El compromiso prohibido

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Summary

Amelia Crawford, una joven tímida pero inteligente, nunca pensó que llamaría la atención en el gran baile de la temporada. Sin embargo, esa noche cambia su destino cuando el encantador y despreocupado Lord Charlie Whitmore le propone un inusual acuerdo: fingir un compromiso para complacer a su padre enfermo. De pronto, Amelia se ve envuelta en un mundo de apariencias, rumores y secretos, donde un falso romance podría darle a su familia estabilidad… pero también poner en riesgo su corazón. Porque mientras la sociedad celebra la unión, ella descubre que Charlie guarda más de un secreto, y que la verdadera tensión de su vida quizá no esté donde todos creen. Entre bailes, confidencias prohibidas y celos inesperados, Amelia deberá elegir entre lo que parece correcto y lo que realmente desea, mientras la verdad amenaza con salir a la luz. Una historia de amor, lealtad y descubrimientos, con giros inesperados que cambiarán para siempre lo que Amelia creía saber sobre el amor.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1.- El baile de apertura

El gran salón estaba iluminado por candelabros de cristal, cuyo reflejo danzaba sobre los trajes elegantes y las joyas de los invitados. La música de violines llenaba el aire, mientras risas y murmullos se mezclaban con el crujir de los pisos de madera bajo los pasos de los bailarines. Para Amelia, aquel primer baile de la temporada se sentía como un mundo extraño al que no pertenecía.

A su lado, Isabel, su mejor amiga, la observaba con entusiasmo. Con el cabello perfectamente recogido y un vestido rosa empolvado que resaltaba sus ojos, Isabel no tardó en fijar la mirada en un joven alto y de porte distinguido que parecía deslizarse entre la multitud con facilidad: Hawthorne, amigo de la familia Whitmore y heredero de una línea respetable aunque no tan ostentosa.

—Amelia… —susurró Isabel, con una sonrisa traviesa—. ¿Has visto cómo lo miran todas? Es imposible no fijarse en él.

Amelia apenas podía apartar la atención de Charlie Whitmore, quien estaba de pie en medio de la sala, rodeado de risas y admiración. Radiante y seguro de sí mismo, conversaba con un grupo de nobles, haciendo bromas que provocaban carcajadas sin esfuerzo. Cada gesto suyo parecía calculado para encantar, cada palabra dicha con naturalidad desarmante. Amelia sintió cómo su pecho se aceleraba; había algo en él que la atraía de inmediato.

—Sí… —murmuró Amelia, sin apartar la vista de Charlie—. Pero no puedo dejar de notar que también hay… otra presencia interesante en la sala.

Isabel rió suavemente y le indicó con un leve movimiento de la cabeza hacia Hawthorne. Él estaba apoyado contra una columna, las manos detrás de la espalda, claramente aburrido del evento. No sonreía, no buscaba conversación, y aun así su sola presencia parecía cautivar a varias damas de la alta sociedad que lo rodeaban discretamente, deseando su atención. Isabel suspiró, fascinada.

Amelia apenas reparó en él; sus ojos volvieron inevitablemente a Charlie, quien parecía inalcanzable, un sol alrededor del cual giraban todos los demás. Pero no pudo evitar sentir cierta curiosidad por aquel joven serio y distante que parecía resistir todo el encanto de la sociedad, mientras tantas otras caían rendidas a sus pies.

—Debe ser increíble… —susurró Amelia, mientras se deslizaba detrás de una columna para observar a Charlie más de cerca.

Fue entonces cuando, distraída por sus pensamientos, tropezó con el borde de una alfombra y casi derriba una bandeja de cristal. Un pequeño gasps escapó de sus labios, y varias miradas se volvieron hacia ella. Charlie se giró apenas, soltando una sonrisa distraída ante el incidente, pero no se acercó. Solo inclinó ligeramente la cabeza y continuó hablando con sus acompañantes, como si nada hubiera pasado.

Isabel contuvo la risa y puso una mano en el brazo de Amelia:

—Tranquila, nadie lo notó. Bueno… excepto él —susurró, señalando discretamente a Hawthorne, quien la observaba desde la distancia. No dijo nada, solo la miró con expresión controlada, sin revelar emoción alguna.

Amelia enderezó la espalda y ajustó los pliegues de su vestido, sintiendo cómo un escalofrío extraño recorría su columna. No sabía por qué, pero la mirada de Hawthorne la hizo estremecerse ligeramente, aunque su atención seguía completamente cautiva por Charlie.

—Vaya… parece que este baile será más interesante de lo que pensé —susurró Isabel con una sonrisa cómplice.


Mientras Amelia se apartaba discretamente hacia un rincón, notó que Hawthorne continuaba observándola, serio y distante, y por un instante pareció que sus ojos decían algo que ella no podía comprender. Amelia de inmediato giró su mirada, agradeció al destino que no fue Charlie quien juzgó su caída, sintió que ese hombre alegre cautivó su corazón, y una pequeña inquietud comenzó a crecer en su pecho.

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