Capitulo uno: el inicio del final.
ADVERTENCIA (contenido violento)
La respiración agitada comenzaba a doler. Sus piernas, delgadas y cortas, ya no tenían fuerza para seguir dando pasos. Aleksey había llegado a los calabozos con la esperanza de perder a sus cazadores… pero no fue así.
Arrastró su delgado cuerpo, cubierto de rasguños, hacia una de las celdas vacías al final del pasilo. El lugar estaba sumido en la oscuridad, y la humedad que se colaba por las paredes volvía el aire denso y helado.
—Ya no te escondas, solo vamos a jugar contigo. ¿No quieres tener amigos, primo? —preguntó Leron Ravsha, con una sonrisa maliciosa mientras deslizaba con habilidad una pequeña y afilada navaja entre sus dedos. Tras él, tres niños de su misma edad y Petro, su hermano, lo seguían como una jauría de perros.
—Creo que ya es suficiente… —murmuró Petro, con voz temblorosa, sus manos sudaban más que de costumbre. Su intento de protesta solo provocó una carcajada en Leron.
El corazón de Aleksey latía con fuerza. Se obligaba a no hacer ruido, a contener la respiración. Pero cuando el silencio se adueñó del pasillo, Leron lo encontró. Lo tomó por el cuello de su camisa blanca y lo empujó con fuerza contra la pared. La cabeza de Aleksey golpeó con un sonido seco, el mundo se tornó borroso y tambaleante.
—¿De verdad creías que podías esconderte? —gruñó Lerhon, frunciendo las cejas. Aleksey alzó el rostro. Sus ojos azules lo buscaron en medio de la penumbra, desafiante.
—Si no quisiera que me encontraras… no lo harías ni en mil vidas —dijo con voz firme, aunque sus manos y su cuerpo temblaban sin control. El heredero de Terrae se sintió desafiado. Y eso, no podía permitirlo.
Con ayuda de sus acompañantes, ataron a Aleksey con las cadenas oxidadas de la celda. Gritó pidiendo ayuda, pero nadie lo escucharía con la musica que inundaba el Gran Salón. Le rompieron la ropa. Lo golpearon. Se turnaban para hacerlo, uno tras otro, pero Aleksey no emitía un solo sonido. Frustrado por su resistencia, Leron ordenó a los otros niños que orinaran sobre él.
Pero ni siquiera eso logró quebrarlo. Petro observaba toda la escena sin participar, pero su cobardia le impedía actuar, quería ayudarlo pero no sabia como..
—Si admites que no eres más que un bastardo, te dejaré ir —le susurró al oído.
Aleksey se negó, esbozando una sonrisa. Leron colérico, colocó la navaja contra su cuello. Pero antes de que pudiera presionar, Petro agarró su muñeca con fuerza.
—¡Ya basta! ¿Acaso vas a matarlo?
—¡Si es necesario, lo haré!
En medio del forcejeo entre los mellizos, un mal movimiento bastó. La navaja se desvió y se hundió en el rostro de Aleksey, abriéndole una herida que bajaba desde la ceja hasta la comisura de los labios.
El niño se desmayó.
Leron dio un paso atrás, atónito, mientras la sangre le salpicaba el rostro. Sus manos temblaban, manchadas del mismo rojo espeso que cubría los dedos de Petro, quien aún sostenía la navaja, ahora tibia y húmeda, con aquel líquido carmesí que no dejaba de brotar del rostro de Aleksey.
Los demás niños, paralizados al principio, soltaron gritos agudos y huyeron como si los persiguiera la mismísima muerte.
Aleksey no era un niño cualquiera. Era el hijo menor del rey Kilian y ellos acababan de marcarlo… tal vez, por el resto de su vida.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó Petro, retrocediendo, como si quisiera escapar no solo del lugar, sino del acto mismo. La navaja resbaló de sus dedos y cayó al suelo con un sonido metálico que rebotó por el pasillo, haciendo que Leron diera un respingo.
—¡Es tu culpa! ¡Le diré a nuestro padre lo que has hecho! —gritó, y sus ojos, normalmente fríos, ahora ardían con un miedo feroz. Giró sobre sus talones y corrió sin mirar atrás.
Petro se quedó solo.
Miró sus manos ensangrentadas. Luego, lentamente, giró hacia su primo, que colgaba inconsciente contra un muro agrietado y sucio. Lo habían atado como a un criminal, y el rostro del niño era apenas reconocible. El estómago de Petro se revolvió. El hedor a sangre mezclado con orina flotaba en el aire como una espesa bruma. Se obligó a moverse. Sus dedos temblorosos deshicieron los nudos con torpeza hasta que Aleksey cayó sobre él, un peso ligero pero estremecedor. Lo recostó en el suelo con cuidado, como si el más leve movimiento pudiera romperlo aún más.
Aleksey tenía apenas diez años. Y para su desgracia —una desgracia que el mundo al que pertenecia no perdonaba— había nacido siendo débil, su cuerpo era incapaz de soportar la metamorfosis que caracterizaba a su raza.
Petro tragó saliva. Le ardían los ojos, pero no lloró.
—Voy a buscar ayuda… perdon, perdon —dijo, con la voz quebrada. Se puso de pie, y por primera vez, en su corta vida, no huyó.
En la parte superior del castillo, la luz del atardecer se filtraba por los vitrales del salón principal. El aire se inundaba de incienso, aroma a vino y fruta fresca provenientes de Terrae. Melgor Ravsha y su familia se presentaron ante el rey. Cuestiones políticas ameritaban la reunión con suma urgencia.
—Sería de gran ayuda para Terrae si considerara abrir el paso por el este —intentó negociar Melgor Ravsha. Kilian veía aquel arreglo como algo insignificante, solo algún truco de su cuñado para evadir los impuestos que costean la guardia de la frontera.
—No veo el inconveniente con la ruta actual… —Kilian observó el mapa que se desplegó frente a él, los cinco reinos que conformaban su imperio.
Melgor suspiró con algo de frustración.
—El impuesto a las caravanas… mi mercancía tiene un precio elevado a causa de este asunto.
Erwin, el Seer, observaba toda la situación reclinado contra un gran ventanal. Su capa roja le llegaba hasta las botas de cuero. Se volteó hacia la larga mesa de pino, aún conservando su semblante neutral.
—Todos pagan los mismos impuestos que tú. La seguridad de tu tierra no se negocia —replicó.
—Niverard no paga ni la mitad —gruñó en voz baja, el enojo comenzaba a apoderarse de él. El señor de Terrae no era un hombre de mucha paciencia.
—Niverard nos proporciona los guerreros más fuertes y, por ende, se encarga de nuestra seguridad —explicó con calma la reina Luzcielle.
La mandíbula de Melgor se tensó, pero no la interrumpió. Bajó la vista, disimulando su frustración, aunque por dentro le hervía la sangre.
—Claro… sería impensable cuestionar la nobleza de su propia casa —murmuró, apenas audible.
—¿Crees que Niverard tiene beneficios? —cuestionó Kilian, moviendo la copa de vino en sus manos.
—Terrae proporciona alimento a toda la región… Niverard no podrá proteger a nadie si todos mueren de hambre.
—¿Es una amenaza? —intervino Erwin desde la distancia.
Melgor clavó sus ojos verdes en el Seer. Por un momento fugaz, todos guardaron silencio. Melgor respiró profundamente. Aquella no era la primera ocasión que rechazaban sus peticiones.
—No es una amenaza. Es una verdad que todos aquí sabemos. Ni siquiera Ely… —Fue interrumpido por el golpe seco de la puerta del salón.
Todos se quedaron atónitos al ver a Petro, cubierto de sangre.
—¡Ayuda! ¡Aleksey está herido! —gritó con desesperación. Sin esperar respuesta, salió corriendo por el pasillo.
Erwin fue el primero en seguirl, seguido de Luzcielle.
El joven Ravsha lo guió hasta donde yacía. Erwin, aterrado, lo tomó en brazos como si fuera una pluma y lo llevó hacia la primer planta.
Aleksey no respondía.
—¡¿Qué fue lo que ocurrió?! —exclamó Luzcielle al ver a su pequeño. Su rostro no dejaba de sangrar y su cuerpo olía a orín y hierro.
El silencio volvió a reinar entre los presentes. Un olor metálico impregnaba el aire. Melgor desvió la mirada hacia su hijo, notó la ausencia de su primogénito, pero no dijo nada.
—¿Quién fue? —preguntó Kilian, su voz hecha un gruñido.
Nadie respondió. Petro solo sollozaba, manchado de sangre hasta los codos.
一 Creo que las negociaciones se han acabado por hoy… 一 murmuro Melgor, tomando de los hombros a su hijo menor. Se agacho hacia su oido, mientras todos centraban su atención en el herido 一 ¿Donde esta Leron? 一 dijo entre dientes a la vez que ejercía presión en los hombros de Petro, quien parecía incapaz de responder debido al shock, Melgor lo guio rapidamente hacia afuera de la habitacion, llevandolo bruscamente del brazo.
Caminaron unos cuantos minutos hasta dar con Lithan, la esposa de Melgor. Ella, aterrorizada libero a Petro del agarre, mas la mirada de desden de Melgor no pasaba desapercibida.
一¿Que fue lo que ocurrió? 一 pregunto varias veces sin recibir respuesta. Las damas de la sala se marcharon de inmediato tras una orden del señor de Terrae, todos conocían su temperamento inestable y violento.
一 ¿Donde esta Leron? — insistió, pero Petro no era capaz de mediar palabra.
一 No lo se, pero me han arruinado la negociacion nuevamente. 一 dijo, a la vez que servía vino en una copa de bronce, suspiro con pesar y volteo a verlos. 一 Ve a limpiarte, tienes la sangre de ese bastardo encima, me da asco su olor.
Petro asintió, casi por inercia, y se marchó cabizbajo con la mirada de quién presenció la muerte frente a él.
Lithan observo al pequeño de cabello oscuro irse cerrando la puesta tras de sí, sus manos se encontraron frente a su amplio corsé dorado.
—¿Que fue lo que ocurrió, a quien pertenece esa sangre? — intentaba conservar un tono calmado, debido a la indiferencia de su esposo hacia el estado de Petro.
—De tu sobrino… supongo que Leron jugó muy brusco con Aleksey. Se habrá escondido por ello. — soltó suavemente, sus ojos esmeralda estaban fijos en el borde de la copa que luego arrojo contra la pared con violencia. Lithan se cubrió por costumbre y luego vio el muro chorreante de vino especiado. —Si tu hermano no pretendía llegar a un acuerdo antes, menos lo considerara ahora… ¡maldita sea!
— Puedo intervenir ante Kilian y tratar de calmar la situación estoy segura de…
—¿Intervenir tú? — froto su rostro suspirando, Lithan supo que aquella propuesta era una mala idea — ¿Crees que me esconderé bajo tu falda? No Lithan, pero ahora… hazme un favor y trae a Leron aquí y a Petro, quiero saber que ocurrió en ese calabozo.
Lithan asintió tímidamente, un nudo se formó en su garganta y se esforzó por no llorar, salió de la habitación enderezando su postura y acomodo su cabello castaño con delicadeza sobre sus hombros. Camino con una seguridad fingida por los pasillos del que alguna vez había sido su hogar, hasta dar con un cúmulo de gente, entre ellos distinguió a Erwin, con sus collares tan llamativos y su rostro en eterno temple, mientras que frente a él, estaba Kilian, con su traje rojo con bordados dorados, la corona destacaba en su cabello castaño y su semblante era todo un poema que en aquel entonces Lithan no supo como leer.
— Me enteré que hubo un altercado entre los niños… me gustaría saber que ocurrió, Petro llego a mí cubierto de sangre pero no me ha dicho nada y Leron, no lo encuentro por ninguna parte.
— Han herido a Aleksey de gravedad — respondió Kilian.
—Encontre a Leron lavando sus manos en el estanque del jardín. Está esperando bajo vigilancia en la sala del trono… han cometido un crimen y deben dar su parte de la historia. — completo Erwin.
— Cuando Aleksey despierte decidire lo que hare, merecen una represalia acorde a sus acciones. Mientras tanto, puedes ir a buscar a tu hijo, hermana.
— Me disculpo por las acciones que tomo, sabes que entenderé las represalias que tomes contra él, pero solo son niños, no conocen de consecuencias.
Al acabar aquella frase, la puerta de roble oscuro se abrió hacia el pasillo. El aroma a alcohol se hizo presente en el aire junto al característico aroma a lavanda y flores blancas que envolvía a Luzcielle.
El rostro de la reina mostraba un descontento notorio. Sus ojos azules estaban irritados por las lágrimas que derramó al ver a su pequeño en tales condiciones. Las mangas amplias de su vestido de gaza estaban húmedas en agua salina y sangre diluida.
— Está inconsciente… Los calmantes que le fueron administrados lo mantendrán así unas horas. — explicó, hizo una pausa antes de continuar, el aire parecía faltarle y su vista se nublo nuevamente — el corte fue tan profundo que afectó terminaciones nerviosas… Temo que al despertar, no tenga sensibilidad en el lado izquierdo del rostro. — culminó con firmeza.
El aire se torno tenso.
Erwin recorrió la figura esbelta de Luzcielle con cuidado, notando la fragilidad de la reina. Clavo sus ojos en Kilian y con un gesto sutil le indicó que se acerque a ella.
— Pueden retirarse — dijo Kilian finalmente, sus ojos cafés intensos como la noche giraron hacia Luzcielle, se acercó a ella, mientras sus hermanos menores abandonaban el pasillo. La envolvió en sus brazos.
— Debes hacer algo… lo que han hecho es una traición a la corona — murmuró contra el pecho de Kilian, él acaricio el cabello negro azabache de su reina mientras apretaba los labios. ¿Realmente ameritaba una condena aquel acto hecho por niños?
—Solo son niños… no debes exagerar, solo fue un accidente. — Luzcielle se separó de él de inmediato, su ceño se frunció y sus ojos azules se tornaron plateados y brillantes.
—Mi hijo fue mutilado en su propio hogar, probablemente pierda la movilidad de su rostro y ¿tú crees que exagero? — cuestiono iracunda, sus maños se volvieron puños pero antes de que Kilian pudiera mediar palabra, la dama giro sobre sus talones y entro nuevamente a la habitación donde Aleksey estaba sedado.
Kilian se quedó solo, hundido en el silencio del pasillo. Su mente analizaba la situación en todos los escenarios posibles y en todos ellos, su decisión sería cuestionada.
Ser un rey cruel o un terrible padre.
Aún tenía la negociación de los impuestos y de aquellas viejas rutas prohibidas que Melgor llevaba años intentando reabrir sin éxito. Soltó un suspiro, por los vitrales vio el sol que estaba apunto de esconderse en la lejanía del mar y por un instante su mente encontro un momento de calma.
Sus pasos no eran seguros, dudo por un instante en buscar consejo de su Seer o tal vez, del Seer que alguna vez aconsejo a su padre.
Antes de darse cuenta estaba frente a la puerta de sus aposentos, entro en busca de un momento de claridad... sin siquiera imaginar lo que ocurriria tan solo horas mas tarde.