Nota del autor
Este libro no es un bálsamo de autoayuda, ni un compendio de fórmulas espirituales para exorcizar demonios de otros mundos. No. Lo escribí con el pulso tembloroso de la emoción, tras escapar de un bloqueo literario que me había condenado al silencio, y después de contemplar, con mis propios ojos, la ruina inevitable de la carne: muertes cercanas, rostros apagados, cuerpos que se tornaron despojos. De esas experiencias surgieron en mí enjambres de dudas, millares de preguntas punzantes sobre la muerte y su misterio, sobre el cruel destino de que se celebre más al cadáver que al ser vivo en su aliento.
El terror no se cierne únicamente en lo paranormal, en las sombras espectrales o en los ruidos de ultratumba. También habita en lo que no comprendemos, en los silencios insondables, en los secretos que carcomen la mente cuando nos interrogamos sobre lo innombrable.
Este libro es sensible, sí, pero en la sensibilidad de lo perturbador; si eres débil de espíritu y esclavo ciego de una fe heredada, te recomiendo dejar estas páginas y volver a refugiarte en la lectura de tu Sagrada Biblia. Aquí cuestiono religiones, dogmas y ritos, no con el ánimo de ofender, sino con la necesidad de arrancar máscaras. Y si te sientes herido, tu indignación me resultará tan vana como mil muertes arrojadas al vacío.
Más adelante abordaré pasajes aún más oscuros, desgarradores y crudos, siempre a mi manera: con la franqueza de quien contempla el abismo y lo traduce en ficción. Porque esta obra no pretende ser verdad, sino una construcción: una mezcla de reflexión filosófica, delirio psicológico y fabulaciones ficticias nacidas en las grietas de mi mente.
Tal vez ni termines de leer estas palabras, tal vez las pases por alto, ansioso por llegar a lo que yace más adelante. Mas aquí queda esta advertencia: esta primera entrega se compone de ocho capítulos; los siguientes los reservaré, quizá, para otra ocasión, dependiendo de mis ánimos y del hambre de quienes se atrevan a seguirme en este descenso.
Si has llegado hasta aquí, bienvenido seas a estas páginas, donde la vida se disuelve, donde la muerte se revela, y donde toda certeza se quiebra en pedazos como un espejo en la penumbra.