Curiosidad.
La duda engendra curiosidad, miedo, deseo, y estos a su vez dan paso a ciertos sentimientos que irremediablemente nos arrojan al caos. Ya le conté que sin intención sueño con ella, y fallé, pero, aunque se lo hice saber de una manera poco convencional, me equivoqué a mi estilo. No sé si comprendió lo mucho que la deseo, no sé si sabe que a cada deseo le precede algún que otro sentimiento, por eso temo de su presencia en mis sueños, y necesariamente porque no ha dejado de estar ahí, quedo con esta curiosidad catastrófica. Tal vez si ese día no hubiese huido como un tonto, hoy escribiría sobre mi odisea, o tal vez solo aquel apocalipsis no me hubiera permitido seguir fantaseando con ella. ¿Cómo podemos beneficiarnos de una duda que no ha sido aclarada? En mi imaginaria posición de futuro magnate del arte de la seducción, entiendo que abundan opiniones que es mejor no conocer, y yo, preferí no escucharla. Y mientras, pierde su tiempo rodeada de débiles sensoriales con anteojos de suficiencia que no permiten mirar más allá, observo a diario como su belleza está más allá; y a metros puedo sentir la fragancia de ese perfume ebrio en su piel, mientras juega a encontrar al hombre de su predecible quimera, yo la encontré a ella, mientras sonríe y refleja en sus ojos su lado cortés, yo simulo igual felicidad y en mis ojos reflejo su boca.