UNICO:
La música electrónica retumbaba en cada rincón de la mansión Park latiendo con fuerza como palpitaba un corazón enfermo con taquicardia.
Globos negros y naranjas flotaban sobre cabezas coronadas de diademas de brujas y máscaras ensangrentadas.
Jimin, con su traje de Harley Quinn ajustado en su cuerpo, dejando a la vista sus blancas piernas, bailaba sobre la mesa del comedor como si el mundo fuera a acabarse en unas horas. Las cadenas metálicas de su outfit tintineaban con cada movimiento de caderas, y la peluca postiza le acariciaba los hombros.
¿Universidad? Se reía internamente mientras sus caderas se movían al ritmo de "Sweet Dreams" de Marilyn Manson, esto parece el vestíbulo del infierno.
Pero él amaba el infierno.
Amaba la atención, los ojos que lo devoraban, los labios entreabiertos de sus compañeros de clase que nunca imaginaron que el tímido estudiante de psicología podía moverse como un pecado vivo.
Sin embargo, entre toda la masa de cuerpos sudorosos, un par de ojos se clavaban en él con la intensidad de un cuchillo, unos orbes profundamente negros que parecían consumirlo.
El hombre estaba apoyado contra el marco de la puerta, vestido de Joker, pero no cualquiera, traje rojo impecable, chaleco verde esmeralda, guantes de cuero negro, la máscara que le cubría la mitad izquierda del rostro era blanca, con una sonrisa sangrienta pintada que parecía burlarse de todos.
La otra mitad, la visible, revelaba una barbilla definida, ojos negros como la noche y labios delgados pero jugosos, que el rubio sintió que podía saborearlos desde la distancia.
Jimin se bajó de la mesa con movimientos felinos, deslizándose entre la multitud como una serpiente, hasta plantarse frente al misterioso Joker.
El olor a whiskey caro y peligro le envolvió las fosas nasales.
— Hola. — Ssludo con una sonrisa.
— ¿Que tal? — Devolvió el saludo, con voz profunda, que lo hizo estremecer.
— ¿Como te llamas?
— Jungkook. — Tomó de su vaso. — ¿Y tú?
— Jimin. — Una suave sonrisa se instaló en los labios del rubio. — ¿Qué haces aquí tan solo?
— Observó.
El rubio se mordió el labio inferior y asintió.— ¿Y qué estudias, guapo? — Preguntó, dejando que sus dedos acariciaran el chaleco con suavidad.
— Anatomía. —respondió la voz del Joker, grave como un trueno lejano, y Jimin sintió que esa sola palabra le recorría la columna vertebral. — Especialmente en cómo los cuerpos responden bajo... — Sus ojos recorriendo con descaro el cuerpo del rubio. — Presión extrema.
— Qué interesante... — Murmuró el rubio y se mordió el labio inferior, dejando un pequeño hematoma, de lo fuerte que lo hizo. — Yo siempre he sido bueno bajo presión. — Ronroneo, llevando su mano al pectoral del pelinegro. — Me encanta cuando me someten a... — Lo miro a los ojos. — Pruebas de resistencia.
— ¿En serio? — El pelinegro inclinó su cabeza, y Jimin pudo ver cómo sus ojos oscuros brillaban con malicia. — Porque yo soy experto en encontrar los puntos de quiebre. — Gruñó. — En hacer que hasta el más fuerte... — Llevo una mano áspera y firme a la cintura del más bajito. — Suplique por misericordia.
— Me gustan los desafíos. — Se acercó hasta que su aliento acariciaba la máscara. — Y tengo la sensación de que tú eres el desafío más peligroso que he encontrado.
— Peligroso... — Se saboreo el pelinegro y asintió sonrindo, mostrando dientes perfectos. — Es una palabra tan relativa. — Se encogió de hombros. —Lo que para algunos es peligro, para otros es... — Se relamió los labios. — Puro placer.
— ¿Y tú? — Jimin dejó que su mano descendiera hasta el cinturón del pantalón del Joker de forma juguetona.— ¿Eres placer puro o peligro puro?
— Soy la tormenta perfecta... —Ronroneo, atrapando su muñeca con fuerza— Y tú pareces el barco que quiere naufragar en mí.
— Quizás deberías darme una lección privada. — Jimin susurró acercándose a su oído. — Mi cuerpo es muy... — Le acarició los dedos que se agustaban a su muñeca. — Receptivo al castigo.
— Me encanta cuando alguien pide lo que después no podrá manejar... — La mano de Jungkook se posó en la cintura de Jimin, apretando con fuerza de manera posesiva. — Pero advierto que mis lecciones suelen dejar... — Lo miro a los ojos. — Marcas permanentes.
— ¡Justo como me gusta!— Jadeó el rubio levemente. — Las cicatrices prueban que estuviste vivo.
— Entonces ven... — Jungkook tomó su mano, entrelazando sus dedos. — Te mostraré qué significa estar realmente vivo.
No bastaron más palabras que esas para que el calor en el cuerpo de ambos se encendiera con fuerza.
Subir las escaleras fue un acto fallido de elegancia, Jimin, tambaleándose, se aferraba al cuello de Jungkook mientras sus labios se buscaban con una urgencia animal.
Los mordiscos, los gemidos ahogados, las manos que arrancaban prendas como si el tiempo se agotara con cada paso que daban.
Al llegar al dormitorio, Jungkook lo lanzó sobre la cama negra con una fuerza que hizo crujir el colchón, el rubio agitado, lo miró, con los labios hinchados y el cabello revuelto.
— Quiero ver qué tan ruidoso puedes ser. — Jungkook desabrochó su cinturón con manos expertas, quitándoselo de forma apresurada
— Muéstrame qué tienes, Joker... — Jimin se arqueó deliberadamente, desafiante. — A ver si eres tan bueno como prometes.
— Oh, cariño. — Jungkook lo volteó bruscamente— Vas a recordar esta noche cada vez que intentes sentarte.
El rubio sonrió y se volteó, colocándose en cuatro para él, con sus rodillas y palmas sobre la cama, meneando su pomposo trasero apretado en esa prenda.
El pelinegro termino de desnudar al rubio, bajando el short hasta sus rodillas y llevó dos dedos a su boca para ensalivarlos, dejándolos empapados, los llevo al interior del rubio y lo preparo de forma rápida, caliente y dolorosa, haciendo a Jimin gemir.
Saco sus dedos, ansioso, no quería juegos previos, quería hacerlo gritar, que le doliera, que sangrara, que lo manchar.
Se incorporó, llevando su erección, masturbandola, hacía el agujero apretado del rubio y sin previo avisó, ingreso de golpe.
El primer impacto hizo gritar a Jimin, una mezcla de dolor y éxtasis que lo electrizó de pies a cabeza.
— ¡Sí, joder! — Gimió. — ¡Así! — Gritó, clavando las uñas en las sábanas debajo de su cuerpo, el pelinegro comenzó con embestidas rápidas y certeras, golpeando su punto dulce. — ¡Más fuerte, no me tengas piedad!
— ¿Quién crees que soy? — Jungkook lo jaló del cabello con fuerza, tomando su cadera con su otra mano. — ¿Tu puto príncipe azul? — Le propuso una palmada en su trasero que resonó en toda la habitación.
— ¡Eres mi puto adonis! — Jadeo. — ¡Joder que rico! — Chilló, retorciéndose por las penetraciones, gimiendo entre lágrimas de placer. — ¡Rómpeme como la puta que soy! — Suplicó. — ¡Más! ¡Más duro!
Los empujes se hicieron más violentos, cada uno acompañado de insultos y halagos mezclados. Jimin suplicaba entre gritos ahogados, una y otra vez.
— ¿Te gusta? — Preguntó entre gruñidos el pelinegro. — Quiero oírte.
— ¡Me encanta! — Sollozo.
— ¿Te acuestas siempre con un desconocido en la primera noche? — Preguntó entre jadeos, levantando su pierna para posarla en el colchón, tomando sus caderas con más fuerza, para joderlo más fuerte y certero.
— Sí. — Admitió.
— ¿Eso que te hace ser precioso?
— Una zorra. — Reconocio. — Una muy deseosa de polla.
— Eso eres. — Le propinó otro azote.
— ¡Por favor, no pares! — Sollozaba.— ¡Quiero sentirte hasta mañana! — Un azote en su nalga lo hizo jadear.
— ¿Quieres que te llene el culo de leche? — Le preguntó Jungkook en gruñidos. — ¿Quieres ser una rica galleta, bañada con mi esencia?
— ¡Lléname, mierda! — Suplicó. — ¡Dame todo!
Jungkook respondió con gruñidos, marcando la piel de Jimin con moretones que dejaban sus dedos en la suave piel de sus caderas, estos que serían testigos de su lujuria, la cama golpeaba la pared al ritmo de sus empujes salvajes.
— ¡Grita mi nombre! — Ñrdenó Jungkook clavando sus dedos en las cintura del rubio. — ¡Quiero que todos sepan quién te está follando!
— ¡Jungkook! — Gritó Jimin, arqueándose violentamente. — ¡Solo tuyo! — Sollozo, las lágrimas bajando por sus logros. — ¡Joder! ¿Donde estuviste toda mi vida?
El clímax los alcanzó, fue con la fuerza de un violento terremoto. Jimin gritó como un animal herido, derramándose sobre las sábanas mientras Jungkook lo hizo con fuerza dentro de su apretada entrada, derramándose hasta desbordarse, poseyéndolo en el sentido más primitivo de la palabra.
El rubio cayó, exhausto contra la cama, jadeando, sudoroso y pegajoso, con lágrimas saladas bajando por sus mejillas.
El pelinegro se incorporó, saliendo del interior del rubio, viendo cómo su semilla se deslizaba por sus muslos.
— Gracias por tus servicios. — Murmuró Jungkook, dándole una nalgada que resonó. — El mejor polvo que he tenido en mucho tiempo. — Le halago.
El pelinegro se vistió rápidamente y salió, dejando a Jimin exhausto y dormido casi instantáneamente, una sonrisa de satisfacción se instaló en sus labios hinchados, jamás se lo habían follado así de bien en su vida.
Su cuerpo, exhausto, hizo que él sin poderlo resistir, quedara profundamente dormido.
La luz de la mañana se colaba entre las cortinas de las ventanas. Jimin se despertó con la cabeza a punto de estallar y un sabor a sangre en la boca, que le provoco unas repentinas náuseas.
Se levantó de la cama, desnudo y tembloroso, miró a todas partes de la habitación aturdido y rápidamente se vistió con lo primero que encontró, un shot blanco y la camiseta rasgada de Harley Quinn.
Salió de su habitación y bajo las escaleras, esperando encontrar el desastre habitual de una fiesta universitaria.
Pero no había botellas vacías ni globos desinflados.
Habia algo mucho peor..
Sangre.
En las paredes, en el suelo, en los muebles.
Cuerpos inertes esparcidos como muñecos rotos, algunos con los ojos abiertos en eterno terror, otros con heridas que Jimin nunca se imagino ver, un jadeo tembloroso salió de sus labios y rápidamente lleve una mano a su boca por el repentino mareo y ganas de vomitar que lo azoto.
El aire olía a muerte y hierro.
— ¡Quieto! — Gritó un policía con arma en mano, al ver al rubio en medio de las escaleras. — ¡No toque nada!
Jimin, paralizado, con lágrimas en sus ojos, vio cómo los forenses cubrían los cadáveres con sábanas blancas que se teñían de rojo instantáneamente.
¿Cuántos? ¿Veinte? ¿Treinta? Todos eran sus amigos, sus compañeros, gente con quien había bailado y reído hace un par de horas atrás.
Se sentía aturdido.
Confundido.
— ¿Qué pasó? — Susurró, pero las palabras sonaron rasgadas. — ¿Cómo? — Sollozo. — ¿P-por qué?
— ¡Detective Evans! — Llamó el oficial a su compañero. — ¡Tenemos un sobreviviente!
Uno de los detectives apareció en la escena, se acercaba con los ojos cansados y una pistola al cinturón. Su mirada escrutó a Jimin como si fuera un insecto bajo la lupa.
— ¿Nombre completo? — Preguntó el detective, abriendo su libreta.
— P-Park Jimin... — Tartamudeó, su cuerpo se sacudio con un fuerte estremecimiento, las escenas eran... Demasiado reales. — Yo... vivío aquí.
— Cuénteme qué pasó anoche, Jimin y no omita detalles.
— Estaba... la fiesta... bailé... — Murmuro entrecortando las palabras deliberadamente, aturdido. — Conocí a un hombre... El Joker...
— ¿El Joker? — El detective arqueó una ceja— ¿Apellido? ¿Características?
— No sé... —Jimin escondió su rostro entre las manos, limpiando sus lágrimas. — Solo... Brindamos... Hablamos... Subimos... — Balbuceaba.
— ¿Subieron? — El detective se acercó peligrosamente. — ¿Y qué hicieron arriba mientras abajo degollaban a sus amigos?
— ¡No lo sé! —Jimin se desplomó contra la pared, sollozando, aturdido, perdido. — ¡Por favor, no recuerdo nada! ¡Estaba borracho!
Las lágrimas corrían por sus mejillas,—lágrimas reales, llenas de dolor y su cuerpo temblaba incontrolablemente.
— Mire alrededor, Jimin. — Gruño el detective tomandolo del mentón con fuerza. — Treinta y dos muertos. — Señaló. — Treinta y dos. — Bufó. — Y usted está aquí, sin un rasguño, diciendo que estaba demasiado borracho para oír los gritos.
— Lo siento... — Sollozo. — Lo siento mucho... — Jimin jadeó, hiperventilando por el llanto.
El teléfono del rubio en ese momento vibró, era un mensaje desconocido, con manos temblorosas saco el teléfonodel bolsillo de su short y abrióla bandeja de mensajes.
"No pude matarte porque ese rico culo será mío a partir de ahora, no le digas a nadie más, será nuestro secreto. - JK"
— ¿Y esto? — El detective le arrebato el teléfono de las manos y le mostró la pantalla— ¿Nuestro secreto? — Levantó una ceja. — ¿Qué secreto, Jimin?
— ¡No sé! — Gritó Jimin, rompiendo en llanto, histérico. — ¡Déjenme en paz! ¡Por favor! — Suplicó.
La muerte había arrasado con todos sus amigos esa noche, mientras em gemia en brazos del asesino.
La puerta del dormitorio se cerró con un click sordo, Jungkook se ajustó el cinturón de su pantalón y una sonrisa depredadora curvando sus labios.
Abajo, la música aún retumbaba, pero ahora sonaría diferente, ahora sería la banda sonora de su obra maestra.
Descendió por las escaleras con movimientos felinos, sus ojos escaneando el salón principal, la fiesta seguía en su apogeo llena de estudiantes ebrios bailando, riendo, completamente ajenos a la muerte que estaba a punto de visitarlos.
Vio a la primera pareja, un chico de rubio oxigenado y una chica vestida de catrina, muy enamorados, besándose en el sofá de la estancia, Jungkook se deslizó detrás de ellos, el cuchillo de caza apareciendo en su mano como por arte de magia.
— ¿Disculpen? — Les llamó en un murmurllo.
El chico rubio giró la cabeza con notable irritación, justo cuando la hoja de Jungkook se deslizaba por su garganta de oreja a oreja.
La sangre brotó en un arco perfecto, salpicando la cara pálida de la mujer vestida de catrina. Ella abrió la boca para gritar, pero Jungkook ya estaba sobre ella, clavando el cuchillo profundamente bajo su mandíbula, la punta emergiendo por su paladar. Un río carmesí manchó su vestido blanco.
Jadeo extasiado, feliz por su acto, se apartó de la escena a oscuras y visualizo inmediatamente sus próximas víctimas.
Tres chicas vestidas de conejitas play voy estaban tomándose selfies junto a la chimenea. Jungkook se acercó con una sonrisa encantadora, entrando en papel.
— ¿Les gustaría una foto con el Joker? — Preguntó, mostrando el teléfono.
Mientras posaban, su mano derecha empuñaba ahora un cuchillo que había tomado de la cocina.
El primer movimiento fue horizontal cortando tres gargantas en un solo arco perfecto.
Las chicas cayeron como muñecas rotas, la sangre de sus cuellos abiertos chorreando sobre el piso de mármol.
Había sangre falsa regada en varios lugares y también muchos muñecos falsos decapitados, no fue difícil pasar desapercibida las muertes.
Más adelante esa misma noche.
Un grupo de futbolistas universitarios, demasiado ebrios para entender lo que sucedía, vitorearon cuando Jungkook se acercó.
— ¡El Joker!
— ¡Baila con nosotros!
— Con gusto — Respondió el pelinegro.
Aunque su cuchillo bailó primero, enterrandose en el costado del primer hombre, luego rebanando el abdomen del segundo.
El tercero intentó huir, pero Jungkook lo alcanzó, clavando el cuchillo en su espalda y girándolo hasta sentir las costillas romperse.
El cuarto, finalmente comprendiendo, orinándose los pantalones mientras suplicaba pero Jungkook le cortó la lengua primero, luego los ojos, dejando que se desangrara lentamente.
Demasiado fácil.
Sus próximas víctimas se encontraban cerca, los podías escuchar.
Los gemidos provenían del baño principal, el pelinegro empujó la puerta, encontrando a un chico penetrando a una chica contra el lavamanos.
— ¿Molesto? — Preguntó educadamente.
Antes de que pudieran reaccionar, su cuchillo se hundió en la nuca del chico, quien colapsó sobre la chica en segundos. Ella gritó, un chillido agudo que Jungkook silenció introduciendo la hoja por su boca abierta, astillando sus dientes contra el metal.
Muy gritona para su gusto.
Varios habían comprendido rápidamente el peligro al ver al pelinegro salir lleno de sangre del baño, así que algunos que lo notaron corrían hacía la salida.
Jungkook sonrió, siempre disfrutaba esta parte.
Sacó la pistola con silenciador que llevaba oculta bajo el chaleco.
Uno, dos, tres disparos precisos en las piernas, no quería que murieran rápido.
Los derribaba, empujandolos con su cuerpo, luego se paseaba entre ellos, administrando la muerte lentamente.
A uno le cortó las arterias femorales, observando cómo la vida se le escapaba en charcos crecientes de sangre..
A otro le abrió el estómago, dejando que sus intestinos se desparramaran como serpientes rosadas.
Ya se estaba aburriendo de lo fácil que era todo.
Cuando solo quedaban los gemidos de los moribundos, el pelinegto decidió que era tiempo del acto final, así que realizó su ritual favorito.
Con cuidado artesanal, comenzó a decorar la sala de la casa, colgó un cuerpo en el borde de las escaleras principal usando sus propios intestinos como cuerda, atados a su cuello.
Con la sangre, dibujó sonrisas de Joker en las paredes.
Con los órganos, creó patrones abstractos en el piso.
El último sobreviviente, una chica que se había escondido bajo una mesa, lloraba silenciosamente.
El pelinegro la arrastró por el cabello.
— Por favor — Suplicó— Tengo novio...
— Yo también. — Respondió antes de cortarle la yugular con la delicadeza de un cirujano.
Cuando terminó, se paró en el centro del salón, respirando profundamente el aroma a muerte y hierro.
Treinta y dos almas extinguidas.
Treinta y dos obras de arte hechas por sus propias manos.
Se limpió las manos ensangrentadas en un pañuelo blanco, se arregló el cabello y sonrió en grande por la hermosa escena.
Arriba, Jimin aún dormía,
Su hermoso arlequín.
El mensaje estaba enviado.
La firma, dejada.
Mañana, otra ciudad, otra masacre, otro capítulo en su eterna danza de muerte y lujuria.
Dentro del almacén abandonado, el barril de ácido verde burbujeaba emitiendo vapores tóxicos que danzaban como espectros en la penumbra.
Jungkook, cubierto de sangre seca y sudor, empujó a Jimin contra el borde metálico ardiente.
— Nadie nos atrapará nunca... — Gruñó mientras mordía el hombro de Jimin hasta hacerlo sangrar profundamente.— Somos fantasmas para este jodido sistema.
— ¡Más fuerte! — Gimió, arqueandl su espalda al sentir las fuertes estocadas que le propinado su amante. — ¡Quiero sentir tu marca dentro de mí cuando caminemos entre los muertos!
El líquido rojizo chorreaba sobre el ácido, creando un espectáculo macabro de humo y dolor.
Mientras Jungkook lo poseía con una violencia que hacía temblar el barril, Jimin tomó un cuchillo y comenzó a hacer cortes, primero superficiales en sus pieles, este liquido que era vital, brotaba caliente, mezclándose con su sudor antes de gotear al ácido, donde silbaba y desaparecía.
— ¡Somos dioses! — Jadeo Jungkook clavando sus uñas en las caderas del rubio. — ¡Dioses de la muerte y el renacimiento!
— ¡Sí! —Jimin gemía entre lágrimas de éxtasis— ¡Más mi Joker! ¡Bañame en tu elixir! — Suplicó. — ¡Hazme tuyo para siempre!
La sangre brotó inmediatamente, escarlata y espesa, corriendo por la pierna pálida de Jimin como un río vivo, cuando Jungkook enterró el cuchillo en su muslo.
— ¡Sí! ¡Más! — Imploró, tomando el su propio cuchillo, sacandolo de su muslo y cortándose deliberadamente el antebrazo, abriendo un surco de donde el líquido comenzó a emanar abundantemente. — ¡Quiero que nuestro elixir se mezcle!
Jungkook tomó el cuchillo de la mano temblorosa de su amante y la paso por su pectoral, abriendo una herida, no tan profunda pero lo suficiente para bañar a su hombre necesitado y excitado.
Jimin, en su éxtasis, se llevó los dedos a su corte abdominal, abriendo aún más la herida que ya habían comenzado a hacerse antes su amate, la sangre fluyó de nuevo, esta vez más rápido, empapando el borde de sus pantalones.
— ¡Bébela! — Ordenó, acercando su muñeca a los labios del pelinegro. —. ¡Bebe mi vida!
Jungkook obedeció, lamiendo y succionando la herida mientras empujaba dentro del rubio con furia.
Luego, Jimin se inclinó y hundió sus dientes en el corte del pecho de Jungkook, bebiendo directamente de su fuente vital.
— ¡Ahora juntos! — Jadeo el pelinegro.
Tomaron sus cuchillos simultáneamente.
Jimin se hizo un corte horizontal en el vientre, superficial, mientras Jungkook se abría de forma vertical en el costado.
Se abrazaron entonces, uniendo sus heridas abdominales, permitiendo que sus fluidos de color carmesí y se mezclaran directamente piel con piel antes de que el líquido escarlata, callera y goteara en el ácido, donde se consumía.
— ¡Con esta sangre sellamos nuestro pacto! — Gimió Jungkook, sin parar sus duros embistes. — ¡Nadie nos separará!
— ¡Para siempre! — Gimió el rubio, viniendose con fuerza, el semen brotó, espeso, derramando toda su esencia en sus abdominales y un poco caía en el ácido mientras su cuerpo se convulsionaba por el placer. — ¡Siempre, mi vida, para siempre!
Jungkook lo sostuvo contra su pecho, basandolo apasionadamente, sintiendo el calor en su vientre bajo.
— La próxima ciudad. — Jadeó Jimin, temblando por las descargas de placer— ¿Cuándo?
— Mañana... — Respondió el pelinegro, pasando sus lengua, lamiendo la sangre de su cuello. — Siempre mañana. — Jadeo, estremeciendose, corriendose con fuerza dentro de la entrada palpitante del rubio, hasta desbordarse. — Porque nosotros somos eternos. — Murmuró agitado. — Somos el Joker y su Harly Queen, los asesinos del Halloween.
— ¡Happy-Ween!— Se burló el rubio, con la respiración entrecortada y el pecho agitado.
Y en la penumbra del almacén, los dos amantes se fundieron en un abrazo, sabiendo que mientras hubiera ciudades que quemar y sangre que derramar, su danza macabra nunca terminaría.
Y así, bañados en el fruto de sus propias heridas, sellaron su unión en un ritual tan antiguo como perverso, donde cada gota de sangre era una promesa de más muerte y más pasión en la próxima ciudad que fueran.
Un ritual perverso, pero perfecto.
Seis Horas Antes:
Hotel: Estrellas Nocturna / Carolina del Sur - Estados Unidos.
— Los de Carolina del Norte son perfectos. — Jungkook señalaba las fotos esparcidas sobre la cama — Familias ricas, conexiones políticas... — Sonrió. — El escándalo será monumental.
— Quiero que esta sea especial... —Jimin trazaba círculos en la espalda desnuda del pelinegro, haciendole un suave masaje con el aceite de coco en sus manos, esparciendolo. — Más sangre, más terror. — Se encogió de hombros. — Quiero que los periódicos digan que fue la peor masacre en décadas.
— Siempre lo mismo contigo. —Jungkook negó, con una sonrisa macabra en sus labios. — Nunca tienes suficiente.
— Porque tú nunca me das suficiente. — Jimin se inclinó, tomandole el rostro y lo mordió en el labio hasta sacarle sangre. — Esta noche, cuando me tomes en esa habitación, quiero que sea tan real que hasta yo olvide que es actuado.
— Oh, mi pequeña puta... — Jungkook se volteo rápidamente, posicionándose sobre él y lo inmovilizó contra la cama— Siempre tan dramático. — Se burló. — Te romperé tan bien el culo, que no recordaras tu propio nombre.
— Recuerda el plan... — El rubio jadeó mientras Jungkook lo marcaba con moretones, marcas de mordidas esparcidas por su torso. — Yo los embriago, tú los sacrificas. — Gimió con los besos de su hombre.. — Luego la escena del interrogatorio... Y nos vamos a Georgia.
— Siempre Georgia... — Jungkook se rió. — Nuevas identidades, nuevas víctimas. — Le lamió el ombligo. — Eres el arlequín perfecto.
— Y tú mi Joker perfecto... — El rubio le tomo el rostro con fuerza y lo acerco a él besándolo con pasión. — Ahora fóllame como si fuera la última vez. — Gruñó. — Quiero llegar a la fiesta cojeando.
Fin.