Caminos Separados

Summary

Ranma y Akane toman el examen de aptitudes para ir a la universidad y terminar la preparatoria juntos pero la vida no es como lo planeas y cada uno toma sus propias decisiones, su propio camino con sus propios problemas y retos

Genre
Romance
Author
Dies Ire
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1: El examen de nuestras

El sol de la mañana se filtraba por las ventanas del dojo Tendo, pero por una vez, el sonido habitual de los entrenamientos matutinos había sido reemplazado por algo completamente diferente: el susurro de páginas siendo pasadas y el rasgueo constante de un lápiz sobre papel.

Akane Tendo estaba sentada en posición seiza frente a una mesa baja, rodeada de libros de texto, cuadernos llenos de apuntes y hojas de práctica. Sus ojos, normalmente brillantes y desafiantes, mostraban el cansancio de meses de estudio intensivo. Una taza de té ya frío reposaba a su lado, olvidada en su concentración.

"Matemáticas, literatura clásica, ciencias..." murmuró para sí misma, repasando mentalmente los temas que había estado estudiando religiosamente desde hacía seis meses. El examen de ingreso a la Universidad de Tokio era en tres días, y ella había dedicado cada momento libre a prepararse.

El estruendo de pasos corriendo por el pasillo interrumpió su concentración.

—¡Akane! ¿Has visto mis zapatillas de entrenamiento? La voz de Ranma Saotome resonó por toda la casa mientras pasaba como un torbellino frente a la puerta del cuarto de Akane.

Akane suspiró profundamente, tratando de mantener su paciencia. Durante los últimos meses, mientras ella se sumergía en libros y fórmulas, Ranma había continuado con su rutina normal: entrenamientos, peleas callejeras ocasionales con Ryoga, esquivando los avances de Shampoo y las maquinaciones de su padre y el señor Tendo.

—¡Ranma! le gritó.

—¡El examen es en tres días!

La cabeza del chico apareció por la puerta, con su característica trenza balanceándose. —Eh... ¿sí? ¿Y qué con eso?

Akane sintió una vena pulsando en su frente.

—¿Cómo que 'qué con eso'? ¡Es el examen más importante de nuestras vidas! ¡Si no lo pasamos, no podremos ir a la universidad!

Ranma entró al cuarto de Akane con esa confianza casual que tanto la irritaba y la fascinaba a la vez.

—Tranquila, Akane. Solo es un examen. No puede ser tan difícil.

—¿SOLO UN EXAMEN? Akane se puso de pie de un salto, sus libros cayendo al suelo. —¡Ranma Saotome, eres el idiota más grande que he conocido! ¡He estado estudiando por más de seis meses para esto!

—Oye, oye, no te alteres tanto, Ranma levantó las manos en gesto defensivo.

—Mira, sé que eres muy inteligente y todo eso, pero yo también soy bueno en las cosas importantes.

—¿En las cosas importantes? Akane lo miró incrédula.

—¿Como qué?

—Bueno... Ranma se rascó la cabeza, pensando.

—Soy bueno peleando, tengo buenos reflejos, sé cocinar... más o menos.

—¡Esas cosas no aparecen en el examen de aptitudes!

En ese momento, Kasumi apareció en la entrada del dojo con una sonrisa gentil, como siempre.

—Ara, ara, ¿están discutiendo otra vez?

—¡Kasumi! Akane se dirigió a su hermana mayor con desesperación.

—¡Dile a Ranma que tiene que estudiar! ¡El examen es en tres días y él actúa como si fuera un picnic!

Kasumi miró a Ranma con esa expresión maternal que reservaba para las situaciones más complicadas.

—Ranma-kun, Akane tiene razón. El examen de ingreso a la universidad es muy importante. Determina todo tu futuro académico.

Ranma se removió incómodo bajo la mirada serena pero firme de Kasumi. Cuando ella hablaba en serio, incluso él sabía que era mejor escuchar.

—Pero es que... comenzó Ranma, y luego se detuvo. La verdad era que la idea de estudiar lo aterrorizaba más que cualquier oponente que hubiera enfrentado. Los libros, las fórmulas, los ensayos... todo eso le parecía un territorio completamente ajeno.

Akane pareció leer su expresión porque su ira se transformó gradualmente en algo parecido a la comprensión.

—Ranma... ¿tienes miedo?

—¡Yo no tengo miedo de nada! protestó él inmediatamente, pero su voz no sonó tan convincente como de costumbre.

Kasumi intercambió una mirada con Akane y luego sonrió.

—Bueno, creo que sé cómo resolver esto. Akane, ¿por qué no ayudas a Ranma a estudiar? Tienes tres días, y conoces mejor que nadie todo el material."

—¿Yo?Akane parpadeó.

—¿Ayudar a este... a este...?

—Idiota, completó Ranma automáticamente.

—¡Exacto! Akane se cruzó de brazos.

—¿Por qué tendría que desperdiciar mi tiempo ayudando a alguien que ni siquiera se ha molestado en abrir un libro?

—Porque, dijo Kasumi suavemente,

—si realmente quieren ir a la universidad juntos, van a tener que superar esto juntos.

Un silencio incómodo llenó el dojo. La palabra "juntos" flotó en el aire cargada de significado. A pesar de todas sus peleas y malentendidos, tanto Akane como Ranma habían asumido tácitamente que, de alguna manera, su futuro los incluía a ambos.

—Además, continuó Kasumi,

—Enseñar a más es una excelente manera de reforzar tu propio conocimiento, Akane. Y Ranma-kun, estudiar con alguien hace que sea menos... abrumador.

Ranma y Akane se miraron el uno al otro. Él podía ver el cansancio en sus ojos, el estrés de meses de preparación. Ella podía ver la ansiedad que él trataba de ocultar detrás de su bravuconería habitual.

—Está bien, dijo Akane suspirando.

—Pero vas a tener que prometer que vas a tomar esto en serio, Ranma. Nada de salir corriendo a pelear, nada de distracciones. Solo estudiar.

Ranma asintió lentamente.

—Está bien. Pero... ¿prometes no gritarme cada vez que no entienda algo?

—Eso depende de qué tan estúpidas sean tus preguntas, replicó Akane, pero había una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios.

Kasumi aplaudió suavemente.

—Perfecto. Prepararé té y algunos bocadillos para ustedes. Va a ser una sesión de estudio muy larga.

Mientras Kasumi se alejaba, Akane comenzó a recoger sus libros del suelo y Ranma se sentó nerviosamente en la alfombra

—Entonces... dijo él, mirando la montaña de material de estudio,

—¿por dónde empezamos?

Akane tomó el libro más básico que tenía y se sentó frente a él.

—Por el principio, supongo. Y Ranma... realmente espero que estés listo para esto, porque no voy a ir fácil contigo.

Ranma sonrió con esa confianza que, a pesar de todo, seguía siendo genuina.

—Nunca esperé que lo hicieras, Akane.

Y así comenzó lo que probablemente sería la sesión de estudio más intensa y caótica en la historia del dojo Tendo.

Horas después....

—¡Ranma! Akane interrumpió

—¡¿Te estás durmiendo?!

Ranma, en efecto, roncaba boca abajo sobre un libro abierto de matemáticas… que parecía completamente nuevo. Ni una sola anotación, ni una esquina doblada, ni siquiera una mancha de sudor que demostrara esfuerzo.

—Ugh... ¿Akane? ¿Qué hora es? musitó el chico, medio dormido, alzando la cabeza con una expresión tan desorientada como un panda en Tokio.

—¡Es hora en que deberías estar repasando fórmulas, no soñando con pelear contra Ryoga en medio de una biblioteca!

—Tampoco es como si me fuera a ir tan mal, bosteza mientras se rasca la cabeza

—Al final siempre termino arreglándomelas, ¿no?

Akane frunció el ceño tan fuerte que casi le dio un calambre en la frente. Se acercó con los brazos cruzados y lo miró como si estuviera evaluando si un golpe con el martillo sería productivo o no.

—Ranma, ¿quieres o no ir a la universidad conmigo? Porque yo sí me estoy esforzando. He pasado meses estudiando. ¡No voy a dejar que arruines esto sólo por ser un flojo!

Ranma bajó la mirada, incómodo.

—No es que no quiera, es solo que… no soy bueno para estas cosas. Me aburro. Me duele la cabeza. ¡Prefiero que me lancen a un lago con pirañas antes que estudiar historia japonesa!

—¡Pues a mí me gustaría lanzarte ahora mismo! gritó Akane, lanzando su cuaderno sobre la cama

—¡Pero no lo haré! ¿Sabes por qué? Porque yo sí creo en ti, Ranma.

Eso lo dejó helado. Akane, roja de frustración, se levanto de la silla para salir del cuarto antes de soltar más emociones que palabras. Pero Ranma la detuvo, tomándola de la muñeca con suavidad.

—Oye… Akane. Gracias. Por eso. Y... sí quiero ir contigo.

Ella se detuvo un momento. Volvió a mirarlo, más calmada, aunque aún con el ceño marcado.

—¿Entonces sigamos estudiando?

Akane suspiró, al menos había dado un paso, pensó. Y así, esa noche, el cuarto de Akane se convirtió en una sala de estudio improvisada. Con tazas de té, libros por todos lados y Ranma intentando memorizar fechas sin confundirlas con movimientos de kárate.

El ambiente en la preparatoria Furikan eran mas tensos Akane repasaba mentalmente cada fórmula, cada regla gramatical, cada concepto filosófico. Mientras tanto, Ranma... estaba jugando con un lápiz, haciendo equilibrio con él en la nariz.

—Vas a romperlo si lo sigues girando así, murmuró Akane sin mirarlo.

—Voy a romper algo más si sigo aquí sentado, respondió él.

Justo en ese momento, llegó Ukyo con uniforme escolar y un formulario de inscripción en la mano.

—¡Ranma, Akane! ¡Yo también voy a presentar el examen!

—¿Tú también? exclamó Akane, sorprendida.

—Claro. Pensé que si ustedes dos van a entrar juntos, yo no podía quedarme atrás. Además, si Ranma va a estar en una universidad llena de chicas lindas, más vale que alguien lo vigile.

Akane bufó.

—¡Yo puedo cuidarlo sola!

—¡Tampoco necesito una niñera! se quejó Ranma, pero su cara decía otra cosa: entre nervios y confusión.

Esa tarde Kasumi preparaba galletas de buena suerte con mensajes motivacionales ("¡Tú puedes, Akane-chan!", "No golpees a tu lápiz, Ranma-kun"). Ranma estaba sentado en posición de loto, mirando un libro de física como si fuera una técnica marcial enemiga.

—¿Para qué me va a servir esto en la vida real? —gruñía, señalando una ecuación.

Akane, sentada frente a él con apuntes bien organizados y una libreta llena de colores, suspiró con frustración.

—¡Para no quedarte limpiando baños en el futuro! replicó

—¡O acaso piensas vivir de torneos callejeros toda tu vida, Ranma!

—¡Podría hacerlo! ¡Ya he ganado más dinero en torneos que Nabiki vendiendo fotos mías en modo chica!

Akane le lanzó un lápiz al rostro.

—¡Esto es serio! ¡Si no entras a la universidad, ahí la dejamos! ¡Yo sí tengo planes para mi vida!

Ranma bajó la vista, algo herido por sus palabras… pero también por la verdad detrás de ellas.

—...Lo intentaré. Pero necesito que me ayudes. No puedo solo.

Akane lo miró por un instante. Su enojo se disolvió un poco. Sabía que Ranma no era tonto, pero tampoco era del tipo que podía sentarse tres horas seguidas con un libro. A su manera, estaba pidiendo ayuda. A su manera... quería estar con ella.

—Está bien. Pero ni pienses en copiarme mañana.

—¿Y si solo te copio el nombre?

—¡¡RANMAAA!!

El día del juicio final había llegado.

La sala del examen era un mar de escritorios, papeles y nervios. El silencio era tan espeso que los suspiros se escuchaban como gritos. Ukyo estaba en su mesa, calmada y serena, con una lapicera en forma de espátula. Akane respiraba profundamente, canalizando su energía como si fuera a romper tablas con la mente.

Ranma, en cambio, sudaba frío frente a la primera pregunta.

—¿Cuál fue el impacto del período Edo en la política moderna...? leyó en voz baja

—.¿Qué se supone que es eso? ¿Un nuevo movimiento de kárate?

Le temblaban las manos. Trataba de concentrarse, pero no podía. Su mente volaba. Akane estaba a unas mesas delante de él, escribiendo con velocidad. Ukyo también parecía confiada. Y él… sólo podía pensar en cómo cada segundo que pasaba lo hundía más.

Horas después, al salir del examen, el contraste entre los tres era evidente.

—¡Uff! Creo que me fue bastante bien, dijo Ukyo, estirándose con satisfacción

—¡Espero que al menos haya entrado en la lista de espera!

—Yo contesté todo, suspiró Akane

—No diré que fue fácil, pero me preparé mucho. Sólo espero que haya valido la pena.

—Ranma, ¿y tú? preguntó Ukyo, girándose hacia él.

Ranma estaba callado. Muy callado. Con el sobre de respuestas temblando en sus manos. Tragó saliva.

—…Me fue mal.

Las chicas lo miraron. Ukyo bajó un poco la sonrisa. Akane frunció los labios, pero no dijo nada.

—¿Qué tan mal? preguntó al fin.

—Ryoga pudo haberlo hecho dormido, nivel de mal, dijo con sarcasmo y tristeza.

Akane desvió la mirada. Ukyo se quedó en silencio.

Por primera vez, Ranma no tenía una excusa. No había maldiciones, ni rivales, ni hechizos. Solo era él. Y no había estado a la altura.

Unas semanas después, los resultados llegaron. La pizarra del instituto mostraba la lista de aceptados.

—¡Lo logré! gritó Ukyo con una sonrisa

—¡Estoy dentro!

—¡Y yo también! dijo Akane, leyendo su número entre los primeros 50.

Las dos se miraron sorprendidas y se abrazaron. Fue un momento genuino. Dos rivales en el amor, pero amigas en los momentos importantes.

Ranma se acercó. Llevaba su mochila colgando del hombro y los ojos bajos.

—¿No apareces? preguntó Akane.

Ranma negó con la cabeza.

—Ni cerca.

Ukyo puso una mano en su hombro.

—Oye… puedes intentarlo de nuevo. No es el fin del mundo.

Ranma forzó una sonrisa, pero sus ojos estaban nublados.

—Lo sé. Solo... duele un poco. Quería estar con ustedes.

Akane lo miró. En ese momento, no lo vio como el idiota orgulloso que siempre se hacía el fuerte. Lo vio como un chico que, por una vez, había fallado y no tenía a dónde correr.

Sin decir nada, tomó su mano. Fue un gesto simple, pero Ranma la miró como si ella acabara de salvarlo del abismo.

—Te ayudaré a estudiar para el próximo examen, dijo con firmeza.

Ukyo sonrió con cierta tristeza, pero sincera.

—Y yo también. Aunque claro, con premio si apruebas.

—¿Qué clase de premio? preguntó Ranma, nervioso.

Ukyo guiñó un ojo.

—Tal vez un okonomiyaki especial. O algo más dulce...

Akane le lanzó una mirada que congeló la atmósfera.

Ranma tragó saliva.

—Ejem... ¡Con el okonomiyaki está bien!