Prólogo
El avión despegó con un suave rugido y una velocidad tan rápida que me hizo apretar los dedos alrededor del brazo del asiento. Miré por la ventana mientras las luces de Florida quedaban atrás, pequeñas y brillantes, como recuerdos que se desvanecen poco a poco.Estaba dejando atrás la ciudad que había sentido como hogar durante años, donde había conocido a mis primeras amigas, en la que había dado mi primer beso, la que me había visto crecer por tanto tiempo.
No era la primera vez que volaba sola, menos la primera vez que lo hacía hacia esa otra ciudad que albergaba los recuerdos de los mejores veranos de mi vida. Todos los años, una semana después del fin de clases mi papá venía por mí para llevarme con él y con mis hermanos, acampábamos, viajabamos, íbamos a la playa, al lago, al zoológico, siempre disfruté los veranos en Boston.
La hora de la despedida, cuando el verano terminaba, siempre era agridulce, como cualquier niño, extrañaba a mi mamá y no veía la hora de volver a estar con ella, pero por otro lado, en Florida solo era yo, en cambio, aquí en Massachusetts, vivir con mis hermanos era lo mejor que podía pasarme, jamás me aburría si ellos estaban cerca, nunca faltaban las risas, y siempre, siempre me acompañaban a través de la distancia. Como la vez que Matthew se quedó en skype conmigo toda la noche y se perdió de una fiesta, solo porque un niño me había dejado plantada en el baile de fin de año y me sentía muy triste como para poder afrontarlo sola.
Pero esta vez era diferente. Esta vez no venía solo a visitarlos por el verano, es más, este ya pronto finalizaría. Esta vez, la universidad era la excusa perfecta para quedarme, para ya no ser una visita vacacional, sino una persona más de la casa. Quizá ya no me tratarian como la princesa intocable que era cuando los visitaba solo por unos meses, quizá ya sería una más de ellos. Mis hermanos, que ya eran mucho más grandes y maduros, ¿dejarían de ser tan protectores conmigo? ¿Dejarían de compartir tantos momentos conmigo?
Un nudo se formó en mi estómago, eran una mezcla de nervios y de emoción. Quería que todo fuera como lo recordaba, que mis hermanos siguieran siendo ese refugio fuerte y seguro, que papá estuviera ahí para guiarme cuando las dudas aparecieran. Pero también sentía una chispa de curiosidad, una pequeña llama que iluminaba todo lo desconocido, las nuevas experiencias que me esperaban en esa ciudad que, hasta ahora, solo conocía en fragmentos. ¿Haría nuevos amigos? ¿Me gustaría mi nueva carrera?
Mientras el avión subía y el cielo se teñía de tonos anaranjados y violetas, respiré profundo y dejé que esa mezcla de emociones me atravesara. El viaje no era solo de unos cuantos kilómetros, sino de pasos agigantados hacia una nueva versión de mí misma, una nueva historia que apenas estaba comenzando a escribirse.