Capítulo 1
Las decisiones que tomamos pueden cambiar el rumbo de nuestra vida; pueden ser para bien o para mal.
Con una palabra podemos arruinar la existencia de una persona; con una acción, incluso matarla.
No podemos alterar el destino a nuestro antojo… y esa fue la lección más dura que aprendí, intentando cambiarlo una y otra vez, sin encontrar una salida.
Salgo corriendo del auto.
El edificio está rodeado de policías, bomberos, ambulancias, camarógrafos y curiosos que miran hacia la parte alta.
Hay tanto ruido a mi alrededor que todo se vuelve un zumbido lejano.
Una persona corre a mi lado, tratando de alcanzar el ascensor, pero las puertas tardan demasiado en abrir. Sin pensarlo, decido subir por las escaleras de emergencia.
Llego hasta la azotea, jadeando, y lo veo: esa persona que una vez fue mi esperanza me observa con una sonrisa llena de dolor… y antes de que pueda decir algo, se lanza al vacío.
Grito desesperado, sintiendo que pierdo la última chispa de luz que quedaba en mi vida.
Y me pregunto, una vez más, cómo comenzó todo.
Todo empezó cinco años atrás.
Cinco años antes…
Mi nombre es And. Tengo veinte años y estudio Negocios Internacionales en el extranjero.
En el futuro, heredaré la empresa familiar.
Ahora son vacaciones de verano y regreso a Bangkok.
Mi chofer me espera en la salida del aeropuerto. Camino hacia el auto, él abre la puerta, subo y comenzamos el trayecto hacia la mansión.
Suena mi teléfono: es mamá. Contesto.
— Hola, mamá. Acabo de bajar del avión, estoy en el auto camino a la mansión. -
Escucho su voz cálida al otro lado, acompañada de ruidos domésticos de fondo.
—Hijo, me alegra saber que llegaste bien. ¿Recuerdas a Luke, con quien jugabas de niño? -
Trato de recordar. Me viene a la mente la imagen de un niño llorón que me seguía a todas partes.
—Sí, lo recuerdo. -
Hay un breve silencio en la llamada.
—Él está en la mansión con sus padres… vinieron para concretar el compromiso. -
Frunzo el ceño. ¿Compromiso? ¿Todavía seguimos con esas costumbres tan anticuadas?
— Mamá, hablamos cuando llegue. — Cuelgo antes de que siga hablando.
Al llegar a la mansión, mamá camina hacia mí y me abraza. Le devuelvo el gesto con una sonrisa cansada.
En la sala hay una pareja conversando, y junto a ellos, un chico sentado con una taza de té entre las manos.
Su cabello negro y lacio cae suavemente sobre su frente; sus ojos, también negros, tienen un brillo que recuerda a las estrellas. Su piel es pálida, casi luminosa.
Trago saliva. Es… guapo, mucho más de lo que esperaba.
— Hijo, él es Luke. Sus padres vinieron a hablar sobre el compromiso — dice mamá, con tono amable.
Saludo a sus padres con cortesía y luego dirijo mi mirada hacia él. Luke levanta la vista, un leve sonrojo se asoma en su rostro. Le sonrío.
Nos miramos en silencio durante unos segundos, y por alguna razón, esa timidez me resulta encantadora.
Mamá nos observa con una sonrisa astuta.
— Hijo, ¿por qué no acompañas a Luke al jardín? — sugiere, con una mirada cómplice.
Le extiendo la mano a Luke. Él duda un momento, pero termina aceptando.
Salimos al jardín, donde el sol ilumina las flores que mamá plantó con tanto esmero.
— Hace un día maravilloso — dice Luke con una voz suave.
— Sí, lo es — respondo mientras caminamos sin rumbo fijo.
Llegamos hasta una mesa de té y lo invito a sentarse.
— Este es tu último año en el instituto, ¿verdad? — pregunta.
— Sí, ya casi termino. -
Hago una seña al mayordomo para que traiga té.
— ¿Qué opinas de este matrimonio? — pregunto, curioso.
Lo noto incómodo, así que cambio rápidamente de tema.
— Luke, ¿qué planeas hacer después de graduarte? -
El mayordomo llega con las tazas. Luke toma un sorbo y responde con una sonrisa que ilumina su rostro.
— Estoy preparándome para ser idol. Mi sueño es ser famoso y cantar en grandes escenarios. ¿Y tú? -
— Por ahora, heredar la empresa familiar — respondo, y ambos reímos suavemente.
Seguimos conversando sobre gustos, anécdotas y recuerdos de la infancia.
Al rato, mamá nos llama de nuevo.
Regresamos a la sala, donde los padres de Luke ya nos esperan.
— Hijo — dice mamá con tono solemne, - pensábamos que cuando termines tus estudios en el extranjero podrían concretar la boda.-
Miro a Luke.
— Estoy de acuerdo, mamá. Pero… ¿qué opina él? -
Luke me mira sorprendido, pero asiente con timidez.
— Estoy de acuerdo. Me gustaría que fuera en Japón, durante la temporada de los cerezos — responde con dulzura.
No esperaba una respuesta tan romántica. Mamá sonríe emocionada.
— Entonces, ¿qué tal el 16 de marzo? — propongo.
No sabía que esa fecha sería mi maldición.
El inicio de mi tormento.
— Hijo, ¡qué gran idea! — dice mamá entusiasmada.
Todos están de acuerdo. Seguimos conversando sobre los preparativos de la boda hasta que Luke y sus padres se despiden.
Cuando la puerta se cierra, miro el jardín iluminado por el atardecer.
Una extraña sensación me invade el pecho.
No sabía que ese día, sin notarlo, el destino comenzaba a tejer su red sobre mí.