Entre sombras y sonrisas

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Summary

Isis de 18 años, muy madura para su edad obligada por la vida a tener doble personalidad conoció a Sebastián a quien vio como un dolor de cabeza con el tiempo empezó a verlo cómo algo más, cómo un juego. Sebastián de 25 años, Ceo de una empresa y el heredero de la familia más poderosa del país, aunque para Isis el era un juego para él ella era un mayor obsesión.

Genre
Fantasy
Author
Efreilis
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

El ruido de rompió mi mundo

(Hace diez años)

La casa olía a sopa y algo quemado. Mamá siempre decía que cocinar calmaba sus nervios, pero esa noche, nada parecía calmarla. Yo tenía ocho años, y dormía con mi peluche de conejo apretado contra el pecho, como si pudiera protegerme de los gritos que ya empezaban a colarse por las paredes.

—¡No me hables así, maldito! —la voz de mamá cortó el silencio como un cuchillo.

—¡Tú eres la que provoca todo esto! ¡Siempre igual! —respondió papá, con ese tono que hacía que hasta los muebles se encogieran.

Me senté en la cama, el corazón latiendo como si quisiera escapar de mi pecho. No era la primera vez que discutían, pero esa noche… esa noche sonaba diferente. Más cruel. Más roto.

Me puse las pantuflas y caminé despacio por el pasillo. Cada paso era una decisión. Podía quedarme en mi cuarto, esconderme bajo las cobijas y fingir que el mundo no se estaba desmoronando. Pero algo dentro de mí —una chispa, una voz, no sé— me empujó hacia la sala.

Los encontré frente a frente, como dos tormentas a punto de chocar. Mamá tenía los ojos llenos de lágrimas y papá los puños cerrados. La mesa estaba volcada, los platos rotos en el suelo como si el hogar mismo se hubiera quebrado.

—¡Ya basta! —grité, con una voz que no parecía mía.

Ambos se giraron. Por un segundo, el tiempo se detuvo. Luego, papá levantó la mano. No sé si fue por impulso, por rabia, por miedo. Solo sé que su palma me encontró la mejilla con una fuerza que me tumbó al suelo.

El silencio que siguió fue peor que los gritos. Mamá corrió hacia mí, llorando, temblando. Papá se quedó quieto, como si no pudiera creer lo que había hecho. Yo solo sentía el calor en mi cara y el frío en mi alma.

Esa noche aprendí que el amor puede doler. Que los héroes pueden fallar. Que incluso los padres pueden romperte.

Pero también, esa noche nació algo en mí. Una promesa silenciosa. Nunca más sería solo una espectadora del caos. Algún día, encontraría mi voz. Y cuando lo hiciera, nadie volvería a callarla.