento.Zakk salió disparado de la cabina.

—¿Un resonante? —pensó Saki.

El tiempo se estiró alrededor suyo. Intentó frenar el impacto. No alcanzó.

El chico estaba demasiado cerca, directo contra ella.

—¡Fuera! —rugió Saki.

Su brazo aceleró. El golpe fue seco.Zakk se estrelló contra el suelo.

La multitud rodeó la escena.El cabello de Zakk se erizó en un afro chisporroteante.

—¡¿Qué me pasa?! —gritó, agarrándose la cabeza.

Saki lo tomó del uniforme.—Nombre.

—I-Issac... Zakk... Arata...

Ella escribió en un cuaderno. Voz firme:—Varón, diecisiete. Resonancia naciente. Inestable.

Se giró hacia la gente.—Todo bajo control. Circulen.

Luego volvió a él. Sus ojos eran hielo.—Acabas de despertar una resonancia. Y parece defectuosa. Si vuelves a perder el control, será tu fin.

Lo soltó y se marchó.

Zakk quedó en el suelo, temblando, afro chisporroteante, sin entender nada.

Solo sabía que acababa de conocer a la mujer más aterradora...y más fascinante de su vida.

La rueda volvió a girar.