Ecos del Destino

All Rights Reserved ©

Summary

La historia nos transporta a una ciudad llena de contrastes: calles húmedas por la lluvia, luces amarillentas y una galería de arte que se convierte en escenario de sueños y miedos. Allí conocemos a Lucía, una joven artista con aspiraciones de exponer algún día su propio trabajo, pero que por ahora se conforma con asistir a otros. Su vida cambia para siempre cuando tropieza con Daniel, un arquitecto marcado por pérdidas pasadas. Desde ese encuentro accidental, ambos se ven arrastrados a una red de amor, peligro y conspiraciones que los transformará profundamente.

Status
Complete
Chapters
20
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Capitulo 1 El encuentro inesperado

La lluvia caía con suavidad sobre las calles del barrio del Carmen, dibujando charcos que reflejaban las luces amarillentas de las farolas. Era abril, un mes de cielos caprichosos que en Valencia sabía mezclar el sol ardiente con tormentas repentinas. Lucía caminaba deprisa, apretando contra su pecho un portafolio que contenía varios bocetos importantes para la galería donde trabajaba. Tenía que llegar antes del cierre para dejarlos listos en la oficina, pero la tormenta había retrasado todo.

Sus botas resonaban contra el empedrado húmedo. Cada tanto, el viento levantaba mechones de su cabello castaño, pegándoselos al rostro. Ella bufaba, apartándolos con impaciencia. No le gustaba llegar tarde, y menos aún a la galería, donde debía demostrar cada día que era más que una simple asistente. Soñaba con exponer sus propias obras algún día, pero por ahora debía conformarse con ayudar a otros artistas a brillar.

Doblando una esquina estrecha, casi corriendo, ocurrió: chocó con fuerza contra alguien que venía en dirección contraria. El impacto hizo que su portafolio se abriera, y decenas de hojas comenzaron a caer al suelo, manchándose con gotas de lluvia.

—¡Lo siento! —exclamó Lucía, agachándose enseguida para recogerlas, con el corazón acelerado.

—No, no, la culpa es mía —respondió una voz masculina, profunda, que la obligó a alzar la vista.

Frente a ella había un hombre alto, de hombros anchos, vestido con un abrigo oscuro y con un paraguas negro en la mano. Sus ojos, de un verde intenso, la miraban con atención mientras se agachaba a ayudarla a recoger los papeles. Había en él algo extraño: una mezcla de formalidad y cercanía, como si estuviera acostumbrado a pedir disculpas pero rara vez a quedarse en un lugar más de lo necesario.

Lucía sintió un ligero rubor subirle al rostro. No sabía si era por la vergüenza del tropiezo o por la intensidad con la que aquel desconocido la miraba.

—Son dibujos… —dijo él, observando uno de los papeles antes de devolvérselo—. ¿Eres artista?

Lucía lo arrebató con cierta brusquedad, más por timidez que por enojo.

—Algo así. —Guardó los folios rápidamente en el portafolio, temiendo que el agua los arruinara.

Él sonrió apenas, con esa clase de gesto que no busca agradar, pero que resulta inolvidable.

—Pues son buenos. Al menos lo que alcancé a ver.

Ella no respondió. Se limitó a asentir, evitando sus ojos mientras aseguraba la carpeta. No tenía tiempo para perder, ni mucho menos para conversar con un extraño en medio de una calle mojada.

—Gracias por ayudarme —murmuró, poniéndose de pie.

—Cuando quieras —contestó él, incorporándose también, con un leve gesto de cabeza.

Hubo un instante de silencio incómodo, interrumpido solo por el repiqueteo de la lluvia sobre el paraguas. Luego, cada uno siguió su camino, alejándose en direcciones opuestas.

Pero mientras Lucía se apresuraba hacia la galería, no pudo evitar pensar en esos ojos verdes que la habían observado como si, por un momento, la vieran por completo. Y Daniel —porque ese era su nombre— continuó caminando, preguntándose por qué, después de tanto tiempo, había vuelto a sentir ese extraño cosquilleo en el pecho que había jurado no volver a permitir.