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Heeseung se sentía frustrado.
Él y su madre se habían mudado a un nuevo edificio para vivir con la excusa de que él debía comenzar la universidad.
Sin embargo, ahora tenía una nueva familia...
Tal vez su madre decidió omitir contarle el insignificante detalle de su nuevo y muy querido amante.
Ahora tenía un "padrastro".
Pero no sólo eso, si no también un nuevo "hermano".
El cual era... insoportable.
Solía llevar a sus clientes de su página de fans al departamento sólo para tener encuentros casuales.
Simplemente debía quedarse en la habitación de al lado con los audífonos al cien por ciento fingiendo que no le afectaba en lo absoluto.
Claro, no era que no hubiera tenido sexo antes, pero se suponía que se trataba de su hermano y que hiciera eso sabiendo que él estaba una pared a distancia era sumamente desagradable.
No era como que pudiera quejarse con su madre porque ella parecía estar encantada con ese ninfomano, el niño perfecto a sus ojos. Claro, sólo tenías que pagar una suscripción mensual para tener acceso a su contenido exclusivo hecho con fines de entretenimiento.
Además de que cada que lo miraba solía hacerlo con... ¿desprecio? No entendía porque rayos se suponía que lo miraba así. Él no le había hecho nada. Tal vez esperaba que se volviera uno de sus clientes para sacarle dinero y obtener un poco más de validación y atención.
Por supuesto que él no haría eso.
No le interesaba en lo más mínimo. Dejando del lado el tema de que era su hermanastro, ni siquiera le atraía de esa forma.
No obstante, el ambiente entre ambos era demasiado tenso.
Cada que salían a viajes familiares ambos tenían que ir en los asientos traseros del auto y eso era sumamente incómodo.
Sus padres esperaban que hablasen, que se llevaran bien por tener casi la misma edad, pero era simplemente inútil. Ninguno se atrevía a empezar una conversación.
Cuando había eventos familiares era lo mismo, o incluso peor, siempre terminaban en la mesa completamente solos mientras todos bailaban, hablaban o se divertían.
No podía negar que el chico era hermoso, eso sí, también podía notar cómo a pesar de hacer todo lo que hacía era sumamente tímido. Se trababa al hablar en público, a veces incluso temblaba. Eventualmente sus bonitas mejillas solían pintarse de carmesí con facilidad.
Iba a seguir manteniendo su distancia, simplemente porque sería completamente prohibido que ambos llegaran a desearse. En contraste, ese chico se salía por completo de los cánones que tenía para ser alguien que le gustase.
Llegó al edificio después de un largo día de universidad, se sobó la nuca cerrando los ojos y suspirando. Estaba demasiado tenso, los exámenes se acercaban, pero su estado mental en ese momento se negaba a dedicarle el tiempo y concentración necesaria a las materias que necesitaba estudiar.
Percibió como las puertas se volvían a abrir y alguien entraba al estrecho lugar.
Pero ese asqueroso perfume lo había percibido antes.
Llegaron al piso donde vivían, pero estaba tan cansado que se le pasó y ahora el elevador bajaba de nuevo.
¡Maldición!
Ya era demasiado tarde, eran casi las 2 de la mañana. Realmente todo estaba desolado, sólo estaban él y el odioso de Sunghoon que no tuvo ni siquiera la decencia de avisarle que ese era el piso donde debía bajar.
Bufó en molestia desviando la mirada, pero no pudo evitar fijarse en el chico.
Llevaba una camisa blanca y una falda de tipo escolar a cuadros, unas cadenas y unas medias blancas que llegaban hasta sus rodillas.
Era obvio que iba a tener un encuentro en ese momento.
Sus labios pintados de gloss, su cabello negro brillaba, lucía tan sedoso y esponjoso...
No pudo evitar bajar a su cuello, hacia su torso otra vez donde esas tetas sobresalían de la camisa luciendo deseables.
Ese trasero pomposo que era cubierto por esa faldita... Era tan corta que dejaba ver sus bragas blancas; estaban tan ajustadas que dejaban a la vista la curva inferior de ambos bultos carnosos.
Se relamió los labios y suspiró desviando la mirada. Tenía que estudiar.
El chico estaba sumido en su teléfono, incapaz de hacer o decir algo por la mirada contraria hasta que el ascensor se detuvo abruptamente haciendo a ambos sobresaltarse.
Se habían quedado varados en un piso que ni siquiera era el suyo, era uno de los últimos, de los más vacíos.
Heeseung por puro instinto presionó los botones para abrir ambas puertas, pero era inútil.
—No abre —susurró.
—¿En serio? —preguntó Sunghoon con claro sarcasmo en su voz.
—No eres el único que está desesperado, ¿sabes?
—Tú ibas para el departamento, yo iba a encontrarme con alguien, no es lo mismo, claramente soy yo el que sale perdiendo más —resopló molesto mirando a su alrededor intentando encontrar otra manera de poder salir.
Heeseung simplemente se quedó callado, no quería pelear en ese momento y decidió meter las manos en los bolsillos y recargarse contra la pared.
Sin embargo un ruido resonó en la puerta, el típico ruido que indicaba que iba a abrirse, pero algo distorsionado. Ambos la miraron expectantes rogando porque, por favor, abriera. El hecho de quedarse solos allí toda la noche los iba a volver locos, era tan incómodo para ambos estar solos.
La puerta pareció escuchar las plegarias de ambos y se abrió con lentitud. Sunghoon cerró los ojos, bajó el mentón y juntó ambas manos en un gesto de gratitud. No perdió un segundo y se encaminó hasta la puerta con rapidez.
Pero al parecer el destino tenía otros planes para él, las plegarias habían sido completamente en vano.
Las puertas se cerraron abruptamente atrapando su cuerpo entre ellas. Quiso moverse para salir, pero sólo terminó resbalando, cayendo al suelo en un muy vergonzoso movimiento.
Quiso liberarse, pero fue inútil, su cintura se atoró entre las puertas sin dejar salir sus caderas quedando en una muy prometedora posición sobre sus cuatro extremidades.
Sus brazos y torso estaban completamente fuera mientras sus caderas y piernas dentro del ascensor.
Esto no podía estarle pasando.
Jadeó intentando liberarse, sólo tenía que sacar sus caderas de allí dentro, pero era inútil, eran demasiado anchas.
—¡Haz algo útil y vuelve a presionar ese maldito botón! —gritó desesperado por el pánico que sentía en ese momento, se quedaría sin piernas, ¡las puertas del ascensor podrían cerrarse y lo rebanarían por la mitad!
—¡¿Qué crees que estoy haciendo?! —Heeseung respondió de la misma forma buscando una manera de liberarlo, pero los botones parecían ser un simple adorno en esa pared.
—¡Llama a emergencias! —ordenó al ver que su teléfono había caído sumamente lejos al momento en que cayó al suelo, no podía alcanzarlo.
—¡No hay señal aquí adentro!
Sunghoon pegó la frente al suelo en un gesto de rendición, estaba atorado y nadie iba a poder salvarlo, no había manera de salir de allí y por si no fuera suficiente su culo estaba a la vista de su hermanastro y seguro su faldita se había levantado dejando sus bragas de encaje a la vista de ese perdedor.
Hee en realidad no podía quejarse con la vista que tenía, repentinamente empezó a sentirse abrumado y caliente en ese lugar. Había comenzado a hacer calor por alguna razón y no pudo evitar sacudir el saco que llevaba puesto mientras mantenía la vista fija en el glorioso culo que tenía en frente.
Y no ayudaba para nada que Lee se sacudiera en el suelo como una lombriz haciendo chocar y rebotar las nalgas, eso más parecía como una invitación para estrujar ese perfecto culo.
No podía evitar imaginar cómo se vería sin esas braguitas.
Heeseung se sintió repentinamente duro, en menos tiempo del que se imaginó su pantalón ya se sentía apretado en la parte de su cadera, su erección era incómoda, dolía y mucho...
No tuvo alternativa que bajar la bragueta y liberar ese animal que había despertado haciéndolo soltar un suspiro de gloria. No había manera de ser descubierto, nadie lo estaba viendo, ¿cierto?
Bombeó la erección de arriba a abajo, sobó el glande y después suspiró extasiado. Hace tanto que no se hacía una paja, hace tanto que no tenía sexo. Estaba necesitado y mucho.
Sus pobres bolas, tan pesadas, cargadas de semen que había estado reteniendo en tanto tiempo, ansiaban ser vaciadas con desesperación, ansiaba vaciarse dentro de un jugoso y apretado coño que se lo tragara con vehemencia.
La textura rugosa de su prepucio que cubría el cuerpo cavernoso de su pene cada vez haciéndose más flexible por la estimulación, ansiando algo más que su simple mano jalándolo.
Sin poder evitarlo se puso en sus rodillas levantando la faldita hasta dejarla en la cintura contraria. Nublado por el deseo, colocó las manos en la cadera que se encontraba a su completamente disposición haciendo al chico soltar un brinco y estremecerse.
Estaba yendo en contra de toda su ética y valores, estaba actuando como un maldito depravado, pero nada importaba en ese momento. Sus pupilas estaban dilatadas y su boca babeaba por el enorme deseo acumulado en su entrepierna.
—¡Suéltame! —Lee se removió lo más que pudo intentando liberarse del agarre—. ¡Suéltame maldito pervertido! ¡Voy a demandarte asqueroso! —jadeó desesperado, intentando que alguien escuchara sus gritos de ayuda, pero era inútil.
Repentinamente sintió unos dedos pasearse a través de su pequeño coño por encima de la tela que aún lo cubría. Los dos dígitos presionaron justo donde se encontraba su clítoris callandole la boca al instante. Parecía una simple muñeca sexual que cuando ese botoncito le era presionado activaba el modo perra en celo.
—Maldita zorra —Hee se burló—. Te quejas como si fueras un santo cuando lo único que quieres es una polla que llene tu coño.
Abrió los labios vaginales aún sobre la tela frotando los dedos descaradamente, había dejado su polla en paz sólo para callarle el hocico a esa maldita zorra.
—Mgh mm —gimió al sentir algo más que los dedos abriendo su coño, era la boca del mayor paseando la lengua entre los pliegues haciéndolo arquear la espalda y temblar.
El mayor chupó sobre la prenda y no tardó en hacerla a un lado para dejar a la vista ese rosado coño que lo hizo babear. Abrió los labios dejando a la vista el pequeño orificio y no tardó en penetrar con su lengua haciendo al menor soltar un grito.
—Ahh, más, más, así —Sunghoon dejando todo su orgullo en el suelo empezó a mover las caderas desesperado follándose con esa lengua mientras el australiano dirigía dos de sus dedos a la bolita de nervios que también se encontraba empapada de su saliva y flujos.
Heeseung estaba fascinado con el sabor de ese coño; era condenadamente sabroso. Se lo comía como si no hubiera probado bocado en meses. Era calientito, esponjoso y sus jugos sólo rebosaban en respuesta a los hambrientos labios de ese hombre.
Recorrió los sensibles pliegues con premura disfrutando de la exquisita textura. Terminó llevando sus labios empapados de flujos al botoncito rosado en el centro dando la más acertada succión.
El menor casi chorreó y un gemido agudo abandonó sus labios. Pero no pudo evitar empezar a menear sus caderas a su hermanastro descaradamente, anhelando ser follado para alcanzar su anhelado orgasmo. Su coño había dejado de ser comido por Heeseung, y él rogaría como puta sólo para ser estimulado hasta su límite.
—Pobre putita desesperada —Bahng murmuró e inmediatamente percibió algo más grande y duro abrir sus pliegues.
Recargó la mejilla sobre el suelo apretando los puños. Por fin estaba siendo atendido como realmente se merecía, esa gruesa polla estaba abriendo sus labios como nunca antes. Se paseaba sin descaro alguno, pero sus piernas temblaron cuando el glande rozó directamente con su abusada bolita de nervios.
Sunghoon ya estaba a punto de correrse, las embestidas simuladas que le brindaba su hermanastro lo estaban haciendo ver estrellas.
El mayor, decidido, sostuvo las caderas con fuerza. No era necesario remover la prenda íntima para tener ese codicioso coño a la vista. Tan rosado, pequeño y brillando en flujos sólo para él.
En un solo movimiento se empujó con suma facilidad haciendo a ambos gemir. Habían estado muy necesitados y la penetración había sido perfecta, exquisita.
Heeseung no dejó que se acostumbrara a su tamaño, sólo comenzó a embestir sin piedad como si el menor se tratara de un simple agujero que estaba hecho para satisfacerlo.
Arremetió con fuerza haciendo que el ruido de las puertas donde la cintura del chico estaba aprisionada resonara por todo el pasillo por la brusquedad con la que Chan las golpeaba.
Su bolas se azotaban con violencia contra la bolita de nervios de su hermanito quien sólo podía gritar como una puta. Seguro sus gemidos ya habían sido escuchados por medio edificio, pero ninguno de los dos podía preocuparse por eso en ese momento.
—¡Aah! ¡Ah! —a este punto Sunghoon sólo hacía puños con las manos mientras luchaba por sostenerse sobre sus codos y abría sus piernas lo más que podía—. P-papi tu polla me llena tan bien —sollozó de placer al sentir el pene llegar demasiado profundo abarcando puntos en su interior que muy difícilmente lograban ser rozados.
A Heeseung no debió haberle excitado tanto ser llamado de esa forma. Nunca había sido llamado así durante el acto, sin duda ese chico era toda una zorra que sabía cómo volver loco a cualquiera que se metiera en su coño.
—¡Mgh, papi, papi! —gimió al sentir su culo ser azotado por la pesada mano de Heeseung una y otra vez hasta que se pintara de rojo mientras su coñito era estirado y abusado hasta su límite.
Heeseung ralentizó sus movimientos al sentir su orgasmo demasiado cerca, su pene soltaba ya el líquido preseminal y él sólo podía deleitarse con la vista de esas caderas atoradas en la puerta del ascensor: la faldita toda arrugada y desordenada. Las bragas de encaje con el puente hecho a un lado dejando a la vista el coño siendo profanado por su polla. Sus muslos rellenos, empapados de los flujos que escurría el coño y sus piernas adornadas por las medias comenzaban a temblar estrepitosamente indicando la cercanía de su orgasmo.
—¡Dentro papi! —gimió desesperado—. ¡Llena mi coño de semen, por favor!
En efecto, era una puta.
El coño se apretó asfixiando su polla. Por instinto la sacó dejando sólo la punta dentro y en un brusco movimiento volvió a enterrarla por completo llegando tan profundo que golpeó su gordito y sensible cérvix.
El más pálido gritó en un sollozo y sus paredes sobre reaccionaron soltando un generoso chorro de su corrida contrayéndose alrededor de la polla abruptamente, sintiendo las venas que sobresalían de la misma rozar en su interior una y otra vez mientras sus ojos se ponían en blanco. Su cuerpo temblaba perdiendo cualquier tipo de tono muscular haciéndolo desparramarse en el suelo.
Heeseung soltó un gemido ronco completamente satisfecho por la abrupta estrechez y tiró el cuello hacia atrás sintiendo como sus testículos por fin se vaciaban dentro de ese usado y maltratado coño.
La vista de los labios chorreantes abiertos al máximo alrededor de su polla era perfecta.
Salió lentamente dejando que su semen siguiera derramándose en el canal vaginal dejando a la vista un perfecto creampie con el coño escurriendo semen haciendo al chico gemir una vez más al sentir el vacío y aún sufriendo espasmos por el reciente orgasmo. El coño se contraía alrededor de nada lo que generaba que el semen en el interior resbalara en pequeñas cantidades llegando hasta sus muslos.
Heeseung se sentó en el suelo intentando recuperarse, se había emocionado demasiado al moverse y ahora estaba más que exhausto. Su polla se hizo a un lado completamente flácida y la energía se le había acabado por completo al liberar tremenda cantidad de semen.
Esperaron unos veinte minutos. Heeseung se puso de pie intentando volver a abrir la puerta con algo de fuerza mecánica y presionando a la vez el botón lo cual pareció funcionar pues las puertas se abrieron y las caderas atoradas en las mismas cayeron al suelo estrepitosamente haciendo a Sunghoon soltar un grito por el dolor.
—¡Maldito imbécil!
Se puso de pie con algo de dificultad, ser cogido como si no hubiera un mañana y tener las caderas presionadas por esas puertas de metal por supuesto que lo habían dejado caminando lado a lado.
Una vez tomó sus cosas que habían caído lejos del ascensor cuando éste se cerró en su cintura. Volvió a entrar al percatarse de que ahora ya quería funcionar.
Definitivamente ya no iba a llegar a su encuentro por lo que sólo pudo enviar un mensaje de disculpas acordando una nueva fecha.
El ascensor se movía muy lentamente y el australiano no dudó en empotrar al chico contra la pared haciéndolo soltar un jadeo asustado.
Ambos se miraron fijamente sin saber qué decir, Heeseung seguía con la polla afuera y Sunghoon con la braga hecha a un lado aún.
Respiraban con dificultad por la sensación que estaban sintiendo en sus vientres en ese momento, esa sensación de deseo incontrolable que no podían ignorar.
El menor tenía la mirada fija en sus labios, entreabiertos, aún bañados de sus flujos vaginales. El deseo de esa polla aún ardía en su interior, y en un instante, acortó la distancia y lo besó con una brutal necesidad. Fue un beso hambriento, lascivo, lleno de fluidos, como si llevasen toda la vida conteniéndose.
Sus lenguas chocaban y se enredaban con una urgencia violenta. Heeseung se adentraba sin pedir permiso, lamiendo profundo, devorando, hasta que atrapó el labio inferior del coreano y lo mordió con fuerza, arrancándole un gemido tembloroso que se perdió entre sus bocas. Hoon en respuesta lo sujetó de la nuca y succionó su lengua arrancándole a Hee un jadeo ronco sintiendo el calor en su pene levantarlo por segunda vez.
Llevó sus manos a los botones de la camisa y casi los arrancó dejando a la vista unas tetas redondas, perfectas para sus manos exhibiendo unos rosados pezones que Hee no tardó en llevarse a la boca. Las amasó como dos bolas de carne enterrando sus dedos en ellas mientras se amamantaba con desesperación como si fuera un neonato hambriento recibiendo su primera lactancia materna.
Enterró la cara en ambas tetas amando la sensación de ser aplastado por esos melones mientras no dejaba de manosear y estrujar sacándole uno que otro gemido a su hermanito.
Una vez obtuvo suficiente, el mayor sostuvo su pierna desde la parte inferior de su rodilla dejando el rosado coño abierto y listo para él y sin dudarlo se enterró profundamente de una sola estocada.
—D-detente —gimió aferrándose a sus hombros, hundiendo sus largas uñas sobre ellos—. Detente, Heeseung, la puerta se va a abrir —estaba desesperado, pero al mismo tiempo demasiado excitado por la intromisión repentina de ese grosor llenándolo como un dios.
—¿Ya no soy papi? —se burló volviendo a atacar sus labios para callarlo volviendo a comérselos enteros succionando con una desesperación inigualable.
Arremetió una y otra vez con urgencia de liberarse, Sunghoon seguía intentando detenerlo, pero el placer era tan grande que sólo podía dejarse follar por la rica polla.
Heeseung tenía el acceso total a su coño con su pierna levantada de esa manera, reteniéndolo contra la pared mientras las perfectas tetas rebotaban con cada estocada, era simplemente irresistible.
—Heeseung, se va a abrir —lloriqueó.
—Déjame correrme, mierda —jadeó entre dientes molesto por las quejas de Sunghoon que corrompían su calentura. Lo sostuvo del cuello con su mano libre asfixiándolo para que se callara de una puta vez.
El chico se puso pálido, sentía que en cualquier momento se desmayaría por la falta de aire, pero la ya conocida sensación de su orgasmo lo azotó desde el bajo vientre hasta su clítoris y no pudo evitar chorrear una vez más soltando un gemido ahogado por la mano que le impedía respirar.
El mayor apretó más el agarre en su cuello justo cuando se sintió eyacular y la satisfacción de vaciarse dentro de ese pequeño coño volvió a golpearlo por segunda vez en esa noche.
Ya entendía porque su hermanito era tan popular...
Afortunadamente la puerta se abrió cuando ambos ya habían retomado la compostura en el piso en qué debían bajar. Heeseung ya había acomodado su polla en su pantalón y Sunghoon corrió su braga para cubrir su abusado coñito lleno de semen.
Las puertas se abrieron apropiadamente y el pálido se quedó parado en el umbral volteando a ver a Heeseung.
—Ten cuidado que se vuelven a cerrar.
—Mhm tal vez, eso no sería tan malo, papi.
Heeseung rió y se reincorporó encaminándose hacia la puerta para salir.
—Tal vez, si me haces mis tareas de la escuela y me ayudas con mis exámenes, podría dejar que me folles más seguido —le guiñó un ojo y salió sin más.
Heeseung tragó saliva al escuchar eso y antes de que las puertas del ascensor se cerraran en su cara las detuvo con sus brazos y aseguró su salida al pasillo exitosamente yendo detrás de su pequeño hermano.
¿Iba a ponerse a hacer tarea y exámenes de un mocoso de preparatoria sólo para tener un coño donde vaciarse en casa de vez en cuando?
Sí.








