Familia Ishigami-Asagiri [Sengen]

Summary

En un mundo paralelo donde la humanidad nunca fue petrificada, Senku y Gen han formado una familia junto a sus hijos adoptivos, Chrome y Suika. Entre proyectos científicos, aventuras escolares y momentos románticos, la familia Ishigami-Asagiri enfrenta el día a día con humor, amor y pequeños enredos, mientras un nuevo profesor parece haber despertado una inesperada curiosidad...

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

El aroma a café recién hecho y tostadas inundaba la acogedora cocina de la casa Ishigami—Asagiri. Senku terminaba su desayuno con la velocidad de quien tiene la mente a mil por hora.

—El proyecto con el Dr. Xeno está en una fase diez mil millones de veces crítica —anunció, levantándose y dejando su taza vacía en el fregadero—. Hoy no paro ni a respirar.

Gen, impecable con un suéter beige y pantalones de vestir, le pasó un tupper con el almuerzo. —No olvides comer, cariño. Aunque tu cerebro funcione con pura glucosa, tu estómago es terrenal —dijo con una sonrisa afectuosa, ajustándole la chaqueta a Senku—. Y no te manches con ácido, que esa ropa es nueva.

Senku respondió con un rápido beso en los labios, un gesto que ya era parte natural de su rutina. —No prometo nada. Chrome, Suika, ¡a despedirse!

Chrome, de 10 años, con el pelo rebelde y una camiseta llena de dibujos de planetas, dejó su bol de cereales y corrió hacia Senku para chocar los puños. —¡Hasta luego, papá! ¡Haz ciencia increíble hoy!

Suika, de 5 años, con sus grandes gafas de aumento y su mochila de unicornio, abrazó a Senku por las piernas. —¡Que no te caigas, papá Senku!

—No se preocupen, la ciencia es infalible —dijo Senku, despegando suavemente a Suika—. Cuidaos.

—Tú también —respondió Gen, con una mirada llena de amor y complicidad.

Tras la partida de Senku, Gen se encargó de terminar de preparar a los niños. Peinó el rebelde cabello de Chrome y aseguró bien las gafas de Suika. —¡Listos para conquistar el colegio! ¡Vamos, mis pequeños tesoros!

El trayecto al colegio fue, como siempre, animado. Chrome explicaba a Suika cómo funcionaban los motores de cohete mientras Gen conducía escuchando con una sonrisa.

Al llegar, Chrome, con aire de gran hermano responsable, tomó la mano de Suika. —Yo la llevo a su clase, papá Gen.

—Mi caballero de armadura brillante —dijo Gen, orgulloso—. Los recojo a las tres.

Mientras Chrome se encargaba de Suika, Gen se encontró con Kohaku, cuya hija era compañera de clase de Suika.

—¡Gen! ¿Viste el correo del colegio? —preguntó Kohaku, con los ojos brillantes—. ¡El profesor Ukyo se casa! Se va de luna de miel y llega un sustituto. Hay reunión para presentarlo.

—Ah, sí, lo vi —respondió Gen con un gesto elegante—. Yo y Senku planeamos venir los dos para conocerlo.

—¡Ah, qué bien! Entonces nos vemos allí —dijo Kohaku, sonriendo mientras se despedían.

Gen se dirigió a su trabajo como presentador estrella del programa de televisión Ilusiones y Verdades, un día igualmente ocupado lleno de luces, cámaras y guiones por revisar.

Por la tarde, Gen recogió a los niños. Después de almorzar en casa, llegó la hora de las actividades extraescolares. Llevó a Suika a su clase de natación, donde la pequeña parecía un patito feliz con sus flotadores, y a Chrome a su clase de karate, donde el niño descargaba toda su energía infinita con kiais que habrían hecho sonreír al maestro Kinro.

Al volver a casa, encontró a Senku ya en el salón, con papeles llenos de fórmulas esparcidos por la mesa, pero con una sonrisa en el rostro. —El progreso hoy ha sido del 3.8%. Diez mil millones de veces aceptable.

Gen se sentó a su lado y le dio un beso suave. —Me alegra que no hayas explotado el laboratorio.

—Eso fue la semana pasada —replicó Senku con una sonrisa pícara.

Fueron juntos a buscar a los niños. En el camino de vuelta, se detuvieron en el parque. Suika jugó en los columpios mientras Chrome le explicaba a Senku, con entusiasmo desbordado, su última idea para un motor de cohete hecho con latas de refresco. Senku escuchaba, haciendo preguntas puntuales que hacían brillar los ojos de Chrome.

Después de cenar, llegó la hora de dormir. Senku se sentó en la cama de Suika. —¿La historia de hoy? —preguntó la pequeña, abrazando a su peluche de un átomo.

—Hoy toca… el viaje de la sonda Voyager —dijo Senku, y comenzó a narrar, de forma simplificada pero fascinante, cómo una máquina humana viajaba más allá de las estrellas. Suika no tardó en quedarse dormida, soñando con viajes interestelares.

Gen observaba desde la puerta, con el corazón lleno de una calidez que solo su familia podía darle.

Más tarde, ya en su habitación, Gen se acurrucó contra Senku. —No olvides la reunión del colegio el jueves que viene. Es por la tarde. El nuevo profesor de Suika.

Senku frunció el ceño, consultando mentalmente su calendario interno. —El jueves… ¿El jueves? ¡Ah, el jueves! Es el día que le prometí a Chrome que iríamos al parque con Kaseki y Xeno a probar la propulsión del cohete de botella. La presión atmosférica será perfecta ese día.

Gen suspiró, aunque con afecto. —Cariño, necesitas una agenda —le dio un suave codazo—. No te preocupes, iré yo. Pero la próxima vez, consúltame antes de hacer promesas épicas, ¿vale?

—Entendido —dijo Senku, rodeándolo con el brazo—. Eres diez mil millones de veces mejor organizando esto que yo.

Llegó el día de la reunión. Gen llegó puntual al aula de Suika. Kohaku ya estaba allí y le saludó con la mano. —¿Al final vienes tú? ¿Senku está descubriendo la teoría del todo? —preguntó con una sonrisa.

—Algo así —rió Gen.

La directora del centro, una mujer amable, presentó al nuevo profesor. —Les presento al señor Sai Nanami, quien sustituirá al profesor Ukyo durante su ausencia.

Sai, un hombre joven de pelo oscuro y gafas, con una sonrisa amable y mirada intensa, se dirigió a los padres. —Es un placer conocerlos. Espero poder colaborar para que los niños disfruten y aprendan mucho durante mi estancia.

Mientras respondía preguntas rutinarias sobre metodología y horarios, sus ojos se posaron en Gen, que conversaba amablemente con Kohaku. Una sonrisa genuina, elegancia natural y una luz especial irradiaban de él. Sai desvió la mirada rápidamente, sintiendo un inesperado vuelco en el estómago. ¿Quién es ese padre?, pensó, notando que su pulso se aceleraba levemente.

La reunión terminó y los padres se fueron. Gen se despidió de Kohaku y se dirigió a su coche, completamente ajeno a la peculiar atención que había despertado en el corazón del nuevo profesor, quien lo siguió con la mirada hasta que desapareció de vista, con una curiosidad y una atracción instantánea que no esperaba sentir en su primer día.