El Instruidor Real

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Summary

Un día, tras salir de una exitosa entrevista de trabajo, Mikaela —un joven maestro de historia— cae accidentalmente en un agujero en el suelo. Cuando despierta, se encuentra en una situación que lo deja perplejo. ¿Instruidor Real? ¿¡Cuidar del príncipe heredero!? Al parecer, ni siquiera golpearse la cabeza contra la pared es suficiente para despertar de este sueño, así que decide simplemente dejarse arrastrar por la absurda trama de esta novela en la que esta atrapado. - Hubo una vez en que Davian tuvo el poder en sus manos. Hubo una vez en que se vengó de todos los que lo traicionaron. Ahora, Davian despierta convertido en un infante. Sus recuerdos y experiencias pasadas lo persiguen como una sombra que no lo abandona. Esta vez decide no tener compasión de nadie. Una vez más, buscará vengarse de todos los que le hicieron daño. Y empezará por ese feo Instruidor.

Genre
Lgbtq
Author
KiO
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

“Esperamos contar con tus enseñanzas en la escuela.” El director habló con una sonrisa educada en el rostro y extendió la mano. Era un saludo formal. Yo extendí la mía también para estrecharla y, en mi interior, comencé a contar: un segundo, dos segundos, tres segundos… entonces retiré la mía con suavidad.

“Daré lo mejor de mí, Director.” Me incliné brevemente y puse la mejor sonrisa posible; una sonrisa es la mejor forma de comunicarse.

¿Sabías que algunos primates muestran los dientes en una “sonrisa sumisa” para señalar que no son una amenaza? Claro que en la sociedad no es lo mismo; la percepción de la sonrisa cambia con el transcurso del tiempo. En este caso, una sonrisa es la llave para una agradable convivencia.

“Estoy seguro de que lo harás. Tu inteligencia realmente es un caso de estudio; que hayas decidido ser un maestro de historia es una agradable sorpresa.” El director soltó una carcajada mientras ordenaba los documentos firmados. “Los estudiantes estarán agradecidos de tener un profesor tan inteligente.”

“Me halaga, Director, pero poder trabajar en lo que realmente me apasiona es una oportunidad que agradezco mucho.” Sonreí nuevamente; a este paso, mi rostro tendría parálisis facial si continuaba sonriendo tanto.

“No te quitaré más tiempo, seguro tienes muchas cosas que hacer. No olvides que empiezas a trabajar el lunes.”

El hombre mayor me entregó los documentos y unos libros con información de los estudiantes. La clave de ser maestro es aprender de mis estudiantes; no debo dejar que este trabajo se me vaya de las manos.

“Entendido, Director. Lo veré el lunes.”

Guardé los documentos en mi maletín y salí de la oficina. Solté una gran bocanada de aire que no sabía que había estado conteniendo y caminé hacia la salida.

Después de tanto tiempo, este sería mi primer trabajo. Decir que estaba feliz era poco. Esta emoción es lo que algunas personas llaman euforia.

Algunos se preguntaban cómo no podía tener un trabajo, pero es realmente difícil conseguir uno cuando tienes una carrera, una maestría y un doctorado a los 20 años. Quizás hubiera tenido más oportunidades si hubiera seguido la idea de mis padres.

Pero la historia es lo que me apasiona: aprender de los cambios, de los procesos y de las personas que los hicieron era lo que realmente me hacía feliz. Y tener un IQ superior al promedio no fue impedimento para disfrutarlo. Pude haber hecho algún descubrimiento si me hubiera enfocado en otras áreas; con mi inteligencia lo habría logrado. Lamentablemente, no me apasionaba tanto como la historia.

Y poder enseñar a otros… no hay mayor júbilo para una persona que disfruta hacerlo.

Era una lástima que nadie quisiera contratar a alguien demasiado joven como educador. No los culpo, pero realmente me tomó tiempo conseguir esta entrevista de trabajo.

Salí al exterior de la escuela y me estiré un poco. Mis ojos parecían estrellas de lo iluminados que estaban. Observé a mi alrededor y una sonrisa salió espontáneamente: la brisa fría de inicios de primavera sacudía las hojas de los árboles; algunas mariposas coloridas volaban sobre las flores; una ardilla estaba en los jardines comiendo semillas. Sin poder evitarlo, una carcajada brotó de mí.

Era un día hermoso.

Caminé por las calles observando cada momento. Las personas vienen y van; es imposible recordar a todas, pero cada una tiene una historia detrás: memorias, momentos y experiencias que las acompañan toda su vida. Es inevitable pensar en el paso del tiempo al observarlas detenidamente. En cien años, probablemente todos ellos serán cuerpos enterrados bajo el suelo que ahora pisan.

Los humanos nacemos, vivimos y morimos. Es una pena que la dicha de la vida dure tan poco tiempo.

Ni siquiera cien vidas serían suficientes para disfrutar todo lo que hay en ella.

“Qué hermoso es vivir.” Susurré mientras observaba las nubes moverse. Las aves volaban en bandadas, perfectamente alineadas, muy listas.

Disfrutar de cada respiración, de cada conversación, de cada momento… eso es lo que nos hace humanos, y es tan bello saberlo.

Estaba tan ensimismado en mis reflexiones que no me fijé en aquel drenaje abierto.

“¡Ah!”

Y mi muerte fue inevitable.

En mis últimos momentos de conciencia reflexione con resentimiento: mi alto coeficiente intelectual no detuvo las distracciones humanas… entonces, ¿de qué sirvió?

Todo se fue volviendo más frío; cada recuerdo, cada momento comenzó a desaparecer. Y luego, solo vi negro.

La muerte es tan deprimente.


“¡Joven Amo, despierte, por favor!” Una ruidosa voz y unos golpes en la puerta me despertaron con enojo.

Es increíble que ni siquiera muerto dejen descansar a uno en paz.

Espera… ¿Joven Amo?

¡No! ¡La verdadera pregunta es por qué estoy vivo!

Estoy seguro de que morí en esa caída: mi corazón se detuvo, dejó de bombear sangre, mi cuerpo se volvió más frío.

¿Esto es el más allá? ¿Estoy en el cielo?

Miles de pensamientos tratando de explicar lo que ocurría se dispararon en mi mente, cada uno más absurdo que el anterior.

Toqué mis manos, palpé mis mejillas, me pellizqué fuertemente el brazo, pero al final era lo mismo.

Mis sentidos, mi respiración, mi sensibilidad al dolor, todos ellos me decían lo mismo: estoy vivo.

“¡Joven Amo, si no despierta, la Emperatriz realmente se enfadará!” La ruidosa voz seguía sonando desde el exterior. A simple vista, me encontraba en un carruaje: un carruaje de madera con decoraciones talladas en el mismo material, madera de roble, una excelente decisión del artesano. El roble es resistente y duradero. Tenía una fina tapicería de terciopelo en colores azules. Las cortinas eran ligeras y se movían con la brisa del viento. Probablemente, era un carruaje del siglo XVIII; los mejores ejemplares en la actualidad se encuentran en uso por la realeza inglesa. Unas bellezas en cuanto a diseño. Si bien este carruaje estaba muy bien, ante la falta de accesorios, podría pertenecer a algún noble de menor rango.

Este ejemplar debería pertenecer a algún vizconde, ante la falta de riqueza en materiales.

“¡Joven Amo, el Vizconde se enfadará si haces enojar a la Emperatriz!”

Dejé de enfocarme en mis alrededores y miré hacia la puerta. La voz detrás sonaba joven; debía de ser una empleada o sirvienta. Al frente mío se encontraba una maleta de color negro. No era demasiado grande, como si fuera para una simple visita.

Espera… ¿Acaba de decir Emperatriz?

Empujé la puerta con fuerza, saliendo a trompicones del carruaje. En el exterior se mostraba un mediodía radiante. Cuando levanté la mirada retrocedí unos pasos, sorprendido.

¡Un castillo!

Un castillo majestuoso, mucho más hermoso que los de la realeza inglesa. Ni siquiera los reyes podrían negar su magnificencia.

Sentí que observarlo no era suficiente; quería grabarlo en mi memoria. Ni siquiera era capaz de describir la belleza arquitectónica que tenía ante mí. Seguramente ni los mejores arquitectos de la actualidad podrían recrearlo.

“Joven Amo, pensamos que nunca saldría.” La sirvienta, una mujer de tamaño promedio, con cabellos castaños y ojos almendrados, parecía ser joven; unos 16 años podría calcular a simple vista.

Me di la vuelta, aún sin contestar, y vi el carruaje. Sonreí al darme cuenta de que tenía razón: un carruaje de algún vizconde, sin duda. El símbolo en la parte superior lo delataba. Al frente, dos caballos de color negro descansaban. Mis ojos se abrieron de sorpresa al verlos: unos caballos frisones del siglo XIV. Su cabellera era preciosa, parecía haber sido peinada miles de veces; además, sus músculos eran dignos de su raza.

Me sentía como un niño en un museo. Ver todo esto frente a mí… ¡Era maravilloso!

De repente caí en cuenta: esto no era normal. Yo había muerto. La muerte es una fría eternidad, pero yo estaba vivo: podía ver, podía escuchar. Ni siquiera me encontraba en un hospital.

¿Y si esto era un show de televisión donde hacían bromas? Era muy probable, considerando mi posición. Aprovecharse de mi ingenuidad era algo que hacían mis amigos y familiares.

Rápidamente, me giré y observé todo a mi alrededor, tratando de buscar una cámara o alguna prueba de que todo era falso. Lamentablemente, no había cámaras ni equipos de sonido.

¿Esto es lo que los jóvenes llaman… reencarnación?

Nunca creí en esas teorías de la vida después de la muerte. Que existiera algo después me parecía absurdo. Por eso prefería aprovechar y disfrutar cada día de mi vida como si fuera el último. Después de todo, tener la dicha de vivir es una oportunidad única.

Pero… ¿Esto qué demostraba?

“¿En qué año nos encontramos?” Sentí la garganta rasposa después de hablar, como si hacerlo fuera algo nuevo. Mi voz sonaba igual a cuando estaba vivo: aterciopelada, calmada, con un tono grave.

“El Joven Amo debe haber soñado profundamente. Después de todo, nos encontramos en el año 1368.” La mujer movió la cabeza negando suavemente y sonrió como si hablara con un niño.

Me di la vuelta, sorprendido. Esta arquitectura, estos detalles, incluso la vestimenta… no eran de 1368. Todo parecía provenir de distintos momentos en el tiempo.

Traté de respirar suavemente para no ahogarme.

“¿En qué parte de Europa nos encontramos?” Dije en un tono dudoso. Realmente no parecía una broma; la manera de hablar de la sirvienta y sus vestimentas eran demasiado reales.

“¿Europa? ¿A qué se refiere con Europa, Joven Amo?” La sirvienta parecía confundida; sus gestos mostraban que trataba de comprender lo que yo decía. Me di un leve golpe en la cabeza, sorprendido.

Si esto no es Europa… ¿Dónde estoy?

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